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Manuel López Oliva es uno de los
pintores convocados y que ejecutaron la
obra Cinco Palmas. Visto ya un
poco a distancia el ojo del crítico de
arte que late en Manuel, realiza una
aproximación hacia este hecho artístico
que tuvo y tiene un significado singular
de homenaje y conmemoración.
Algunas personas niegan el valor de las
obras pictóricas ligadas a un hecho
histórico ¿Qué crees tú?
Toda obra artística legítima está
vinculada, directa o indirectamente con
un hecho histórico. Solo que puede ser
con un hecho de la historia social
general, de la historia cultural
específica, de la profesional y hasta de
la íntima. La historia de la
subjetividad es un tipo de historia; las
creaciones de la imaginación que derivan
de hechos propios de los planos
subjetivos tienen también una específica
dimensión histórica. El arte, la
literatura, revelan de manera peculiar
la biografía de un hombre, sus vínculos
factuales y los imperceptibles con su
contexto, tiempo y pensamiento
históricos.
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Pero hay un arte por encargo o por
decisión voluntaria que asume
conscientemente signos y
hasta hitos de la historia, con tesitura
épica o lírica. En el caso específico de
la plástica o
―como
me dices―
de lo pictórico, existen ejemplos
sobrados de épocas y lugares diferentes;
aunque siempre es obra de arte, hecho
singular de la cultura, aquello que
aporta en los aspectos de significado y
formalización, de veracidad imaginaria y
calidad profesional. Tales son, entre
otros muchísimos, los casos de
obras como La rendición de Breda, Los
fusilamientos de la Moncloa, La libertad
guiando al pueblo, los grabados
expresionistas de Dix, Guernica,
la obra de Errò o la del Equipo Crónica
(exhibida ahora en La Habana), el
Muralismo Mexicano clásico, Encuentro
de dos épocas o El cielo y la
tierra (ambas de Pogolotti);
Campesinos felices, de Carlos
Enríquez; La Anunciación, de la
Eiriz o la serie de guajiros realizada
por Cabrera Moreno. La lista donde se
legitima el valor estético genuino de
pinturas conectadas a circunstancias y
tipologías históricas, que a la vez
cuentan con acabado riguroso,
sinceridad expresiva, renovación de
códigos y trascendencia artística, es
interminable....
¿La
idea de la pieza de
Cinco Palmas,
fue fruto de un debate colectivo o
partió de uno de los creadores?
En una reunión de artistas con
funcionarios, donde no estuve, se acordó
realizar ese proyecto. Entonces se les
asignó al escultor Villa y al arquitecto
Choy darle cuerpo a la idea desde un
punto vista objetual y urbanístico.
Habría que ver con quienes estuvieron en
aquella reunión a quién se le ocurrió
recurrir a la simbología del palmar. La
incorporación práctica de pintores, un
diseñador y un artesano-escultor
conceptualista, vino después, cuando ya
las “moles” estaban listas para ser
decoradas. Así, fuimos convocados a
trabajar juntos en Astilleros Chullima,
al lado del Río Almendares, en una nave
abierta que sirvió también de saludable
espacio para el intercambio plástico, el
chiste y la necesaria conjunción
ocasional de personalidades que por
lógica del oficio realizan sus imágenes
de modo privado y solitario.
No se trata de que lo ejecutado allí
deviniera una obra artística, sino
de un suceso conmemorativo, que más que
motivo para el análisis estético,
constituye indicador de la relación
tácita de nuestra plástica con el
devenir histórico real. Su
disposición próxima a la exposición de
Guayasamín que ocupa una sala baja del
Museo de Arte Universal, se explica
porque la idea era de que pintaran en
las palmas de metal y sintético el grupo
de artistas que fueron llevados con
Fidel a la inauguración de la Capilla
del Hombre, en Ecuador. Aunque, como
era necesario llegar a 30 que pintaran
en ellas, se decidió invitar a Premios
Nacionales de Artes Plásticas que podían
realizar físicamente ese tipo de labor.
En una
obra por encargo, ¿cuán difícil resulta
hacer arte si te ofrecen el pie forzado?
Por su carácter emotivo y porque el
penta-conjunto fue concebido para el
cumpleaños 80 del conductor de la
creativa Revolución Cubana de los 60, de
donde se derivaron la formación
profesional y las disímiles poéticas de
la mayoría de los que pintamos en las
“palmas”, definí humorísticamente a ese
símbolo ambiental como “piñata” y a la
vez con el título de un viejo filme
anterior al Instituto Cubano del Arte e
Industrias Cinematográficos (ICAIC):
Romance del Palmar. “Piñata” por la
dimensión festiva, de aniversario;
Romance... por ser un resultado de
sentimientos de identificación con la
historia nacional que se sintetizaron en
la referencia a la épica comenzada en el
oriental paraje de Cinco Palmas.
De ahí que no fuera obra por encargo,
sino respuesta emocional desde el oficio
y la individualidad a la solicitud de un
ambiente de preparativos de ofrenda
y conmemoración reinantes entonces en
nuestra sociedad.
En cuanto al arte de la pintura....y el
pie forzado que enlazas, casi siempre
este último conduce a la visión de
servicio o ancilar, es decir, a la
ilustración para libros y prensa, o al
cartel y la valla, el mural de
comunicación pública y los graffitis.
Aunque hay veces que la capacidad y
agudeza de los creadores pueden generar
obras de valor auténtico, ya sean
pictóricas, escultóricas, gráficas, no
objetuales, instalacionistas,
video-artísticas, etcétera. Pero nunca
será como en la décima de los cantores
tradicionales. Tampoco no es este
el espacio para explicarlo.
¿Cómo
congeniar caracteres diferentes, estilos
distintos, modos diversos en la
realización de un proyecto pictórico
hecho a diez o veinte manos?
¿Le harías cambios a la
pieza Cinco…?
Aunque desde que supe que íbamos a
trabajar sobre las palmas, pensé (y se
lo dije a Villa y a Choy )
que el conjunto alegórico debía ser un
tipo de esculto-pintura en la cual todos
los participantes nos integráramos y
hasta nos fundiéramos de modo orgánico,
para que el resultado fuera
verdaderamente coherente y con unidad
plástica, al final acepté lo que la
mayoría quería: cada uno convertir
la cara
del penacho que “le tocaba” en una
extensión de su modo individual de
expresión, casi en un “cuadro”. De ahí
el carácter híbrido resultante,
que se atenúa un tanto por la lógica de
las columnas
diagonales
neutralizadas mediante
gris acerado y por el efecto pictórico
multicromo y carnavalesco presente
en la imagen de los penachos.
Independientemente
de esa sensación inorgánica derivada
de la suma de estilos libremente
manejados por cada artista, de los
mayores o menores logros de oficio
evidenciados, y hasta de
firmas agigantadas que molestan en
términos de recepción visual, el
conjunto posee valor genérico respecto
de lo que es: un producto
circunstancial, efímero, aditivo, hecho
“a la
carrera”, casi
de “atrezzo” y con pretensiones
representativas. Aunque es justo decir
que al
lado de otros fallidos sucesos
colectivos semejantes en su función, las
Cinco Palmas enclavadas en la
placita adjunta al Museo poseen
atractivo ornamental, destaque físico,
proyección popular y señales claras
acerca de un grupo de nombres conocidos
de la plástica cubana. |