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Aproximarse a la lectura de Circunloquio es un
camino sin aviso por todo el entramado mágico y
misterioso a que nos convoca su autora. Luces y sombras
nos tiende en toda su magnitud para ir en busca de la
verdad y el conocimiento a través de un lenguaje de gran
carga conceptual.
Lexicalmente
exquisito, propio, inmerso en el mundo de la
abstracción, demanda por parte del lector requisitos
intelectuales, pero su palabra, que viene de una
depurada sensibilidad del conocimiento, del saber,
adquiere un placer especial que linda con lo estético.
Ya desde el momento
en que decidimos formar parte de esta aventura del
pensamiento, la suerte está echada: crece a cada
instante solicitar de nuestro intelecto un ánimo
desmesurado ante esta insondable escritura.
Incógnitos cual
líneas de la palma de la mano, estos poemas se embridan,
se colman de signos y señales, a donde arriba el alma
para indagar, afirmar, dudar. Aquí se piensa y se
reflexiona en versos, y para ello hay una apoyatura en
el referente histórico. Esta poesía no se parece a…,
está fuera de la moda lírica usual. Hay una alusión
constante a la imaginación, a la cultura, a la
sugerencia. Quien se adentre con disciplina en ella,
tiene que poseer una fuerte dosis de talento para el
pensamiento abstracto, porque toda esta poesía es
testimonio de una concepción del mundo, de una
integración, y de todo un sistema simbólico del
universo.
Alejándome del
aspecto conceptual, no quiero dejar de referirme a la
armonía estructural de los poemas. Juana García Abás, de
principio a fin, ha ido dibujando, diseñando, cada uno
de ellos cual una exigente y pulcra arquitecta que
combina la palabra con la forma exterior. Entrantes y
salientes, espacios necesarios, recorren la mirada de
quien lee en una conjunción imprescindible entre
pensamiento y forma.
También quiero
señalar las palabras de apertura al libro del poeta,
ensayista y novelista Cintio Vitier, quien en breve
síntesis define bajo los canisteles la esencia y la
“confluencia de maravillas” de este volumen.
Y deseo expresar la
satisfacción y el agrado de haber tenido a mi cuidado
esta peculiar edición. Es una suerte de enseñanza por lo
que en sí representa, y de igual modo ha sido y es otra
fortuna conocer más íntimamente a Juana García Abás;
pudiera resumirlo como un hallazgo para bien, porque de
la cercanía de intercambios surgió una amistad que va
más allá de las letras; amistad extensiva a José Luis
Fariñas, su hijo, cuyo trato nos revela a un ser humano
de condiciones excepcionales. La cubierta e
ilustraciones se deben a este artista mayor.
La Editorial Letras
Cubanas al presentar un libro de estos quilates, suma a
sus presupuestos un título de indudables valores
artísticos.
*Editora
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