Año V
La Habana

6 - 12 de ENERO
de 2007

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TE PONGA EL PLATO?

Cinco palmas:

Una respuesta emocional desde el oficio
Paquita Armas Fonseca • La Habana
Fotos: Cortesía del Centro Wifredo Lam

Manuel López Oliva es uno de los pintores convocados y que ejecutaron la obra Cinco Palmas. Visto ya un poco a distancia el ojo del crítico de arte que late en Manuel, realiza una aproximación hacia este hecho artístico que tuvo y tiene un significado singular de homenaje y conmemoración.

Algunas personas niegan el valor de las obras pictóricas ligadas a un hecho histórico ¿Qué crees tú? 

Toda obra artística legítima está vinculada, directa o indirectamente con un hecho histórico. Solo que puede ser con un hecho de la historia social general, de la historia cultural específica, de la profesional y hasta de la íntima. La historia de la subjetividad es un tipo de historia; las creaciones de la imaginación que derivan de hechos propios de los planos subjetivos tienen también una específica dimensión histórica. El arte, la literatura, revelan de manera peculiar la biografía de un hombre, sus vínculos factuales y los imperceptibles con su contexto, tiempo y pensamiento históricos.

Pero hay un arte por encargo o por decisión voluntaria que asume conscientemente signos y hasta hitos de la historia, con tesitura épica o lírica. En el caso específico de la plástica o como me dices de lo pictórico, existen ejemplos sobrados de épocas y lugares diferentes; aunque siempre es obra de arte, hecho singular de la cultura, aquello que aporta en los aspectos de significado y formalización, de veracidad imaginaria y calidad profesional. Tales son, entre otros muchísimos, los casos de obras como La rendición de Breda, Los fusilamientos de la Moncloa, La libertad guiando al pueblo, los grabados expresionistas de Dix, Guernica, la obra de Errò o la del Equipo Crónica (exhibida ahora en La Habana), el Muralismo Mexicano clásico, Encuentro de dos épocas o El cielo y la tierra (ambas de Pogolotti); Campesinos felices, de Carlos Enríquez; La Anunciación, de la Eiriz o la serie de guajiros realizada por Cabrera Moreno. La lista donde se legitima el valor estético genuino de pinturas conectadas a circunstancias y tipologías históricas, que a la vez cuentan con acabado riguroso, sinceridad expresiva, renovación de códigos y trascendencia artística, es interminable.... 

¿La idea de la pieza de Cinco Palmas,  fue fruto de un debate colectivo o partió de uno de los creadores? 

En una reunión de artistas con funcionarios, donde no estuve, se acordó realizar ese proyecto. Entonces se les asignó al escultor Villa y al arquitecto Choy  darle cuerpo a la idea desde un punto vista objetual y urbanístico. Habría que ver con quienes estuvieron en aquella reunión a quién se le ocurrió recurrir a la simbología del palmar. La incorporación práctica de pintores, un diseñador y un artesano-escultor conceptualista, vino después, cuando ya las “moles” estaban listas para ser decoradas. Así, fuimos convocados a trabajar juntos en Astilleros Chullima, al lado del Río Almendares, en una nave abierta que sirvió también de saludable espacio para el intercambio plástico, el chiste y la necesaria conjunción ocasional de personalidades que por lógica del oficio realizan sus imágenes de modo privado y solitario.

No se trata de que lo ejecutado allí deviniera una obra artística, sino de un suceso conmemorativo, que más que motivo para el análisis estético, constituye indicador de la relación tácita de nuestra plástica con el devenir histórico real. Su disposición próxima a la exposición de Guayasamín que ocupa una sala baja del Museo de Arte Universal, se explica porque la idea era de que pintaran en las palmas de metal y sintético el grupo de artistas que fueron llevados con  Fidel a la inauguración de la Capilla del Hombre, en Ecuador. Aunque, como era necesario llegar a 30 que pintaran en ellas, se decidió invitar a Premios Nacionales de Artes Plásticas que podían realizar físicamente ese tipo de labor.

En una obra por encargo, ¿cuán difícil resulta hacer arte si te ofrecen el pie forzado? 

Por su carácter emotivo y porque el penta-conjunto fue concebido para el cumpleaños 80 del conductor de la creativa Revolución Cubana de los 60, de donde se derivaron la formación profesional y las disímiles poéticas de la mayoría de los que pintamos en las “palmas”, definí humorísticamente a ese símbolo ambiental como “piñata” y a la vez con el título de un viejo filme anterior al Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficos (ICAIC): Romance del Palmar.  “Piñata” por la dimensión festiva, de aniversario; Romance... por ser un resultado de sentimientos de  identificación con la historia nacional que se sintetizaron en la referencia a la épica comenzada en el oriental paraje de Cinco Palmas. De ahí que no fuera obra por encargo, sino respuesta emocional desde el oficio y la individualidad a la solicitud de un ambiente de preparativos de ofrenda y conmemoración reinantes entonces en nuestra sociedad.    

En cuanto al arte de la pintura....y el pie forzado que enlazas, casi siempre este último conduce a la visión de servicio o ancilar, es decir, a la ilustración para libros y prensa, o al cartel y la valla, el mural de comunicación pública y los graffitis. Aunque hay veces que la capacidad y agudeza de los creadores pueden generar obras de valor auténtico, ya sean pictóricas, escultóricas, gráficas, no objetuales, instalacionistas, video-artísticas, etcétera. Pero nunca será como en la décima de los cantores tradicionales. Tampoco no es este el espacio para explicarlo.

¿Cómo congeniar caracteres diferentes, estilos distintos, modos diversos en la realización de un proyecto pictórico hecho a diez o veinte manos?  ¿Le harías cambios a la pieza Cinco…? 

Aunque desde que supe que íbamos a trabajar sobre las palmas, pensé (y se lo dije a Villa y a Choy ) que el conjunto alegórico debía ser un tipo de esculto-pintura en la cual todos los participantes nos integráramos y hasta nos fundiéramos de modo orgánico, para que el resultado fuera verdaderamente coherente y con unidad plástica, al final acepté lo que la mayoría quería: cada uno  convertir  la cara del penacho que “le tocaba” en una extensión de su modo individual de expresión, casi en un “cuadro”. De ahí el carácter híbrido resultante,  que se atenúa un  tanto por la lógica de las columnas  diagonales  neutralizadas mediante  gris acerado y por el efecto pictórico multicromo y  carnavalesco presente en la imagen de los penachos.

Independientemente  de esa sensación inorgánica derivada de la suma de estilos libremente manejados por  cada artista, de los mayores o menores logros de oficio evidenciados, y hasta de firmas agigantadas que molestan en términos de recepción visual, el conjunto posee valor genérico respecto de lo que es: un producto circunstancial, efímero, aditivo, hecho “a la  carrera”, casi de “atrezzo” y con pretensiones representativas. Aunque es justo decir que  al lado de otros fallidos sucesos colectivos semejantes en su función, las Cinco Palmas enclavadas en la placita adjunta al Museo poseen atractivo ornamental, destaque  físico, proyección popular  y  señales claras acerca de un grupo de nombres conocidos de la plástica cubana.

 

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La Habana, Cuba. 2007.
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