Año V
La Habana

16 al 22 de DICIEMBRE
de 2006

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Palabras de elogio en la entrega
de la condición Maestro de Juventudes

Testimonios en la piedra, aquí

Omar Valiño La Habana


Amigas y amigos:

Colocado ante el inédito desafío de elogiar  a seis gigantes, ante las probabilidades casi las exigencias, nada gratuitas, de la desmesura, he optado por el fácil ejercicio de preguntarme junto a mis compañeros de veinte o menos años de terca militancia en la Asociación Hermanos Saíz, ¿qué sería de este país sin los poemas de Fina y de Roberto, sin las canciones de Silvio, sin el cine y la prédica de Julio, sin la música de Los Van Van de la mano de Formell, sin los seculares acordes de Santiago devueltos clásicos en los pentagramas de Harold?

La respuesta, de ningún modo única por existir otras tantas mejores, es por fuerza sencilla: no fuéramos los mismos, no estaríamos hechos de la misma materia de espíritu. Y si quiero ser caprichosamente didáctico diría: no caminaríamos igual por las calles de la Habana del Centro, no entraríamos al Cine cubano con la misma devoción crítica, no bailaríamos como ahora, no hubiéramos redescubierto a Calibán en nosotros, no interpretaríamos como hoy nuestra música, no habríamos tenido los versos cantados del juglar para hacernos el amor.

Podría detenerme, además,  en cuánto han aportado en la acción del magisterio directo, al lado de jóvenes y veteranos. Fina con sus investigaciones sobre Martí en la Biblioteca Nacional y el Centro de Estudios Martianos, allí mismo Retamar con su Casa de las Américas y su emblemática revista a cuestas o en las aulas de la Universidad, Harold y Julio desde la época fundacional de Nuestro Tiempo, entregados por largo tiempo a la tarea de dirigir en el ICAIC o la UNEAC o de enseñar en el ISA o en la Escuela de Cine de San Antonio, Juan liderando y renovando su tren de pelea, esa enorme máquina del ritmo nacional que son Los Van Van y Silvio catapultando en silencio proyectos y venturas de muy diverso signo. Sin embargo, lo creo innecesario, no me parece que haga falta. 

Basta con la insistencia de Eliseo de que venimos a esta tierra a dar testimonio. Poseyendo el silencio como Charlot, según descubrió Fina. Rememoro también un poema de Roberto dialogando con Brecht y reafirmando su aquí.

Aquí, precisamente, se han tejido los extraordinarios testimonios de cada uno, fijados  siempre en un haz: el paso de los cubanos por la tierra. Un paso hermoso, firme, rico, hondo, único, y sin duda diferente por el viento huracanado de una Revolución radical y fecunda que nos ha hecho otros y dignos, otros y justos, otros y mejores.

Desde aquí eligieron entregarnos sus testimonios, sus creaciones, en medio de la fiesta innombrable o de la oscura noche o de la soledad del sacrificio. Poemas, canciones, ensayos, composiciones, películas, libros que han surcado el rostro cultural de la patria, es decir, la manera en que somos. Por eso la Asociación que recuerda en su nombre y en su afán a Luis y Sergio Saíz Montes de Oca, aquellos que nos legaron con sus vidas la tarea de una inmensa obra por realizar, cumplida con creces por ustedes, se honra en entregarle la condición de Maestros de Juventudes. 

Con Martí podemos asegurarles que sus obras crecerán bajo/sobre la hierba y la tierra de esta Isla, con Lezama que con esos actos no solo han rasguñado la piedra, en verdad han horadado el rostro múltiple de este lugar entrañable del mundo.

Por ese ejemplo, gracias querida Fina, gracias queridos Harold, Juan, Silvio, Julio y Roberto.

No puedo evitar la cita a mi manera y con ella, como en tiempos antiguos, recordar al actor que pide de antemano benevolencia al auditorio por sus muchas faltas:

Quién fuera

Lennon y McCartney, y Harold y Juanito, /

Quién fuera

Sindo y Julio y Retamar/

Violeta, Fina/

Quién fuera

Chico  y Silvio.

Quién fuera vuestro trovador.

Palabras de elogio en la entrega de la condición Maestro de Juventudes a los destacados intelectuales cubanos Roberto Fernández Retamar, Fina García-Marruz, Juan Formell, Silvio Rodríguez, Harold Gramatges y Julio García Espinosa, jueves 14 de diciembre, Museo Nacional de Bellas Artes, Edificio de Arte Universal.

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