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Se ha dicho que
el 90% de todos los científicos que han existido en la
humanidad vive todavía, y que el 90% de toda la
tecnología que se usa en países desarrollados tiene
menos de 10 años de creada.
La generación actual
de mayor edad es la que ha visto surgir en toda su vida
la mayor cantidad de progresos científicos y
tecnológicos en la historia de la humanidad. Una persona
de la misma generación que conoció del progreso que
significó el correo aéreo, lo valora hoy como obsoleto
frente al correo electrónico, casi inmediato, y con el
que no solo pueden trasmitirse textos sino imágenes y
hasta música. Del teléfono, en el que debía accionar una
manivela para efectuar la conexión, ha pasado a hablar
mediante una computadora y ver la imagen en movimiento
de la persona con la que habla. Para cualquiera en la
actualidad es frecuente, al comprar en una tienda, que
el precio del producto lo lea la cajera al pasar un
dispositivo con una lucecita frente a un conjunto de
rayas paralelas negras, unas más anchas que otras y a
distancias variables entre sí. Puede entrar al baño y
sorprenderse de que el lavamanos detecte el momento
preciso en que debe abrir la llave y que el secador
“sepa” cuando encenderse. La lista podría ser
interminable. Es útil, sin embargo, comentar algo más, y
se refiere a la tecnología a la que se vincula un
paciente cuando acude al médico: pueden indicarle una
prueba en la que un isótopo radiactivo sirva para
determinar las regiones a las que llega la sangre o
quizá otra que permita valorar con el efecto Doppler la
velocidad con esta fluye en las regiones de interés para
el médico.
Si nos referimos ahora
a aspectos no tanto tecnológicos como científicos,
habría que decir que cualquier persona ha oído hablar
del genoma humano y de la terapia génica, de la
clonación, de la Teoría del Big Bang sobre el origen y
evolución del Universo y quizá hasta de la teoría de las
supercuerdas. Pruebe a preguntar a sus vecinos o
compañeros de trabajo algunas de estas cosas y verá que
hay escaso conocimiento acerca de ellas. Se han hecho
encuestas sobre cultura científica en muchos países y
los resultados corroboran lo anterior1. No
puede ser de otro modo porque el volumen de
conocimientos alcanzado es enorme, y no ya solo en
general sino aun referido a una especialidad. De Lev
Landau, un Premio Nobel en Física de la antigua Unión
Soviética, se dijo en los años 60 que era el último de
los físicos universales. Ya ni siquiera los
profesionales conocen todo lo que se sabe de su propia
disciplina.
¿Será necesario hacer
algo para lograr que las personas sepan más de ciencia y
tecnología? En la literatura se señalan razones como las
siguientes para desarrollar la cultura científica:
ü
Que las
personas tengan una comprensión de la ciencia y de la
tecnología para conducirse mejor en su vida cotidiana,
en una sociedad cada vez más dependiente del desarrollo
científico y tecnológico.
ü
Que
puedan conocer mejor el mundo que nos rodea.
ü
Que se
pueda contar con una fuerza laboral capacitada para
vincularse con los más modernos instrumentos y
procedimientos de trabajo.
ü
Que
estén en mejores condiciones de tener una conducta
responsable en una sociedad democrática.
Quizás haya una razón
más para justificar la importancia de aumentar la
cultura científica y tecnológica. Existe en la
actualidad una gran cantidad de cosas que una persona no
es capaz de entender, lo que podría conducir, a largo
plazo, a que disminuya la necesidad de preguntarse sobre
lo que ocurre a nuestro alrededor. Cada vez será más
importante que los ciudadanos conozcan los problemas de
la sociedad y se propongan ayudar a resolverlos. Solo
personas con una cultura científica adecuada podrán
salvar al mundo de la eventual destrucción que el propio
hombre puede ocasionar.
En Cuba hay plena conciencia de la importancia de la
divulgación de la ciencia como parte de la cultura
general integral, Universidad para Todos es un buen
ejemplo.
Una vez argumentado
que el problema existe y que vale la pena resolverlo,
nos plantemos entonces la última pregunta: ¿Cómo?
Ante todo debe tenerse
claro que al igual que una persona que sabe de cine no
tiene que ser necesariamente un cineasta, saber de
ciencia y tecnología no implica que se sea
necesariamente un científico o un tecnólogo. Esto
conduce a un primer reto: Si se admite que no se puede
tener como objetivo formar especialistas, sino preparar
a los ciudadanos para que enfrenten mejor la vida, hay
que determinar qué se debe explicar. En este sentido
puede señalarse que habría que lograr que los ciudadanos
conocieran:
ü
Los
resultados más importantes de la ciencia y la
tecnología. Sobre todo aquellos que tienen una mayor
incidencia en la vida diaria: la clonación, la
biotecnología, los cambios climáticos, sin dejar de
atender otros de una gran generalidad como las teorías
sobre el origen del Universo y de la vida, y sobre el
funcionamiento del cerebro. Se trata de poner estos
conocimientos al alcance de todos y por tanto reducirlos
a sus aspectos básicos de manera comprensible y sin
distorsionarlos.
ü
Los
rasgos distintivos del método científico. Una verdad
científica tiene carácter relativo, y se establece a
partir de un conjunto de hechos mediante
generalizaciones, que conducen a leyes con las que se
deducen y predicen nuevos comportamientos. Se investiga
para determinar si las predicciones se cumplen y en caso
contrario, se modifica la teoría mediante una nueva
generalización, pero de modo tal que incluya como caso
particular la teoría anterior.
El segundo reto se
refiere a los métodos que han de utilizarse para lograr
que amplios sectores de la población puedan asimilar
dichos contenidos. Hay que establecer una distinción
entre la manera con la que se aprende en las escuelas y
con la que se aprende a partir de otras influencias
sociales2. No es raro encontrar libros
dedicados a la divulgación que parecen ser libros de
texto por la completitud y profundidad con la que tratan
los temas. En ocasiones los cursos de Universidad para
Todos adolecen del mismo defecto. Los materiales
dirigidos a la divulgación tienen que ser atractivos y
utilizar, además de los razonamientos que sustentan las
afirmaciones, elementos que ayuden a la amenidad como
pueden ser imágenes o música en caso de que se trate de
productos audiovisuales.
En cuanto a los
mensajes de contenido científico, es deseable que tengan
un significado personal para quien ha de recibirlos, de
modo que los esfuerzos de comunicación social de la
ciencia sean más eficaces. El siguiente ejemplo puede
aclarar estas ideas, ocurre con alguna frecuencia que
las personas se interesan por saber más sobre temas
médicos, que son quizás los preferidos de la población
por sus vínculos con razones de carácter emocional: la
preocupación por la salud de un ser querido o la propia.
Otros elementos que influyen en el interés por la
ciencia pueden estar vinculados a noticias de
actualidad: el uso de uranio empobrecido en una guerra,
los desastres naturales o provocados por el hombre,
sucesos en eventos deportivos, etcétera. Todo esto debe
tenerse en cuenta para diseñar un programa efectivo de
divulgación de la ciencia.
Es importante que se
entienda que la solución de este problema no es sencilla
y que, unido a la dificultad de simplificar el contenido
sin distorsionarlo, está el hecho de que la utilización
intencionada de las emociones plantea problemas de
carácter ético: no es justo favorecer, por ejemplo, un
enfoque sobre un tema científico en relación con otro
alternativo, por la presentación del primero en
condiciones más atractivas que el segundo.
La cultura general
tiene varios componentes: jurídico, económico, artístico
y otros entre los que se encuentra, por supuesto el
científico. El modelo cubano defiende la existencia de
la cultura general integral. La precisión de integral
significa que sus componentes interactúen de modo tal
que la persona tenga capacidad para interpretar los
fenómenos que ocurren en nuestro mundo con la
consideración de todas sus aristas. Muchos de estos
fenómenos tienen elementos físicos, químicos o
biológicos y la posesión de una cultura científica
permite comprenderlos mejor; no solo porque se conozcan
los conceptos que son importantes en el caso dado, sino
además porque la cultura científica contribuye a que la
persona razone mejor. Se concluye entonces que la
cultura general integral solo está completa cuando
contiene la científica entre sus componentes.
Lamentablemente,
ocurre que quienes tienen una cultura humanística en no
pocos casos declaran su desinterés por la ciencia y la
tecnología; los científicos, por el contrario, con
frecuencia se sienten atraídos por las más diversas
manifestaciones artísticas. Esto refleja insuficiencias
en la divulgación científica, porque la ciencia cuando
se comprende es atractiva y apasionante y la vida de los
científicos tiene también de entretenimiento y hasta
diversión.
Ojalá logremos, en un
futuro no muy lejano, impulsar efectivamente la
divulgación de la ciencia y que alguien que se interese
por saber sobre el Big Bang o la clonación, encuentre
fácilmente la manera de resolver sus inquietudes.
Referencias:
1. Proyecto
Iberoamericano de Indicadores de Percepción Pública,
Cultura Científica y Participación Ciudadana.
Documentos. Revista Iberoamericana de Educación. Número
5 / Enero - Abril 2003.
2. Ferrés
i Prats Joan. Educación en medios y competencia
emocional.
Revista Iberoamericana de Educación. Número
32. Mayo – Agosto 2003.Agosto
* Profesor Titular. Presidente de la
cátedra de Divulgación de la Ciencia. InSTEC. |