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Matanzas es la
sede del Cubadanzón. El danzón es nuestro baile nacional
y fue allí donde vio
la luz por
primera vez en 1879. Esto convierte a la ciudad por
derecho propio en la sede de un evento donde compiten
parejas de todo el país, e incluso de otras partes del
mundo, y que tiene como objetivo perpetuar la tradición
danzonera en la Isla.
Ese párrafo podría
resumir la idea general de un acontecimiento como la
celebración del Cubadanzón, aun cuando no se hayan
mencionado las discusiones teóricas y ponencias,
características de cualquier otro evento clásico; sin
embargo, la esencia de este asunto va mucho más allá.
Lo que estamos viendo
en el Cubadanzón es un debate subyacente
entre quienes pretenden ir al
encuentro del pasado y abogan por mantener la tradicionalidad en el baile, lo cual incluiría los pasos
de la danza, el espacio donde se realiza y el vestuario
considerado apropiado, y del otro lado,
quienes
apuestan por la evolución, pretendiendo acercar un ritmo
de la centuria antepasada a los patrones de gusto y
movimiento del siglo XXI.
Nada más alejado de
un debate estéril. El danzón es el baile nacional de
Cuba, pero fuera del círculo de los Clubes Amigos del
Danzón (más del 90 por ciento de la membresía sobrepasa los 50
años) nadie en el país lo baila. Existen también, por
supuesto, ciertas iniciativas aisladas, casas de cultura
y algunas escuelas que a modo de taller enseñan a los
niños los tradicionales pasos, pero esto no alcanza
niveles representativos. El danzón en Cuba, aunque suene
feo decirlo, ha pasado a ser considerado “baile de
viejos”. Tanto es así, que a un bailable en el Parque de
la Libertad en Matanzas, abierto, con una orquesta
tocando en vivo y gratis, no acudió nadie del pueblo,
solo los mismos danzoneros venidos de todo el país para
el evento.
¿Esto quiere decir
que el Cubadanzón es un fracaso o que el danzón está
completamente muerto? La respuesta en ambos casos es
negativa. El Cubadanzón es un evento muy bien
organizado, que ha logrado generar al menos una
preocupación por nuestro baile nacional y algunas
acciones concretas como es la reconstrucción de un salón
para los danzoneros de Matanzas, quienes están dando su
vida y hasta su salud en el empeño. En cuanto al danzón,
realmente se disfruta observar a aquellos bailadores
para quienes el tiempo retrocede en cada paso y se
remontan en las luces de otros días, cuando eran jóvenes
y ese era el baile de moda, cuando con las ropas que hoy
llevan estaban verdaderamente elegantes y el danzón les
permitía por primera vez juntarse sin rubor con la
pareja elegida. ¿Pero qué pasará cuando por ley natural
de la vida estos danzoneros dejen de existir? ¿Las cinco
o seis parejas jóvenes presentes en el evento
perpetuarán la tradición? ¿Lo harán los niños de las
tres o cuatro casas de cultura que enseñan el baile?
Muchos alegan que al
final el danzón evolucionó en danzonete, chachachá,
mambo, son, casino… eso verdad; otros, que es un baile
muy antiguo y por eso es tan difícil traerlo al
presente; pero resulta que ninguna de las derivaciones
posteriores del danzón ha dejado de bailarse y que la
rumba es tan o más antigua que el danzón y no hay un
cubano que no sepa cuáles son sus movimientos básicos.
¿Cuestión de promoción, de base social del baile o de
concepciones respecto a la tradicionalidad? Habría que
ver. Mientras tanto, sigamos apostando por el Cubadanzón
de Matanzas. La perennidad de nuestro baile nacional
está en juego.
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