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Vizcaíno: instalador pictórico
Estrella Díaz
La Habana
Fotos:
Alain Gutiérrez


Zenén Vizcaíno Ortiz anda por estos días en el ajetreo característico que conlleva la organización de una muestra: él sabe que es como desnudar el alma, algo para lo que hay que estar preparado.

A esta certeza, súmele, que la obra será expuesta en el mismo lugar donde fue parida, es decir, en el Taller Experimental de Gráfica de La Habana, institución batalladora que se resiste al paso del tiempo y que mucho ha hecho por apuntalar la robustez de la gráfica en Cuba. Y lo ha logrado.

En ese contexto, el venidero 4 de diciembre a las 4 de la tarde Vizcaíno — (La Habana, 5 de marzo 1962), grabador, pintor y dibujante— nos sorprenderá con Nada personal, exposición que, según afirma, tiene la intención de demostrar que un mensaje impersonal puede hacerlo suyo cada espectador.

“Desde hace años en mi obra trato de prescindir de anécdotas; al evitar la figura humana soslayo la anécdota y abro ventanas. No es un discurso sobre algo que, explícitamente, quisiera que la gente entendiera. Por ejemplo, si pongo a un hombre bateando, no tengo que contar nada, lo estoy diciendo todo. Prefiero la sugerencia.

Hablas de la figura humana, que no te gusta utilizarla, sin embargo, la figuración es tu manera expresiva…

Sí, claro, de eso se trata. La figuración que hago no es humana, pero sí humanoide porque trabajo con partes de objetos, muñecos o cosas de la vida cotidiana; así implemento mi discurso. Apuesto por correr el riesgo de sugerir y no discursar. Creo que como decía un importante escritor francés cuando uno cuenta una cosa pierde las tres cuartas partes del gozo de lo que es descubrir. En sugerir está el secreto.

¿Temas por excelencia?

Esencialmente La Habana y el cubano de hoy. Mi pintura se vale de la vida que diariamente lleva el cubano promedio. Es un fuerte acicate para trabajar.

Taller Experimental de Gráfica de La Habana ¿significación?

El Taller es algo mágico. El haber tenido la posibilidad de trabajar en él desde que me gradué, hace ya unos años, y observar de cerca a los más destacados artistas contemporáneos cubanos como Alfredo Sosabravo, Nelson Domínguez, Choco, Carlos del Toro, José Contino, José Omar Torres y otros tantos que han pasado por aquí, ¡imagínate qué lujo tener a esos maestros en ese laboreo diario! El Taller es como una gran familia y ese gremio hace que uno se sienta como en casa y ello te dota de una riqueza visual tremenda. El estar vinculado a este lugar hace unos 20 años me ha dado idea de qué es lo que quiero y qué pretendo en la gráfica. Estuve un período pintando solamente y me alejé un poco de la gráfica; como sabes la pintura roba mucho tiempo y las manifestaciones se ponen celosas una de otras y tiran y te reclaman y hasta te pasan la cuenta…

¿Te ha pasado la cuenta la gráfica por el abandono?  

No, no creo. La gráfica me ha perdonado ese abandono y me ha aceptado, nuevamente, en su regazo. Tampoco creo que la traicioné mucho porque la gráfica aunque no la hagas la piensas. Por eso es que digo que esta exposición es un tránsito entre mi última muestra que se llamó Objeto/sujeto y el proyecto de pintura para el 2007 que se llama La envoltura del alma.

¿Intentas en tu obra buscar una belleza/otra?

Efectivamente, estoy intentando hacer una belleza/otra y también quiero plasmar una idea sin graficar, sin hacer un diario. Soy de los que considera que hablar de Cuba no es solamente poner colores azules en el cielo o mulatas. No. Cuba es algo más. Soy del grupo de artistas que pretende otra visión de lo cubano. Es otra subjetividad, otras parábolas porque se puede ser cubano sin ser tropicalista. A veces consideramos que es muy fácil hablar de cubanía pretendiendo hacer una obra muy bonita o muy folclorista. Eso no me interesa.

Creo que pasó la etapa de la palma y el cielo azul como símbolo.

Coincido. La época del “tojocismo” pasó. En la medida en que el cubano estudió, se instruyó y alcanzó un nivel cultural elevado, tiene otras pretensiones. Soy de los que cree que el pensar fácil no es la mejor manera de decir que soy cubano o que somos bailadores de salsa o que solo jugamos a la pelota. Somos un pueblo con profundidad de pensamientos.   

Por la síntesis que estas logrando en tu obra tengo la sensación de que vas camino a la abstracción ¿me equivoco?

Dicen que la vida es lo que uno pretende, más lo que la vida impone. Pensando objetivamente no creo que de manera inmediata pueda inclinarme por la abstracción aunque mi pintura sí mueve mucho los fondos. En estos momentos estoy intentando mover los fondos… en mi obra, efectivamente, hay mucha síntesis. Creo que la obra de arte comienza a hacerse más rica en la medida en que puedes quitarle todo lo superfluo y dejarla en lo justo. Sobrecargar las imágenes puede ser peor. La madurez en el trabajo está en quitar lo más que se pueda y que la obra sea entendida en China o en el Congo Belga. Eso se logra si uno va a la esencia de las cosas y a los sentimientos más profundos y elementales del hombre.

Nada personal: ¿qué incluye?

La cantidad de obra oscilará alrededor de las 20; son litografías grandes y algunas medianas. Nada personal la veo como un tránsito entre dos exposiciones. Al estar en los últimos tiempos más dado a la pintura que al grabado, comencé haciendo obras gráficas, pero con una manera más pictórica, más hacia el color y hacia el dibujo. En la medida en que desandaba me di cuenta que comencé a trabajar de manera mucho más gráfica.  Trabajar con una técnica te enriquece el discurso por lo que las últimas litografías son, prácticamente, un dibujo y después viene un proceso de iluminación, de darle color a mano, de una en una.

Es decir, que estás interviniendo cada pieza por separado…    

Así es; son originales seriados, ni siquiera originales múltiples. Son ediciones muy limitadas de seis o siete grabados y todos los voy a manipular. Voy a introducirles óleo, acuarela y cuanto me pida la obra.

¿Acaso la obra te está exigiendo formato grande?

Soy un pintor que le gustan los cuadros grandes. A veces son complicados en todos los sentidos: tanto para hacerlos como para comercializarlos, pero que es una obra que debe hacerse aunque el costo sea elevado. Ahora el Taller está en un buen momento y estamos aprovechando. Son obras que hay que hacer por cuanto reflejan etapas que no vuelven; se sabe que la vida no está trazada en líneas rectas, sino como espiral ascendente.

El Taller Experimental de Gráfica, afortunadamente, está haciendo un gran esfuerzo por contribuir al coleccionismo nacional y lo fomenta a partir de la venta en moneda nacional de grabados. ¿El día en que se inaugure Nada personal habrá sorpresas en este sentido?      

Habrá sorpresas. Como es 4 de diciembre estoy haciendo una Santa Bárbara. Soy de los artistas que cree que es muy importante fomentar el coleccionismo dentro de los propios cubanos. Es muy importante para el futuro que la mayor cantidad de obra se quede en Cuba y que esté en las casas de las gentes y no siempre en instituciones. De eso se trata: que las personas tengan la obra en su hogar, que la puedan tocar. Eso, creo, es una manera de agrandar el espíritu y por eso siempre que puedo en mis exposiciones hago una venta en moneda nacional y a precios muy razonables. Creo que es la mejor manera de promocionar el arte y engrandecer la cultura. Apuesto por eso y soy muy feliz de hacerlo.    

Envolturas del alma, ¿una nueva etapa?

Siempre me gusta trabajar temáticamente porque eso te da la certidumbre de mantener un discurso homogéneo y que la obra sea el resultado de algo bien pensado. Te comentaba que estuve durante un tiempo trabajando en la idea del objeto/sujeto y sobre esa base me concentré. Hay una máxima marxista que dice que es importante producir un objeto para un sujeto, pero también es importante hacer un sujeto para un objeto y sobre esa idea estuve empeñado algunos años. Mi proyecto de pintura para el año próximo, será, efectivamente, Envolturas del alma y se centrará en las herramientas que necesitamos todos los humanos para andar por la vida.

¿Herramientas en qué sentido?

Herramientas como ese pedacito de Casa Blanca que estoy mirando detrás de ti por la ventana… esas son las herramientas que nos envuelven y que nos ayudan. Herramientas que a veces no son físicas sino puramente espirituales que contribuyen a mantenernos activos y a disfrutar de esta vida.

Eso no quiere decir que tus temas van a cambiar, es decir, ¿seguirá el cubano cotidiano en el centro de tu quehacer?

Cuando te hablo del cubano promedio no es de una manera narrativa, o sea, es llevándome toda el alma del cubano, pero elevándola a una categoría universal que es, creo, cuando se es más cubano. De eso se trata.

¿Crees en la utilidad de tu arte?   

Mucha gente dice que el arte es bueno, pero que no saben para qué sirve. Soy de los que piensa que la pintura está hecha para ser tocada; creo que para lo primero que sirve mi arte es para salvarme como ser humano. Si pensamos en arte, si vivimos con una idea de arte, creo que nos salvamos y nos enriquecemos. Creo que esa es la principal esencia. Hacer arte es vivir otra dimensión más allá de lo humano y lo real, es otra realidad. Creo que es más limpia y más hermosa.

¿Ha valido la pena el recorrido que has hecho hasta ahora?

Ha valido la pena el recorrido por la Academia de San Alejandro, mi paso por el Taller de Gráfica de La Habana y todo cuanto he hecho. Recuerdo que cuando me presenté por primera vez en San Alejandro no fui aceptado y le comenté a Carmelo González que ya no estaba interesado en ir a esa escuela, me sentó y me dijo: estás totalmente equivocado. En ese momento no entendí cuán importante era la escuela hasta que la pasé. Lo primero que te da la academia es tener a otros 50 locos como tú, juntos en un mismo recinto. Además de los recursos formales que te da la escuela, te permite valorar y poder mirar una infinidad de apreciaciones y de conceptos. Esa diferencia es lo más rico que da la escuela de arte; es vivir otras vidas y conocer otras maneras de pensar y compararte. Eso es fundamental para la formación de un artista.

Entonces no te parece que el artista deba de pasar mucho tiempo en solitario con la obra.

Solo lo justo.

¿Y dónde está lo justo?, ¿cómo sabes la medida?

Eso lo da la madurez. Creo que el artista debe de ser gremial, como pasa en el Taller de Gráfica, pero en la medida en que tú necesites del gremio para crecer. También uno necesita sus horas de retraimiento, de silencio, de paz; hay muchas ideas que solo se paren encerrados en el estudio embarrando telas unos cuantos días y a veces meses y hasta años.

¿Eres de los artistas que hacen bocetos?

Ahora mismo, hablando contigo, te estoy haciendo un retrato… mis bocetos son muy sencillos; constituyen el punto de arrancada y la propia obra es la que va creciendo a partir de una idea, de un concepto. Los títulos, casi, salen antes que las obras y es muy importante la palabra. Soy de la generación que comenzó a formarse en los 80 y pretendíamos que el pensamiento fuera primero que la forma. La vida me ha demostrado que se pueden llevar las dos cosas. Las generaciones que nos precedieron, creo, eran más formales, es decir, iban más a la forma que al concepto. Nosotros aprendimos a usar el concepto y el intelecto.   

Entonces, ¿te interesa que te definan como de la generación de los 80?

No es que me interese, es que no tengo remedio porque me formé en ese período, pero no soy muy ortodoxo a la hora de las definiciones o encasillamientos.

¿Cuáles son las influencias de artistas nacionales que más reconoces?

Es complicada la respuesta y no es la primera vez que me hacen esa pregunta, pero me quedo un poco desasido. No sé si son los que más me han marcado o los que me han conmocionado por la valentía, por el tratamiento de su obra, por las maneras o los contextos. No podría dejar de mencionar a una mujer que es paradigma de las artes plásticas cubanas: Antonia Eiriz. La fuerza de su pintura, el desgarramiento con que trataba los temas, el uso importantísimo del color, los formatos colosales que tanto me apasionan, ese tremendismo de su obra. Creo que es una pintora imprescindible. Hay otros grandes artistas cubanos y universales, por ejemplo, Wifredo Lam que, a pesar de todo, no creo que su obra se conozca profundamente en nuestro país. Hay mucho de su gráfica que apenas se ha promocionado; tiene grabados fabulosos e igualmente cerámica.

¿Proyectos?

El primero es no morirme. En enero quiero encerrarme en mi estudio porque estoy añorando la pintura. Se acerca el aniversario 50 del fallecimiento de Carlos Enríquez, ese importante artista plástico cubano, y estamos enfrascados en un libro de arte dedicado a él.

¿Miedo al lienzo en blanco? 

Para nada.

¿Y a la piedra?

Me encanta. Y disfruto la pelea.

¿Qué peso tiene color dentro de tu obra?

La experiencia del color, también, es muy placentera. En mi obra gráfica se ve el dibujo y en la pintura el color. Cuando pinto pongo color y ahora recuerdo a Agustín Bejarano, también artista plástico, que siempre insiste en que cuando graba, graba y cuando pinta, pinta. Es importante si uno logra divorciarse de esas dos cosas. Uso color, pero trato de emplear una paleta sobria y nada estridente. Hago énfasis en la luz porque es la que ayuda a orientar la atención del espectador lo cual acentúa y subraya el discurso.

Tres de tus manías creativas…

Colar el café bien temprano en la mañana y esperar a que pase el hombre que barre la calle para compartirlo. Esa espera es el tiempo en que organizo el día y medito sobre el trabajo. La otra manía es limpiar el estudio, solamente, cuando termino de pintar el cuadro que esté haciendo; mientas tanto es un caos completo. Se va llenando de tazas de café, de bocetos, de noticas que dejan los amigos… y se convierte en un atiborramiento. Ahí está el espíritu de ese cuadro y no muevo nada hasta que no lo termine.

… un poco místico…      

Creo en lo osado. Cuando concluyo, limpio el estudio y lo dejo listo para recomenzar.

¿Y qué tiempo aproximadamente demoras en un cuadro? 

Depende del formato y de la rabia con que lo ataque.

¿Rabia?

Hay de todo; hay rabia y también hay pasión. Cuando se trabaja con pasión hay de todo.

¿Cuál es la obra que quisieras hacer que no has realizado?

Debo confesar que soy un mal padre. Cuando las estoy haciendo me gustan mucho, pero cuando las termino no me gustan tanto. Siempre me gustan más las que no he hecho.

Lo experimental en tu obra, ¿qué lugar ocupa?

No sé hasta qué punto puedo hablar de experimentalidad. Lo que hago y que estoy haciendo en los últimos años —que creo que es lo que le da un sentido más contemporáneo a mi obra—, es pintar instalaciones. Hay una intención de la plástica cubana de hacer muchas instalaciones. Creo que el sentido más contemporáneo de mi obra en este momento es que no hago instalaciones, sino que las pinto.

¿Sentido contemporáneo?

Me refiero a la intención de saber que uno está en un momento y en una época de la cual no podemos evadirnos. Yo, las instalaciones las pinto.

Puedo, entonces, decir que Vizcaíno es un instalador pictórico.

Es una manera excelente de definir lo que estoy haciendo en este momento.

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