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Cuando
este número de Cartelera salga a la calle, estaremos a
las puertas de la edición 28, sexta en la presente
centuria, del Festival Internacional del Nuevo Cine
Latinoamericano, el mayor y más significativo de los
eventos audiovisuales que ocurren en Cuba. Este año se
programa un número espectacular de filmes (460), y la
mejor noticia viene a ser que el crecimiento
cuantitativo no conspira contra las calidades, pues a
juzgar por el prestigio, talento, rumores y premios que
acompañan a los implicados, se han dado cita en este
diciembre los títulos más eminentes, renovadores y
populares no solo de Latinoamérica (mayorean las
representaciones de Argentina, Brasil, México y Cuba),
sino también de España, Italia o Alemania, países
tradicionalmente invitados mediante ciclos de lo mejor y
más reciente que han producido.
Muy pocos eventos
culturales en Cuba, incluso en Latinoamérica, han
mantenido ininterrumpidamente, por casi tres décadas, la
coherencia conceptual, el rigor selectivo, la calidad y
la continuación de los presupuestos fundacionales que
han animado al Festival Internacional del Nuevo Cine
Latinoamericano, un evento que, entre numerosas virtudes
de orden conceptual, cuenta con la certeza de haberse
entronizado cual reflejo atento y eficaz de las más
recientes e innovadoras manifestaciones que signan la
manifestación artística elegida. Tal puede ser la máxima
aspiración de todo festival o concurso, y La Habana la
cumple todos los años con creces. Por solo hacer
referencia a las ediciones del siglo XXI, aquí fueron
premiados, demostrativamente, algunos baluartes del
nuevo-nuevo cine argentino, mexicano y brasileño (La
ciénaga, Tan de repente, Monobloc,
Japón, Sangre, Bus 174, Cine, aspirina y
buitres), del recuperado audiovisual chileno (Taxi
para tres, B-Happy, Machuca, En la
cama, Play), filmes juveniles, postmodernos,
eclécticos (Ciudad de Dios, Y tu mamá también,
Whisky, Nada, Madame Satá,
Amarelo Manga, Crónicas), extraordinarios
testimonios realizados por mujeres (Lucrecia Martel,
Maryse Sistach, Lourdes Portillo, Elia Schneider, Alicia
Scherson) sin olvidar las obras realizadas bajo los
designios prístinos del cine de autor (En nombre del
padre, de Luiz Fernando Carvalho; Historias
mínimas, de Carlos Sorín; Suite Habana, de
Fernando Pérez; Roma, de Adolfo Aristaraín;
Barrio Cuba, de Humberto Solás) con la natural
preponderancia de los murales destinados a recuperar la
memoria histórica y cultural: Kamchatka,
Carandirú, Memorias del saqueo, El
Caracazo, Iluminados por el fuego; Las
vueltas del Citrillo; Olga…
Pero volvamos a este
año, cuando se determinarán, dentro de unos quince días,
los títulos que deberán incorporarse a la anterior
galería de clásicos contemporáneos latinoamericanos. En
cuanto a la competencia de largometrajes de ficción,
están las más recientes creaciones de consagrados como
Paul Leduc (El cobrador-In God We Trust), Israel
Adrián Caetano (Crónica de una fuga), Carlos
Sorín (El camino de San Diego), Francisco
Lombardi (Mariposa negra), Pablo Trapero (Nacido
y criado), Manuel Pérez (Páginas del diario de
Mauricio) y Carlos Diegues (O Maior Amor do Mundo),
además de un auténtico semillero de cineastas, con una
trayectoria no tan prolongada, cuyas obras realizadas
este año impresionaron en diversos foros, como Rodrigo
Moreno (El custodio), Francisco Vargas (El
violín), Paz Encina (Hamaca paraguaya), Karim
Ainouz (El cielo de Suely), Claudia Llosa (Madeinusa),
Pavel Giroud (La edad de la peseta), Jorge Durán
(Se prohibe prohibir), Tania Hermida (Qué tan
lejos) o Jorge Luis Sánchez (El Benny).
Además de las
competencias en documentales y animación, y de las
muestras informativas o panorámicas, el Festival
programa las presentaciones especiales de títulos tan
publicitados y significativos como The Queen (con
la presencia de su realizador Stephen Frears), El
laberinto del fauno (que sirve de pórtico al
evento), Volver, de Pedro Almodóvar (estipulada
como clausura y en la muestra española) y Casa de
arena, del joven realizador brasileño Andrucha
Waddington. El sustancioso Panorama Contemporáneo
Internacional, constituido por filmes documentales y de
ficción premiados en los grandes festivales
internacionales, o instituidos por la crítica en
clásicos inmediatos, combina diversas tendencias del
cine contemporáneo, desde lo mejor producido en Israel,
Irán, India,Taiwán o Mongolia (representados por Zona
libre, Media luna, Agua, Historia
del camello que llora, respectivamente) hasta
Francia, Dinamarca, Finlandia, Gran Bretaña o República
Checa, naciones de notable tradición fílmica que nos
envían, cada una, títulos tan sugestivos como Hacia
el sur, Después de la boda, Luces en el
ocaso, El viento que agita la cebada y
Algo parecido a la felicidad. Mucho más trae este
Festival cuyos organizadores se las arreglan para subir,
año tras años, el listón de nuestras expectativas. |