Año V
La Habana

16 al 22 de DICIEMBRE
de 2006

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La suerte del buen consejo
Bladimir Zamora Céspedes La Habana


Hace muy poco la Asociación Hermanos Saíz de Jóvenes Escritores y Artistas de Cuba (AHS) cumplió 20 años de fundada. Esta organización, que se nutrió para su nacimiento de la Brigada Raúl Gómez García, el Movimiento de la Nueva Trova y la Brigada Hermanos Saíz, convocó a un Consejo Nacional Ampliado en la capital cubana que sin dudas es uno de los acontecimientos culturales más importantes del casi finalizado 2006.

Después de reuniones en todas las provincias del país, los pasados 14 y 15 de diciembre se produjo este fecundo encuentro con representación de asociados de toda Cuba. El primer día, en las instalaciones de la Escuela de Cuadros de la Unión de Jóvenes Comunistas, hubo intensos intercambios en varias comisiones de trabajo, donde ya fue palpable que los más jóvenes creadores cubanos no se estaban mirando su ombligo. Les interesaba ofrecer su contribución a la salud total de la cultura que se protagoniza en el país, integrarse a las instituciones, las calles, las casas de la nación, donde es preciso defender nuestra identidad cultural en momentos en que la mediocridad, o penosa ingenuidad del patio, se dan la mano con los muy bien perfilados y malintencionados proyectos mediáticos imperialistas.

La sesión plenaria del Consejo se celebró entre la mañana y la tarde del día 15 en el Palacio de las Convenciones. Fue la oportunidad de homenajear a quienes después de varios años de labor dejaban la dirección de la organización —como Alpidio Alonso que durante ocho años fue su presidente—, y dar la bienvenida a nombres nuevos que se encargan desde ese momento de las más altas decisiones de la AHS y también de estrenar a Luis Morlote como presidente.

Antes de esos momentos de sucesiva emoción hubo allí en el plenario un despliegue de intervenciones que dio claras y buenas noticias del alto nivel conceptual y la capacidad de compromiso revolucionario de los noveles artistas cubanos.

Más allá de citar nombres y de cronicar el predicado de las intervenciones, fue importante constatar que en la abrumadora mayoría de las voces que se alzaron hubo un interés que no se centró en la satisfacción de sus necesidades particulares, y mucho menos en hacer peticiones para usufructuar beneficios que se pudieran quedar en el coto cerrado de la Asociación. Primó sobre cualquier otra idea la responsabilidad de ser, junto a los demás que existan, protagonista de la cultura cubana.

Los muchachos de la perenne rebeldía se manifestaron con profundidad y certeza sobre las más variadas expresiones de la cultura y su conexión con el público. Ocupó la mayor parte del tiempo la preocupación por el estado de la radio y la televisión cubanas. Y no precisamente por el aumento de plantas transmisoras en el país, sino por el frecuente mal desempeño de sus programaciones. Se declaró, con dureza y transparencia, que ante la avalancha de esos medios desde el exterior, con elocuente intención colonialista, lejos de oponerles nuestra poética de incesantes ciudadanos de un país socialista a toda prueba, numerosos programas radiales o televisivos resultan, ni más ni menos, gratuitas cámaras de resonancia del proyecto imperialista.

Para quienes vivimos el momento de la aparición de la Asociación Hermanos Saíz en 1986, cuando no pocos tomaban a la mayoría de sus miembros como unos loquitos improcedentes, es un verdadero orgullo que a estas alturas esta organización se reconozca como parte inequívoca de la vanguardia artística cubana, y que esté ya ligada a la conservación de la memoria de la cultura del país, de lo que ahora mismo se está creando y de los peldaños venideros de nuestro hacer.
 

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