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Guiteras y el Partido Comunista
Caridad Massón Sena
La Habana


I. La línea táctica del Partido.

Desde finales de 1929, el Partido Comunista de Cuba —dentro de su estrategia para llevar adelante la revolución agraria y antimperialista— trabajó en la creación de un frente único de lucha con los elementos de base de las organizaciones nacionalistas que excluían cualquier acercamiento a sus dirigencias como materialización del procedimiento táctico de “clase contra clase”, línea política que mantuvo por varios años. [1]

Los sucesos armados en el poblado de San Luis bajo la dirección del revolucionario   Antonio Guiteras en abril de 1933 y la creación de numerosas unidades guerrilleras en zonas de Santiago, Holguín y las Villas, alertaron al Partido sobre la necesidad de redoblar su labor orientadora entre las masas.[2]

A mediados de junio se reunió su Comité Central con la presencia de Rubén Martínez Villena, recién llegado de la URSS. La asamblea reconoció que las bandas de alzados mantenían en jaque al régimen y acordó que -donde fuera posible- sus militantes a participarían en el movimiento de las guerrillas armadas, para elevar su nivel político e imprimirle un contenido agrario y antimperialista.

Inmediatamente después de la caída del gobierno de Machado, el Partido efectuó su V Pleno los días 29 y 30 de agosto. Al mismo asistieron numerosos delegados de casi todas las provincias y varios invitados extranjeros del Buró del Caribe del Internacional Comunista y la Internacional Sindical Roja.[3]

Durante el pleno se discutió la instrucción del Comintern relacionada con el establecimiento de los soviets en Cuba, cuestión que provocó fuertes discusiones entre los participantes. Villena manifestó su desacuerdo con la misma porque —a su juicio— provocaría el alejamiento de las masas de la línea revolucionaria, y afectaría el trabajo dentro de las fuerzas armadas[4]. A final los representantes internacionales “convencieron” a la mayoría de la urgencia de llevar a cabo el proyecto de los soviets.

II. En el Gobierno de los Cien Días.

El 7 de septiembre, durante la efímera gobernatura de la Pentarquía, el PCC envió una circular urgente a sus diferentes instancias en la cual orientaba la puesta en práctica de la consigna del gobierno obrero-campesino en aquellos lugares donde fuera conveniente. Una semana después, se constituyó el soviet de Mabay bajo la dirección de Francisco Calderius[5] Blas Roca.

En esos momentos se había establecido un nuevo gobierno caracterizado por su heterogeneidad. Dentro del mismo se conformaron tres tendencias fundamentales: la derecha reaccionaria comandada por Fulgencio Batista y el ejército; el centro liderado por el presidente Ramón Grau San Martín de ideología nacional-reformista; y el ala de la izquierda revolucionaria conducida por Antonio Guiteras (en la Secretaría de Gobernación y de Guerra y Marina).

La situación era muy confusa. Los trabajadores incitados por los comunistas arreciaron sus movilizaciones y exigieron una solución expedita a sus demandas. Guiteras, preocupado, les pidió que recapacitaran:

Dentro del régimen capitalista —explicó—, ningún gobierno ha estado tan dispuesto a defender los intereses del obrero y el campesino como el actual Gobierno Revolucionario. Sin embargo, los obreros, inducidos por las empresas americanas, se prestan inconscientemente al derrocamiento del gobierno. Las empresas extranjeras, enemigas del obrero, reducen sus jornales, despiden a sus empleados y a esta provocación, el obrero, sin darse cuenta de la verdadera realidad, se lanza a la huelga. Es necesario que el obrero se dé cuenta de la verdadera realidad que vivimos; le sería imposible a las masas apoderarse de los poderes; y en lugar de enfrentarse con este gobierno revolucionario, debían colaborar junto a él, para obtener las reivindicaciones inmediatas y necesarias a la clase obrera y no ser un obstáculo al servicio de las empresas imperialistas. La Confederación Nacional Obrera será responsable ante la Historia del "paso atrás" que darían las masas en sus luchas, si se da al americano el pretexto para decretar la intervención. [6]

Sin embargo la orden expedida por la Comintern el 18 de septiembre era contundente: “No conferenciar con los gobernantes". Para analizar el mensaje se convocó a una reunión del secretariado.  En la misma Villena habló ampliamente de las huelgas, la mejoría de la situación de los obreros, la apertura de mil nuevos empleos en los ómnibus, el atraso en las luchas campesinas, los pasos para la captación de simpatizantes en el ejército.  En lo tocante a la ocupación de algunos centrales, aseguró que esa no era una medida eficaz si no se podía alcanzar el poder, por lo cual era mejor rodear, piquetear las empresas, que tomarlas. Consideró asimismo incorrecta la propuesta de la IC que exigía evitar un enfrentamiento abierto con los yanquis, cuando en Cuba cada huelga era un movimiento contra el imperialismo,   porque el capital telefónico, textil, portuario, minero, era mayoritariamente norteamericano. Entonces propuso no cumplimentar esa directiva, cuestionándose cómo podía la Comintern considerar la omisión de la lucha antimperialista en un país colonial como Cuba. Y concluyó que era imposible “que desde Moscú se pudiera prever todo esto". [7].

El 29 de septiembre durante el homenaje a las cenizas de Mella, Villena trató de concertar el frente único con representantes del Directorio Estudiantil; sin embargo, la delegación del Buró del Caribe se enteró e inmediatamente le ordenó que cambiaran esa postura. Aquel día la manifestación fue tiroteada por el ejército y los grupos más reaccionarios con un saldo de decenas muertos y heridos.

El Partido había solicitado el permiso para realizar el acto y el subsecretario de Gobernación, Enrique Fernández, lo había autorizado. Sin embargo, Guiteras —a sabiendas que no podían predecir ni controlar las acciones de las fuerzas armadas— lo requirió por ello. A pocas horas de que saliera el cortejo, algunos soldados interrumpieron los trabajos en el monumento que se erigía en el Parque de la Fraternidad.

En esas circunstancias una delegación del Partido se dirigió a las oficinas de Gobernación para tratar inútilmente de entrevistarse con su titular;  el subsecretario les comunicó que él no tenía atribuciones para permitir el homenaje. Y poco tiempo después se oyeron los primeros disparos.   Ante el doloroso suceso, el PCC acusó al gobierno en su conjunto por la violencia desatada.

Guiteras por su parte exigió su responsabilidad a Batista; quien al analizar lo ocurrido, culpó a los manifestantes. Grau y los miembros del Directorio Estudiantil lo disculparon.

Con anterioridad un representante de la IC, se había opuesto a la decisión del secretariado de entrevistarse con Guiteras, a solicitud de este último; y aunque al final no se efectuó el encuentro que estaba convocado para el hotel Saratoga entre Isidro Figueroa (secretario general del PC), Joaquín Ordoqui (del Comité Central)  y el Secretario de Gobernación, el camarada Bell expresó en sus informes a la Comintern que  existía entre los cubanos la inclinación a realizar contactos con el régimen.[8]

Mientras Guiteras trabajaba con denuedo por la promulgación de leyes de contenido nacional y progresista, la ominosa actuación de los militares llevó a Villena y sus compañeros a pensar que sus medidas populares eran actos de pura demagogia.

En varios artículos publicados en Bandera Roja (órgano oficial del PCC) se llamó al pueblo a ponerse en pie contra las fuerzas de la reacción desatadas por el gobierno, el cual “como los anteriores, no dará pan, tierra y libertad a las masas oprimidas y explotadas; está dando ya pródigamente atropellos, sable y balas (...)[9]

A pesar de la agresividad de los manifiestos comunistas, Guiteras mantuvo relaciones de amistad con los marxistas Manuel Cotoño y Felipe Fuentes, trató de nombrar al dirigente Filomeno Rodríguez Abascal en la secretaría del Trabajo; e intervino varias veces   a favor de los obreros tabaqueros que se mantenían en huelga contra los patronos. En esos mismos instantes, Batista trabajaba en sentido contrario, al ordenar el asalto al sindicato de Torcedores y el arresto a un grupo de obreros que fueron puestos en libertad a instancias de Guiteras.[10]

Unos días antes de la represión batistiana, el 3 de noviembre, Guiteras había propuesto a Grau juzgar al coronel   por sus desmanes; pero el presidente se negó.

En los intercambios constantes de opiniones dentro del CC del PCC, Fabio Grobart[11] expresó que era preciso avanzar con cuidado en el enfrentamiento a liberales, abecedarios, apristas y guiteristas, sosteniendo que su preocupación mayor estaba en la actuación del secretario de Gobernación pues había lanzado la consigna de crear cooperativas diciendo que ese programa era copiado de la URSS.

Y efectivamente, el 7 de diciembre Guiteras anunció que el reparto de 10 mil caballerías de tierra que pensaba realizar no se haría en calidad de propiedad, sino como usufructo, “para evitar la formación de la pequeña burguesía rural, los <Kulaks>, tan combatidos por la táctica soviética, que ensayarían granjas cooperativas, para poner los recursos de la maquinaria agrícola al servicio de las colectividades de campesinos”.[12]

Aún así los representantes del Buró del Caribe seguían pensando que era erróneo creer en el gobierno y, por tanto, aceptar sus treguas, incluso en momentos en que Guiteras había ofrecido al PCC cien plazas laborales dentro de la Policía Nacional,  trataba de crear una milicia  armada obrera y luego  autorizaba la celebración del IV Congreso Nacional Obrero en enero de 1934. [13]

III. En la oposición al gabinete de Concentración Nacional.

Al producirse el golpe militar encabezado por Batista a inicios de 1934, Guiteras declaró su oposición al nuevo gabinete y la disposición de luchar por el restablecimiento de un régimen favorable a los intereses populares.[14]

En las sesiones del II Congreso del Partido celebrado en abril, se ratificó el proyecto de la revolución agraria y antimperialista, la lucha armada y los soviets. Sin embargo no se tenía en cuenta que la potenciación de tal programa precisaba de amplia base social y se arremetió de nuevo contra los sectores de la oposición nacionalista.

El II Congreso declaró que se estaba produciendo una rápida polarización de fuerzas y que el Partido que luchaba por ganar la mayoría de los trabajadores, del campesinado y de la pequeña burguesía, debía desenmascarar la política servil de los auténticos y guiteristas.[15] 

No comprendieron la honestidad de Guiteras expresada en su artículo “Septembrismo”[16], su posición verdaderamente antimperialista y revolucionaria, materializada en la fundación de Joven Cuba, cuyos  objetivos centrales eran el derrocamiento de la tiranía   y la realización de una revolución de liberación nacional, agraria y democrática para luego pasar a un proyecto socialista.

Los comunistas no distinguieron las diferencias entre los distintos segmentos nacionalistas y en el mes de septiembre, ante la propuesta de ir a las elecciones, publicaron esta declaración:

El acuerdo del Comité Gestor Nacional de los Auténticos de “retraimiento” como el mayor número de “anuncios” lanzados por Guiteras estos días sobre una “revolución”, tiene el fin de apaciguar el ánimo de las masas. Mientras los primeros llaman abiertamente a la pasividad, los segundos aconsejan a las masas permanecer pacientes y con los brazos cruzados hasta que aparezca Guiteras como el gran salvador que ya arreglará todo. Ambos dan, de hecho, su mayor apoyo al gobierno, y a sus crímenes, porque ambos se oponen a la lucha de las masas, única capaz de poner fin a la negra reacción y al hambre.[17]

Incluso, en octubre de 1934, Guiteras fue catalogado como “el tipo más peligroso” frente al partido en su tarea de ganar las masas, en momentos en que la IC comenzaba a rectificar sus proyecciones sectario-izquierdistas, orientaciones que aún no habían llegado a Cuba.

En noviembre recibieron el primer mensaje confidencial de la IC criticando esa postura, llamando a la reflexión acerca de esas apreciaciones y   alertando para que no subvaloraran los esfuerzos armados de Guiteras. Les aconsejaban que debían armarse para cualquier eventualidad y que valoraran una posible participación en un gobierno popular antimperialista en unión a Joven Cuba.[18]

Como ha señalado Carlos Rafael Rodríguez:

(...) Cuando en 1934 (sic.) la I.C. (Internacional Comunista) recomendó a los comunistas cubanos distinguir entre el “nacional-reformista” Grau San Martín y el “nacional-revolucionario” Guiteras, tenía razón, y sólo un sectarismo —originado también en la política mantenida por la IC hasta poco tiempo antes— había llevado a los comunistas cubanos a no apreciar las evidentes diferencias.[19]

¿Qué factores justifican este cambio de proyecciones?

IV. El cambio de táctica.

Aunque Marx y Engels no fueron políticos nacionalistas no estaban exentos de sentimientos nacionales. Tenían una profunda comprensión de que la realidad nacional era el campo concreto de las luchas de clases, en el cual la clase capaz de defender los intereses coincidentes de la comunidad se convertiría en clase nacional, cuestión a la que el proletariado debía aspirar.

Con la etapa monopolista del capitalismo se produce una profundización en el estudio de las naciones al aumentar sus luchas anticolonialistas. Sobre ello surgieron importantes controversias entre Rosa Luxemburgo, José Stalin y Vladimir Ilich Lenin. Los dos primeros subordinaron las reivindicaciones nacionales a la estrategia socialista internacional; Lenin por su parte defendió el derecho a la autodeterminación de las naciones, lo que ayudaría a la revolución democrático-burguesa como antesala de la revolución socialista[20]. Escribió que los socialistas debían defender la unidad entre los obreros de la nación oprimida y los de la nación opresora; porque de otro modo, no podrían asumir la política independiente del proletariado y su solidaridad de clase. Pero, al mismo tiempo, hizo distinciones entre los diferentes países. Y en el caso de los coloniales y semicoloniales, planteó que los movimientos democrático-burgueses acababan de empezar , por tanto los socialistas  apoyarían a los elementos más revolucionarios de los movimientos nacionalistas, y ayudarían a la insurrección contra las potencias imperiales. [21]

El núcleo de la estrategia leninista —destacó Carlos Rafael Rodríguez— estaba en comprender que los agrupamientos de clase que se originan dentro de los movimientos nacional-liberadores no pueden ser los mismos que en época de revoluciones socialistas, y que es muy difícil que una revolución de ese tipo comience siendo socialista. El escaso desarrollo de las relaciones de producción capitalistas, el débil o nulo crecimiento industrial, la fragilidad del proletariado, la dependencia económica de la agricultura, la mayoritaria población campesina y la proliferación de la pequeña burguesía urbana, son factores determinantes en esos procesos. Es por ello que entre el proletariado y el socialismo se interpone una vasta masa que es necesario conquistar por un lado y neutralizar por el otro.[22] 

Después de la muerte del líder ruso, algunas de estas ideas fueron preteridas. Pero con el triunfo del fascismo en varios países, se hizo imprescindible un reajuste de las directivas de la IC y se retomaron de nuevo los criterios leninistas. Fueron los latinoamericanos asistentes a la Conferencia de PC de América Latina efectuada en Moscú en octubre de 1934 los primeros en conocerlos.  Por Cuba participaron en la misma Blas Roca, Joaquín Ordoqui y Jorge A. Vivó. La conferencia enfatizó que la revolución agraria y antimperialista estaba estrechamente ligada a la liberación nacional, por tanto, debía producirse una rectificación con respecto a los partidos nacional-revolucionarios y nacional-reformistas, en aras de consolidar la unidad a través de los Frentes Antimperialistas.

El IV Pleno del CC del PCC del 10 de febrero de 1935 planteó pues la necesidad de convertir al Partido en una fuerte organización de masas. Y en tal sentido reorientó sus principales tareas hacia la ampliación del  reclutamiento de miembros con una política más adecuada y convincente, la extensión de  los sindicatos a través de un frente único no solo desde la base sino también desde arriba, la atracción a la masa de campesinos, negros y pequeño-burgueses urbanos, la organización de un frente antimperialista  con participación de partidos considerados hasta ese momento como  enemigos,  la propagandización del programa de la revolución, la ampliación de la lucha ideológica y la modificación del lenguaje agresivo que se usaba hasta ese momento para dirigirse a  otras organizaciones.

“Hemos hablado en nuestro lenguaje, en forma despectiva sobre la patria —afirmó Blas Roca. Debemos decir que estamos por la construcción de una patria libre”. [23]

También explicó que de existir la posibilidad de que un gobierno popular antimperialista no soviético y elementos como Guiteras tomaran el poder y los invitaran a participar, debían aceptar sin olvidar la proclamación del programa comunista.  Si el Partido llegaba a ser suficientemente fuerte para tomar el poder, entonces debían crear un gobierno no soviético, con personas no conocidas como comunistas y darles participación a otros elementos nacionalistas. Todo sin retirar la consigna del poder soviético a escala local.[24]

Sobre sus relaciones con auténticos y guiteristas señaló que en reuniones pasadas se había afirmado que esos partidos estaban en  período de rápida fascistización; que indudablemente habían  elementos  fascistas dentro de ellos, pero que dicha aseveración era exagerada.  Considera pues al PRC como un partido nacional-reformista y a Joven Cuba   más a la izquierda. Que la posibilidad de un Frente Único con Guiteras debía basarse en la independencia ideológica y orgánica del PC, no atacar a sus integrantes y que cada partido hiciera su labor de captación independiente. [25]

Grobart, por su parte hizo una profunda reflexión acerca  de  que las  consideraciones anteriores sobre auténticos y guiteristas  habían sido realizadas a partir de las experiencias de otros países, sin tener  en cuenta  que en Cuba aún  no se había producido  la revolución democrático-burguesa, y por eso lo correcto era participar  junto a la pequeña burguesía en  un gobierno revolucionario. Que la tarea fundamental de la revolución en ese momento no era la dictadura del proletariado, sino democrática de los obreros y campesinos, cuyo filo no iba dirigido contra la propiedad privada sino contra los rezagos feudales, los terratenientes latifundistas, la gran burguesía y el imperialismo.

Por esos días publicaron una invitación a formalizar el Frente Único en el diario La Palabra y luego conversaron por separado con Guiteras y Alejandro Vergara (líder del Partido Agrario Nacional). Pero los acontecimientos se precipitaron y vino la huelga de marzo de 1935.

Ante el llamado del Comité de Huelga Universitario, Joven Cuba   propuso reconsiderar la decisión, pues no triunfarían sin armas y sin una organización capaz de desplegar la insurrección. El PC asumió una postura similar. Sin embargo, ambas organizaciones —al estimar que la huelga era inevitable— decidieron intervenir en ella para darle mayor fortaleza.

Del fracaso de la misma, el PC extrajo dos conclusiones: primero, llegó a la certeza de que sin unidad era imposible la victoria; y segundo, que JC y el PRC(A) estaban en proceso de fascistización. 

No solo los militantes comunistas tenían dudas sobre la actuación de Guiteras. Pablo de la Torriente Brau, dirigente del Ala izquierda Estudiantil creía que abecedarios, auténticos y guiteristas eran responsables del fiasco de la huelga. En su Diario escribió por esos días:

Mientras tanto, dicen que Guiteras, que en lo absoluto ha dado muestras de su famosa acometividad, ha asumido tal actitud porque está preparando su revolución... ¿Qué capacidad de organización ha demostrado esta gente?...Ninguna. Ha habido momentos en que si cuarenta o cincuenta automóviles se hubieran lanzado a la calle a combatir, todo hubiera tomado un cariz distinto (...) Pero esta gente parece que espera organizar, batallones, compañías, regimientos, cuerpos de ingenieros, aviación, etc., etc., para equipararse algún día con el ejército de Batista, (...)[26]

Otros presumían que sus acciones serían inútiles pues el imperialismo impediría el triunfo de un movimiento nacionalista con las características del que preconizaba Guiteras. Así lo refleja una carta de Juan Marinello del 29 de abril:

(...) Los yanquis son demasiado inteligentes para no transigir con un movimiento que enraizado en lo íntimo del cubano popular, signifique una pugna de veras ruinosa para él. Esa Revolución, me dirás, ya la están preparando algunos cubanos sin hoz ni martillo. En efecto, los guiteristas, gente decidida y de empuje, hablan de una revolución agraria y antimperialista para plazo brevísimo. Tienen, sin duda, gentes valientes y dinero. Quizás compren algunos coroneles y ametralladoras y en un buen instante lleguen a Palacio. Nada podrán hacer. Nada, porque el yanqui sabrá, sabe ya que no es esa la Revolución nacida de ese profundo querer popular que te decía, sino la obra de un grupo esforzado —y cegado por un afán heroico o una ambición vulgar, y no tendrán inconveniente alguno en derrumbarlos.[27]

Mientras tanto Joven Cuba redobló sus acciones. Estableciendo un centro de entrenamiento militar en México acordó trasladar a ese país a Antonio Guiteras con el objeto de preparar una expedición que luego desembarcaría por Oriente para iniciar la insurrección.   En ese batallar fueron sorprendidos y asesinados Guiteras y Carlos Aponte, hecho que dio un golpe demoledor al proceso de rebeldía popular en la isla.

Por su parte, el VII Congreso de la Comintern efectuado en el verano de 1935,   permitió esclarecer la esencia clasista del fascismo y la urgencia del enfrentamiento cohesionado de las masas para lograr su derrota. Los comunistas cubanos pudieron hacer, a partir de sus lineamientos, “un análisis crítico de toda su política anterior, descubrir sus debilidades y errores, sacar a flote y esforzarse por liquidar las manifestaciones sectarias de sus vidas (...)[28]

Al regreso de la delegación de Moscú, se efectuó el VI Pleno del CC del PCC   los días 21 y 22 de octubre, en el cual se  examinaron con detenimiento las causas de los errores en la etapa precedente: la inmadurez teórico-práctica del Partido, la influencia de las ideas  trotskistas, la concepción de concebir la revolución "pura" —realizada de "golpe y porrazo"— sin tomar en cuenta  sus etapas inevitables,   la subestimación de la fase de liberación nacional, del papel de las diferentes capas de la burguesía y el campesinado, la falta de atención a las particularidades del país, entre otras.

En su informe, el secretario general puntualizó que teniendo en cuenta las condiciones específicas de la Revolución Cubana, la pequeñez del país, su condición de isla y su proximidad a los Estados Unidos, las nuevas metas debían ser: la organización de un frente único antimperialista, antirreaccionario y antimachadista, el restablecimiento de la ligazón con las masas y la reorganización de los sindicatos y otras organizaciones populares. Para la conformación del Frente Nacional de todas las clases contrarias al imperialismo se dejaría de catalogar a la burguesía y los partidos en bloque, tratando de diferenciar las distintas tendencias, inclinaciones y estados de ánimo.

La táctica del Frente se ajustaba a nuestra realidad y contribuyó a ampliar el movimiento obrero y democrático general. Concretamente se propusieron la creación de dos frentes: uno con Unión Nacionalista y Conjunto Nacional Democrático de proyecciones limitadas,   y otro, más fraternal y duradero, con los partidos Auténtico, Agrario Nacional y Joven Cuba.

Fatalmente, ya en esos instantes, la ausencia de Antonio Guiteras se hacía sentir en las bases organizativas e ideológicas de Joven Cuba; y a la larga, una parte de sus seguidores —resentidos o incapaces de comprender el significado del viraje de los comunistas-  se  disolvió en las huestes del autenticismo o se unió a diferentes organizaciones políticas.

IV. Conclusiones.

Luego de analizar con minuciosidad la documentación original a que he hecho referencia, creo no equivocarme si afirmo que la intervención de los delegados de la Internacional Comunista en las labores del Partido Comunista de Cuba desempeñó un rol muy importante en sus decisiones de esta etapa y, en particular, en las posiciones adoptadas con respecto a Guiteras y otras fuerzas nacionalistas.

Primero porque sus valoraciones negativas hacia el Gobierno de los Cien Días impulsaron la consigna "extrapolada" de la toma del poder a través de los soviets y luego, al afirmar que era un gobierno burgués-terrateniente de "izquierda", que se debía desenmascarar por su falso izquierdismo y demagogia.

Las proyecciones de la IC tenían un fuerte contenido eurocentrista, y al mismo tiempo eran de obligatorio cumplimiento para sus secciones en cualquier lugar del mundo. Se extrapolaban orientaciones tácticas y estratégicas de diferentes contextos, que si no se aplicaban de manera flexible en concordancia con las realidades concretas, producían fallas y errores políticos que podían ser de consideración. La plataforma sectaria e izquierdista emanada de esas orientaciones provocaron dentro del PCC la falta de comprensión de la necesidad de gobiernos transicionales que permitieran, poco a poco, ir a una radicalización del proceso revolucionario. Se pensaba que el movimiento se produciría en forma de saltos y los procesos reformistas y nacionalistas eran momentos de retroceso o, cuando menos, una pérdida de tiempo para alcanzar tareas mayores. ¿Cuánto más podía avanzar un gobierno como el de los Cien Días con la oposición de importantes sectores económicos y sociales, y sin el apoyo de las organizaciones más sensibles a los intereses populares?

La falta de comunicación y las posiciones de intransigencia entre los sectores, organizaciones y líderes revolucionarios no contribuyeron a consolidar la unidad dentro del gobierno progresista, ni posteriormente para enfrentar a los elementos más reaccionarios y proimperialistas regresados al poder. De los resultados de esos duros momentos, surgió la experiencia para otros líderes políticos y nuevas situaciones revolucionarias.

[1]Clase contra clase” fue una táctica del movimiento comunista internacional surgida como respuesta a la traición de varios partidos socialistas europeos que comulgaron con el fascismo y la reacción. La misma fue aprobada en las sesiones   del VI Congreso de la Internacional Comunista (IC) en 1928 y su esencia   consistía  en deslindar el panorama internacional en dos grandes campos  antagónicos: los que estaban a favor del proletariado con los comunistas a la cabeza y  los restantes  sectores en la acera  opuesta. En concordancia, se orientó a las secciones  comunistas que  evitaran cualquier tipo de  acuerdo con esos grupos, que desenmascararan sus posiciones y trataran de ganar a los elementos de base. De hecho esa consigna promovió el sectarismo y la desunión entre las fuerzas que debían contribuir en los cambios sociales.

[2] “Cartas del B(uró) del C(aribe) al CC del PCC”, 26 de mayo y 4 de junio de 1933, Archivo del Instituto de Historia de Cuba (IHC), Fondo Primer Partido Comunista de Cuba (PPCC).

[3] Se encontraban en esos momentos en Cuba el soviético Juan, el canadiense Pedro, el venezolano Ricardo Martínez y el mexicano Rafael Carrillo.

[4] “Acta de reunión del CC del PCC, 29 de agosto de 1933. Microfilmes del Archivo de la Internacional Comunista en Moscú.

[5]
Francisco Wilfredo Calderius López.  (Blas Roca, Martínez, Marcos Díaz, Juan Bueno). Nació en 1908 en Manzanillo. Ingresó al PCC en 1929, fue dirigente obrero de la localidad y estuvo detenido en varias ocasiones. En 1934 fue electo secretario general del PCC como reconocimiento a su labor durante la huelga de agosto y en la constitución del soviet de Mabay.  Participó en el VII Congreso de la IC y dirigió la batalla por una Constituyente Libre y Soberana en 1940. Fue electo representante a la Cámara entre 1940 y 1952,  enfrentó el golpe de estado de marzo de 1952 y organizó las luchas del PSP contra la dictadura batistiana desde la clandestinidad. Al constituirse el actual PCC -en 1965- integró su CC y Buró Político. Falleció el 25 de abril de 1987.

[6] Antonio Guiteras. “Declaraciones”, en El País, La Habana, 16 de septiembre de 1933, tomado de José Antonio Tabares del Real. Guiteras, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1973, pp 298-299.

[7] “Acta de reunión del secretariado ampliado”, 18 de  septiembre de 1933, Archivo del IHC, Fondo del PPCC; e “Informe sobre reunión ampliada del CC, 19 de septiembre de 1933, Microfilmes del Archivo de la IC en Moscú.

[8] Tomado del “Report of Comrade Bell on the sit(uation) of de Cuba”, 3 octuber 1933, microfilmes del Archivo de la IC; y de la entrevista de la autora con el historiador Enrique López.

[9] "Bandera Roja y el 7 de agosto del gobierno de Grau San Martín", en Bandera Roja, La Habana, octubre de 1933, p.1.

 

[10] Más información en José A. Tabares del Real. Guiteras, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1973, pp. 284-287.

[11] Abraham Grobart (Fabio, Junger Simhovitz,  Otto Morley). Obrero  polaco radicado en Cuba,  fundador del PCC y miembro de su CC en 1932, fue deportado y regresó a la isla a la caída de Machado. Ocupó la responsabilidad de  organizador del PCC desde 1936 hasta 1947. En 1951 tuvo que irse a Europa. Integró el CC del nuevo PCC en 1965, fue   Diputado a la Asamblea Nacional y Presidente del Instituto de Historia. Murió el 21 de octubre de 1994.

[12] Antonio Guiteras.”Declaraciones”, en Ahora La Habana,  7 de diciembre de 1933, tomado de José A. Tabares del Real.Obra citada, p. 272.

[13] “Del B(uró) del C(aribe), 19 de diciembre de 1933.  Microfilmes del Archivo de la Internacional Comunista en Moscú.

[14] Antonio Guiteras. “La revolución social se avecina”, en periódico Luz, Año I, No 22, 20 de enero de 1934, p. 1 y p. 11..

[15] “Resolución sobre la situación actual, perspectivas y tareas del II Congreso del Partido Comunista de Cuba”, en Hortensia Pichardo. Documentos para la Historia de Cuba. Tomo IV. Primera Parte, La Habana, Editorial Ciencias Sociales, 1980, pp. 359-381.

[16] Antonio Guiteras. “Septembrismo”, en Bohemia, 1ro de abril de 1934, en Hortensia Pichardo. Obra citada, pp. 389-393.

[17] “La huelga general de 24 horas”, en Archivo del IHC, Fondo PPCC. En ese período, Martín Castellanos y Felipe Alfonso González  se reunieron con el líder de Joven Cuba, a pesar las instrucciones internacionales de no ofrecer respuestas positivas  a ninguna cuestión que propusiera y oponerse a  un frente único  para la insurrección, según plantea Angelina Rojas. Primer Partido Comunista de Cuba. Tomo 1, Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 2005.

[18] "Documento confidencial al CC del PCC",  22 de noviembre de 1934. Archivo IHC, Fondo PPCC.

[19] Carlos Rafael Rodríguez. “Lenin y la cuestión colonial”, en Casa de las Américas, La Habana, marzo-abril de 1970, tomado de José A. Tabares del Real. Obra citada, p 281.

[20] Vladimir Ilich Lenin. "La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación", en: V. I. Lenin. Problemas de política nacional e internacionalismo proletario, Moscú, Editorial Progreso.

[21] Vladimir Ilich Lenin. Obra citada.

[22] Carlos Rafael Rodríguez. “Lenin y la cuestión colonial”, en Letra con filo, Tomo  1, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1983, pp.349-350.

[23] “Acta de la reunión del IV Pleno del CC del PCC”,  10 de febrero de 1935. Archivo del IH, Fondo PPCC.

[24] “Acta de la reunión del IV Pleno del CC del PCC”,  10 de febrero de 1935. Archivo del IH, Fondo PPCC.

[25] Ibídem.

[26] “Del diario de Pablo de la Torriente Brau”, en  Hortensia Pichardo. Documentos para la Historia de Cuba, Tomo IV, Primera Parte, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1980, p.580.

[27] Carta de Juan Marinello a José Antonio Ramos, abril, 29, 1935, en Ana Suárez (comp). Cada tiempo trae una faena... Tomo II, La Habana, CIDCC Juan Marinello y Editorial José Martí, pp. 488.

[28] Fabio Grobart: Trabajos Escogidos, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1985, p 70.

 

* Artículo incluido en el libro en preparación Guiteras 100 años, de Ana Cairo.
 

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