Año V
La Habana
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ENCUENTRO DE GORE VIDAL CON INTELECTUALES
Y ESCRITORES CUBANOS EN CASA DE LAS AMÉRICAS

El lenguaje es nuestra comunidad

La Jiribilla
Fotos: Víctor Junco (La Jiribilla)
 

El escritor norteamericano Gore Vidal, autor de una extensa obra literaria que contiene más de cuarenta novelas, ensayos y obras teatrales, uno de los más reconocidos e incisivos narradores del siglo XX, se reunió con intelectuales cubanos como parte de su visita al país. Asistieron al intercambio algunos representantes de la delegación de personalidades que lo acompaña, compuesta, entre otros, por el exsenador James Abourezk, el profesor Saúl Landau y Matt Tyrnauer, editor de la revista Vanity Fair. En el encuentro se puso de relieve una vez más el pensamiento polémico y provocador que ha hecho de la prosa de Gore Vidal una contundente herramienta crítica de la sociedad y la política norteamericana y su pasado histórico.


Gore Vidal:

Estoy encantado de estar aquí porque en mi país no recibo ninguna buena noticia, y aquí veo cosas mejores. No puedo decir que vaya a recorrer el mundo buscando mejores noticias, de hecho donde quiera que vaya encontraré algo mejor que lo que nos está sucediendo ahora que la Junta del petróleo y el gas está a cargo de los EE.UU. Después del 11 de septiembre tuvimos nuestro primer Golpe de Estado, y no sucedió como en cualquier país real, no; el nuestro está influenciado por la televisión, por Hollywood... Ahora tenemos al hijo de un presidente, su padre no sabía hablar y el hijo tampoco lo ha logrado. El único trabajo que tenía el presidente, según los padres fundadores que redactaron la Constitución, era escribir una vez al año el Estado de la Nación: cuánto dinero ha entrado, cuánto se ha gastado, cuánto se prestó. En esencia es un trabajo literario. El único problema desde entonces ha sido la extraordinaria ignorancia de la mayoría de los presidentes. El último presidente que podía escribir sus propios discursos fue Woodrow Wilson, y el mundo hubiera sido un lugar más feliz si no lo hubiera hecho. Aunque no sabía geografía, reconstruyó el mapa del mundo después de la Primera Guerra Mundial. Dividió el imperio austro-húngaro y nos dio a Yugoslavia. Entonces nos llevó a la guerra contra el Káiser —teníamos un enemigo oficial cada año y al Káiser le correspondió ese año— y Wilson creyó que debía hacer una proclama más clara de los motivos por los que íbamos a luchar en suelo europeo. Así que adaptó este eslogan que aún oímos: “Hacer del mundo un lugar seguro para la democracia”. Realmente nunca hemos tenido democracia en los EE.UU., ni vamos a tenerla. Los padres fundadores temían dos cosas: la tiranía y la democracia. Odiaban a Pericles, odiaban a Atenas, y amaban lo que era bueno para los negocios y para la poca gente blanca que los manejaba extremadamente bien.

Luego escuchamos ecos de Woodrow Wilson en alguien que no creo que haya sabido de su existencia antes de convertirse en presidente, George W. Bush. “¡Soy un presidente en tiempo de guerra!” “¡Tenemos que ayudar a los iraquíes con la democracia para hacer del mundo un lugar más seguro!”

Muchas cosas se realizan en las palabras, como es nuestra profesión, la de ustedes y la mía. Es la profesión del presidente el aclarar con las palabras el estado de la nación, los sueños de la nación, y nos damos cuenta de que este presidente ni siquiera debería ocupar ese lugar.

Hace poco hablaba sobre el mismo asunto, el lenguaje. Como saben, Confucio no fue una figura religiosa, de hecho no creía en Dios. Era un gran maestro, como Platón o Aristóteles. Uno de sus estudiantes le preguntó una vez: “Maestro Kong —que era su nombre real—, ¿qué haría usted si se le ofreciera el mandato celestial?”, en un momento en que China estaba en medio del caos. Y Confucio responde: “Rectificaría el lenguaje. Si el pueblo no puede comprender lo que el Emperador dice y tampoco él puede comprenderlos a ellos, ocurre una ruptura en la sociedad”. El lenguaje es nuestra comunidad, y eso es todo. Nuestro lenguaje ha sido totalmente corrompido por la televisión, por la prensa, etc. No propongo que hagamos presidente a Noam Chomsky, pero podría ser un comienzo, al menos él podría explicarnos lo que significan las palabras que utiliza… y eso sería el final de The New York Times.

Pudiera seguir indefinidamente, como parece que lo he hecho. He perdido la voz recolectando dinero para el partido democrático en California y otros lugares de EE.UU. y a menudo soy criticado por escritores más serios que me dicen: “¿Por qué te molestas con la política?”, y les respondo: “¿Por qué no lo haces tú?”. Uno me dijo: “Soy un poeta, la política no es asunto mío”. Así que le repetí lo que Pericles había dicho sobre el tema a Sófocles, que le hizo ese mismo comentario: “El hombre que dice que la política no es su asunto, no tiene asunto alguno”.

Ahora que ya he dicho mis palabras me gustaría escuchar las de ustedes.

La escritora y periodista Marta Rojas
junto al periodista norteamericano Saúl Landau

Marta Rojas: Hace unos años leí algo que me motivó mucho respecto a usted. A los seis años le leía libros a su abuelo ciego, que era senador. Imagino que serían lecturas muy serias para esa edad. Me pregunto de qué forma influyeron esas lecturas en usted, desde el punto de vista literario, político y sobre el amor por la historia de EE.UU.

Él fue un extraordinario autodidacta. Había quedado ciego desde la edad de diez años. Quería estudiar Leyes pero su familia quería internarlo en un hogar para ciegos. Tuvo que luchar contra ellos. Le decían: “¿Cómo vas a leer?”, y él dijo: “Me llevaré a mis primos conmigo y ellos me leerán”. Podía escuchar un texto una sola vez y aprendérselo de memoria. A su vez, entre sus hijos y nietos solo a mí me gustaba la lectura. Mi abuela fue muy astuta, se estaba cansando después de 60 años de leerle todo el tiempo y vio en mí un heredero de su tarea. Fue un gran programa de lectura. Mi abuelo, aunque incorporó Oklahoma a la Unión y lo convirtió en un estado —ese es el tipo de ingenio que correo por nuestra familia—, en privado estaba leyendo toda la literatura que le caía en las manos. Me dieron la misma formación literaria que recibió Mark Twain. Formación de iconoclastas y de libre pensadores; Texas, entre todos los lugares, estaba produciendo grandes libre pensadores. Aprendí mucho, a los 12 años era el único niño que entendía de metalismo, estaba en el Comité de Finanzas. Era un tema importante en el Sur de posguerra. Muchos senadores querían deshacerse del estándar monetario del oro, y les dije: “Cambiémoslo por plata. Si hay más plata habrá más dinero para todos”.  Más tarde dijeron que se habían equivocado con lo que pensaron en aquel momento.

Aprendí muchísimo de la historia de mi país. Mi abuelo era un populista, del Partido del Pueblo, y era un hombre muy seco, y también muy agudo para ser un ciego. No era un entusiasta de la raza humana. Lo comprendo perfectamente. Solía decir que si existiese otra raza aparte de la humana se uniría a ella. No era el comentario típico de un senador de Oklahoma.

Todo lo que sé de alguna importancia lo aprendí con él. Lo más importante que aprendí, que es un desafío que tenemos todos ahora, es la destrucción de la Magna Carta que ha hecho la Junta. Por 700 años fue el regalo de Inglaterra a sus colonias. Recuerden que nuestro sistema completo depende de tres palabras: debido proceso legal. Si eso no existe la República y no hay libertad.

Lisandro Otero, Premio Nacional de Literatura y
Presidente de la Academia Cubana de la Lengua

Lisandro Otero: Usted dijo que venía con su visita a hacer una contribución a la ruptura del bloqueo que EE.UU. mantiene en torno a Cuba. ¿Cree que el control demócrata del próximo Congreso en enero pueda hacer algo al respecto?

Los hábitos de la cobardía tienden a crecer. No tenemos partidos políticos adecuados porque los padres fundadores no los querían. El presidente Adams decía que lo que debíamos temer, y esto es algo que heredamos de Inglaterra, era las facciones políticas. Sin facciones políticas a favor de la República, en específico, no se tiene una política. Es por eso que en los años 30 algo nuevo surgió bajo el sol: Hitler. Él transformó el patriotismo, dijo que nunca había sido un patriota en la Primera Guerra Mundial. Tenía la Cruz de Hierro al Coraje. Dijo: “Es cierto, pero nunca fui un patriota para Alemania, y ciertamente no para Austria”. Dijo, y aquí radica la diferencia: “Soy un nacionalista”. Piensen como se puede desarrollar la palabra: nacionalista, nazi, nacionalsocialismo. Ya sabía quién y qué era. No hablaba para la nación Alemania, hablaba para el pueblo.

Creo que nuestra situación hoy en día no es diferente a la que teníamos en los años 30. A veces utilizamos eslóganes religiosos en algunos países, a veces hablamos sobre formas de gobierno en otros. El patriotismo puede ser algo benigno; el nacionalismo es insoportablemente totalitario, debes ser un siervo del estado o a tu pueblo. Se puede matar a todo el mundo en nombre del pueblo.

No se me ocurre ninguna razón práctica por la cual el bloqueo deba continuar.  Es cierto que la Junta quiere que seamos los enemigos de todos los países. Es muy ambicioso, pero al parecer lo estamos logrando. Ya no podemos ir a ningún lugar donde no seamos odiados. Pero me gustaría pensar que está surgiendo una nueva generación y que la vieja generación está quedando atrás, después de la humillación que recibieron en el Congreso, la abolición esencial de la Constitución y los balances y cuentas dentro de nuestra sociedad.

Thomas Jefferson era un gran admirador de Montesquieu, el gran pensador político del siglo XVIII. Lo impresionaba mucho, y es irónico porque Jefferson al final fue el antimontesquieu. Montesquieu dijo: “No se puede mantener una República y un Imperio simultáneamente”. Puedes tener un o el otro, pero no se pueden tener los dos. Jefferson sabía que con la compra de Luisiana había resquebrajado este principio de la República. De ahí en adelante nuestro imperialismo comenzó a buscar a su alrededor nuevas propiedades que robar. Theodore Roosevelt construyó una gran armada y la envió por todo el mundo.

Ahora somos el número uno e Inglaterra es el número dos. Para hacer que la gente abandone esas posiciones tan extremas hacen falta pensar en dos cosas: Hemos “disfrutado” total derrota militar dondequiera que ponemos el pie, y en segundo lugar el tesoro está vacío. Es triste decir que la paz llegará cuando no tengamos dinero. Estoy seguro de que el emperador Caracalla también comprendió esto cuando se quedó sin dinero. Así que piensen en el futuro cuando declaren una guerra, y calculen bien cuanto va a costar. No solo nadie de la Junta sabe nada de historia o religión o geografía, tampoco pueden contar. Parece un mal día en Paraguay —un país maravilloso.

Norge Espinosa: Indudablemente la historia de EE.UU. está siendo reescrita después del 11 de septiembre. Siempre en tiempos de trauma se producen cambios en el pensamiento de las personas respecto a los aspectos con los que han vivido hasta esos momentos. Conceptos como libertad y responsabilidad son puestos en crisis. ¿En qué medida EE.UU. está poniendo en crisis estos conceptos y los reinterpreta, no siempre del modo en el que el gobierno parece querer reescribirlos?

Tomará dos generaciones para recuperar lo que perdimos. No voy a aburrirlos con la Carta de los derechos y los que han sido eliminados por esta Junta y este pequeño presidente loco, y por su Fiscal General, el Sr. González, que parece pensar que es el Fiscal General de México. Ha tomado la posición de que el presidente tiene poderes inherentes, extraordinarios, cuando se convierte en Comandante en Jefe. Bueno, no los tiene. Puede explorar nuevas cosas, pero tiene poderes enumerados que un niño de 8 años puede leer en 5 minutos en la Constitución. Aparentemente el nuevo presidente tendrá que tomar repasos de lectura y escritura para que pueda escribir el Estado de la Nación. Solo estoy haciendo sugerencias prácticas.

No hay una salida fácil. Cómo sucedió, fue una combinación de varios aspectos. Para simplificar diré que fue en parte debido a un mal sistema de educación para todos, en el que la historia nunca se enseñó adecuadamente. Pero más que eso, creo que no hay un sentido de comunidad en el país. La gente se acostumbró a ignorar la política. Nada importaba, las cosas podían seguir igual que siempre, lo cual no era tan malo, y luego está la voz de la prensa y de los medios que sigue diciéndonos que somos la nación más grande de la Tierra, a la que todos admiran y quieren venir. Díganme cuando vieron a un noruego con una tarjeta verde de residencia.

Ha ocurrido un gran cambio en el sentimiento de todo el país. Recuerdo que en la Segunda Guerra Mundial nuestros soldados no eran tan tontos como los describen en las películas. Nadie hablaba a su oficial al mando como lo hacía ese pelotón en En busca del soldado Ryan. Hemos sido llamados por los publicistas “la mejor generación”, es una tontería. En tres años en el ejército jamás escuche un solo sentimiento patriótico de ningún soldado. Ellos lo odiaban, detestaban a los que se habían quedado en casa haciendo dinero, y lo sabían todo sobre ellos. Traté, en mi carrera cinematográfica, de hacer una película sobre la Segunda Guerra Mundial que tuviera sentido. No se hacen más de clichés. Ocasionalmente se hace una buena película de cliché, pero no es verdad.

La mayoría en aquella época nos alistamos en la oficina de reclutamiento. Unos cuantos sentían que tenían un deber religioso que realizar y los misionarios se multiplicaron en las líneas. Pero esto era una fuente de división. El hecho es que nos alistamos porque tomábamos el país seriamente, habíamos sido atacados por los japoneses y no sabíamos hasta qué medida habían sido provocados por Roosevelt.

Jaime Sarusky, escritor y periodista, Premio Nacional de Literatura

Jaime Sarusky: El cineasta Oliver Stone ha sido multado con unos miles de dólares por haber viajado a Cuba. Esto subraya nuestra admiración por la valentía del señor Gore Vidal y la delegación que lo acompaña. Me pregunto si no les preocupa que su viaje se convierta en un escándalo injusto y arbitrario, y ser también condenados.

Ahora que estoy aquí cuento con ustedes para que paguen mis cuentas legales (RISAS). Todo lo que está haciendo el gobierno es ilegal e inconstitucional. Donde te atrapan es en el proceso interminable de llegar a la Corte Suprema, pero esta finalmente lo desecha. Concluirán que es inconstitucional decir que Oliver Stone no puede hacer una película. No sé qué multas les esperan a las personas que vienen aquí. “Soy un presidente en tiempo de guerra”: parece pensar que la guerra está en todas partes. Y el Fiscal General está de acuerdo con él. El Fiscal General me vuelve loco, habla y luce exactamente como la única persona en mi vida que nunca puede soportar: Truman Capote.

Giustino di Celmo: El penúltimo presidente fue acusado por haber tenido sexo con una becaria de la Casa Blanca. La actual administración encabezada por Bush mintió a todo el mundo de manera criminal, obligó a países aliados a asociarse con una criminal guerra que no se sabe cómo va a terminar. ¿Cree que en estos dos años que faltan para su término, el pueblo norteamericano tome conciencia y obligue a los senadores a expulsar a estos criminales.

Ojalá que sí. Pero no estoy seguro,  la Sra. Pelosi, una congresista de San Francisco que está a punto de convertirse en Portavoz de la Casa Blanca, ya hizo promesas antes de las elecciones. Los republicanos buscaban un impeachment frívolo en el caso de Clinton. En el caso de Bush, ciertamente no es frívolo. Es culpable de altos crímenes y fechorías contra la Constitución de los EE.UU. Es culpable y debería ser llevado a juicio por la Casa de Representantes y luego ir al juicio ante el senado. Las acusaciones contra Clinton eran completamente idiotas. Querían tenderle una trampa porque estaba a punto de ganar otra elección. Dijo: “No tuve sexo con esa mujer”. Debió haber dicho: “No es asunto de ustedes”. Encontraron culpable a Clinton de un delito civil y no podían hacer nada con eso, no era un crimen contra la Constitución. Dijeron que era perjurio, pero la gente miente cada día de su vida. Si fuera perjurio decir “no fui a la cama con esa mujer, o con ese hombre”, la mitad de la población divorciada de EE.UU. estaría en la cárcel. Ahora vemos como este partido se dirige a su cementerio.

Yinnet Polanco, de La Jiribilla: América Latina está viviendo un regreso de la fuerzas al poder. En su opinión ¿puede deberse al desgaste de las teorías neoliberales y la falsa democracia generada por el gobierno de EE.UU?

En primer lugar, el regreso de la izquierda en América Latina tenía que haber sucedido hace mucho tiempo. Cuba es ahora el único país en el mundo al que otros países siguen como ejemplo, incluyendo muchas personas en EE.UU., en el camino de crear una comunidad mundial; que envía doctores al mundo, que está uniendo a América con el estudio. Puedo entender que a muchos mafiosos de Miami les disguste este gobierno, pero no veo como siguen a los que creen en la democracia, como el presidente Bush y el presidente Wilson. La palabra liberal viene de libre, y su explicación en el diccionario es interesante. Un liberal es en política alguien que desea extender la democracia. Algunos somos liberales por naturaleza, otros conservadores por naturaleza. Es por eso que tenemos la Carta de los Derechos, para que ningún grupo pudiera imponerle su punto de vista al otro. Todos deberíamos tener el derecho de decir no al liberalismo y no al conservadurismo.

Con Eduardo Heras León, Premio Nacional de Edición
y director del Centro Onelio Jorge Cardoso

Eduardo Heras León: En una conversación con un escritor norteamericano comenzamos a discutir sobre quién ha sido el más grande escritor en EE.UU. Le dije: “Hemingway”. Me respondió: “Demasiado simple”. Contesté: “Faulkner”, me dijo: “Demasiado complejo”. “Entonces dime tú, ¿quién es?”, le pregunté. “Tennessee Williams”, me dijo. ¿Qué opina usted de esto?

De los tres, prefiero a Tennessee Williams como escritor. Pero era un dramaturgo, no un novelista. Era un dramaturgo muy mal comprendido porque siempre tuvo una prensa ridícula en EE.UU.. Fue uno de nuestros grandes comediantes y siempre lo trataron como el más profundo trágico. Fui con él al teatro en numerosas ocasiones, cuando estaba representando “Un tranvía llamado deseo”. Todos los directores en EE.UU. se han equivocado dirigiéndola, porque es demasiado compleja para ellos. Mi amiga Claire Bloom quería representarla en Londres, así que nos reunimos allí con Tennessee. Él le dijo: “Bien, ¿tienes alguna duda?, ¿hay algo que quieras saber acerca del significado de la obra?” Y recuerdo que cada vez que veíamos “Un tranvía llamado deseo” desde el público, cuando todo el mundo estaba llorando mientras Blanche era transportada al sanatorio y ella dice valerosamente: “Siempre he dependido de la amabilidad de los extraños”, Tennessee comenzaba a rugir de risa y lo mandaban a callar. Tennessee había creado ese parlamente para que la gente se riera porque ella había tenido una buena cantidad de sexo con extraños, y de eso se trataba. Pero los directores norteamericanos son bastante simples, o piensan que el público es simple. Así que Claire dijo: “Bien, dígame que sucede cuando baja el telón”. Tennessee le contestó: “Nadie me había hecho esa pregunta antes. Asumo que Blanche sale del asilo en un año o dos, se muda al barrio francés y establece una pequeña pero moderna boutique”. Claire, que es una gran actriz, le dijo: “¿Quieres decir que ella gana?” “Por supuesto que sí”, le respondió Tennessee. Nadie la ha representado así, excepto Claire, y con ello ganó todos los premios de Europa. Es por eso que necesitamos rectificar el lenguaje.

Faulkner era un gran escritor. Hemingway no lo era. Eso hace la diferencia. Tenemos muchos escritores como Hemingway que han sido mucho mejores, como Stephen Crane. ¿Pueden decirme una buena novela que haya escrito Hemingway? Él era bueno pescando. Faulkner es un escritor muy complejo, pero una vez que entras a esa liga mayor debes poner a las personas en su categoría justa. Faulkner no puede sobrevivir en el aire que respira Henry James. Henry James es lo más alto a lo que se puede llevar la novela. Imagino que Flaubert tal vez llegó más alto pero la novela está más apegada a la tierra. Estas personas cambiaron la forma en que miramos al mundo.

Gerardo Fulleda León: Quisiera volver a la literatura. En sus novelas históricas hay una profunda recreación del pasado, con datos, detalles, ambientación. ¿Es totalmente real esa ambientación o hay una dosis de ficción o quizá anacronismo? ¿Cómo adquirió la erudición histórica que demuestra en sus novelas?

Para comenzar por el principio, soy un historiador. ¿Por qué escribo la historia en forma de novela? La razón es excelente: el punto de vista. No quiero imponer mi punto de vista a, digamos, Abraham Lincoln. Investigo a Lincoln tanto como es posible, tanto como lo haría cualquier otro biógrafo. Agrego entonces los personajes ficticios que pueden dar mi punto de vista. No creo que un historiador o un novelista deba inmiscuirse con figuras históricas, pero creo que tenemos el derecho de inventar personajes que hagan las preguntas que el lector quisiera hacer.

Como la mayoría de los norteamericanos odian la historia es difícil hacerlo. Es una de las razones por las que me he mantenido muy cerca de la historia de EE.UU.. Estoy haciendo lo que debió haber hecho la escuela y me siento algo resentido de no haber podido sobresalir en otras ocupaciones a lo largo del camino.

La historia no está formada por varios hechos que pones en fila y luego juzgas. Eso es lo que hacen los malos historiadores, acumulan los hechos y después dan una opinión. Yo no tengo una opinión hasta que termino y a veces tampoco entonces. Para mí es la vida, forma parte de mi vida y antes de mí, de la vida de mi familia. Como las memorias y las biografías son las formas más populares de escritura en EE.UU., particularmente las falsas memorias, creo que es un alivio que no yo no escriba sobre mí mismo. Prefiero escribir sobre Lincoln. Me gustaría decir “que otro escriba sobre mí”, pero ya lo han hecho y no puedo decir que me haya gustado el resultado.

Encuentro realizado el 13 de diciembre de 2006 en Casa de las Américas, La Habana.

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