Año V
La Habana
16
al 22 de DICIEMBRE
de 2006

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El compromiso a través de la palabra
Nara Araújo
La Habana
Foto: Juvenal Balán


Hace ya 20 años, en una comparecencia en el Pen American Center de Nueva York, Gore Vidal citaba a Mark Twain quien afirmaba, que después del episodio en Filipinas, las barras y las estrellas de la bandera de los EE.UU. debían ser sustituidas por una calavera sobre dos huesos cruzados. Gore Vidal le daba la razón pero añadía, que como Twain solo era un escritor que decía cosas simpáticas, había sido ignorado. Gore Vidal ha conservado el sentido  del humor, pero ha logrado que aún siendo solo un escritor, o quizá precisamente por eso, no haya sido ignorado. Todo lo contrario.

Vidal pertenece a la tradición literaria estadounidense orientada hacia la crítica social y el análisis político: Wilson, Sontag, Didion, Miller, Hellman, Morrison, pero él ha sido uno de los más prominentes. En un ciclo que se inicia en su país de origen, continúa en una  villa  napolitana, y  se mantiene en su actual residencia de la costa oeste de los EE.UU., Gore Vidal ha construido una inmensa obra literaria, donde casi nada es prescindible.  Novelista, ensayista, dramaturgo, guionista, Vidal es autor de 22 novelas, cinco obras de teatro, múltiples guiones de cine, dos libros de memorias y más de 200 ensayos; ha sido comparado con Alexander Pope, y su monumental libro Estados Unidos. Ensayos 1952-1992, recibió el prestigioso National Book Award, en 1993.

Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas. El New York Times  se negó a reseñar su novela de asunto homosexual, La ciudad y el pilar de sal,  y entre otras razones, se le negó la autoría del guión para la película Ben Hur, pues a su protagonista Charlton Heston le molestó la velada alusión al deseo homoerótico que Vidal había escrito para su personaje. Quizá podría aludirse como un comentario a esos episodios, aquello que se afirma en una de sus novelas: “Para el norteamericano medio, la libertad de expresión es sencillamente la libertad de repetir lo que todo el mundo anda diciendo...”.

Hechos de su vida personal marcan  una parte de su itinerario. Su nacimiento en la Academia Militar de West Point, donde su padre era instructor de aviación, prefigura la atención que Vidal prestará al papel que el ejército y la industria armamentista desempeñan en la vida económica y política de su país. Muy joven, Vidal participa en la Segunda Guerra Mundial, y esta experiencia le da material para su primera novela. Ser nieto de un senador de la República, con quien vivirá de pequeño en Washington, le abrirá los caminos para una indagación incesante sobre la historia política de los EE.UU., indagación que lo ha llevado a asumir como credo político un reformismo radical, una defensa del republicanismo puro y un antimperialismo.

Es sintomático que Vidal haya sustituido sus nombres Eugenio Lutero por el de Gore, que es el apellido de su abuelo materno, el senador demócrata, y sería difícil no establecer alguna analogía entre su segundo nombre  y el hecho de que Vidal haya sido una especie de Lutero en la Iglesia. Colocado por razones de familia en el corazón de la elite gubernamental, Vidal ha contado con la posibilidad de observar desde adentro  la trama política de su país;  su carrera como escritor profesional, y  su visibilidad social tanto por sus logros artísticos, como por sus nexos familiares, le han permitido el intercambio con personajes destacados de ambos espacios. Vidal ha aprovechado intensamente la posibilidad de estar en el vórtice del huracán y quizá por haber sido un insider, ha podido colocarse en la posición del outsider, ha logrado ver el adentro desde el afuera. Por ello es sintomático también ese autoexilio prolongado en la costa napolitana, en una villa de nombre sugerente, “Nido de golondrinas”.  

En su más reciente libro de memorias, publicado en este año en curso, Vidal nos cuenta de su amistad con figuras imprescindibles de la historia del siglo XX como Eleanor Roosevelt, Orson Welles, Greta Garbo, Federico Fellini y Rudolf Nureyev. Los vínculos de Vidal con el cine no solo han consistido en sus guiones, sino que también ha actuado en algunos filmes; me ha contado  que tomó clases de ballet en Nueva York, y que en esa ciudad disfrutó ver bailar a Alicia Alonso. Poco hay de lo humano que le sea ajeno.

La crítica ha organizado la obra de Gore Vidal distinguiendo: -sus novelas históricas relativas a los EE.UU., -aquellas sobre el mundo antiguo, -sus piezas  satíricas (que él llama sus “crazy books”, sus “libros locos”), -su ensayística, y sus guiones para cine y televisión. Quizá una de las marcas de esta obra es su tendencia a la desacralización de las supuestas verdades sabidas,  a la revelación de aquello que no se ha dicho. Y algunas de las coordenadas temáticas de su universo creativo son: -la inmersión en el pasado, -la moral política en los gobernantes estadounidenses, -la cultura en los EE.UU. En su presentación a su libro de ensayos United States, organiza esos ciento catorce textos de la siguiente manera: literatura, política,  así como sus respuestas a personas y sucesos,  viejos filmes y libros para niños.   

En  El rojo y el negro de Stendhal, el narrador afirma que la política en una novela es como un pistoletazo en el medio de un concierto. Pero esa obra del autor francés es una novela política en la cual la historia amorosa entre el joven Julián Sorel y Madame de Renâl sirve para evidenciar el tejido sociopolítico de Francia en 1830. Vidal no ha temido al pistoletazo ni se ha protegido de sus consecuencias. Sus novelas históricas son políticas en la medida en que han profundizado en los temas del poder, el papel de los gobernantes, la construcción de los mitos.

Vidal  ha  disparado para siempre dar en la diana. Se ha servido de la novela  para rescribir la historia. Como hiciera Carpentier en El reino de este mundo, Vidal se atiene a una rigurosa cronología, pero  revela  urdimbres y desacraliza, como lo lograra también  Carpentier en El arpa y la sombra,  al hurgar en las motivaciones, al imaginar escenarios,  algo que como afirma Vidal en el epílogo a su novela Burr, “el historiador o biógrafo escrupuloso no debería hacer nunca”.

Su incursión en el pasado le ha permitido cubrir un espacio de tiempo que comienza en el siglo V antes de nuestra era, para llegar hasta  el suceder en curso. Hundirse en los entretelones de la historia le sirve  para iluminar el presente. Toda la obra de Vidal está animada de ese “presentismo”, de ese querer vivir al día, y  entender lo que ocurre. Sumergirse en el pasado es una manera de comprender el presente tomando una distancia crítica con una sostenida preocupación ética.

La selección de un personaje histórico como Burr (vicepresidente de los EE.UU. que asesinara al presidente Hamilton),  del punto de vista de un “Villano”  como protagonista de una de sus más afamadas novelas (publicada en Cuba en 1989),  más allá de colocar a esa figura en otro lugar, le permite al autor disentir de la historia oficial, interrogar, movilizar las conciencias. En tiempos en que la idea del escritor comprometido había  caído en desuso, que entre algunos el concepto del “engagement” sartreano olía a naftalina, Gore Vidal asumió un compromiso a través de su confianza en la palabra, confianza perdurable que no ha dejado de ejercer.  

Desde tiempos antiguos, el humor, la sátira, han servido para criticar. La risa  ha tenido un efecto corrosivo, la sonrisa, un sutil desgaste inadvertido. Cervantes se las entendió con su faena de “desfacer entuertos”, sirviéndose de la risa y de la sonrisa. Derrumbó paradigmas, cuestionó costumbres, puso en texto la ruina de un ideal. Para tal tan serio propósito apeló a la risa.  Gore Vidal pertenece a esa estirpe de autores que van contra la corriente y para ello apelan al giro elegante, al humor gentil, a la respuesta sorprendente. Gore Vidal asombra, como quería Horacio, y como recomendaba el poeta latino, sigue la preceptiva de lo que es útil y agradable.

Dotado de una energía, al parecer un surtidor inagotable, a sus 80 años termina su segundo libro de memorias, y la crítica lo ha considerado como el más  erudito y ecléctico escritor de su generación, una figura cuya palabra ha sido una parte esencial de  la vida americana durante los últimos 50 años.

PALABRAS DE PRESENTACIÓN AL ESCRITOR GORE VIDAL EN SU COMPARECENCIA DEL 12 DE DICIEMBRE DE 2006 EN EL AULA MAGNA DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA.

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