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El escritor
norteamericano Gore Vidal, autor de una extensa obra
literaria que contiene más de cuarenta novelas,
ensayos y obras teatrales, uno de los más reconocidos e
incisivos narradores del siglo XX, se reunió con
intelectuales cubanos como parte de su visita al país.
Asistieron al intercambio algunos representantes de la
delegación de personalidades que lo acompaña, compuesta,
entre otros, por el exsenador James Abourezk, el
profesor Saúl Landau y Matt Tyrnauer, editor de la
revista Vanity Fair. En el encuentro se puso de relieve
una vez más el pensamiento polémico y provocador que ha
hecho de la prosa de Gore Vidal una contundente
herramienta crítica de la sociedad y la política
norteamericana y su pasado histórico.
Gore Vidal:
Estoy
encantado de estar aquí porque en mi país no recibo
ninguna buena noticia, y aquí veo cosas mejores. No
puedo decir que vaya a recorrer el mundo buscando
mejores noticias, de hecho donde quiera que vaya
encontraré algo mejor que lo que nos está sucediendo
ahora que la Junta del petróleo y el gas está a cargo de
los EE.UU. Después del 11 de septiembre tuvimos nuestro
primer Golpe de Estado, y no sucedió como en cualquier
país real, no; el nuestro está influenciado por la
televisión, por Hollywood... Ahora tenemos al hijo de un
presidente, su padre no sabía hablar y el hijo tampoco
lo ha logrado. El único trabajo que tenía el presidente,
según los padres fundadores que redactaron la
Constitución, era escribir una vez al año el Estado de
la Nación: cuánto dinero ha entrado, cuánto se ha
gastado, cuánto se prestó. En esencia es un trabajo
literario. El único problema desde entonces ha sido la
extraordinaria ignorancia de la mayoría de los
presidentes. El último presidente que podía escribir sus
propios discursos fue Woodrow Wilson, y el mundo hubiera sido un lugar más
feliz si no lo hubiera hecho. Aunque no sabía geografía,
reconstruyó el mapa del mundo después de la Primera
Guerra Mundial. Dividió el imperio austro-húngaro y nos
dio a Yugoslavia. Entonces nos llevó a la guerra contra
el Káiser —teníamos un enemigo oficial cada año y al
Káiser le correspondió ese año— y Wilson creyó que debía
hacer una proclama más clara de los motivos por los que
íbamos a luchar en suelo europeo. Así que adaptó este
eslogan que aún oímos: “Hacer del mundo un lugar seguro
para la democracia”. Realmente nunca hemos tenido
democracia en los EE.UU., ni vamos a tenerla. Los padres
fundadores temían dos cosas: la tiranía y la democracia.
Odiaban a Pericles, odiaban a Atenas, y amaban lo que
era bueno para los negocios y para la poca gente blanca
que los manejaba extremadamente bien.
Luego escuchamos ecos de Woodrow
Wilson en alguien que no creo que haya sabido de su
existencia antes de convertirse en presidente, George W.
Bush. “¡Soy un presidente en tiempo de guerra!”
“¡Tenemos que ayudar a los iraquíes con la democracia
para hacer del mundo un lugar más seguro!”
Muchas cosas se realizan en las
palabras, como es nuestra profesión, la de ustedes y la
mía. Es la profesión del presidente el aclarar con las
palabras el estado de la nación, los sueños de la
nación, y nos damos cuenta de que este presidente ni
siquiera debería ocupar ese lugar.
Hace poco hablaba sobre el mismo
asunto, el lenguaje. Como saben, Confucio no fue una
figura religiosa, de hecho no creía en Dios. Era un gran
maestro, como Platón o Aristóteles. Uno de sus
estudiantes le preguntó una vez: “Maestro Kong —que era
su nombre real—, ¿qué haría usted si se le ofreciera el
mandato celestial?”, en un momento en que China estaba
en medio del caos. Y Confucio responde: “Rectificaría el
lenguaje. Si el pueblo no puede comprender lo que el
Emperador dice y tampoco él puede comprenderlos a ellos,
ocurre una ruptura en la sociedad”. El lenguaje es
nuestra comunidad, y eso es todo. Nuestro lenguaje ha
sido totalmente corrompido por la televisión, por la
prensa, etc. No propongo que hagamos presidente a Noam
Chomsky, pero podría ser un comienzo, al menos él podría
explicarnos lo que significan las palabras que utiliza…
y eso sería el final de The New York Times.
Pudiera seguir indefinidamente,
como parece que lo he hecho. He perdido la voz
recolectando dinero para el partido democrático en
California y otros lugares de EE.UU. y a menudo soy
criticado por escritores más serios que me dicen: “¿Por
qué te molestas con la política?”, y les respondo: “¿Por
qué no lo haces tú?”. Uno me dijo: “Soy un poeta, la
política no es asunto mío”. Así que le repetí lo que
Pericles había dicho sobre el tema a Sófocles, que le
hizo ese mismo comentario: “El hombre que dice que la
política no es su asunto, no tiene asunto alguno”.
Ahora que ya he dicho mis palabras
me gustaría escuchar las de ustedes.
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La escritora y
periodista Marta Rojas
junto al periodista norteamericano Saúl Landau
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Marta Rojas: Hace unos años leí
algo que me motivó mucho respecto a usted. A los
seis años
le leía libros a su abuelo ciego, que era senador.
Imagino que serían lecturas muy serias para esa edad. Me
pregunto de qué forma influyeron esas lecturas en usted,
desde el punto de vista literario, político y sobre el
amor por la historia de EE.UU.
Él fue un extraordinario
autodidacta. Había quedado ciego desde la edad de
diez
años. Quería estudiar Leyes pero su familia quería
internarlo en un hogar para ciegos. Tuvo que luchar
contra ellos. Le decían: “¿Cómo vas a leer?”, y él dijo:
“Me llevaré a mis primos conmigo y ellos me leerán”.
Podía escuchar un texto una sola vez y aprendérselo de
memoria. A su vez, entre sus hijos y nietos solo a mí me
gustaba la lectura. Mi abuela fue muy astuta, se estaba
cansando después de 60 años de leerle todo el tiempo y
vio en mí un heredero de su tarea. Fue un gran programa
de lectura. Mi abuelo, aunque incorporó Oklahoma a la
Unión y lo convirtió en un estado —ese es el tipo de
ingenio que correo por nuestra familia—, en privado
estaba leyendo toda la literatura que le caía en las
manos. Me dieron la misma formación literaria que
recibió Mark Twain. Formación de iconoclastas y de libre
pensadores; Texas, entre todos los lugares, estaba
produciendo grandes libre pensadores. Aprendí mucho, a
los 12 años era el único niño que entendía de metalismo,
estaba en el Comité de Finanzas. Era un tema importante
en el Sur de posguerra. Muchos senadores querían
deshacerse del estándar monetario del oro, y les dije:
“Cambiémoslo por plata. Si hay más plata habrá más
dinero para todos”. Más tarde dijeron que se habían
equivocado con lo que pensaron en aquel momento.
Aprendí muchísimo de la historia de
mi país. Mi abuelo era un populista, del Partido del
Pueblo, y era un hombre muy seco, y también muy agudo
para ser un ciego. No era un entusiasta de la raza
humana. Lo comprendo perfectamente. Solía decir que si
existiese otra raza aparte de la humana se uniría a
ella. No era el comentario típico de un senador de
Oklahoma.
Todo lo que sé de alguna
importancia lo aprendí con él. Lo más importante que
aprendí, que es un desafío que tenemos todos ahora, es
la destrucción de la Magna Carta que ha hecho la Junta.
Por 700 años fue el regalo de Inglaterra a sus colonias.
Recuerden que nuestro sistema completo depende de tres
palabras: debido proceso legal. Si eso no existe la
República y no hay libertad.
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Lisandro Otero,
Premio Nacional de Literatura y
Presidente de la Academia Cubana de la Lengua
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Lisandro Otero: Usted dijo que
venía con su visita a hacer una contribución a la
ruptura del bloqueo que EE.UU. mantiene en torno a Cuba.
¿Cree que el control demócrata del próximo Congreso en
enero pueda hacer algo al respecto?
Los hábitos de la cobardía tienden
a crecer. No tenemos partidos políticos adecuados porque
los padres fundadores no los querían. El presidente
Adams decía que lo que debíamos temer, y esto es algo
que heredamos de Inglaterra, era las facciones
políticas. Sin facciones políticas a favor de la
República, en específico, no se tiene una política. Es
por eso que en los años 30 algo nuevo surgió bajo el
sol: Hitler. Él transformó el patriotismo, dijo que
nunca había sido un patriota en la Primera Guerra
Mundial. Tenía la Cruz de Hierro al Coraje. Dijo: “Es
cierto, pero nunca fui un patriota para Alemania, y
ciertamente no para Austria”. Dijo, y aquí radica la
diferencia: “Soy un nacionalista”. Piensen como se puede
desarrollar la palabra: nacionalista, nazi,
nacionalsocialismo. Ya sabía quién y qué era. No hablaba
para la nación Alemania, hablaba para el pueblo.
Creo que nuestra situación hoy en
día no es diferente a la que teníamos en los años 30. A
veces utilizamos eslóganes religiosos en algunos países,
a veces hablamos sobre formas de gobierno en otros. El
patriotismo puede ser algo benigno; el nacionalismo es
insoportablemente totalitario, debes ser un siervo del
estado o a tu pueblo. Se puede matar a todo el mundo en
nombre del pueblo.
No se me ocurre ninguna razón
práctica por la cual el bloqueo deba continuar. Es
cierto que la Junta quiere que seamos los enemigos de
todos los países. Es muy ambicioso, pero al parecer lo
estamos logrando. Ya no podemos ir a ningún lugar donde
no seamos odiados. Pero me gustaría pensar que está
surgiendo una nueva generación y que la vieja generación
está quedando atrás, después de la humillación que
recibieron en el Congreso, la abolición esencial de la
Constitución y los balances y cuentas dentro de nuestra
sociedad.
Thomas Jefferson era un gran
admirador de Montesquieu, el gran pensador político del
siglo XVIII. Lo impresionaba mucho, y es irónico porque
Jefferson al final fue el antimontesquieu. Montesquieu
dijo: “No se puede mantener una República y un Imperio
simultáneamente”. Puedes tener un o el otro, pero no se
pueden tener los dos. Jefferson sabía que con la compra
de Luisiana había resquebrajado este principio de la
República. De ahí en adelante nuestro imperialismo
comenzó a buscar a su alrededor nuevas propiedades que
robar. Theodore Roosevelt construyó una gran armada y la
envió por todo el mundo.
Ahora somos el número uno e
Inglaterra es el número dos. Para hacer que la gente
abandone esas posiciones tan extremas hacen falta pensar
en dos cosas: Hemos “disfrutado” total derrota militar
dondequiera que ponemos el pie, y en segundo lugar el
tesoro está vacío. Es triste decir que la paz llegará
cuando no tengamos dinero. Estoy seguro de que el
emperador Caracalla también comprendió esto cuando se
quedó sin dinero. Así que piensen en el futuro cuando
declaren una guerra, y calculen bien cuanto va a costar.
No solo nadie de la Junta sabe nada de historia o
religión o geografía, tampoco pueden contar. Parece un
mal día en Paraguay —un país maravilloso.
Norge Espinosa: Indudablemente
la historia de EE.UU. está siendo reescrita después del
11 de septiembre. Siempre en tiempos de trauma se
producen cambios en el pensamiento de las personas
respecto a los aspectos con los que han vivido hasta
esos momentos. Conceptos como libertad y responsabilidad
son puestos en crisis. ¿En qué medida EE.UU. está
poniendo en crisis estos conceptos y los reinterpreta,
no siempre del modo en el que el gobierno parece querer
reescribirlos?
Tomará dos generaciones para
recuperar lo que perdimos. No voy a aburrirlos con la
Carta de los derechos y los que han sido eliminados por
esta Junta y este pequeño presidente loco, y por su
Fiscal General, el Sr. González, que parece pensar que
es el Fiscal General de México. Ha tomado la posición de
que el presidente tiene poderes inherentes,
extraordinarios, cuando se convierte en Comandante en
Jefe. Bueno, no los tiene. Puede explorar nuevas cosas,
pero tiene poderes enumerados que un niño de 8 años
puede leer en 5 minutos en la Constitución.
Aparentemente el nuevo presidente tendrá que tomar
repasos de lectura y escritura para que pueda escribir
el Estado de la Nación. Solo estoy haciendo sugerencias
prácticas.
No hay una salida fácil. Cómo
sucedió, fue una combinación de varios aspectos. Para
simplificar diré que fue en parte debido a un mal
sistema de educación para todos, en el que la historia
nunca se enseñó adecuadamente. Pero más que eso, creo
que no hay un sentido de comunidad en el país. La gente
se acostumbró a ignorar la política. Nada importaba, las
cosas podían seguir igual que siempre, lo cual no era
tan malo, y luego está la voz de la prensa y de los
medios que sigue diciéndonos que somos la nación más
grande de la Tierra, a la que todos admiran y quieren
venir. Díganme cuando vieron a un noruego con una
tarjeta verde de residencia.
Ha ocurrido un gran cambio en el
sentimiento de todo el país. Recuerdo que en la Segunda
Guerra Mundial nuestros soldados no eran tan tontos como
los describen en las películas. Nadie hablaba a su
oficial al mando como lo hacía ese pelotón en En busca
del soldado Ryan. Hemos sido llamados por los
publicistas “la mejor generación”, es una tontería. En
tres años en el ejército jamás escuche un solo
sentimiento patriótico de ningún soldado. Ellos lo
odiaban, detestaban a los que se habían quedado en casa
haciendo dinero, y lo sabían todo sobre ellos. Traté, en
mi carrera cinematográfica, de hacer una película sobre
la Segunda Guerra Mundial que tuviera sentido. No se
hacen más de clichés. Ocasionalmente se hace una buena
película de cliché, pero no es verdad.
La mayoría en aquella época nos
alistamos en la oficina de reclutamiento. Unos cuantos
sentían que tenían un deber religioso que realizar y los
misionarios se multiplicaron en las líneas. Pero esto
era una fuente de división. El hecho es que nos
alistamos porque tomábamos el país seriamente, habíamos
sido atacados por los japoneses y no sabíamos hasta qué
medida habían sido provocados por Roosevelt.
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Jaime Sarusky,
escritor y periodista, Premio Nacional de
Literatura |
Jaime Sarusky: El cineasta
Oliver Stone ha sido multado con unos miles de dólares
por haber viajado a Cuba. Esto subraya nuestra
admiración por la valentía del señor Gore Vidal y la
delegación que lo acompaña. Me pregunto si no les
preocupa que su viaje se convierta en un escándalo
injusto y arbitrario, y ser también condenados.
Ahora que estoy aquí cuento con
ustedes para que paguen mis cuentas legales (RISAS).
Todo lo que está haciendo el gobierno es ilegal e
inconstitucional. Donde te atrapan es en el proceso
interminable de llegar a la Corte Suprema, pero esta
finalmente lo desecha. Concluirán que es
inconstitucional decir que Oliver Stone no puede hacer
una película. No sé qué multas les esperan a las
personas que vienen aquí. “Soy un presidente en tiempo
de guerra”: parece pensar que la guerra está en todas
partes. Y el Fiscal General está de acuerdo con él. El
Fiscal General me vuelve loco, habla y luce exactamente
como la única persona en mi vida que nunca puede
soportar: Truman Capote.
Giustino di Celmo: El penúltimo
presidente fue acusado por haber tenido sexo con una
becaria de la Casa Blanca. La actual administración
encabezada por Bush mintió a todo el mundo de manera
criminal, obligó a países aliados a asociarse con una
criminal guerra que no se sabe cómo va a terminar. ¿Cree
que en estos dos años que faltan para su término, el
pueblo norteamericano tome conciencia y obligue a los
senadores a expulsar a estos criminales.
Ojalá que sí. Pero no estoy seguro,
la Sra. Pelosi, una congresista de San Francisco que
está a punto de convertirse en Portavoz de la Casa
Blanca, ya hizo promesas antes de las elecciones. Los
republicanos buscaban un impeachment frívolo en
el caso de Clinton. En el caso de Bush, ciertamente no
es frívolo. Es culpable de altos crímenes y fechorías
contra la Constitución de los EE.UU. Es culpable y
debería ser llevado a juicio por la Casa de
Representantes y luego ir al juicio ante el senado. Las
acusaciones contra Clinton eran completamente idiotas.
Querían tenderle una trampa porque estaba a punto de
ganar otra elección. Dijo: “No tuve sexo con esa mujer”.
Debió haber dicho: “No es asunto de ustedes”.
Encontraron culpable a Clinton de un delito civil y no
podían hacer nada con eso, no era un crimen contra la
Constitución. Dijeron que era perjurio, pero la gente
miente cada día de su vida. Si fuera perjurio decir “no
fui a la cama con esa mujer, o con ese hombre”, la mitad
de la población divorciada de EE.UU. estaría en la
cárcel. Ahora vemos como este partido se dirige a su
cementerio.
Yinnet Polanco, de La
Jiribilla: América Latina está viviendo un regreso
de la fuerzas al poder. En su opinión ¿puede deberse al
desgaste de las teorías neoliberales y la falsa
democracia generada por el gobierno de EE.UU?
En primer lugar, el regreso de la
izquierda en América Latina tenía que haber sucedido
hace mucho tiempo. Cuba es ahora el único país en el
mundo al que otros países siguen como ejemplo,
incluyendo muchas personas en EE.UU., en el camino de
crear una comunidad mundial; que envía doctores al
mundo, que está uniendo a América con el estudio. Puedo
entender que a muchos mafiosos de Miami les disguste
este gobierno, pero no veo como siguen a los que creen
en la democracia, como el presidente Bush y el
presidente Wilson. La palabra liberal viene de libre, y
su explicación en el diccionario es interesante. Un
liberal es en política alguien que desea extender la
democracia. Algunos somos liberales por naturaleza,
otros conservadores por naturaleza. Es por eso que
tenemos la Carta de los Derechos, para que ningún grupo
pudiera imponerle su punto de vista al otro. Todos
deberíamos tener el derecho de decir no al liberalismo y
no al conservadurismo.
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Con Eduardo Heras
León, Premio Nacional de Edición
y director del Centro Onelio Jorge Cardoso |
Eduardo Heras León: En una conversación
con un escritor norteamericano comenzamos a discutir
sobre quién ha sido el más grande escritor en EE.UU. Le
dije: “Hemingway”. Me respondió: “Demasiado simple”.
Contesté: “Faulkner”, me dijo: “Demasiado complejo”.
“Entonces dime tú, ¿quién es?”, le pregunté. “Tennessee
Williams”, me dijo. ¿Qué opina usted de esto?
De los tres, prefiero a Tennessee
Williams como escritor. Pero era un dramaturgo, no un
novelista. Era un dramaturgo muy mal comprendido porque
siempre tuvo una prensa ridícula en EE.UU.. Fue uno de
nuestros grandes comediantes y siempre lo trataron como
el más profundo trágico. Fui con él al teatro en
numerosas ocasiones, cuando estaba representando “Un
tranvía llamado deseo”. Todos los directores en EE.UU.
se han equivocado dirigiéndola, porque es demasiado
compleja para ellos. Mi amiga Claire Bloom quería
representarla en Londres, así que nos reunimos allí con
Tennessee. Él le dijo: “Bien, ¿tienes alguna duda?, ¿hay
algo que quieras saber acerca del significado de la
obra?” Y recuerdo que cada vez que veíamos “Un tranvía
llamado deseo” desde el público, cuando todo el mundo
estaba llorando mientras Blanche era transportada al
sanatorio y ella dice valerosamente: “Siempre he
dependido de la amabilidad de los extraños”, Tennessee
comenzaba a rugir de risa y lo mandaban a callar.
Tennessee había creado ese parlamente para que la gente
se riera porque ella había tenido una buena cantidad de
sexo con extraños, y de eso se trataba. Pero los
directores norteamericanos son bastante simples, o
piensan que el público es simple. Así que Claire dijo:
“Bien, dígame que sucede cuando baja el telón”.
Tennessee le contestó: “Nadie me había hecho esa
pregunta antes. Asumo que Blanche sale del asilo en un
año o dos, se muda al barrio francés y establece una
pequeña pero moderna boutique”. Claire, que es una gran
actriz, le dijo: “¿Quieres decir que ella gana?” “Por
supuesto que sí”, le respondió Tennessee. Nadie la ha
representado así, excepto Claire, y con ello ganó todos
los premios de Europa. Es por eso que necesitamos
rectificar el lenguaje.
Faulkner era un gran escritor.
Hemingway no lo era. Eso hace la diferencia. Tenemos
muchos escritores como Hemingway que han sido mucho
mejores, como Stephen Crane. ¿Pueden decirme una buena
novela que haya escrito Hemingway? Él era bueno
pescando. Faulkner es un escritor muy complejo, pero una
vez que entras a esa liga mayor debes poner a las
personas en su categoría justa. Faulkner no puede
sobrevivir en el aire que respira Henry James. Henry
James es lo más alto a lo que se puede llevar la novela.
Imagino que Flaubert tal vez llegó más alto pero la
novela está más apegada a la tierra. Estas personas
cambiaron la forma en que miramos al mundo.
Gerardo Fulleda
León: Quisiera volver a la literatura.
En sus novelas históricas hay una profunda recreación
del pasado, con datos, detalles, ambientación. ¿Es
totalmente real esa ambientación o hay una dosis de
ficción o quizá anacronismo? ¿Cómo adquirió la erudición
histórica que demuestra en sus novelas?
Para comenzar por el principio, soy
un historiador. ¿Por qué escribo la historia en forma de
novela? La razón es excelente: el punto de vista. No
quiero imponer mi punto de vista a, digamos, Abraham
Lincoln. Investigo a Lincoln tanto como es posible,
tanto como lo haría cualquier otro biógrafo. Agrego
entonces los personajes ficticios que pueden dar mi
punto de vista. No creo que un historiador o un
novelista deba inmiscuirse con figuras históricas, pero
creo que tenemos el derecho de inventar personajes que
hagan las preguntas que el lector quisiera hacer.
Como la mayoría de los
norteamericanos odian la historia es difícil hacerlo. Es
una de las razones por las que me he mantenido muy cerca
de la historia de EE.UU.. Estoy haciendo lo que debió
haber hecho la escuela y me siento algo resentido de no
haber podido sobresalir en otras ocupaciones a lo largo
del camino.
La historia no está formada por
varios hechos que pones en fila y luego juzgas. Eso es
lo que hacen los malos historiadores, acumulan los
hechos y después dan una opinión. Yo no tengo una
opinión hasta que termino y a veces tampoco entonces.
Para mí es la vida, forma parte de mi vida y antes de
mí, de la vida de mi familia. Como las memorias y las
biografías son las formas más populares de escritura en
EE.UU., particularmente las falsas memorias, creo que es
un alivio que no yo no escriba sobre mí mismo. Prefiero
escribir sobre Lincoln. Me gustaría decir “que otro
escriba sobre mí”, pero ya lo han hecho y no puedo decir
que me haya gustado el resultado.
Encuentro
realizado el 13 de diciembre de 2006 en Casa de las
Américas, La Habana. |