|
I.
La línea táctica del Partido.
Desde finales de 1929, el Partido Comunista de Cuba
—dentro de su estrategia para llevar adelante la
revolución agraria y antimperialista— trabajó en la
creación de un frente único de lucha con los
elementos de base de las organizaciones
nacionalistas que excluían cualquier acercamiento a
sus dirigencias como materialización del
procedimiento táctico de “clase contra clase”, línea
política que mantuvo por varios años.
Los sucesos armados en el poblado de San Luis bajo la
dirección del revolucionario Antonio Guiteras en abril
de 1933 y la creación de numerosas unidades guerrilleras
en zonas de Santiago, Holguín y las Villas, alertaron al
Partido sobre la necesidad de redoblar su labor
orientadora entre las masas.
A
mediados de junio se reunió su Comité Central con la
presencia de Rubén Martínez Villena, recién llegado de
la URSS. La asamblea reconoció que las bandas de alzados
mantenían en jaque al régimen y acordó que -donde fuera
posible- sus militantes a participarían en el movimiento
de las guerrillas armadas, para elevar su nivel político
e imprimirle un contenido agrario y antimperialista.
Inmediatamente
después de la caída del gobierno de Machado, el Partido
efectuó su V Pleno los días 29 y 30 de agosto. Al mismo
asistieron numerosos delegados de casi todas las
provincias y varios invitados extranjeros del Buró del
Caribe del Internacional Comunista y la Internacional
Sindical Roja.
Durante el pleno se discutió la instrucción del
Comintern relacionada con el establecimiento de los
soviets en Cuba, cuestión que provocó fuertes
discusiones entre los participantes. Villena manifestó
su desacuerdo con la misma porque —a su juicio—
provocaría el alejamiento de las masas de la línea
revolucionaria, y afectaría el trabajo dentro de las
fuerzas armadas.
A final los representantes internacionales
“convencieron” a la mayoría de la urgencia de llevar a
cabo el proyecto de los soviets.
II.
En el Gobierno de los Cien Días.
El 7 de septiembre,
durante la efímera gobernatura de la Pentarquía, el PCC
envió una circular urgente a sus diferentes instancias
en la cual orientaba la puesta en práctica de la
consigna del gobierno obrero-campesino en aquellos
lugares donde fuera conveniente. Una semana después, se
constituyó el soviet de Mabay bajo la dirección de
Francisco Calderius
Blas Roca.
En
esos momentos se había establecido un nuevo gobierno
caracterizado por su heterogeneidad. Dentro del mismo se
conformaron tres tendencias fundamentales: la derecha
reaccionaria comandada por Fulgencio Batista y el
ejército; el centro liderado por el presidente Ramón
Grau San Martín de ideología nacional-reformista; y el
ala de la izquierda revolucionaria conducida por Antonio
Guiteras (en la Secretaría de Gobernación y de Guerra y
Marina).
La
situación era muy confusa. Los trabajadores incitados
por los comunistas arreciaron sus movilizaciones y
exigieron una solución expedita a sus demandas.
Guiteras, preocupado, les pidió que recapacitaran:
Dentro del régimen capitalista —explicó—, ningún
gobierno ha estado tan dispuesto a defender los
intereses del obrero y el campesino como el actual
Gobierno Revolucionario. Sin embargo, los obreros,
inducidos por las empresas americanas, se prestan
inconscientemente al derrocamiento del gobierno. Las
empresas extranjeras, enemigas del obrero, reducen sus
jornales, despiden a sus empleados y a esta provocación,
el obrero, sin darse cuenta de la verdadera realidad, se
lanza a la huelga. Es necesario que el obrero se dé
cuenta de la verdadera realidad que vivimos; le sería
imposible a las masas apoderarse de los poderes; y en
lugar de enfrentarse con este gobierno revolucionario,
debían colaborar junto a él, para obtener las
reivindicaciones inmediatas y necesarias a la clase
obrera y no ser un obstáculo al servicio de las empresas
imperialistas. La Confederación Nacional Obrera será
responsable ante la Historia del "paso atrás" que darían
las masas en sus luchas, si se da al americano el
pretexto para decretar la intervención.
Sin embargo la orden expedida por la Comintern el 18 de
septiembre era contundente: “No conferenciar con los
gobernantes". Para analizar el mensaje se convocó a una
reunión del secretariado. En la misma
Villena habló ampliamente de las huelgas, la mejoría de
la situación de los obreros, la apertura de mil nuevos
empleos en los ómnibus, el atraso en las luchas
campesinas, los pasos para la captación de simpatizantes
en el ejército. En lo tocante a la ocupación de algunos
centrales, aseguró que esa no era una medida eficaz si
no se podía alcanzar el poder, por lo cual era mejor
rodear, piquetear las empresas, que tomarlas. Consideró
asimismo incorrecta la propuesta de la IC que exigía
evitar un enfrentamiento abierto con los yanquis, cuando
en Cuba cada huelga era un movimiento contra el
imperialismo, porque el capital telefónico, textil,
portuario, minero, era mayoritariamente norteamericano.
Entonces propuso no cumplimentar esa directiva,
cuestionándose cómo podía la Comintern considerar la
omisión de la lucha antimperialista en un país colonial
como Cuba. Y concluyó que era imposible “que desde Moscú
se pudiera prever todo esto".
.
El
29 de septiembre durante el homenaje a las cenizas de
Mella, Villena trató de concertar el frente único con
representantes del Directorio Estudiantil; sin embargo,
la delegación del Buró del Caribe se enteró e
inmediatamente le ordenó que cambiaran esa postura.
Aquel día la manifestación fue tiroteada por el ejército
y los grupos más reaccionarios con un saldo de decenas
muertos y heridos.
El
Partido había solicitado el permiso para realizar el
acto y el subsecretario de Gobernación, Enrique
Fernández, lo había autorizado. Sin embargo, Guiteras —a
sabiendas que no podían predecir ni controlar las
acciones de las fuerzas armadas— lo requirió por ello. A
pocas horas de que saliera el cortejo, algunos soldados
interrumpieron los trabajos en el monumento que se
erigía en el Parque de la Fraternidad.
En
esas circunstancias una delegación del Partido se
dirigió a las oficinas de Gobernación para tratar
inútilmente de entrevistarse con su titular; el
subsecretario les comunicó que él no tenía atribuciones
para permitir el homenaje. Y poco tiempo después se
oyeron los primeros disparos. Ante el doloroso suceso,
el PCC acusó al gobierno en su conjunto por la violencia
desatada.
Guiteras por su parte exigió su responsabilidad a
Batista; quien al analizar lo ocurrido, culpó a los
manifestantes. Grau y los miembros del Directorio
Estudiantil lo disculparon.
Con anterioridad un representante de la IC, se había
opuesto a la decisión del secretariado de entrevistarse
con Guiteras, a solicitud de este último; y aunque al
final no se efectuó el encuentro que estaba convocado
para el hotel Saratoga entre Isidro Figueroa (secretario
general del PC), Joaquín Ordoqui (del Comité Central) y
el Secretario de Gobernación, el camarada Bell
expresó en sus informes a la Comintern que existía
entre los cubanos la inclinación a realizar contactos
con el régimen.
Mientras Guiteras trabajaba con denuedo por la
promulgación de leyes de contenido nacional y
progresista, la ominosa actuación de los militares llevó
a Villena y sus compañeros a pensar que sus medidas
populares eran actos de pura demagogia.
En
varios artículos publicados en Bandera Roja
(órgano oficial del PCC) se llamó al pueblo a ponerse en
pie contra las fuerzas de la reacción desatadas por el
gobierno, el cual “como los anteriores, no dará pan,
tierra y libertad a las masas oprimidas y explotadas;
está dando ya pródigamente atropellos, sable y balas
(...)
A pesar de la agresividad de los manifiestos comunistas,
Guiteras mantuvo relaciones de amistad con los marxistas
Manuel Cotoño y Felipe Fuentes, trató de nombrar al
dirigente Filomeno Rodríguez Abascal en la secretaría
del Trabajo; e intervino varias veces a favor de los
obreros tabaqueros que se mantenían en huelga contra los
patronos. En esos mismos instantes, Batista trabajaba en
sentido contrario, al ordenar el asalto al sindicato de
Torcedores y el arresto a un grupo de obreros que fueron
puestos en libertad a instancias de Guiteras.
Unos días antes de la
represión batistiana, el 3 de noviembre, Guiteras había
propuesto a Grau juzgar al coronel por sus desmanes;
pero el presidente se negó.
En los intercambios
constantes de opiniones dentro del CC del PCC, Fabio
Grobart
expresó que era preciso avanzar con cuidado en el
enfrentamiento a liberales, abecedarios, apristas y
guiteristas, sosteniendo que su preocupación mayor
estaba en la actuación del secretario de Gobernación
pues había lanzado la consigna de crear cooperativas
diciendo que ese programa era copiado de la URSS.
Y
efectivamente, el 7 de diciembre Guiteras anunció que el
reparto de 10 mil caballerías de tierra que pensaba
realizar no se haría en calidad de propiedad, sino como
usufructo, “para evitar la formación de la pequeña
burguesía rural, los <Kulaks>, tan combatidos por la
táctica soviética, que ensayarían granjas cooperativas,
para poner los recursos de la maquinaria agrícola al
servicio de las colectividades de campesinos”.
Aún así los
representantes del Buró del Caribe seguían pensando que
era erróneo creer en el gobierno y, por tanto, aceptar
sus treguas, incluso en momentos en que Guiteras había
ofrecido al PCC cien plazas laborales dentro de la
Policía Nacional, trataba de crear una milicia armada
obrera y luego autorizaba la celebración del IV
Congreso Nacional Obrero en enero de 1934.
III. En la
oposición al gabinete de Concentración Nacional.
Al
producirse el golpe militar encabezado por Batista a
inicios de 1934, Guiteras declaró su oposición al nuevo
gabinete y la disposición de luchar por el
restablecimiento de un régimen favorable a los intereses
populares.
En las sesiones del
II Congreso del Partido celebrado en abril, se ratificó
el proyecto de la revolución agraria y antimperialista,
la lucha armada y los soviets. Sin embargo no se tenía
en cuenta que la potenciación de tal programa precisaba
de amplia base social y se arremetió de nuevo contra los
sectores de la oposición nacionalista.
El II Congreso
declaró que se estaba produciendo una rápida
polarización de fuerzas y que el Partido que luchaba por
ganar la mayoría de los trabajadores, del campesinado y
de la pequeña burguesía, debía desenmascarar la política
servil de los auténticos y guiteristas.
No comprendieron la
honestidad de Guiteras expresada en su artículo “Septembrismo”,
su posición verdaderamente antimperialista y
revolucionaria, materializada en la fundación de Joven
Cuba, cuyos objetivos centrales eran el derrocamiento
de la tiranía y la realización de una revolución de
liberación nacional, agraria y democrática para luego
pasar a un proyecto socialista.
Los comunistas no distinguieron las diferencias entre
los distintos segmentos nacionalistas y en el mes de
septiembre, ante la propuesta de ir a las elecciones,
publicaron esta declaración:
El
acuerdo del Comité Gestor Nacional de los Auténticos de
“retraimiento” como el mayor número de “anuncios”
lanzados por Guiteras estos días sobre una “revolución”,
tiene el fin de apaciguar el ánimo de las masas.
Mientras los primeros llaman abiertamente a la
pasividad, los segundos aconsejan a las masas permanecer
pacientes y con los brazos cruzados hasta que aparezca
Guiteras como el gran salvador que ya arreglará todo.
Ambos dan, de hecho, su mayor apoyo al gobierno, y a sus
crímenes, porque ambos se oponen a la lucha de las
masas, única capaz de poner fin a la negra reacción y al
hambre.
Incluso, en octubre
de 1934, Guiteras fue catalogado como “el tipo más
peligroso” frente al partido en su tarea de ganar las
masas, en momentos en que la IC comenzaba a rectificar
sus proyecciones sectario-izquierdistas, orientaciones
que aún no habían llegado a Cuba.
En
noviembre recibieron el primer mensaje confidencial de
la IC criticando esa postura, llamando a la reflexión
acerca de esas apreciaciones y alertando para que no
subvaloraran los esfuerzos armados de Guiteras. Les
aconsejaban que debían armarse para cualquier
eventualidad y que valoraran una posible participación
en un gobierno popular antimperialista en unión a Joven
Cuba.
Como ha señalado Carlos Rafael Rodríguez:
(...) Cuando en 1934 (sic.) la I.C.
(Internacional Comunista) recomendó a los comunistas
cubanos distinguir entre el “nacional-reformista” Grau
San Martín y el “nacional-revolucionario” Guiteras,
tenía razón, y sólo un sectarismo —originado también en
la política mantenida por la IC hasta poco tiempo antes—
había llevado a los comunistas cubanos a no apreciar las
evidentes diferencias.
¿Qué factores justifican este cambio de proyecciones?
IV. El cambio de
táctica.
Aunque Marx y Engels no fueron políticos nacionalistas
no estaban exentos de sentimientos nacionales. Tenían
una profunda comprensión de que la realidad nacional era
el campo concreto de las luchas de clases, en el cual la
clase capaz de defender los intereses coincidentes de la
comunidad se convertiría en clase nacional, cuestión a
la que el proletariado debía aspirar.
Con la etapa monopolista del capitalismo se produce una
profundización en el estudio de las naciones al aumentar
sus luchas anticolonialistas. Sobre ello surgieron
importantes controversias entre Rosa Luxemburgo, José
Stalin y Vladimir Ilich Lenin. Los dos primeros
subordinaron las reivindicaciones nacionales a la
estrategia socialista internacional; Lenin por su parte
defendió el derecho a la autodeterminación de las
naciones, lo que ayudaría a la revolución
democrático-burguesa como antesala de la revolución
socialista.
Escribió que los socialistas debían defender la unidad
entre los obreros de la nación oprimida y los de la
nación opresora; porque de otro modo, no podrían asumir
la política independiente del proletariado y su
solidaridad de clase. Pero, al mismo tiempo, hizo
distinciones entre los diferentes países. Y en el caso
de los coloniales y semicoloniales, planteó que los
movimientos democrático-burgueses acababan de empezar ,
por tanto los socialistas apoyarían a los elementos más
revolucionarios de los movimientos nacionalistas, y
ayudarían a la insurrección contra las potencias
imperiales.
El núcleo de la
estrategia leninista —destacó Carlos Rafael Rodríguez—
estaba en comprender que los agrupamientos de clase que
se originan dentro de los movimientos
nacional-liberadores no pueden ser los mismos que en
época de revoluciones socialistas, y que es muy difícil
que una revolución de ese tipo comience siendo
socialista. El escaso desarrollo de las relaciones de
producción capitalistas, el débil o nulo crecimiento
industrial, la fragilidad del proletariado, la
dependencia económica de la agricultura, la mayoritaria
población campesina y la proliferación de la pequeña
burguesía urbana, son factores determinantes en esos
procesos. Es por ello que entre el proletariado y el
socialismo se interpone una vasta masa que es necesario
conquistar por un lado y neutralizar por el otro.
Después de la muerte del líder ruso, algunas de estas
ideas fueron preteridas. Pero con el triunfo del
fascismo en varios países, se hizo imprescindible un
reajuste de las directivas de la IC y se retomaron de
nuevo los criterios leninistas. Fueron los
latinoamericanos asistentes a la Conferencia de PC de
América Latina efectuada en Moscú en octubre de 1934 los
primeros en conocerlos. Por Cuba participaron en la
misma Blas Roca, Joaquín Ordoqui y Jorge A. Vivó.
La conferencia enfatizó que la revolución agraria y
antimperialista estaba estrechamente ligada a la
liberación nacional, por tanto, debía producirse una
rectificación con respecto a los partidos
nacional-revolucionarios y nacional-reformistas, en aras
de consolidar la unidad a través de los Frentes
Antimperialistas.
El IV Pleno del CC
del PCC del 10 de febrero de 1935 planteó pues la
necesidad de convertir al Partido en una fuerte
organización de masas. Y en tal sentido reorientó sus
principales tareas hacia la ampliación del
reclutamiento de miembros con una política más adecuada
y convincente, la extensión de los sindicatos a través
de un frente único no solo desde la base sino también
desde arriba, la atracción a la masa de campesinos,
negros y pequeño-burgueses urbanos, la organización de
un frente antimperialista con participación de partidos
considerados hasta ese momento como enemigos, la
propagandización del programa de la revolución, la
ampliación de la lucha ideológica y la modificación del
lenguaje agresivo que se usaba hasta ese momento para
dirigirse a otras organizaciones.
“Hemos hablado en
nuestro lenguaje, en forma despectiva sobre la patria
—afirmó Blas Roca. Debemos decir que estamos por
la construcción de una patria libre”.
También explicó que
de existir la posibilidad de que un gobierno popular
antimperialista no soviético y elementos como Guiteras
tomaran el poder y los invitaran a participar, debían
aceptar sin olvidar la proclamación del programa
comunista. Si el Partido llegaba a ser suficientemente
fuerte para tomar el poder, entonces debían crear un
gobierno no soviético, con personas no conocidas como
comunistas y darles participación a otros elementos
nacionalistas. Todo sin retirar la consigna del poder
soviético a escala local.
Sobre sus relaciones con auténticos y guiteristas señaló
que en reuniones pasadas se había afirmado que esos
partidos estaban en período de rápida fascistización;
que indudablemente habían elementos fascistas dentro
de ellos, pero que dicha aseveración era exagerada.
Considera pues al PRC como un partido
nacional-reformista y a Joven Cuba más a la izquierda.
Que la posibilidad de un Frente Único con Guiteras debía
basarse en la independencia ideológica y orgánica del
PC, no atacar a sus integrantes y que cada partido
hiciera su labor de captación independiente.
Grobart,
por su parte hizo una profunda reflexión acerca de que
las consideraciones anteriores sobre auténticos y
guiteristas habían sido realizadas a partir de las
experiencias de otros países, sin tener en cuenta que
en Cuba aún no se había producido la revolución
democrático-burguesa, y por eso lo correcto era
participar junto a la pequeña burguesía en un gobierno
revolucionario. Que la tarea fundamental de la
revolución en ese momento no era la dictadura del
proletariado, sino democrática de los obreros y
campesinos, cuyo filo no iba dirigido contra la
propiedad privada sino contra los rezagos feudales, los
terratenientes latifundistas, la gran burguesía y el
imperialismo.
Por esos días publicaron una invitación a formalizar el
Frente Único en el diario La Palabra y luego
conversaron por separado con Guiteras y Alejandro
Vergara (líder del Partido Agrario Nacional). Pero los
acontecimientos se precipitaron y vino la huelga de
marzo de 1935.
Ante el llamado del Comité de Huelga Universitario,
Joven Cuba propuso reconsiderar la decisión, pues no
triunfarían sin armas y sin una organización capaz de
desplegar la insurrección. El PC asumió una postura
similar. Sin embargo, ambas organizaciones —al estimar
que la huelga era inevitable— decidieron intervenir en
ella para darle mayor fortaleza.
Del fracaso de la misma, el PC extrajo dos conclusiones:
primero, llegó a la certeza de que sin unidad era
imposible la victoria; y segundo, que JC y el PRC(A)
estaban en proceso de fascistización.
No solo los
militantes comunistas tenían dudas sobre la actuación de
Guiteras. Pablo de la Torriente Brau, dirigente del Ala
izquierda Estudiantil creía que abecedarios, auténticos
y guiteristas eran responsables del fiasco de la huelga.
En su Diario escribió por esos días:
Mientras tanto, dicen que Guiteras, que en lo absoluto
ha dado muestras de su famosa acometividad, ha asumido
tal actitud porque está preparando su revolución... ¿Qué
capacidad de organización ha demostrado esta
gente?...Ninguna. Ha habido momentos en que si cuarenta
o cincuenta automóviles se hubieran lanzado a la calle a
combatir, todo hubiera tomado un cariz distinto (...)
Pero esta gente parece que espera organizar, batallones,
compañías, regimientos, cuerpos de ingenieros, aviación,
etc., etc., para equipararse algún día con el ejército
de Batista, (...)
Otros presumían que
sus acciones serían inútiles pues el imperialismo
impediría el triunfo de un movimiento nacionalista con
las características del que preconizaba Guiteras. Así lo
refleja una carta de Juan Marinello del 29 de abril:
(...) Los yanquis son demasiado inteligentes para no
transigir con un movimiento que enraizado en lo íntimo
del cubano popular, signifique una pugna de veras
ruinosa para él. Esa Revolución, me dirás, ya la están
preparando algunos cubanos sin hoz ni martillo. En
efecto, los guiteristas, gente decidida y de empuje,
hablan de una revolución agraria y antimperialista para
plazo brevísimo. Tienen, sin duda, gentes valientes y
dinero. Quizás compren algunos coroneles y
ametralladoras y en un buen instante lleguen a Palacio.
Nada podrán hacer. Nada, porque el yanqui sabrá, sabe ya
que no es esa la Revolución nacida de ese profundo
querer popular que te decía, sino la obra de un grupo
esforzado —y cegado por un afán heroico o una ambición
vulgar, y no tendrán inconveniente alguno en
derrumbarlos.
Mientras tanto Joven
Cuba redobló sus acciones. Estableciendo un centro de
entrenamiento militar en México acordó trasladar a ese
país a Antonio Guiteras con el objeto de preparar una
expedición que luego desembarcaría por Oriente para
iniciar la insurrección. En ese batallar fueron
sorprendidos y asesinados Guiteras y Carlos Aponte,
hecho que dio un golpe demoledor al proceso de rebeldía
popular en la isla.
Por su parte, el VII Congreso de la Comintern efectuado
en el verano de 1935, permitió esclarecer la esencia
clasista del fascismo y la urgencia del enfrentamiento
cohesionado de las masas para lograr su derrota. Los
comunistas cubanos pudieron hacer, a partir de sus
lineamientos, “un análisis crítico de toda su política
anterior, descubrir sus debilidades y errores, sacar a
flote y esforzarse por liquidar las manifestaciones
sectarias de sus vidas (...)
Al
regreso de la delegación de Moscú, se efectuó el VI
Pleno del CC del PCC los días 21 y 22 de octubre, en
el cual se examinaron con detenimiento las causas de
los errores en la etapa precedente: la inmadurez
teórico-práctica del Partido, la influencia de las
ideas trotskistas, la concepción de concebir la
revolución "pura" —realizada de "golpe y porrazo"— sin
tomar en cuenta sus etapas inevitables, la
subestimación de la fase de liberación nacional, del
papel de las diferentes capas de la burguesía y el
campesinado, la falta de atención a las particularidades
del país, entre otras.
En
su informe, el secretario general puntualizó que
teniendo en cuenta las condiciones específicas de la
Revolución Cubana, la pequeñez del país, su condición de
isla y su proximidad a los Estados Unidos, las nuevas
metas debían ser: la organización de un frente único
antimperialista, antirreaccionario y antimachadista, el
restablecimiento de la ligazón con las masas y la
reorganización de los sindicatos y otras organizaciones
populares. Para la conformación del Frente Nacional de
todas las clases contrarias al imperialismo se dejaría
de catalogar a la burguesía y los partidos en bloque,
tratando de diferenciar las distintas tendencias,
inclinaciones y estados de ánimo.
La
táctica del Frente se ajustaba a nuestra realidad y
contribuyó a ampliar el movimiento obrero y democrático
general. Concretamente se propusieron la creación de dos
frentes: uno con Unión Nacionalista y Conjunto Nacional
Democrático de proyecciones limitadas, y otro, más
fraternal y duradero, con los partidos Auténtico,
Agrario Nacional y Joven Cuba.
Fatalmente, ya en esos instantes, la ausencia de Antonio
Guiteras se hacía sentir en las bases organizativas e
ideológicas de Joven Cuba; y a la larga, una parte de
sus seguidores —resentidos o incapaces de comprender el
significado del viraje de los comunistas- se disolvió
en las huestes del autenticismo o se unió a diferentes
organizaciones políticas.
IV.
Conclusiones.
Luego de analizar con
minuciosidad la documentación original a que he hecho
referencia, creo no equivocarme si afirmo que la
intervención de los delegados de la Internacional
Comunista en las labores del Partido Comunista de Cuba
desempeñó un rol muy importante en sus decisiones
de esta etapa y, en particular, en las posiciones
adoptadas con respecto a Guiteras y otras fuerzas
nacionalistas.
Primero porque sus
valoraciones negativas hacia el Gobierno de los Cien
Días impulsaron la consigna "extrapolada" de la toma del
poder a través de los soviets y luego, al afirmar que
era un gobierno burgués-terrateniente de "izquierda",
que se debía desenmascarar por su falso izquierdismo y
demagogia.
Las proyecciones de
la IC tenían un fuerte contenido eurocentrista, y al
mismo tiempo eran de obligatorio cumplimiento para sus
secciones en cualquier lugar del mundo. Se extrapolaban
orientaciones tácticas y estratégicas de diferentes
contextos, que si no se aplicaban de manera flexible en
concordancia con las realidades concretas, producían
fallas y errores políticos que podían ser de
consideración. La plataforma sectaria e izquierdista
emanada de esas orientaciones provocaron dentro del PCC
la falta de comprensión de la necesidad de gobiernos
transicionales que permitieran, poco a poco, ir a una
radicalización del proceso revolucionario. Se pensaba
que el movimiento se produciría en forma de saltos y los
procesos reformistas y nacionalistas eran momentos de
retroceso o, cuando menos, una pérdida de tiempo para
alcanzar tareas mayores. ¿Cuánto más podía avanzar un
gobierno como el de los Cien Días con la oposición de
importantes sectores económicos y sociales, y sin el
apoyo de las organizaciones más sensibles a los
intereses populares?
La falta de
comunicación y las posiciones de intransigencia entre
los sectores, organizaciones y líderes revolucionarios
no contribuyeron a consolidar la unidad dentro del
gobierno progresista, ni posteriormente para enfrentar a
los elementos más reaccionarios y proimperialistas
regresados al poder. De los resultados de esos duros
momentos, surgió la experiencia para otros líderes
políticos y nuevas situaciones revolucionarias.
“Clase
contra clase” fue una táctica del movimiento comunista
internacional surgida como respuesta a la traición de
varios partidos socialistas europeos que comulgaron con
el fascismo y la reacción. La misma fue aprobada en las
sesiones del VI Congreso de la Internacional Comunista
(IC) en 1928 y su esencia consistía en deslindar el
panorama internacional en dos grandes campos
antagónicos: los que estaban a favor del proletariado
con los comunistas a la cabeza y los restantes
sectores en la acera opuesta. En concordancia, se
orientó a las secciones comunistas que evitaran
cualquier tipo de acuerdo con esos grupos, que
desenmascararan sus posiciones y trataran de ganar a los
elementos de base. De hecho esa consigna promovió el
sectarismo y la desunión entre las fuerzas que debían
contribuir en los cambios sociales.
“Cartas del B(uró) del C(aribe) al CC del PCC”, 26 de
mayo y 4 de junio de 1933, Archivo del Instituto de
Historia de Cuba (IHC), Fondo Primer Partido Comunista
de Cuba (PPCC).
Se encontraban en esos momentos en Cuba el soviético
Juan, el canadiense Pedro, el venezolano
Ricardo Martínez y el mexicano Rafael Carrillo.
“Acta de reunión del CC del PCC, 29 de agosto de 1933.
Microfilmes del Archivo de la Internacional Comunista en
Moscú.
Francisco Wilfredo Calderius López. (Blas Roca,
Martínez, Marcos Díaz, Juan Bueno). Nació en 1908 en
Manzanillo. Ingresó al PCC en 1929, fue dirigente obrero
de la localidad y estuvo detenido en varias ocasiones.
En 1934 fue electo secretario general del PCC como
reconocimiento a su labor durante la huelga de agosto y
en la constitución del soviet de Mabay. Participó en el
VII Congreso de la IC y dirigió la batalla por una
Constituyente Libre y Soberana en 1940. Fue electo
representante a la Cámara entre 1940 y 1952, enfrentó
el golpe de estado de marzo de 1952 y organizó las
luchas del PSP contra la dictadura batistiana desde la
clandestinidad. Al constituirse el actual PCC -en 1965-
integró su CC y Buró Político. Falleció el 25 de abril
de 1987.
Antonio Guiteras. “Declaraciones”, en
El País, La Habana, 16 de septiembre de 1933, tomado
de José Antonio Tabares del Real. Guiteras, La
Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1973, pp
298-299.
“Acta de reunión del secretariado ampliado”, 18 de
septiembre de 1933, Archivo del IHC, Fondo del PPCC; e
“Informe sobre reunión ampliada del CC, 19 de septiembre
de 1933, Microfilmes del Archivo de la IC en Moscú.
Tomado del “Report of Comrade Bell on the sit(uation) of
de Cuba”, 3 octuber 1933, microfilmes del Archivo de la
IC; y de la entrevista de la autora con el historiador
Enrique López.
"Bandera
Roja y el 7 de agosto del gobierno de Grau San Martín",
en Bandera Roja, La Habana, octubre de 1933, p.1.
Más información en José A. Tabares del Real. Guiteras,
La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1973, pp.
284-287.
Abraham Grobart (Fabio, Junger
Simhovitz, Otto Morley). Obrero polaco radicado en
Cuba, fundador del PCC y miembro de su CC en 1932, fue
deportado y regresó a la isla a la caída de Machado.
Ocupó la responsabilidad de organizador del PCC desde
1936 hasta 1947. En 1951 tuvo que irse a Europa. Integró
el CC del nuevo PCC en 1965, fue Diputado a la
Asamblea Nacional y Presidente del Instituto de
Historia. Murió el 21 de octubre de 1994.
Antonio Guiteras. “La revolución social se avecina”, en
periódico Luz, Año I, No 22, 20 de enero de 1934,
p. 1 y p. 11..
“Resolución sobre la situación actual, perspectivas y
tareas del II Congreso del Partido Comunista de Cuba”,
en Hortensia Pichardo. Documentos para la Historia de
Cuba. Tomo IV. Primera Parte, La Habana, Editorial
Ciencias Sociales, 1980, pp. 359-381.
Antonio Guiteras. “Septembrismo”, en Bohemia, 1ro
de abril de 1934, en Hortensia Pichardo. Obra citada,
pp. 389-393.
“La huelga general de 24 horas”, en Archivo del IHC,
Fondo PPCC. En ese período, Martín Castellanos y
Felipe Alfonso González se reunieron con el líder
de Joven Cuba, a pesar las instrucciones internacionales
de no ofrecer respuestas positivas a ninguna cuestión
que propusiera y oponerse a un frente único para la
insurrección, según plantea Angelina Rojas. Primer
Partido Comunista de Cuba. Tomo 1, Santiago de Cuba,
Editorial Oriente, 2005.
"Documento confidencial al CC del PCC", 22 de noviembre
de 1934. Archivo IHC, Fondo PPCC.
Carlos Rafael Rodríguez. “Lenin y la cuestión colonial”,
en Casa de las Américas, La Habana, marzo-abril
de 1970, tomado de José A. Tabares del Real. Obra
citada, p 281.
Vladimir Ilich Lenin. "La revolución socialista y el
derecho de las naciones a la autodeterminación", en: V.
I. Lenin. Problemas de política nacional e
internacionalismo proletario, Moscú, Editorial
Progreso.
Vladimir Ilich Lenin. Obra citada.
Carlos Rafael Rodríguez. “Lenin y la cuestión colonial”,
en Letra con filo, Tomo 1, La Habana, Editorial
de Ciencias Sociales, 1983, pp.349-350.
“Acta de la reunión del IV Pleno del CC
del PCC”, 10 de febrero de 1935. Archivo del IH, Fondo
PPCC.
“Acta de la reunión del IV Pleno del CC del PCC”, 10 de
febrero de 1935. Archivo del IH, Fondo PPCC.
Ibídem.
“Del diario de Pablo de la Torriente Brau”, en
Hortensia Pichardo. Documentos para la Historia de
Cuba, Tomo IV, Primera Parte, La Habana, Editorial
de Ciencias Sociales, 1980, p.580.
Carta de Juan Marinello a José Antonio
Ramos, abril, 29, 1935, en Ana Suárez (comp). Cada
tiempo trae una faena... Tomo II, La Habana, CIDCC
Juan Marinello y Editorial José Martí, pp. 488.
Fabio Grobart: Trabajos Escogidos, La Habana,
Editorial de Ciencias Sociales, 1985, p 70.
* Artículo
incluido en el libro en preparación Guiteras 100 años,
de Ana Cairo.
|