Año V
La Habana

16 al 22 de DICIEMBRE
de 2006

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La Cultura Científica como parte
indispensable de la Cultura General

Fernando González Pérez La Habana


Se ha dicho que el 90% de todos los científicos que han existido en la humanidad vive todavía, y que el 90% de toda la tecnología que se usa en países desarrollados tiene menos de 10 años de creada. 

La generación actual de mayor edad es la que ha visto surgir en toda su vida la mayor cantidad de progresos científicos y tecnológicos en la historia de la humanidad. Una persona de la misma generación que conoció del progreso que significó el correo aéreo, lo valora hoy como obsoleto frente al correo electrónico, casi inmediato, y con el que no solo pueden trasmitirse textos sino imágenes y hasta música. Del teléfono, en el que debía accionar una manivela para efectuar la conexión, ha pasado a hablar mediante una computadora y ver la imagen en movimiento de la persona con la que habla. Para cualquiera en la actualidad es frecuente, al comprar en una tienda, que el precio del producto lo lea la cajera al pasar un dispositivo con una lucecita frente a un conjunto de rayas paralelas negras, unas más anchas que otras y a distancias variables entre sí. Puede entrar al baño y sorprenderse de que el lavamanos detecte el momento preciso en que debe abrir la llave y que el secador “sepa” cuando encenderse. La lista podría ser interminable. Es útil, sin embargo, comentar algo más, y se refiere a la tecnología a la que se vincula un paciente cuando acude al médico: pueden indicarle una prueba en la que un isótopo radiactivo sirva para determinar las regiones a las que llega la sangre o quizá otra que permita valorar con el efecto Doppler la velocidad con esta fluye en las regiones de interés para el médico. 

Si nos referimos ahora a aspectos no tanto tecnológicos como científicos, habría que decir que cualquier persona ha oído hablar del genoma humano y de la terapia génica, de la clonación, de la Teoría del Big Bang sobre el origen y evolución del Universo y quizá hasta de la teoría de las supercuerdas. Pruebe a preguntar a sus vecinos o compañeros de trabajo algunas de estas cosas y verá que hay escaso conocimiento acerca de ellas. Se han hecho encuestas sobre cultura científica en muchos países y los resultados corroboran lo anterior1. No puede ser de otro modo porque el volumen de conocimientos alcanzado es enorme, y no ya solo en general sino aun referido a una especialidad. De Lev Landau, un Premio Nobel en Física de la antigua Unión Soviética, se dijo en los años 60 que era el último de los físicos universales. Ya ni siquiera los profesionales conocen todo lo que se sabe de su propia disciplina. 

¿Será necesario hacer algo para lograr que las personas sepan más de ciencia y tecnología? En la literatura se señalan razones como las siguientes para desarrollar la cultura científica: 

ü      Que las personas tengan una comprensión de la ciencia y de la tecnología para conducirse mejor en su vida cotidiana, en una sociedad cada vez más dependiente del desarrollo científico y tecnológico.

ü      Que puedan conocer mejor el mundo que nos rodea.

ü      Que se pueda contar con una fuerza laboral capacitada para vincularse con los más modernos instrumentos y procedimientos de trabajo.

ü      Que estén en mejores condiciones de tener una conducta responsable en una sociedad democrática.

Quizás haya una razón más para justificar la importancia de aumentar la cultura científica y tecnológica. Existe en la actualidad una gran cantidad de cosas que una persona no es capaz de entender, lo que podría conducir, a largo plazo, a que disminuya la necesidad de preguntarse sobre lo que ocurre a nuestro alrededor. Cada vez será más importante que los ciudadanos conozcan los problemas de la sociedad y se propongan ayudar a resolverlos. Solo personas con una cultura científica adecuada podrán salvar al mundo de la eventual destrucción que el propio hombre puede ocasionar.

En Cuba hay plena conciencia de la importancia de la divulgación de la ciencia como parte de la cultura general integral, Universidad para Todos es un buen ejemplo.

Una vez argumentado que el problema existe y que vale la pena resolverlo, nos plantemos entonces la última pregunta: ¿Cómo? 

Ante todo debe tenerse claro que al igual que una persona que sabe de cine no tiene que ser necesariamente un cineasta, saber de ciencia y tecnología no implica que se sea necesariamente un científico o un tecnólogo. Esto conduce a un primer reto: Si se admite que no se puede tener como objetivo formar especialistas, sino preparar a los ciudadanos para que enfrenten mejor la vida, hay que determinar qué se debe explicar. En este sentido puede señalarse que habría que lograr que los ciudadanos conocieran: 

ü      Los resultados más importantes de la ciencia y la tecnología. Sobre todo aquellos que tienen una mayor incidencia en la vida diaria: la clonación, la biotecnología, los cambios climáticos, sin dejar de atender otros de una gran generalidad como las teorías sobre el origen del Universo y de la vida, y sobre el funcionamiento del cerebro. Se trata de poner estos conocimientos al alcance de todos y por tanto reducirlos a sus aspectos básicos de manera comprensible y sin distorsionarlos.

ü      Los rasgos distintivos del método científico. Una verdad científica tiene carácter relativo, y se establece a partir de un conjunto de hechos mediante generalizaciones, que conducen a leyes con las que se deducen y predicen nuevos comportamientos. Se investiga para determinar si las predicciones se cumplen y en caso contrario, se modifica la teoría mediante una nueva generalización, pero de modo tal que incluya como caso particular la teoría anterior. 

El segundo reto se refiere a los métodos que han de utilizarse para lograr que amplios sectores de la población puedan asimilar dichos contenidos. Hay que establecer una distinción entre la manera con la que se aprende en las escuelas y con la que se aprende a partir de otras influencias sociales2. No es raro encontrar libros dedicados a la divulgación que parecen ser libros de texto por la completitud y profundidad con la que tratan los temas. En ocasiones los cursos de Universidad para Todos adolecen del mismo defecto. Los materiales dirigidos a la divulgación tienen que ser atractivos y utilizar, además de los razonamientos que sustentan las afirmaciones, elementos que ayuden a la amenidad como pueden ser imágenes o música en caso de que se trate de productos audiovisuales.

En cuanto a los mensajes de contenido científico, es deseable que tengan un significado personal para quien ha de recibirlos, de modo que los esfuerzos de comunicación social de la ciencia sean más eficaces. El siguiente ejemplo puede aclarar estas ideas, ocurre con alguna frecuencia que las personas se interesan por saber más sobre temas médicos, que son quizás los preferidos de la población por sus vínculos con razones de carácter emocional: la preocupación por la salud de un ser querido o la propia. Otros elementos que influyen en el interés por la ciencia pueden estar vinculados a noticias de actualidad: el uso de uranio empobrecido en una guerra, los desastres naturales o provocados por el hombre, sucesos en eventos deportivos, etcétera. Todo esto debe tenerse en cuenta para diseñar un programa efectivo de divulgación de la ciencia. 

Es importante que se entienda que la solución de este problema no es sencilla y que, unido a la dificultad de simplificar el contenido sin distorsionarlo, está el hecho de que la utilización intencionada de las emociones plantea problemas de carácter ético: no es justo favorecer, por ejemplo, un enfoque sobre un tema científico en relación con otro alternativo, por la presentación del primero en condiciones más atractivas que el segundo. 

La cultura general tiene varios componentes: jurídico, económico, artístico y otros entre los que se encuentra, por supuesto el científico. El modelo cubano defiende la existencia de la cultura general integral. La precisión de integral significa que sus componentes interactúen de modo tal que la persona tenga capacidad para interpretar los fenómenos que ocurren en nuestro mundo con la consideración de todas sus aristas. Muchos de estos fenómenos tienen elementos físicos, químicos o biológicos y la posesión de una cultura científica permite comprenderlos mejor; no solo porque se conozcan los conceptos que son importantes en el caso dado, sino además porque la cultura científica contribuye a que la persona razone mejor. Se concluye entonces que la cultura general integral solo está completa cuando contiene la científica entre sus componentes. 

Lamentablemente, ocurre que quienes tienen una cultura humanística en no pocos casos declaran su desinterés por la ciencia y la tecnología; los científicos, por el contrario, con frecuencia se sienten atraídos por las más diversas manifestaciones artísticas. Esto refleja insuficiencias en la divulgación científica, porque la ciencia cuando se comprende es atractiva y apasionante y la vida de los científicos tiene también de entretenimiento y hasta diversión. 

Ojalá logremos, en un futuro no muy lejano, impulsar efectivamente la divulgación de la ciencia y que alguien que se interese por saber sobre el Big Bang o la clonación, encuentre fácilmente la manera de resolver sus inquietudes.

Referencias:

1.            Proyecto Iberoamericano de Indicadores de Percepción Pública, Cultura Científica y Participación Ciudadana. Documentos. Revista Iberoamericana de Educación. Número 5 / Enero - Abril 2003.

2.            Ferrés i Prats Joan. Educación en medios y competencia emocional. Revista Iberoamericana de Educación. Número 32. Mayo – Agosto 2003.Agosto 

* Profesor Titular. Presidente de la cátedra de Divulgación de la Ciencia. InSTEC.

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