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Hace ya 20 años, en una comparecencia en el Pen American
Center de Nueva York, Gore Vidal citaba a Mark Twain
quien afirmaba, que después del episodio en Filipinas,
las barras y las estrellas de la bandera de los EE.UU.
debían ser sustituidas por una calavera sobre dos huesos
cruzados. Gore Vidal le daba la razón pero añadía, que
como Twain solo era un escritor que decía cosas
simpáticas, había sido ignorado. Gore Vidal ha
conservado el sentido del humor, pero ha logrado que
aún siendo solo un escritor, o quizá precisamente por
eso, no haya sido ignorado. Todo lo contrario.
Vidal pertenece a la
tradición literaria estadounidense orientada hacia la
crítica social y el análisis político: Wilson, Sontag,
Didion, Miller, Hellman, Morrison, pero él ha sido uno
de los más prominentes. En un ciclo que se inicia en su
país de origen, continúa en una villa napolitana, y
se mantiene en su actual residencia de la costa oeste
de los EE.UU., Gore Vidal ha construido una inmensa obra
literaria, donde casi nada es prescindible. Novelista,
ensayista, dramaturgo, guionista, Vidal es autor de 22
novelas, cinco obras de teatro, múltiples guiones de
cine, dos libros de memorias y más de 200 ensayos; ha
sido comparado con Alexander Pope, y su monumental libro
Estados Unidos. Ensayos 1952-1992, recibió el
prestigioso National Book Award, en 1993.
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Pero no todo ha sido
miel sobre hojuelas. El New York Times se negó a
reseñar su novela de asunto homosexual, La ciudad y
el pilar de sal, y entre otras razones, se le negó
la autoría del guión para la película Ben Hur,
pues a su protagonista Charlton Heston le molestó la
velada alusión al deseo homoerótico que Vidal había
escrito para su personaje. Quizá podría aludirse como un
comentario a esos episodios, aquello que se afirma en
una de sus novelas: “Para el norteamericano medio, la
libertad de expresión es sencillamente la libertad de
repetir lo que todo el mundo anda diciendo...”.
Hechos de su vida
personal marcan una parte de su itinerario. Su
nacimiento en la Academia Militar de West Point, donde
su padre era instructor de aviación, prefigura la
atención que Vidal prestará al papel que el ejército y
la industria armamentista desempeñan en la vida
económica y política de su país. Muy joven, Vidal
participa en la Segunda Guerra Mundial, y esta
experiencia le da material para su primera novela. Ser
nieto de un senador de la República, con quien vivirá de
pequeño en Washington, le abrirá los caminos para una
indagación incesante sobre la historia política de los
EE.UU., indagación que lo ha llevado a asumir como credo
político un reformismo radical, una defensa del
republicanismo puro y un antimperialismo.
Es sintomático que
Vidal haya sustituido sus nombres Eugenio Lutero por el
de Gore, que es el apellido de su abuelo materno, el
senador demócrata, y sería difícil no establecer alguna
analogía entre su segundo nombre y el hecho de que
Vidal haya sido una especie de Lutero en la Iglesia.
Colocado por razones de familia en el corazón de la
elite gubernamental, Vidal ha contado con la posibilidad
de observar desde adentro la trama política de su
país; su carrera como escritor profesional, y su
visibilidad social tanto por sus logros artísticos, como
por sus nexos familiares, le han permitido el
intercambio con personajes destacados de ambos espacios.
Vidal ha aprovechado intensamente la posibilidad de
estar en el vórtice del huracán y quizá por haber sido
un insider, ha podido colocarse en la posición
del outsider, ha logrado ver el adentro desde el
afuera. Por ello es sintomático también ese autoexilio
prolongado en la costa napolitana, en una villa de
nombre sugerente, “Nido de golondrinas”.
En su más reciente
libro de memorias, publicado en este año en curso, Vidal
nos cuenta de su amistad con figuras imprescindibles de
la historia del siglo XX como Eleanor Roosevelt, Orson
Welles, Greta Garbo, Federico Fellini y Rudolf Nureyev.
Los vínculos de Vidal con el cine no solo han consistido
en sus guiones, sino que también ha actuado en algunos
filmes; me ha contado que tomó clases de ballet en
Nueva York, y que en esa ciudad disfrutó ver bailar a
Alicia Alonso. Poco hay de lo humano que le sea ajeno.
La crítica ha
organizado la obra de Gore Vidal distinguiendo: -sus
novelas históricas relativas a los EE.UU., -aquellas
sobre el mundo antiguo, -sus piezas satíricas (que él
llama sus “crazy books”, sus “libros locos”), -su
ensayística, y sus guiones para cine y televisión. Quizá
una de las marcas de esta obra es su tendencia a la
desacralización de las supuestas verdades sabidas, a la
revelación de aquello que no se ha dicho. Y algunas de
las coordenadas temáticas de su universo creativo son:
-la inmersión en el pasado, -la moral política en los
gobernantes estadounidenses, -la cultura en los EE.UU.
En su presentación a su libro de ensayos United
States, organiza esos ciento catorce textos de la
siguiente manera: literatura, política, así como sus
respuestas a personas y sucesos, viejos filmes y libros
para niños.
En El rojo y el
negro de Stendhal, el narrador afirma que la
política en una novela es como un pistoletazo en el
medio de un concierto. Pero esa obra del autor francés
es una novela política en la cual la historia amorosa
entre el joven Julián Sorel y Madame de Renâl sirve para
evidenciar el tejido sociopolítico de Francia en 1830.
Vidal no ha temido al pistoletazo ni se ha protegido de
sus consecuencias. Sus novelas históricas son políticas
en la medida en que han profundizado en los temas del
poder, el papel de los gobernantes, la construcción de
los mitos.
Vidal ha disparado
para siempre dar en la diana. Se ha servido de la novela
para rescribir la historia. Como hiciera Carpentier en
El reino de este mundo, Vidal se atiene a una
rigurosa cronología, pero revela urdimbres y
desacraliza, como lo lograra también Carpentier en
El arpa y la sombra, al hurgar en las motivaciones,
al imaginar escenarios, algo que como afirma Vidal en
el epílogo a su novela Burr, “el historiador o
biógrafo escrupuloso no debería hacer nunca”.
Su incursión en el
pasado le ha permitido cubrir un espacio de tiempo que
comienza en el siglo V antes de nuestra era, para llegar
hasta el suceder en curso. Hundirse en los entretelones
de la historia le sirve para iluminar el presente. Toda
la obra de Vidal está animada de ese “presentismo”, de
ese querer vivir al día, y entender lo que ocurre.
Sumergirse en el pasado es una manera de comprender el
presente tomando una distancia crítica con una sostenida
preocupación ética.
La selección de un
personaje histórico como Burr (vicepresidente de los
EE.UU. que asesinara al presidente Hamilton), del punto
de vista de un “Villano” como protagonista de una de
sus más afamadas novelas (publicada en Cuba en 1989),
más allá de colocar a esa figura en otro lugar, le
permite al autor disentir de la historia oficial,
interrogar, movilizar las conciencias. En tiempos en que
la idea del escritor comprometido había caído en
desuso, que entre algunos el concepto del “engagement”
sartreano olía a naftalina, Gore Vidal asumió un
compromiso a través de su confianza en la palabra,
confianza perdurable que no ha dejado de ejercer.
Desde tiempos
antiguos, el humor, la sátira, han servido para
criticar. La risa ha tenido un efecto corrosivo, la
sonrisa, un sutil desgaste inadvertido. Cervantes se las
entendió con su faena de “desfacer entuertos”,
sirviéndose de la risa y de la sonrisa. Derrumbó
paradigmas, cuestionó costumbres, puso en texto la ruina
de un ideal. Para tal tan serio propósito apeló a la
risa. Gore Vidal pertenece a esa estirpe de autores que
van contra la corriente y para ello apelan al giro
elegante, al humor gentil, a la respuesta sorprendente.
Gore Vidal asombra, como quería Horacio, y como
recomendaba el poeta latino, sigue la preceptiva de lo
que es útil y agradable.
Dotado de una
energía, al parecer un surtidor inagotable, a sus 80
años termina su segundo libro de memorias, y la crítica
lo ha considerado como el más erudito y ecléctico
escritor de su generación, una figura cuya palabra ha
sido una parte esencial de la vida americana durante
los últimos 50 años.
PALABRAS DE PRESENTACIÓN AL ESCRITOR GORE
VIDAL EN SU COMPARECENCIA DEL 12 DE DICIEMBRE DE 2006 EN
EL AULA MAGNA DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA. |