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En el frente Norte las fuerzas militares, ubicada en
Santo Domingo, no se atreven a moverse y se dedica a
morterear las posiciones rebeldes a su alrededor.
También solicita apoyo a la aviación, los que atacan esa
zona en horas del meridiano, sin dañar a nadie.
El 17 de junio, los intensos ataques aéreos en la región
de Mompié, causaron varios heridos en las filas
guerrilleras. Ese día, cumpliendo instrucciones de
Fidel, Che se encargó del traslado de éstos y los del
enemigo, desde el hospital en esa región, al de La
Plata. Y como gran conocedor del terreno donde se
desarrollan las acciones, el jefe rebelde indicó a los
capitanes Sardiña, Cueva y Paz, que reúnen unos 100
barbudos y peludos, para que se embosquen a unos 5
kilómetros de la costa, en las márgenes del río de La
Plata, donde el río forma una S, llamado Purialón.
Rápidamente realizaron el traslado, lo que les permitió
construir algunas trincheras, y crear mejores
condiciones para atacar a los guardias, que de un
momento a otro pueden aparecer.
EL EJÉRCITO: La columna enemiga caminó despacio y
cautelosa, observando con sumo cuidado el verde y
enmarañado follaje al frente y a sus costados, tratando
de descubrir cualquier señal que indicara el peligro
guerrillero.
LOS REBELDES: Cuando los componentes de la vanguardia
enemiga entra en el sector de fuego de la posición de
Cuevas, se inició el combate. Seguidamente todas las
armas rebeldes dispararon, el ruido de la detonaciones
unido a los desgarradores gritos de dolor se esparcieron
en campo de batalla. Un gran número de soldados caían
abatidos mortalmente, otros tanto se desplomaban
heridos, pero con vida. Los que salieron ilesos, buscan
donde protegerse y repeler la agresión. La confrontación
duró varias horas. La aviación intervino, pero no cambió
el curso de las acciones a favor de los castrenses, que
al no poder resistir más, se retiraron en desbanda.
Del resultado del anterior combate se refiere la
siguiente nota de Fidel:
“Che:
El refuerzo fue destruido. Hasta este momento se le han
hecho 12 muertos, 18 prisioneros, 1 trípode, 10 San
Cristóbal, 15 Springfield, 2 Browning, 4 Garands, y 1
M-1.
Necesito que les diga a Camilo mande veinte hombres
desarmados de Ramiro y Almeida, pero que sean buenos. Tú
puedes ordenar además el envío de 10 reclutas entre los
mejorcitos que queden.
Es un inconveniente tener que estarle dando armas buenas
a gente que no está probada; pero de momento no se puede
hacer otra cosa.
Se ha descompuesto el altoparlante y es una verdadera
lástima en este momento no poderle dar noticias del
refuerzo a la tropa sitiada. Voy a ver que hago. Mañana
te escribiré más extenso.
Fidel Castro R.
P.D. En este combate contra el refuerzo no hemos tenido
ni heridos. Todavía espero más detalles pues no tengo
noticias de Paz que tenía por misión cortarle la
retirada”.
El propósito de Fidel, de mantener a Che informado de
todo lo que acontece no se detiene:
“Sierra Maestra
Julio 18, 58 5 y 20 p.m.
Che:
Lo nuevo a informar son 18 mil balas ocupadas, que
dejaron en los mulos al ser perseguidos, de M-1 y 30,06.
Un springfields, que eleva a 37 las armas de ayer y a 64
desde que comenzó la operación; 4 prisioneros más que
elevan a 22 los de ayer, de los cuales murió uno y otro
escapó ayer al ser conducido hacia acá; son 42 los
prisioneros netos que hay desde el día 11 hasta hoy.
Tuvimos hoy otro herido en el brazo, de avión.
La tropa sitiada está al borde del colapso. Mañana se
tomarán posiciones a 40 metros del campamento. La
ocupación de balas mejora mucho nuestra situación pues
los fusiles del cerco estaban a 30 balas. Mañana al
amanecer se les atacará desde un círculo muy reducido
con 15 armas más.
Sobre la Cruz Roja ya había enviado respuesta. De la O
te la puede leer. Lo que me preocupaba es que fuese la
Casa de Piedra, por ciertas razones que más adelante te
diré. Esto puede servir para hacer mucha propaganda en
el Ejército. Además, ya los prisioneros son un dolor de
cabeza.
Fidel Castro R.
P.D. Vi tu carta sobre Carlitos Más y está muy buena. Me
consultaron porque Franqui tenía dudas sobre si convenía
o no militarmente leerla pues pensaba pudiera hacer
creer al enemigo que temíamos al napalm. Les dije que la
leyeran.
Las armas todas se han repartido desde esta mañana.
Reservaré de las mejores que ocupemos para los que me
indicas.
Fidel
ADICIONAL
Si los guardias intentan venir desde la Mina Podemos
acabar con ellos.
Tú harías la primera resistencia mientras yo preparo una
línea en el centro espiritista que está por donde
encontramos a enamorado aquella vez que veníamos de
Palma Mocha, ¿recuerdas? Entonces tú te replegarías por
la loma de la Iglesia para atacarlos por la retaguardia
cuando ellos chocaran con la línea de acá. El camino de
la Magdalena es lo más perfecto para una encerrona.
Entre el mar y El Jigüe tenemos un ejército para impedir
que vengan refuerzos.
Fidel Castro R”.
EL EJÉRCITO: El refuerzo que esperaba Quevedo, lo
conformaba las Co. F, 22 y L, al mando de los capitanes
Edelberto Llerena, José González y Noelio Montero.
Además una batería de cañones 75 mm y otra de mortero 81
mm. Había salido de Pilón y ya se encontraban en la
desembocadura del río La Plata, donde se les incorpora
el resto de la Co. G-4, del Bon. 18. El intento de
rescate lo iniciarían en la próxima mañana. Por lo tanto
solicitaron que todos los medios de artillería, naval y
terrestres, allí existente, y la fuerza aérea, hicieran
fuego en la ruta que ellos tomarían. Así fue, y el
retumbar de las explosiones es muy superior a todas las
anteriores en aquella zona. Aunque también los aviones
atacaron las posiciones rebeldes de los demás frentes.
LOS REBELDES: Este día, el máximo jefe guerrilleros
aceptó una tregua solicitada por los militares sitiados,
con el fin de que buscaran agua. Durante ese tiempo se
produjo un hecho insólito, que tendría positivos
resultados: los rebeldes confraternizaron con muchos de
los militares y lo más importante, lo dice Fidel en una
nota que le cursa a Lalo el 19 de julio: “El
comandante de la tropa sitiada habló con Ramirito y le
dijo que él había dado su palabra de resistir hasta hoy
a las 6 de la tarde. Que si a las 6 de la tarde de hoy
el refuerzo no había llegado, vendría a verme para
acordar la rendición”.
Lo que sucede en la región de Minas del Frío, la
describe Guevara en la siguiente nota: “Todo sin
novedad en la zona. El único pasatiempo de los guardias
es matar los puercos que dejamos por allí”.
El EJERCITO: Efectivamente, el prometido refuerzo estaba
listo el 19 de julio, para ir en su ayuda, pues
considerando los sesudos militares de academia, que la
preparación artillera naval y la aérea, de la anterior
tarde, había sido más que suficiente, para que no
quedara un ser viviente en pie, en la ruta que los
llevaría a rescatar a sus compañeros, iniciaron la
marcha en temprana hora de este día, ascendiendo por la
orilla del río La Plata arriba. Las medidas de seguridad
para la macha son similares a la anterior unidad, pero
más confiado. La aviación los apoyaría en caso de
encuentro con los insurgentes.
LOS REBELDES: Que no habían sufrido ni un rasguño a
pesar del carnaval de metralla, esperaban paciente, pero
atentos, la segura llegada de los guardias, pues la
descargas de ayer, era el más claro aviso de una
eminente visita. Desde hacía mucho tiempo los nervios de
los alzados estaban adaptados a estos momentos. Y así,
cuando vieron que la vanguardia uniformada entra en la
zona prohibida para ellos, al final de la doble curva
del río Purialón, no disparan, pues el experimentado
capitán guerrillero Andrés Cueva, ha ordenado esperar
que penetraran la mayor cantidad de uniformados con
cascos y lo más cerca posible de sus posiciones, y
cuando ya han llegado a la distancia requerida, aprieta
el gatillo, y de momento el ruido del correr de las agua
cristalina del río, el canto de las aves y demás sonidos
naturales de la mañana serrana, se ve nuevamente
superado por el tronar de decenas de armas y los
desgarradores gritos de los enemigos.
El sangriento combate se prolongó durante todo el día,
pues a pesar de las muchas bajas sufrida por el enemigo
-17 muertos, numerosos heridos, 24 fusiles, parque de
distintos tipos y un arria de mulo con víveres-, esto se
batían valientemente y ocasionan perdidas mortales a los
insurgentes. Entre ellos, al corajudo capitán Andrés
Cueva -ascendido póstumamente a comandante-, el teniente
Roberto Corría, los rebeldes Eugenio Cedeño, Victuro
Acosta. En un segundo combate, mueren el teniente
Teodoro Bandera Maceo, Francisco Luna (el Bayamés) y
Pascual González. La aviación ataca con furia, pero sin
resultados. En esta acción, participó el autor, que
hasta ese momento, trabajaba en la ayudantía de Fidel.
Después de ese combate, se reincorpora a la guerrilla
combativa al frente de un grupo por orden de Fidel.
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