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Ideas de Antonio Guiteras
Olga Cabrera


Se ha hablado en múltiples ocasiones del hombre de acción en Guiteras, pero lo que se nos revela al aden­trarnos en su personalidad son sus vigorosas concep­ciones políticas. No escribió casi nada, por lo que la reacción inevitable sería concluir que no era un hombre de pensamiento. Sin embargo, fue un profundo hombre de ideas, dedicado a la organización minuciosa y detallada de la lucha revolucionaria, gracias a lo cual llegó a tener un conocimiento de sus hombres como pocos dirigentes han tenido.

Si bien cayó por la traición de personas a quienes creyó sus amigos —su actitud ha sido calificada de confiada—, al más ducho le resulta a veces imposible descu­brir la conversión de un revolucionario en traidor, cuestión de gran importancia a estudiar en las coyun­turas revolucionarias. Pero nadie puede negar que co­nocía las debilidades de sus hombres así corno sus valores, y de acuerdo con este conocimiento utilizaba a los hombres en la lucha revolucionaria.

¿Es o no un hombre político quien, interesado en unir fuerzas en la lucha contra el gobierno de Mendieta, Caffery y Batista, reclutaba cuanta persona estuviera dispuesta a ello, pero sin descuidar hasta qué punto, en qué actividades y hasta qué momento se les podría utilizar? Existen anécdotas que nos dan este perfil de su personalidad. Nos refería Newton Briones —compañero de luchas de Guiteras— cómo en Oriente ellos hicieron su entrenamiento durante la lucha contra Machado en la finca de un rico norteamericano. Cuando "Toni" asume la Secretaría de Gobernación, este pide licencia para portar armas. Briones se lo plantea a Guiteras, y la respuesta fue contundente: "Si le damos una licencia a este individuo, le tenemos que dar un arma a cada guajiro para que se defienda contra él".

En varias ocasiones algunos de sus compañeros —por ejemplo, Tatica Jordán, Newton Briones, Vicente Grau— fueron ante Guiteras a manifestarle su inquietud por algún gángster que había en la organización. Su respuesta, con el humor que le era característico: "¿Y quién mejor que ellos para las acciones que realizamos en estos momentos?" Pero les aseguraba que después de la victoria no tendrían participación en el poder.

En otra ocasión le diría a Briones en tono jocoso: " ¿Crees tú que después de la revolución Pablo Beola [millonario tesorero de la organización] será nuestro ministro de Hacienda? Lo más probable es que tendríamos que encarcelarlo".

Un aspecto menos conocido es su pasión por la lectura. Poseía una cultura excepcional para su edad. Su perso­nalidad, desdibujada por la propaganda, se había pre­sentado como la de un gángster insensible y cruel. Sin duda, era, al mismo tiempo, el hombre capaz de ajus­ticiar por traidor a su antiguo amigo "Chano" Penabaz y recitar a Baudelaire, José Asunción Silva, así como leer una y otra vez a Edgar Allan Poe, Oscar Wilde, Barbusse, Rodó. Sentía una especial predilección por las parábolas de Motivos de Proteo. En ellas se resalta el valor de la tenacidad y de ellas emana un gran optimismo; se explica que haya sido una de sus lecturas preferidas, pues éste era uno de los rasgos sobresalien­tes que de continuo se manifestaba en la lucha del joven revolucionario. Señalaban sus compañeros que cuantas veces les había presentado algún plan, por riesgoso que fuera, lo hacía con tal seguridad, confianza, serenidad y convicción en el éxito, que les parecía a todos factible.

Su optimismo se expresaba hasta en la concepción sobre la trascendencia de su muerte. Poco antes de par­tir para "El Morrillo", le diría a Vicente Grau: "No te preocupes por mi vida, tú no sabes cómo se le sirve mejor a la revolución si vivo o muerto." Fue también lector apasionado, fundamentalmente, de libros que tenían contenido social. Una de sus últimas lecturas fue la novela El cemento, de Fedor Gladkov, en que se plan­tea la problemática de la sociedad soviética en los pri­meros años de la revolución.

Aunque inconexas, hay una serie de ideas expresadas por Guiteras, fundamentalmente entre 1933 y 1935, que pueden ilustrar acerca del hombre que fue aquel joven revolucionario que sólo contaba 28 años a su muerte. Es interesante destacar su declaración del 10 de diciem­bre de 1933 —ya se conspiraba contra la revolución— ­en que ratificó ante los periodistas: "Yo soy de izquier­da. Y ahora me siento bien, y dispuesto a que se cum­pla y triunfe el programa de la revolución." ¿Y cuál era el programa de la revolución que se planteaba Gui­teras? A través de entrevistas y declaraciones, podemos reconstruirlo en alguna medida.

Desde los primeros momentos define su actitud acerca del sentido en que debían tomarse medidas para solu­cionar el problema nacional. Por eso plantea a Carleton Beals: "Somos un gobierno provisional, pero debemos actuar como si fuéramos un gobierno permanente." La necesidad de independizar al país económicamente del imperialismo norteamericano es lo que determina todas sus proyecciones durante su corta estancia en la Secre­taría de Gobernación. El joven revolucionario trata de solucionar los problemas nacionales más candentes sin contar más que con su propio programa, ya que el go­bierno carecía de él. El programa del DEU enfocaba superficialmente estas cuestiones, y el suyo, redactado en 1932, aunque no es más que un esbozo preparado en la clandestinidad, refleja sus ideas del momento. Pero la realidad, mucho más compleja, le exigía solu­ciones a la problemática nacional que iban mucho más allá de las ideas programáticas presentadas hasta el mo­mento por ningún grupo, en medio de una lucha por el poder y con la amenaza continua de intervención. Por eso solicita de los obreros y las organizaciones de izquierda que apoyen a este gobierno. Casi dramáti­camente les expresa: "Las empresas extranjeras, ene­migas del obrero, reducen sus jornales, despiden a sus empleados y a esta provocación, el obrero, sin darse cuenta de la verdadera realidad, se lanza a la huelga.

Es necesario que el obrero se dé cuenta de la verdadera realidad en que vivimos; le sería a las masas imposible apoderarse de los poderes y en lugar de enfrentarse a este gobierno revolucionario, debían colaborar junto a él, para obtener las reivindicaciones inmediatas y necesarias a la clase obrera, y no ser un obstáculo al servicio de las empresas imperialistas".

Eran momentos en los cuales Sumner Welles exigía con presión cada vez más insistente la intervención en Cuba. La embajada norteamericana había seguido con preo­cupación todos los pasos de Guiteras. El 2 de diciem­bre informaría al Departamento de Estado de sus "pro­pósitos de formar un gobierno de extrema izquierda" y poco después añadiría: "Es posible que si la solución se dilata, la revolución social que se está efectuando no pueda ser detenida.”1 Para presionar al gobierno, los destructores norteamericanos se mantuvieron en po­sición amenazante frente a los principales puertos y ­bahías cubanos durante este período. Pero Guiteras no se inmuta, y da instrucciones de respuesta inmediata a cualquier provocación imperialista.

En la esfera económica también se prepara, y para romper el bloqueo, piensa convertir La Habana en "el primer puerto de distribución de la América". Para él la escasez de alimentos en nuestro continente hacía po­sible y necesaria para los restantes países latinoameri­canos las relaciones comerciales con Cuba.

Hacia dónde pretendió llevar la revolución lo definiría más tarde todavía en el poder, cuando expresó que la orientación del gobierno debiera ser el "socialismo de estado".

Como Martí, repitió en esa misma ocasión que debía llegarse cuanto antes "a la reconquista de la riqueza, que el cubano tenga independencia económica, que es el basamento sólido en que puede descansar la indepen­dencia política. . . "

Añadiría a continuación, acorde con los nuevos tiempos y mostrando que conocía la experiencia revolucionaria del pueblo ruso: "Pero el Estado no debe permitir que la propiedad reconquistada vuelva a las manos privadas, evitar que se manifiesten nuevamente los vicios de la economía burguesa".

En la entrevista con Carleton Beals insistiría acerca de esta cuestión: "Tenemos que tener independencia económica. La independencia política no significa nada. Nosotros podríamos conseguir independencia política fácilmente pero la perderíamos enseguida." Y ante la pregunta: "¿Y la independencia económica?", respon­dió: "Quiero decir una sociedad productora, con los medios productores en manos del pueblo cubano, no controlados por el capital extranjero ausente, protegido por un gobierno servil basado en la tiranía militar. Esta, como es natural, está fuera de nuestro problema inmediatamente de echar a andar la máquina económica y terminar inmediatamente el desempleo y el hambre." Y a la pregunta: "¿En manos de qué cubanos iría a parar la producción?", exclamó: "En manos de todos los cubanos que trabajen y produzcan".

En 1934, después de la derrota revolucionaria, explica­ría todavía más claramente por qué había participado en este gobierno: "... Había llegado el momento de imponer un programa mínimo que de un modo lento nos pusiese en condiciones de enfrentar en un futuro no lejano la inmensa tarea de la revolución social que a pesar de todas las dificultades se avecina, rompiendo todas las barreras que la burguesía ha levantado para impedir su paso." Y continúa más adelante: "Actualmente estoy en la oposición y lucharé por el estableci­miento de un gobierno donde los derechos de los obre­ros y campesinos estén por encima de los deseos de lucro de los capitalistas nacionales y extranjeros."2

Sus ideas acerca de la necesidad de una revolución social son evidentes. Esto quedaría todavía más claro en su trabajo "Septembrismo", escrito en 1934, que constituye, al mismo tiempo que una fundamentación de su actitud política en el gobierno del 4 de septiem­bre, un programa, cuando señala "el poder, imposibilitado de hacer la Revolución, no significa nada para nosotros. Su único objetivo en nuestras manos era la de instrumento para hacer la Revolución." En este mismo trabajo aclara cómo su programa realmente no fue el del DEU, cuando explica que "no podía detenerse sim­ple y llanamente en el principio de no intervención" y que, para llegar hasta la raíz de nuestros males, era preciso el "antimperialismo económico", lo que hizo "retroceder a muchos antingerencistas". Explica enton­ces cómo lo abandonaban "ante los decretos que, como enormes martillazos iban rompiendo lentamente esa má­quina gigantesca que ahoga al pueblo de Cuba como a tantos otros de la América Latina". Y observa cómo esa revolución antimperialista, "conjuntamente a la be­ligerancia reconocida al proletariado, no obstante la actuación aislada de algunos miembros del Ejército, era para nosotros toda la Revolución".

La situación de los humildes le preocupaba porque sintió y vivió como ellos y les dedicó su vida. Se quiso identificar con el pueblo; su sencillez y toda su conducta significaron una ruptura con el conservadurismo de los políticos tradicionales. Son conocidos los ataques que recibió de la prensa por su inasistencia a las fiestas de fin de año y su respuesta provocadora de "que no iba porque no tenía chaqué."

Es indudable que las concepciones de Guiteras sobre la revolución no se detenían en la toma del poder. Este sólo significaba un instrumento para realizar las trans­formaciones sociales que soñaba el revolucionario. Du­rante su corta estancia en el poder bien pronto expre­saría sus inquietudes hacia las "clases que sufren". En una entrevista publicada el 14 de octubre manifiesta sus propósitos de "proteger a las clases explotadas, a ­las sumidas en la miseria y la desigualdad". Diría, en fin, que aspiraba a un gobierno "en pro de obreros y campesinos."

Expresaría en diversas ocasiones su preocupación en cuanto a la situación del campesinado. En la entre­vista antes mencionada dice: "La propiedad será respetada, pero tendrá que haber una mejor distribución para el cultivo de la misma entre el campesinado pobre. Se reglamentará el cultivo forzoso de la tierra. No podrán permanecer improductivas las tierras. No ocu­rrirá lo de ahora, que hay predios rústicos dedicados a determinada explotación, que sólo constituyen un producto de interés personal. El propósito del Gobierno es expandir la ganancia en colectividad, dentro de los medios más adecuados de producción en el trabajo y las utilidades".

Su inquietud por el desempleo en el campo es evidente. Dice el 14 de diciembre de 1933: "Dentro de un mes el plan de reconstrucción agrícola estará en marcha. El mismo podrá dar trabajo a 20 000 familias. No se cultivará caña, sino otros productos que tiendan a independizarse del monocultivo azucarero que ha convertido a la República en una Colonia de los Esta­dos Unidos." Continúa refiriéndose al tipo de ayuda que se le ofrecerá a estos campesinos a quienes se les entregue la tierra: "... No se les facilitará dinero, sino instrumentos de labranza y víveres necesarios hasta aguardar el resultado de las cosechas. Las tierras que sean repartidas entre las familias, preferentemente indigentes y desocupadas, serán tomadas de las expro­piadas al machadato." Más adelante, señala: "Se fo­mentarán granjas colectivas y cooperativas agrícolas para aprovechar mejor los recursos mecánicos para la producción. Habrá también centros de cooperativas para la utilización de recursos mecánicos de mayor importancia, así como para la distribución de la pro­ducción." No cabe duda que estas ideas provenían de las lecturas sobre la revolución rusa. ¿No es semejante este proyecto a las estaciones de máquinas y tractores creadas durante el primer plan quinquenal en la agricultura soviética?3  El planteamiento de la ayuda al campesinado tenía su tradición en Cuba, pues todos los que analizaron desde un punto de vista u otro el problema del latifundismo clamaron desde el princi­pio de la república por ayuda para los campesinos; pero la forma en que él pensó aplicar esta ayuda sí parece proceder del conocimiento de la experiencia soviética. Según se desprende de sus declaraciones concebía la posibilidad de ir a la socialización de la tierra partiendo de un ensayo de granjas colectivizadas por provincias.

En un artículo publicado en Ahora con fecha 15 de diciembre de 1933, Guiteras expresa su propósito de investigar las propiedades para expropiar aquellas tierras del estado que hubieran sido usurpadas por los geófagos. Se añade que estas tierras serán utilizadas en correspondencia con el plan de reconstrucción agrí­cola y repartidas entre los campesinos, convirtiéndose en granjas colectivas. Su corta estancia en el poder no permitió que sus ideas en este sentido se llevaran a feliz realización. Lo que sí quedó fue la entrega de las tierras que pertenecieron a Machado a gran número de campe­sinos sin tierra. En la entrevista con Carleton Beals ase­guraba que para marzo de 1934 ya tendría asentadas sobre la tierra a más de 30 000 familias. Reiteraba, con una gran sensibilidad hacia el sufrimiento de los pobres: "Mientras el pueblo tenga hambre, no podemos tolerar que existan tierras inútiles en Cuba, no importa a quien pertenezcan." Es evidente que no sólo se refería a la tierra de los machadistas, sino a la posibilidad de expro­piar otras tierras en beneficio del campesinado.

Las posibilidades de hacer una revolución social fueron frustradas con la caída de Grau y por eso Guiteras re­nuncia. La entronización en el poder del gobierno reac­cionario de Mendieta lo coloca en la ilegalidad. Así, a medida que transcurrían los meses del año 1934 eran más difíciles las condiciones para "Toni" Guiteras, quien encarnaba los intereses del pueblo y con mayor claridad interpretaba el momento político. Es en buena medida la actividad de Guiteras con la "Joven Cuba", la que mantiene en jaque continuo al gobierno de Mendieta, Caffery y Batista. Y ante la farsa del gobierno de llevar a cabo transformaciones sociales, él alertó que si el golpe contrarrevolucionario se había dado para colocar la república en manos de las fuerzas imperialistas, "no podía concebirse ningún cambio más que con intención de engañar al pueblo con una falsa promesa". 4 Y así se lo advierte a aquellos que, de buena o mala fe, se dejaban engañar; no podía esperarse nada de aquel gobierno cuya traición había sido premiada con el reconocimiento inmediato, "precio de su apostasía". Con "Enmienda Platt" o sin ella, mantenían al pueblo en un estado de semiesclavitud. No se puede admitir, por eso, las pretendidas garantías de una lucha electoral, y advierte a quienes se han dejado engañar, que el apoyo que le ofrecen al gobierno al reconocerle una posible imparcialidad en las elecciones, "será inútil, porque el agradecimiento de Batista y del gobierno no será suficiente para romper los lazos que les unen a las fuerzas imperialistas". Sabía que para hacer la revolución había que enfrentarse al imperialismo, porque "un movimiento que no fuera antimperialista en Cuba, no era revolución, pues sus intereses eran incompatibles".

Notas:

1- Foreign Relations of the United Staves, 1933, Departamento de Estado, Washington, 1952.

2- Luz, 20 de enero de 1934.

3- Recuérdese que ya en 1932 había triunfado el primer plan quinquenal.

4- Ahora, 12 de julio de 1934.

p. 39 – p. 47

Tomado del libro Antonio Guiteras. Su pensamiento revolucionario. Olga Cabrera. Editorial de Ciencias Sociales. Instituto Cubano del Libro, La Habana. 1974.

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