Año V
La Habana

6 - 12 de ENERO
de 2007

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Un nuevo yate cargado de sueños
Yinett Polanco • La Habana
Fotos: Iván Soca y Víctor Junco (La Jiribilla)

Choco es uno de los pintores más reconocidos dentro y fuera de Cuba. Su devenir pictórico, la técnica particular con que suele trabajar y el sello inconfundible que ha logrado en su estilo, le han ganado el calificativo de maestro dentro de la plástica de la Isla. Pero Choco también es uno de los artistas más comprometidos con la Revolución, no solo porque su nombre esté inscrito dentro de los realizadores del mural del yate Granma regalado a Fidel por su 80 cumpleaños, sino porque para él pertenecer a la primera generación surgida y educada dentro de ella es un hecho que “sienta pautas ineludibles y compromisos impostergables”. En un momento donde en muchas partes del mundo ha habido un regreso a la idea de hacer el arte por el arte, bien vale la pena comenzar una entrevista con Choco indagando por estos planteamientos de tanto comprometimiento ideológico. 

Usted ha declarado: “Vida, arte y revolución son para mí prácticamente una misma cosa; la convergencia de esas tres dimensiones es constante. En el plano consciente trato de profundizar en el estudio de mi país, del acontecer histórico del mismo, para así poderlo reflejar en mi obra de una forma más explícita”. ¿Hasta dónde su intervención en este mural es una continuación de esta afirmación?

Ser uno de los artistas invitados a ese proyecto es un privilegio, por la importancia de ese yate en nuestra historia, la historia de todo un pueblo, el cual tiene diferentes tonos, colores, matices, que lograron fortalecer una nación enclavada en el centro del Caribe, un lugar muy especial llamado Cuba. El Granma venía cargado de una serie de gente joven ―más que nosotros ahora―, con una cantidad de enormes sueños ―como los nuestros― y con una cantidad de imágenes ―igual que nosotros ahora. Este grupo de jóvenes se insertó dentro de una problemática económica, política, social, en que vivía el país, lo hizo con mucha fuerza, con mucha vigencia y es un privilegio haber nacido aquí, en los momentos en que se logró la victoria después de cien años de lucha. Con ese proyecto hemos podido escenificar con colores, con imágenes, los diferentes momentos que ese yate salido de México propició.

Hablaba de privilegios, y anteriormente ha dicho que la suya es una generación privilegiada porque fue la primera que se formó con la Revolución, sin embargo, en el proyecto coinciden artistas de diferentes edades. ¿Cómo dialogan diferentes generaciones que convergen en un mismo punto?

Otras veces he hablado de esa integración, de ese grupo de artistas que nos hemos reunido para hacer no solamente el Granma, sino también los murales realizados para las tribunas abiertas, La Capilla del Hombre, Cinco Palmas; aunque este grupo está compuesto por creadores de diferentes edades, hay en él un pensamiento común, una idea que prevalece entre todos nosotros: el compromiso de darle lo mejor de nosotros a este pueblo y hacer un arte cada vez más cubano, porque mientras más cubano sea, será más universal.

Y desde un punto de vista artístico, ¿cómo insertar su propia técnica, su propio estilo, en ese conjunto polifónico que es el yate?

Cada uno tiene su forma de decir; pero hay una coherencia, que no está rota por ningún lado aunque no haya habido un basamento para saber cómo hacerlo. No era un problema formal, sino de ideas que se entrelazan independientemente de la forma en que se hagan. Hay un pase suave de una pieza a otra, hay una identificación de cada uno de nosotros pero también una armonía de color, de imagen, de texturas; además hay una estructura central, un eje fundamental que es el ser humano, tal vez por eso se agrupan unas con otras.

El yate quedó expuesto en el interior del Edificio de Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes. ¿Qué significa este hecho en la mirada de Choco?

Primero que todo este yate fue un regalo para el Comandante; pero Fidel nunca piensa en disfrutar algo él solo y, en mi parecer, debido a ello él decidió que este mural estuviera en un lugar donde toda la población tuviera la posibilidad de verlo. Por eso se escogió el Museo Nacional de Bellas Artes. Tal vez también cada una de estas cosas esté abriendo la posibilidad del surgimiento de algún cambio en la cultura y la plástica cubanas, si es así, bienvenido sea.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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