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Querida María Jesús:
Vaya esta carta rimada,
mariposa improvisada,
ventana llena de luz.
Rompo el silencio, la cruz
de los meses que han pasado.
Sabes que no te he olvidado
y que Natalia tampoco,
pero el reloj, torpe y loco,
nos golpea demasiado.
Dile a Manolo que Fara,
el Galeote
me ha gustado,
y que en sus versos he hallado
más Manolos que en su cara.
Explícale que hay voz clara,
intensidad interior,
edificios al amor
con un ritmo sorprendente.
Que he descubierto el prudente
mutismo del orador.
Te escribo porque mañana
nos vamos para Madrid
—Quijote, Robinson, Cid...—
y luego para La Habana.
Desde mi tierra lejana
ya no te podré escribir
y no me quería ir
sin decirte —me apetece—
que tu “Relación...” parece...
—no te vayas a engreír—
una crónica-canción
escrita en el Siglo de Oro:
Quevedo haciéndote el coro,
Góngora —y no Calderón—
reconciliándose con
su época de las letrillas.
Lope, Sor Juana, Zorrilla...
cuánta tradición mezclada,
cuánta burla refinada...
¡cuánto, salero, chiquilla!
Gracias por tu improvisada
demostración de talento.
Gracias por tu experimento,
Musa recién estrenada.
Sigue así, sigue inspirada
“decimolíricamente”.
En tu palabra se siente
viva la literatura.
Y perdona esta locura
de tu amigo,
El Remitente
Post Scriptum:
Mi novela
se encuentra en las librerías.
Ya sabes: Alexis Díaz
Pimienta; búscala, vuela,
porque la muy cabronzuela
tuvo tanta aceptación
que una segunda edición
han hecho en menos de un mes.
Léela, Chus, y después
me remites tu opinión.
Post Scriptum:
No te envío
un ejemplar regalado,
gratuito y autografiado
porque el negocio no es mío.
Los pocos que he conseguío
los llevo para La Habana,
porque la gente cubana
—con la que obligado estoy—
no se gasta en libros hoy
la comida de mañana.
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