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Antonio Guiteras: aristas visuales. *
Axel Li
La Habana


Aunque en el orden editorial el anexo visual para este libro* está planteado como una unidad al final de todos los escritos, tal vez, su compendio gráfico corresponde a la cubierta misma del volumen. Pudiera ser así, porque en la portada y contraportada aparecen dos obras alegóricas a Antonio Guiteras apenas conocidas. De un lado Servando Cabrera y, del otro, Tiburcio Lorenzo. ¿Qué motivaciones los llevaron a plasmar artísticamente al joven revolucionario? Otras interrogantes similares surgen ante cada testimonio visual que nos ha quedado de Guiteras: mártir de una época, y por consiguiente, leyenda viva reavivada con el paso del tiempo desde la historia, la literatura, las artes plásticas...

Usando tinta negra el pintor Servando Cabrera Moreno (1923-1981)
dibujó a Antonio Guiteras en los años 70.
El original de esta obra se exhibe hoy día en el habanero Museo de la Ciudad.

Fijar la imagen del joven asesinado en mayo de 1935 suponía además un acto de valentía en una Cuba como aquella donde existieron los enemigos de las ideas revolucionarias. El siglo XX cubano en su era republicana admitía para los cultores de las artes visuales inmortalizar e informar, conmemorar y reverenciar a todo aquel que hubiese entrado por la puerta ancha de la historia. Muchos, como Guiteras, habían desaparecido físicamente a una temprana edad. Sólo que en no todos los casos la imagen de algún héroe o mártir ha quedado bien fijada para quienes de a oídas o por verificación personal con la ayuda de lectura saben de ciertas hazañas histórico-culturales.

Hoy la historia resulta completa porque incluso ha tenido de aliada a la memoria visual. Antes también con seguridad, pero ¿habrá sido diferente?, ¿antes cómo se recordaban a los mártires y patriotas, aquellos que no fueran Martí, Maceo y Gómez? Se les recordaba, sí, por medio de la acción rebelde —quizás revolucionaria— de unos cuantos insatisfechos con los rumbos nacionales, y además, con los soportes impresos disponibles que podían difundir porciones corporales de la figura desaparecida. Una ilustración y/o una fotografía resultaban una prueba feliz para matizar y enriquecer el enunciado escrito de un editorial, un artículo, etcétera. Por consiguiente, sobre ciertas publicaciones periódicas del país recaerían —por ejemplo— las funciones comunicativas y de soporte casi único de un testimonio visual: primero una simple imagen, luego una importante imagen. ¿Qué es si no todo ese cúmulo gráfico que yace en las páginas de cientos de revistas y periódicos del ayer?

Cuando la revista Bohemia a los doce años de la muerte de Guiteras Holmes decide conformar desde sus páginas la primera iconografía del mártir, estaba propiciándose así un acercamiento inevitable con un personaje histórico. La popular revista preparaba el terreno estético-comunicativo para recordar aún más en lo sucesivo una figura que no podía ser olvidada. Dieciséis imágenes habían resuelto una finalidad editorial —¿sólo editorial?—, así como los correspondientes pie de fotos: explicativos, informativos y biográficos. En su edición del 18 de mayo de 1947 se lee pues en un recuadro: «BOHEMIA quiere rendir, en ocasión de conmemorarse, el pasado día 8 de mayo, un aniversario más de la muerte de ese revolucionario extraordinario y ejemplar que fue Antonio Guiteras Holmes, el homenaje merecido de admiración y cariño a su recuerdo. En esta ocasión hemos seleccionado una serie de fotografías, la mayoría de ellas inéditas o poco conocidas del doctor Guiteras en los primeros años de su vida, o en aquellos momentos decisivos de su actuación pública. El trabajo encomendado a nuestro redactor Jorge Quintana, constituye el primer intento de iconografía del revolucionario caído en El Morrillo, que se ha hecho hasta el presente».[1] ¡El mismo periodista Quintana que ya había escrito de Guiteras y no dejaría de hacerlo en futuras oportunidades! Mucho conoció de Guiteras con las fuentes orales directas. Algo de lo escuchado engrampó en sus textos periodísticos y otra parte la reservó para próximas oportunidades, que quedarían sólo en proyectos. Y eso sí, sus artículos sobre Guiteras estaban también complementados con gráfica de interés. Como aquel sobre la etapa estudiantil de Tony Guiteras, bello recuento sobre sus inquietudes y amistades juveniles.[2] Y como buen periodista, la noticia (histórica) tenía su continuidad incluso visual, porque Quintana hubo de proponer la gráfica exacta que se ajustaba para este artículo «La vida estudiantil de Antonio Guiteras», que él dedica a los jóvenes cubanos de entonces. Quiere esto decir, que el artículo tenía esencialmente una finalidad didáctica y biográfica. Sólo seis imágenes le sirvieron como apoyatura visual.

Es 1924 y Guiteras aparece acompañado de sus compañeros de Pinar del Río. Se trata de fotografías diferentes y que de no ser por la aclaración periodística se dificultaba identificarlo. Su juventud era aún mayor; pero más que nada, se estaba frente a un Guiteras otro. Sólo una imagen de esas seis lo muestra en su etapa más adulta, en esa como en definitiva ha quedado grabada en la psicología social: un Guiteras de frente, que más o menos nos mira y al que cuesta trabajo detectarle el estrabismo de uno de sus ojos. El pie de foto, que corresponde a la reproducción de un interesante cuadro,  refiere: «Retrato de Antonio Guiteras pintado al óleo por su madre la señora María Teresa Holmes, viuda de Guiteras, actualmente en México».[3] Con anterioridad Quintana había proporcionado otra pista sin proponérselo: «Años después de su muerte [la de Guiteras], su madre, la señora Holmes, aficionada a la pintura, reprodujo esta fotografía en una tela, ampliándola. Tuvimos oportunidad de verla en su residencia de México, en 1940».[4] Esta vez se trataba de una foto con sus tres hijos, niños aún, quienes se habían disfrazado como indios. Sin embargo, el óleo con Tony pudiera ser anterior a esta segunda pintura. En el margen derecho inferior de la reproducción fotográfica usada por la revista Bohemia para la iconografía ya referida se distinguen además de la rúbrica artística de María Teresa Holmes unos dígitos: posiblemente, los correspondientes al año de 1934. En caso afirmativo, Guiteras tuvo que conocer esta pintura de su querida madre. Hubo de verse a sí mismo, frente a frente, más allá de las normales instantáneas fotográficas que se tomó por circunstancias necesarias. Vivo él aún, apreció sin saberlo uno de los mejores ángulos con que se le reconocería más tarde.

María Teresa vivía en El Vedado. Allí pintaba. En cierta ocasión una de sus vecinas legaría mejores detalles del arte de esta mujer. Pero antes, tuvieron que verse por primera vez: «Nos conocimos una mañanita muy temprano, paradas ambas a la puerta de nuestros respectivos apartamentos, comprándole al chino viandero que subía su carretilla a todos los pisos del López Serrano. Eran los tiempos primeritos de la caída de Machado. Nos unió enseguida una gran simpatía, de mi parte revestida de respetuosa ternura, ternura que ella sentía por toda la gente joven. Muy buenos ratos pasé con ella en su salita, en los momentos en que se hallaba sola e intercambiamos ideas y explayamos ambas, como si fuéramos de una misma edad, sueños grandiosos de progreso y cultura para los países subdesarrollados y sometidos de nuestra América».[5] La vecina había sido Renée Méndez Capote, quien por la confianza y amistad existente con María Teresa pudo ver, almacenar, para más tarde rememorar que esta señora nacida en 1876 tenía «un entusiasmo juvenil por la música, la lectura, y sobre todo por la pintura, que practicaba con mucha gracia y soltura y buen colorido. Era anticlerical y pintaba, casi exclusivamente, “asuntos religiosos”; eran unos curas católicos gordos, de muy buenos colores, de ojillos alumbrados de malicia, clavados sobre el buen vinillo de consagrar, o sobre el cepillo de las limosnas. Era muy inteligente y culta; digna madre del hijo excepcional que parió para su gloria y tormento».[6] ¿A dónde irían a parar todas esas pinturas?

Paradójicamente Renée Méndez Capote habló sólo una vez con Antonio Guiteras. Cuenta que ella era «entonces joven, novel funcionaria pública, con una carga tremenda de ambiciones por contribuir al desarrollo cultural de mi país. Recogí de mi apartamento el decreto de creación de la Escuela Libre de Pintura y Escultura y me dirigí a casa de la madre de Guiteras, con la que me unía una sólida amistad, un profundo respeto y una gran simpatía. A Tony le hablé solamente ese día al entregarle el decreto que ya su madre le había recomendado y que él se había comprometido a patrocinar en el consejo de secretarios. Me acogió con mucha simpatía y afectuosamente; cambiamos pocas palabras; porque Tony estaba, como siempre, sumamente ocupado y con la casa llena de gente activa y joven».[7] Ese día había conocido además al artista Domingo Ravenet, quien simpatizaba con Guiteras y formaba parte de «un grupito de compañeros que estaban dispuestos a dar la vida por él, y lo miraban con gran respeto; porque el muchacho afable y sencillo inspiraba un gran respeto. (Entre los jóvenes de su escolta estaba Domingo Ravenet, el Pintor detrás de la Metralleta)».[8] Ya no sólo los futuros pasos de este pintor y escultor se definieron mejor con las palabras intercambiadas con Renée, sino también su contacto con Guiteras.

En 1949 Domingo Ravenet ya tenía listo un busto en bronce del propio Guiteras como parte del proyecto con el que se debía realizar un puente de hormigón armado sobre el río Canímar en Matanzas. Ambas obras quedarían inauguradas en 1951. El busto realizado por Ravenet había sustituido una tarja conmemorativa existente allí desde 1945. El lugar tenía una alta significación simbólica y patriótica. En lo adelante se convertiría en sitio de peregrinación y tribuna política. Y mucho más después del golpe militar del 10 de marzo de 1952, que tuvo incidencia en este pequeño monumento, porque fue destruido por soldados batistianos. El busto se salvó hasta su recolocación al poco tiempo.

Matanzas ya exhibía —como la urbe habanera— un capital simbólico (objetual) en torno a Guiteras. Era una necesidad. Todo vejamen debía ser sepultado. Así ocurrió en 1946 cuando Eduardo R. Chibás se dirigió hacia Matanzas para conmemorar otro aniversario de la muerte de Guiteras. Se había enterado de algo que lo hizo expresar: «es inexplicable que en el gobierno auténtico uno de los perseguidores de Guiteras cuente con recordatorio tan elegante, mientras el revolucionario desaparecido tenga solo una modesta columna de cemento».[9] De lo acaecido por iniciativa de Chibás se hizo eco la sección «En Cuba» de la revista Bohemia en dos ocasiones: una con la nota «Con una mandarria» y, la siguiente, con la prueba fotográfica ideal, en la que se ve «al inquieto e iconoclasta líder auténtico empuñando la mandarria».[10] Después de esto sólo quedaría en pie la «modesta columna de cemento» con una lápida que expresaba: «Antonio Guiteras y Carlos Aponte cayeron en este lugar el 8 de mayo de 1935, víctimas de una traición y de los elementos reaccionarios enemigos de los ideales de cubanidad por ellos pensados./ Los Pioneros Auténticos de Matanzas consagran esta lápida a la memoria de los valientes revolucionarios en el décimo aniversario de su muerte./ 8 de mayo de 1945».[11]

Ahora bien, hacía cinco años que en el habanero Cementerio de Colón, Teodoro Ramos Blanco había realizado en 1940 un conjunto escultórico como mausoleo para los restos mortales de Antonio Guiteras. A la usanza de la época y como otras obras de carácter monumentario de este escultor, en ésta los símbolos adornan la obra funeraria que siempre permanecería vacía. El mármol y el bronce delataban la algarabía simbólico-visual.

Otro punto importante en términos artísticos y simbólicos sería la ciudad de Pinar del Río. Muy cerca de la casa donde había vivido Guiteras —convertida en museo en los años 70, al igual que la colonial edificación de El Morrillo— se erigió un pequeño monumento con un busto realizado por Tiburcio Lorenzo, más conocido en su faceta de pintor, y en particular, de paisajista.

Ignorando las cualidades reales de todas las obras originales con características volumétrica sobre Guiteras que existen en toda Cuba[12] creo que la de Tiburcio ha de ser una de las más interesantes. Ravenet, por ejemplo, ejecutó en bronce (casi) el mismo rostro que tantas veces tuvo delante. Pudo guardar fidelidad, respetar la escala, las medidas exactas, el justo parecido físico. Con el busto de Tiburcio Lorenzo el encanto es de otro tipo, porque prima la interpretación. Es una pieza de grandes cualidades y atractivo visual. Un fiel testimonio a la vista pública en un parque de uno de los exponentes escultóricos concebidos por este —esencialmente— pintor pinareño. ¿Acaso su atractivo se deba más bien porque en la actualidad es una rareza dentro de la producción escultórica que tuvo en vida Tiburcio Lorenzo? Reitero, jamás he visto la pieza original. Pero por mis comentarios al amigo Jorge Luis Montesino, director del Museo de Arte de Pinar del Río (MAPRI), él a su vez se percató de sus cualidades: «aquí te envío de nuevo otras imágenes del busto que recién descubro gracias a tu interés. Es en verdad interesante su concepción, no había reparado yo lo suficiente teniendo en cuenta que es de Tiburcio Lorenzo, y es que parte considerable de mi infancia transcurrió justo por los alrededores del parque en el cual está ubicado, comprando papalotes a cuarenta centavos y bolas de hilo de tabaco al viejito Amado, además de jugar a las bolas, irnos al campo que por allí cerca estaba. Incluso creo que su cercanía al Decó lo hace más interesante. Estas imágenes me parecen mejores. El museo Antonio Guiteras está en reparaciones, por lo tanto, cerrado, y no hay nadie por estos días».[13]

Ese busto está acompañado por una tarja que refiere: «Antonio Guiteras Holmes. Modelo de civismo ciudadano, de alta moral patriótica y de honradez acrisolada. Muerto por el ejército el 8 de mayo de 1935». Más abajo aparecen los nombres del «Comité iniciador»: «Sra. Nena Laviña, Sta. Elisa Méndez, Dr. José Manuel Quintans, Dr. José Pérez Hernández, Dr. Ángel González y [el] escultor Tiburcio Lorenzo Sánchez./ 1959».

A veces sólo una lápida con un complemento macizo ha servido para recordar a Guiteras. Pienso ahora mismo en el monumento de granito de más de dos metros de altura en un parque de Camagüey que data de 1952 y que está a escasos metros de la Empresa Eléctrica de esa ciudad. Entre el diseño del monumento y la tarja hay cierta disparidad. ¿Acaso hubo algo anterior en esta obra conmemorativa? ¿Una imagen escultórica u otra tarja? Sólo con texto se advierte la intención de esa masa de pared, que de vez en cuando sirve como receptáculo o cuadro de strike de «pequeños» que se estrenan como peloteros.[14] Su esencia es «Como homenaje de recordación de los camagüeyanos al combatiente revolucionario antimperialista Antonio Guiteras Holmes en el XL aniversario de su caída./ Camagüey 8 5 75/ Año del Primer Congreso». Si nos fuéramos a guiar por la prensa territorial sobre otros detalles de este monumento nada sabríamos. Tan sólo y de manera precisa que las «organizaciones políticas y de masas en Camagüey conmemorarán con distintas actividades el 40 aniversario de la caída del líder antimperialista (...)».[15]

Además de cuanto ya hemos expuesto, el recuerdo y la figura de Guiteras han estado presentes en variantes visuales disímiles, como en cualquier héroe de la historia patria. En la filatelia, por ejemplo. Su presencia se limita a los años 1951, 1972 y 1985 con una finalidad conmemorativa.[16] También para estas series la fotografía tuvo una alta significación. Lo mismo tuvo que ocurrir con las (re)interpretaciones lineales, pictóricas, escultóricas... que se encuentran en varios puntos del país. Obras muy poco conocidas y que al agruparlas ofrecen mejor el conjunto, la objetividad alcanza mayor gloria. De ahí en parte que nuestro enunciado se sustente en las aristas visuales, en sólo una parte de las posibilidades que son. Y como buen anuncio era loable el enganche desde la cubierta por medio de una atipicidad en sí: el Guiteras de Servando.

De acuerdo con Gerardo Mosquera el año 1972 sería para Servando Cabrera el momento de la reaparición de los rostros en su obra pictórica. Entre los personajes históricos están cuatro dedicados al Che y uno a Fidel (de 1980). El de Guiteras juega con la frontal: «(...) a tinta negra con pincel seco, Servando dibuja un retrato de Antonio Guiteras que Raúl Roa conserva en su despacho de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en la pared que le queda a la izquierda. Esta pieza es la única cabeza de frente dibujada ese año del resurgir de los rostros».[17] Lamentablemente, los pinceles de Servando no variaron el ángulo. Pesó más una tradición iconográfica del Guiteras que nos mira. Más conocido en sus variantes bidimensionales de todo tipo.

Cuando el periodista Jorge Quintana seleccionó y conformó su propuesta de iconografía de Antonio Guiteras dijo de la que abre nuestro testimonio gráfico: una «foto muy característica del doctor Guiteras». Ese sería su ángulo visual, el histórico. Cada figura de nuestro pasado ha quedado en el imaginario social con uno propio. De las artes ha dependido, y de ellas incluso, dependerá el replanteo visual otro.  

* Este artículo es el complemento del testimonio gráfico para el libro preparado por Ana Cairo que se titula Antonio Guiteras: 100 años. Este volumen se encuentra en fase de edición por la santiaguera Editorial Oriente.

Las imágenes usadas proceden de la Biblioteca Nacional José Martí; las menos, fueron fotografiadas por Jorge García y Jorge Luis Montesino. Todas, eso sí, fueron procesadas digitalmente por la diseñadora Liset Vidal de la Cruz.


NOTAS

[1] Este recuadro es como el sumario del reportaje fotográfico «Iconografía de Antonio Guiteras Holmes (1906-1935)» (Bohemia, No. 20, 18 de mayo de 1947, p. 10), realizado por Jorge Quintana.

[2] Jorge Quintana: «La vida estudiantil de Antonio Guiteras», Bohemia, No. 18, 6 de mayo de 1951, pp. 46-48, 92-93.

[3] Ibídem, p. 46.

[4] Jorge Quintana: «Iconografía de Antonio Guiteras Holmes (1906-1935)», Bohemia, No. 20, 18 de mayo de 1947, p. 11.

[5] Renée Méndez Capote: «Antonio Guiteras Holmes», en Amables figuras del pasado. Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, Cuba, 1981, p. 156.

[6] Ibídem, p. 157.

[7] Renée Méndez Capote: «El pintor detrás de la metralleta», en op. cit., p. 163.

[8] Renée Méndez Capote: «Antonio Guiteras Holmes», en op. cit., p. 155.

[9] Citado en la sección «En Cuba» en el artículo «Con una mandarria», Bohemia, No. 20, 19 de mayo de 1946, p. 37.

[10] Véase Bohemia, No. 21, 26 de mayo de 1946, p. 31.

[11] De unos apuntes manuscritos de Ana Cairo sobre Antonio Guiteras, facilitados por ella.

[12] Citemos tan sólo dos de los ejemplos desconocidos. Como éstos existen otros más.

El busto realizado en los años 60 por el escultor, pintor y grabador René Valdés Cedeño (1916-1976): referido por José Veigas en su Escultura en Cuba siglo XX. Fundación Caguayo y Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p. 444. Y otro muy anterior en fecha, obra de Tony López (1918): citado por él en la entrevista «Reencuentro con el escultor y caricaturista Tony López», La Gaceta de Cuba, No. 4, julio-agosto, 2006, p. 44.

[13] En un e-mail que me enviara el 1 de septiembre de 2006.

[14] Con los años ciertos monumentos se han convertido en atractivo para funciones lúdicas, para sustentar la vigencia del graffiti... Por segundos, lo sacro en términos históricos se suspende en el tiempo. Y la afrenta gana la victoria.

[15] Periódico Adelante, Camagüey, 3 de mayo de 1975, [en primera plana].

[16] Datos proporcionados por el investigador Daniel Vasconcellos Portuondo y que pueden corroborarse con la consulta del Catálogo de sellos de Cuba, segunda edición, EDIFIL, S.A., 1983.

[17] Gerardo Mosquera: «Servando Cabrera Moreno: toda la pintura», en Exploraciones en la plástica cubana. Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, Cuba, 1983, p. 160. (El subrayado es mío).

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