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Hace muy poco
la Asociación Hermanos Saíz de Jóvenes Escritores y
Artistas de Cuba (AHS) cumplió 20 años de fundada. Esta
organización, que se nutrió para su nacimiento de la
Brigada Raúl Gómez García, el Movimiento de la Nueva
Trova y la Brigada Hermanos Saíz, convocó a un Consejo
Nacional Ampliado en la capital cubana que sin dudas es
uno de los acontecimientos culturales más importantes
del casi finalizado 2006.
Después de reuniones
en todas las provincias del país, los pasados 14 y 15 de
diciembre se produjo este fecundo encuentro con
representación de asociados de toda Cuba. El primer día,
en las instalaciones de la Escuela de Cuadros de la
Unión de Jóvenes Comunistas, hubo intensos intercambios
en varias comisiones de trabajo, donde ya fue palpable
que los más jóvenes creadores cubanos no se estaban
mirando su ombligo. Les interesaba ofrecer su
contribución a la salud total de la cultura que se
protagoniza en el país, integrarse a las instituciones,
las calles, las casas de la nación, donde es preciso
defender nuestra identidad cultural en momentos en que
la mediocridad, o penosa ingenuidad del patio, se dan la
mano con los muy bien perfilados y malintencionados
proyectos mediáticos imperialistas.
La sesión plenaria
del Consejo se celebró entre la mañana y la tarde del
día 15 en el Palacio de las Convenciones. Fue la
oportunidad de homenajear a quienes después de varios
años de labor dejaban la dirección de la organización
—como Alpidio Alonso que durante ocho años fue su
presidente—, y dar la bienvenida a nombres nuevos que se
encargan desde ese momento de las más altas decisiones
de la AHS y también de estrenar a Luis Morlote como
presidente.
Antes de esos
momentos de sucesiva emoción hubo allí en el plenario un
despliegue de intervenciones que dio claras y buenas
noticias del alto nivel conceptual y la capacidad de
compromiso revolucionario de los noveles artistas
cubanos.
Más allá de citar
nombres y de cronicar el predicado de las
intervenciones, fue importante constatar que en la
abrumadora mayoría de las voces que se alzaron hubo un
interés que no se centró en la satisfacción de sus
necesidades particulares, y mucho menos en hacer
peticiones para usufructuar beneficios que se pudieran
quedar en el coto cerrado de la Asociación. Primó sobre
cualquier otra idea la responsabilidad de ser, junto a
los demás que existan, protagonista de la cultura
cubana.
Los muchachos de la
perenne rebeldía se manifestaron con profundidad y
certeza sobre las más variadas expresiones de la cultura
y su conexión con el público. Ocupó la mayor parte del
tiempo la preocupación por el estado de la radio y la
televisión cubanas. Y no precisamente por el aumento de
plantas transmisoras en el país, sino por el frecuente
mal desempeño de sus programaciones. Se declaró, con
dureza y transparencia, que ante la avalancha de esos
medios desde el exterior, con elocuente intención
colonialista, lejos de oponerles nuestra poética de
incesantes ciudadanos de un país socialista a toda
prueba, numerosos programas radiales o televisivos
resultan, ni más ni menos, gratuitas cámaras de
resonancia del proyecto imperialista.
Para quienes vivimos
el momento de la aparición de la Asociación Hermanos
Saíz en 1986, cuando no pocos tomaban a la mayoría de
sus miembros como unos loquitos improcedentes, es un
verdadero orgullo que a estas alturas esta organización
se reconozca como parte inequívoca de la vanguardia
artística cubana, y que esté ya ligada a la conservación
de la memoria de la cultura del país, de lo que ahora
mismo se está creando y de los peldaños venideros de
nuestro hacer.
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