|
Para los amantes de la historia de Cuba resulta un
manantial único el devenir de los años treinta del siglo
XX. Quizás no exista otro país en el que en un lapso de
dos décadas se reunieran tantos jóvenes brillantes y
valientes: Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena,
Pablo de la Torriente Brau, Juan Marinello, Alejo
Carpentier, Raúl Roa, Nicolás Guillén y Antonio
Guiteras, por citar sólo algunas de las personalidades
que descollaron como figuras políticas o literarias.
Todos
estos jóvenes estaban identificados con las posiciones
de izquierda que en aquel entonces se expresaban en un
antiimperialismo esencial, defensa de la joven Unión
Soviética y de la República Española además de la lucha
por reivindicar las demandas de las clases trabajadoras.
A ese
contexto social no podía ser ajeno Guiteras un cubano
reyoyo, que por los vericuetos de la vida, nació el 22
de noviembre de 1906, en la calle Douland Terrace 23, en
Bala-Cynwyd, condado de Montgomery, suburbios de
Filadelfia en el estado de Pennsylvania, Estados
Unidos. Hijo de un cubano y una irlandesa bebió desde
niño los aires de justicia que en su hogar se
respiraban, mucho más cuando por línea materna descendía
del abuelo irlandés John Walsh, uno de los más
importantes líderes de la independencia de la lejana
isla europea. Por el padre, hombre culto que le enseñó a
amar a José Martí, se emparentaba con José Ramón
Guiteras, el que muriera por la libertad de Cuba en la
primera guerra de independencia.
Precisamente su abuelo y su tío serían fuente de
inspiración para algunos cuentos que con solo 16 años
escribiera para abordar asuntos como la fuerza de
voluntad, la dignidad humana, la condena a la injusticia
social y las críticas condiciones de vida de las masas.
De niño
el joven Guiteras fue a vivir a Pinar del Río y desde
allí se solidarizó con Mella a principios de los años
veinte. Luego, ingresó en la Universidad de La Habana,
y matriculó la carrera de Farmacia, cuando tenía 17
años. Estaba en el ultimo año de sus estudios, en 1927,
cuando se acrecientan las luchas antimachadistas. Ese
año fue uno de los firmantes de la denuncia formulada
por el Directorio Universitario contra la política
entreguista del presidente Gerardo Machado.
Hombre de acción y pensamiento, aun muy joven Guiteras
escribió “Sólo la fuerza de la unión de todos los
hombres -aunque posean diferentes tendencias políticas-
envueltos en la lucha, por lograr un régimen de libertad
y justicia, podría lograr el triunfo de una verdadera
Revolución”.
Por la
unidad de todas las fuerzas antimachadistas trabajó
Guiteras. Perteneció a distintas organizaciones y en
todas quedó clara su posición de principios, incluso
cuando integró el primer gobierno de Ramón Grau San
Martín, oportunidad que Guiteras consideró válida para
desarrollar algunas de sus avanzadas ideas
revolucionarias, desde las Secretarías de Gobernación y
de Guerra y Marina.
A él se
deben las medidas más progresistas del Gobierno de los
Cien días. Dictó leyes y decretos, de profundo espíritu
nacionalista, como la intervención de la empresa
eléctrica.
Sobre
su accionar dijo “... tengo la satisfacción de haber
llevado a la firma del presidente Grau, los decretos que
atacaban más duro al imperialismo yanqui...”
Pero un
hombre como Antonio Guiteras no podía ser aceptado por
la oligarquía cubana ni por el gobierno yanqui.
Por
esos años al lado de los cubanos había luchado un
venezolano: Carlos Aponte. Nacido en La Pastora, ciudad
de Caracas, a los 17 años se incorporó a los alzamientos
que en los llanos de Anzoátegui encabezaba el general
Emilio Arévalo Cedeño contra Juan Vicente (Bisonte)
Gómez. Debido a esa acción insurgente fue deportado a
Cuba, donde comenzó su formación política como luchador
antiimperialista y de acendrado internacionalismo.
Aponte
y Guiteras se encontraron luego de que el primero ya
acumulara experiencia contra la intervención
norteamericana como combatiente en Nicaragua, dentro de
la “tropa cojúa” del General de hombres libres Augusto
César Sandino, y en el Perú en los alzamientos populares
desarrollados en Trujillo contra la dictadura de Sánchez
Cerro. Así, ante los integrantes de La joven Cuba,
organización fundada por Guiteras, Aponte era un
veterano luchador antiimperialista.
Precisamente, con su camarada venezolano estaba Guiteras
en el Morrillo, cerca de Matanzas. Allí los debía
recoger un barco para llevarlos fuera de un territorio
que ya se les hacía muy peligroso. Pero una delación lo
impidió: fueron cercados y ambos vendieron caras sus
vidas.
Para
Raúl Roa “...así se perdió la figura más empinada, el
ánimo mejor templado, la voluntad más indomable, el
brazo más enérgico y el espíritu más puro del movimiento
nacional revolucionario”.
A su
vez Pablo de la Torriente Brau, afirmó “En su
apasionante carrera política hay páginas buenas para
que un historiador sin miedo diga la verdad y la
angustia de un hombre honrado en la encrucijada de los
dilemas terribles. Mas Antonio Guiteras, como quien sale
vivo de una emboscada, pasó por esos momentos, abrumado,
pero seguro en su fe, en su fiebre por la revolución.
Porque la revolución fue como una fiebre en la
imaginación de este”.
El
propio Guiteras dejó claro su concepto acerca de un
proceso emancipador en Cuba “Un estudio somero de la
situación político-económica de Cuba, nos había llevado
a la conclusión de que un movimiento, que no fuese
anti-imperialista en Cuba, no era una revolución. Se
servía al imperialismo yanqui o se servía al pueblo,
pues sus intereses eran incompatibles”. |