Año V
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2006

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La gran ofensiva enemiga y la tenaz decisión de resistir
Plan FF
(13ra parte)

William Gálvez
La Habana


En el frente Norte las fuerzas militares, ubicada en Santo Domingo, no se atreven a moverse y se dedica a morterear las posiciones rebeldes a su alrededor. También solicita apoyo a la aviación, los que atacan esa zona en horas del meridiano, sin dañar a nadie.

El 17 de junio, los intensos ataques aéreos en la región de Mompié, causaron varios heridos en las filas guerrilleras. Ese día, cumpliendo instrucciones de Fidel, Che se encargó del traslado de éstos y los del enemigo, desde el hospital en esa región, al de La Plata. Y como gran conocedor del terreno donde se desarrollan las acciones, el jefe rebelde indicó a los capitanes Sardiña, Cueva y Paz, que reúnen unos 100 barbudos y peludos, para que se embosquen a unos 5 kilómetros de la costa, en las márgenes del río de La Plata, donde el río forma una S, llamado Purialón. Rápidamente realizaron el traslado, lo que les permitió construir algunas trincheras, y crear mejores condiciones para atacar a los guardias, que de un momento a otro pueden aparecer.

EL EJÉRCITO: La columna enemiga caminó despacio y cautelosa, observando con sumo cuidado el verde y enmarañado follaje al frente y a sus costados, tratando de descubrir cualquier señal que indicara el  peligro guerrillero.

LOS REBELDES: Cuando los componentes de la vanguardia enemiga entra en el sector de fuego de la posición de Cuevas, se inició el combate. Seguidamente todas las armas rebeldes dispararon, el ruido de la detonaciones unido a los desgarradores gritos de dolor se esparcieron en campo de batalla. Un gran número de soldados caían abatidos mortalmente, otros tanto se desplomaban heridos, pero con vida. Los que salieron ilesos, buscan donde protegerse y repeler la agresión. La confrontación duró varias horas. La aviación intervino, pero no cambió el curso de las acciones a favor de los castrenses, que al no poder resistir más, se retiraron en desbanda.


Del resultado del anterior combate se refiere la siguiente nota de Fidel:
 

“Che:


El refuerzo fue destruido. Hasta este momento se le han hecho 12 muertos, 18 prisioneros, 1 trípode, 10 San Cristóbal, 15 Springfield, 2 Browning, 4 Garands, y 1 M-1.


Necesito que les diga a Camilo mande veinte hombres desarmados de Ramiro y Almeida, pero que sean buenos. Tú puedes ordenar además el envío de 10 reclutas entre los mejorcitos que queden.


Es un inconveniente tener que estarle dando armas buenas a gente que no está probada; pero de momento no se puede hacer otra cosa.


Se ha descompuesto el altoparlante y es una verdadera lástima en este momento no poderle dar  noticias del refuerzo a la tropa sitiada. Voy a ver que hago. Mañana te escribiré más extenso.


Fidel Castro R.


P.D. En este combate contra el refuerzo no hemos tenido ni heridos. Todavía espero más detalles pues no tengo noticias de Paz que tenía por misión cortarle la retirada”.


El propósito de Fidel, de mantener a Che informado de todo lo que acontece no se detiene:

“Sierra Maestra

Julio 18, 58 5 y 20 p.m.

Che:


Lo nuevo a informar son 18 mil balas ocupadas, que dejaron en los mulos al ser perseguidos, de M-1 y 30,06. Un springfields, que eleva a 37 las armas de ayer y a 64 desde que comenzó la operación; 4 prisioneros más que elevan a 22 los de ayer, de los cuales murió uno y otro escapó ayer al ser conducido hacia acá; son 42 los prisioneros netos que hay desde el día 11 hasta hoy.


Tuvimos hoy otro herido en el brazo, de avión.


La tropa sitiada está al borde del colapso. Mañana se tomarán posiciones a 40 metros del campamento. La ocupación de balas mejora mucho nuestra situación pues los fusiles del cerco estaban a 30 balas. Mañana al amanecer se les atacará desde un círculo muy reducido con 15 armas más.


Sobre la Cruz Roja ya había enviado respuesta. De la O te la puede leer. Lo que me preocupaba es que fuese la Casa de Piedra, por ciertas razones que más adelante te diré. Esto puede servir para hacer mucha propaganda en el Ejército. Además, ya los prisioneros son un dolor de cabeza.

Fidel Castro R.


P.D. Vi tu carta sobre Carlitos Más y está muy buena. Me consultaron porque Franqui tenía dudas sobre si convenía o no militarmente leerla pues pensaba pudiera hacer creer al enemigo que temíamos al napalm. Les dije que la leyeran.


Las armas todas se han repartido desde esta mañana. Reservaré de las mejores que ocupemos para los que me indicas.

Fidel


ADICIONAL

Si los guardias intentan venir desde la Mina Podemos acabar con ellos.
 

Tú harías la primera resistencia mientras yo preparo una línea en el centro espiritista que está por donde encontramos a enamorado aquella vez que veníamos de Palma Mocha, ¿recuerdas? Entonces tú te replegarías por la loma de la Iglesia para atacarlos por la retaguardia cuando ellos chocaran con la línea de acá. El camino de la Magdalena es lo más perfecto para una encerrona.
 

Entre el mar y El Jigüe tenemos un ejército para impedir que vengan refuerzos.

Fidel Castro R”.


EL EJÉRCITO: El refuerzo que esperaba Quevedo, lo conformaba las Co. F, 22 y L, al mando de los capitanes Edelberto Llerena, José González y Noelio Montero. Además una batería de cañones 75 mm y otra de mortero 81 mm. Había salido de Pilón y ya se encontraban en la desembocadura del río La Plata, donde se les incorpora el resto de la Co. G-4, del Bon. 18. El intento de rescate lo iniciarían en la próxima mañana. Por lo tanto solicitaron que todos los medios de artillería, naval y terrestres, allí existente, y la fuerza aérea, hicieran fuego en la ruta que ellos tomarían. Así fue, y el retumbar de las explosiones es muy superior a todas las anteriores en aquella zona. Aunque también los aviones atacaron las posiciones rebeldes de los demás frentes.

LOS REBELDES: Este día, el máximo jefe guerrilleros aceptó una tregua solicitada por los militares sitiados, con el fin de que buscaran agua. Durante ese tiempo se produjo un hecho insólito, que tendría positivos resultados: los rebeldes confraternizaron con muchos de los militares y lo más importante, lo dice Fidel en una nota que le cursa a Lalo el 19 de julio: “El comandante de la tropa sitiada habló con Ramirito y le dijo que él había dado su palabra de resistir hasta hoy a las 6 de la tarde. Que si a las 6 de la tarde de hoy el refuerzo no había llegado, vendría a verme para acordar la rendición”. 

Lo que sucede en la región de Minas del Frío, la describe Guevara en la siguiente nota: “Todo sin novedad en la zona. El único pasatiempo de los guardias es matar los puercos que dejamos por allí”.

El EJERCITO: Efectivamente, el prometido refuerzo estaba listo el 19 de julio, para ir en su ayuda, pues considerando los sesudos militares de academia, que la preparación artillera naval y la  aérea, de la anterior tarde, había sido más que suficiente, para que no quedara un ser viviente en pie, en la ruta que los llevaría a rescatar a sus compañeros, iniciaron la marcha en temprana hora de este día, ascendiendo por la orilla del río La Plata arriba. Las medidas de seguridad para la macha son similares a la anterior unidad, pero más confiado. La aviación los apoyaría en caso de encuentro con los insurgentes.

    LOS REBELDES: Que no habían sufrido ni un rasguño a pesar del carnaval de metralla, esperaban paciente, pero atentos, la segura llegada de los guardias, pues la descargas de ayer, era el más claro aviso de una eminente visita. Desde hacía mucho tiempo los nervios de los alzados estaban adaptados a estos momentos. Y así, cuando vieron que la vanguardia uniformada entra en la zona prohibida para ellos, al final de la doble curva del río Purialón, no disparan, pues el experimentado capitán guerrillero Andrés Cueva, ha ordenado esperar que penetraran la mayor cantidad de uniformados con cascos y lo más cerca posible de sus posiciones, y cuando ya han llegado a la distancia requerida, aprieta el gatillo, y de momento el ruido del correr de las agua cristalina del río, el canto de las aves y demás sonidos naturales de la mañana serrana, se ve nuevamente superado por el tronar de decenas de armas y los desgarradores gritos de los enemigos.

El sangriento combate se prolongó durante todo el día, pues a pesar de las muchas bajas sufrida por el enemigo -17 muertos, numerosos heridos, 24 fusiles, parque de distintos tipos y un arria de mulo con víveres-, esto se batían valientemente y ocasionan perdidas mortales a los insurgentes. Entre ellos, al corajudo capitán Andrés Cueva -ascendido póstumamente a comandante-, el teniente Roberto Corría, los rebeldes Eugenio Cedeño, Victuro Acosta. En un segundo combate, mueren el teniente Teodoro Bandera Maceo, Francisco Luna (el Bayamés) y Pascual González. La aviación ataca con furia, pero sin resultados. En esta acción, participó el autor, que hasta ese momento, trabajaba en la ayudantía de Fidel. Después de ese combate, se reincorpora a la guerrilla combativa al frente de un grupo por orden de Fidel.

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