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Guiteras y la Revolución*
Fernando Martínez Heredia La Habana


Para Roberto Fernández Retamar

1. La revolución y Guiteras

En los últimos años una creciente literatura histórica de mayor profundización está aportando conocimientos ciertos acerca del tercero de los procesos revolucionarios cubanos: la Revolución del 30. Todo logro historiográfico de importancia es a la vez, de algún modo, una función del presente que lo produce, y este no es una excepción. La revolución iniciada en 1953 estimuló primero con su existencia y sus necesidades, y ha ido brindando bases después con el desarrollo de la cultura política y de las capacidades intelectuales de los cubanos, la recuperación y el examen de los hechos y las ideas de aquella revolución previa del siglo xx que planteó nuevos problemas dentro de una continuidad de luchas nacionales, y cuyo estudio constituye una ayuda inapreciable para la comprensión del proceso revolucionario actual.

Este trabajo intenta aprovechar el estado a que han llegado esos estudios para proponer una reflexión muy específica: el análisis de las relaciones existentes entre la actividad personal de Antonio Guiteras y el proceso social mismo en el cual Guiteras actuó.1 Sin pretensiones excesivas —falta mucho todavía por andar en estos campos—, este texto responde, sin embargo, a mi convicción de que el problema del papel de la personalidad revolucionaria y de la eficacia que alcance como portadora de las ideas más avanzadas en una situación determinada es uno de los problemas teóricos —y prácticos— más importantes con que nos encontramos al abordar las revoluciones contemporáneas. La personalidad de Guiteras es demasiado atractiva para que podamos sustraernos a uno de los problemas que el estudio de su vida nos sugiere con fuerza: ¿hasta dónde puede el héroe revolucionario adelantar un proceso social?, ¿cómo interactúan el dirigente y las condiciones históricas determinadas en las que se mueve, y a las cuales intenta modificar, liquidar o encauzar?

Al estudiar la vida de los revolucionarios más ilustres, encontramos una primera etapa en la que reciben sucesivas y simultáneas influencias culturales de diverso tipo, cuya apropiación individual mediante aceptaciones y rechazos los hace ser y comportarse de un modo dado; esto rige la formación de sus criterios, sus afinidades y modelos de conducta, probablemente hasta la muerte. Esa primera etapa formativa —en realidad común a todas las personas— es violentada después en el caso de los revolucionarios, en la medida en que su acción y su pensamiento reten o choquen con los fundamentos del orden social de dominación vigente, que son el centro y la clave del fino entramado social en que viven presos todos los individuos de una sociedad de clases determinada. Esa nueva experiencia es decisiva, aunque el individuo la incorporará desde su estructura subjetiva, es decir, desde su individualidad. Si continúa siendo revolucionario, ella lo irá transformando hasta convertirlo en una persona irreductible a engranar otra vez en el orden social establecido.

Se trata nada menos que de ir contra la actividad de conjunto sobre la cual descansa el sistema, contra la producción de la vida vigente, como diría Carlos Marx. Nunca se insistirá demasiado en que la burguesía no gobierna por simple dominio de las condiciones de producción, sino sobre todo a partir de su sistema político e ideológico y de una formidable cultura de dominación que es consumida habitualmente por todos, de mil maneras. El axioma marxista de que las ideas dominantes en una sociedad son las de su clase dominante se dice pronto, pero el combate terrible por liquidar el sistema social que las sustenta y sustituir al mundo tan resistente de las ideas burguesas por una nueva cultura de la humanidad liberada es y será por mucho tiempo el contenido de una prolongada etapa histórica que apenas comienza, la época de las revoluciones socialistas.

No puedo apuntar en este espacio, ni siquiera someramente, los rasgos y problemas principales de la Cuba del primer tercio del siglo xx, ni de los enfrentamientos entre dominación y revolución. Atiendo entonces solamente al tema de la personalidad. El proceso revolucionario real es muchísimo más complejo e impredecible que la idea más exacta que se tenga de él. El revolucionario ha de navegar, en todos los casos, en esa borrasca; sus ideales y la fidelidad —a la causa, la organización, el líder— son su última razón ante las situaciones más duras, los errores, el desaliento o las dudas. El dirigente revolucionario —y ese es el caso que examino aquí—, debe estar más adelantado que el medio político en que se mueve, encontrar los caminos, sostener el rumbo, hacer elecciones y tomar decisiones difíciles, con mayor conciencia de los riesgos que se corren en caso de error, de la parte de razón y de justicia que se vio obligado a echar a un lado, de la porción de futuro que ha comprometido en las decisiones que, sin embargo, eran acertadas respecto a su problema principal o perentorio. Sabe además que sintetiza y simplifica lo que es por naturaleza contradictorio y plural, para poder arrastrar tras sí todas las voluntades tan diversas y unificar las actuaciones. Tanto saber doloroso se completa cuando el dirigente ha abrazado la concepción de que sólo el socialismo traerá la liberación verdadera y de que sólo la actividad consciente y soberana de las masas traerá el socialismo.

Los iniciadores —Guiteras fue uno de ellos— rompen con la conciencia vigente, y comunican ese gran esfuerzo suyo a muchos, pero deben enfrentarse angustiosamente a las recaídas de sus propios seguidores en las formas de conciencia y de vida de los dominadores, a las tendencias a mantenerse dentro de las conductas y creencias conocidas —que parecen ser las únicas conductas y creencias posibles—, y al poder aplastante y abarcador del enemigo, todavía no quebrantado. Su madurez encarna entonces en buscarles viabilidad a sus proyectos. Pero a muchos no les es dada la oportunidad de cumplir esa tarea; para ellos la victoria de su vida es convertirla en ejemplo y en experiencia para los revolucionarios que le sucederán. Su destino se condensa en el verso de Carlos Liebknecht: “a nosotros sólo nos ha sido dado sembrar”.

Me asomo a Antonio Guiteras Holmes, desde ese primer tiempo en que el individuo es sobre todo sus circunstancias. Leyendo acerca de su familia, su infancia y años juveniles, se concluye fácilmente que él adquirió desde muy temprano instrumentos idóneos para sobresalir y para enfrentar altos designios.2 Hijo de una familia cubana muy distinguida y de alto nivel cultural, hogar estable de clase media, educación muy por encima del promedio de su grupo social y vivencias en dos culturas diferentes, políglota, de voluntad cincelada y tradiciones patrióticas muy sentidas, estos fueron factores que indudablemente le ayudaron a ser dueño de sí mismo, personalmente honesto, decidido, dispuesto a abrazarse a ideales, radical, analítico. La república en que crecía —si fuera posible comparar un país a una persona— tuvo una formación muy diferente. Entre 1920 y 1927 —los años de estudios medios y universitarios de Guiteras— el modelo neocolonial extremó sus contradicciones e imposiciones, y comenzó a deslizarse hacia su crisis, y el sistema político republicano apeló sucesivamente a la democracia muy corrompida y al autoritarismo que llevó a la dictadura machadista. El país comenzó a tomar conciencia de su crisis. La protesta combativa de sectores obreros se organizó en federaciones sindicales, y la denuncia de intelectuales adquirió relevancia; el movimiento estudiantil de 1923 abrió paso a un planteo profundo de los problemas del país, con una vocación práctica que llevó a su vanguardia —dirigida por Julio Antonio Mella— al encuentro de los sindicatos y de formas de concientización y organización revolucionarias.

El adolescente secundó el movimiento de Mella en el Instituto de Pinar del Río, la ciudad en que vivía desde 1914. Desde su actividad en el Instituto, el joven Toni manifestó su rechazo al intervencionismo norteamericano en América La tina, la injerencia en Cuba y la Enmienda Platt, una actitud que estaba ganando terreno en esos años. En la Universidad (1924-27), al contrario, le tocó vivir el retroceso de la protesta estudiantil, la exclusión de Mella y sus compañeros, y el entreguismo al gobierno de Machado. Pero Guiteras fue a contracorriente. En el nuevo ambiente habanero amplía su formación, y su propensión a luchar por la libertad y la justicia lo llevan a relacionarse con los contrastes sociales, con tipos humanos inconformes e interesantes, y con las actividades de protesta. Participa en aquella tremenda jornada antimperialista de marzo de 1925 en que Mella es llevado a juicio, aclamado por la multitud y, agitador desafiante y conductor, es golpeado por los esbirros. Preso a fines de noviembre, Mella va a la huelga de hambre, y el joven estudioso y díscolo ante los abusos del nuevo poder organiza la solidaridad con Mella en Farmacia. Le faltan tres meses para graduarse cuando en marzo de 1927 surge el Directorio Estudiantil contra la Prórroga de Poderes de Machado. Sus compañeros lo eligen por Farmacia; enseguida es uno de los líderes de aquel Directorio radical antimperialista, junto a Gabriel Barceló, José Chelala, Eduardo Chibás, José Elías Borges, Reinaldo Jordán. Son nombres nuevos en letra de molde, pero la revolución próxima los hará conocidos. El DEU del 27 alcanzó resonancia nacional. Guiteras se gradúa, pero todavía asiste a alguna asamblea y firma con sus compañeros; de todos modos ya no le alcanza la represión que pronto los expulsará de la Universidad.

Estas primeras vivencias de actividad cívica y elección política son muy marcantes; Toni las vive además en el medio estudiantil, algo que era normal dada su procedencia social. Pero Guiteras no será uno de los líderes estudiantiles de la Revolución del 30. La muerte del padre en junio de 1927 lo pone a la cabeza del hogar, el joven farmacéutico devendrá viajante de medicina por imperativo económico, y el viajante se moverá por todo Oriente, esa tercera parte de Cuba que había aumentado tanto su importancia económica y su población durante la república. Pero tampoco es el tipo de activista estudiantil que abandona la política al graduarse y pasar al mundo del empleo. Sus ideales se verán obligados ahora a ejercitarse en el país verdadero de superexplotación, incultura, conciencia política atrasada, pero también de rebeldías populares alimentadas por la fuerte tradición mambisa, las enormes contradicciones sociales y los anhelos patrióticos de soberanía y democracia. Todavía firmará un manifiesto con otros diez miembros del DEU del 27 en junio de 1931, en el que llaman a ir más allá de derrocar la dictadura, y detallan un programa avanzado de medidas para ser aplicadas por un gobierno provisional revolucionario. Pero desde antes de la muerte de Trejo sus vínculos fundamentales están en Oriente, donde Guiteras practica la única política que considera acertada: la conspiración para derribar por la fuerza a la tiranía e iniciar un proceso revolucionario.

Su brújula política, el antimperialismo, ya estaba siendo sometida a la prueba de las nuevas situaciones y necesidades nacionales, y esto se acentuará durante los años 30. El estudio en detalle de esa corriente y de sus vicisitudes es crucial para comprender gran parte de la historia de aquel proceso y de las ideas revolucionarias en Cuba. Al inicio de los 30, el antimperialismo le franquea a Guiteras un primer logro relevante en su posición política: la lucha inmediata e ineludible debe ser para derrocar a Machado, pero ella no es un fin en sí. En ella coinciden el anhelo popular y el señuelo que utilizan los políticos tradicionales oposicionistas —es un gozne de motivaciones muy diversas—, pero es sólo una vía para promover una revolución que tiene tareas más ambiciosas y complejas que derrocar una dictadura, y debe lograr efectos sociales trascendentales. Por la rigurosa consecuencia con que asumió y sostuvo ese principio en su práctica revolucionaria, Guiteras se colocó siempre en un medio ideológico ajeno y opuesto al de Menocal, la Unión Nacionalista, la Junta Revolucionaria y el conjunto del antimachadismo burgués.3

La segunda conquista de Guiteras en su posición revolucionaria es la convicción de la necesidad de la insurrección armada popular, organizada previamente por un grupo de conspiradores, como instrumento idóneo para alcanzar el poder y desatar la revolución. Su gran identificación con la tradición nacional debe haber aportado el alma y la confianza de esa certeza suya, ratificada por los textos que estudia acerca de experiencias europeas y de la revolución soviética; la propuesta teórica marxista sobre la violencia era como un aval a las prácticas revolucionarias cubanas. Pero la entrega personal a la conspiración y la lucha armada es lo decisivo. La experiencia de involucrar su vida y tantas cosas valiosas, de cambiar de objeto sus conocimientos técnicos —de preparar medicamentos a preparar bombas y granadas—, de ponerse en contra del orden establecido, alimenta su preparación y sus reflexiones. Participó frontalmente en la insurrección de agosto de 1931, fue capturado por el ejército y estuvo cuatro meses preso. Además de las nuevas vivencias y de las relaciones personales que hizo, Guiteras le sacó el máximo provecho a su aventura: a) la insurrección debe prepararse con toda responsabilidad, y hay que lanzarse a ella con decisión; b) los viejos políticos no están dispuestos a eso, sino a aprovecharse de las ansias de lucha populares; 4 y c) es necesario crear una organización independiente para preparar la acción y para dirigir la revolución.

Un tercer aspecto de su posición revolucionaria se había puesto en juego en aquel episodio: su combinación de practicismo unitario con aferramiento a los principios. A pesar de su ideología, Guiteras aceptó ser uno de los miembros de la dirección insurreccional de la Junta Revolucionaria de Oriente; los viejos políticos apostaron a sacar provecho a las virtudes y relaciones del joven, que además les parecía de su clase. En realidad, él salió ganando la gente que pudo atraer a su núcleo revolucionario, tomándola de donde era posible: los que se mostraban rebeldes en la práctica, aunque su conciencia política no estuviera todavía libre de la sujeción a símbolos y hombres de la vieja política. En lo que no tuvo éxito fue en obtener de esos viejos políticos medios materiales para la lucha que siguió en 1932-33. Pero Guiteras mantuvo su estrategia. Unió disímiles grupos rebeldes locales por todo Oriente, con los cuales fundó Unión Revolucionaria, organización de lucha armada para la revolución verdadera, que tuvo estructura permanente, preparó militantes y cuadros, acopió armas y cotizaciones, y realizó numerosas acciones.5 Y al mismo tiempo auspició un Frente Único Revolucionario oriental, sin éxito. Envió a un segundo suyo a conversaciones con la Junta de Nueva York, también infructuosas, antes de lanzarse a la insurrección del 29 de abril de 1933. La toma de San Luis y algunas otras acciones —y lo ambicioso del plan— ratificaron al país la beligerancia de un sector revolucionario oriental de posiciones radicales.

La “Mediación” imperialista iniciada dos semanas después, los cambios introducidos en la política antimachadista, el desencadenamiento de la crisis revolucionaria y la caída de la tiranía permiten apreciar la dimensión ya alcanzada por Guiteras en aquel verano de 1933. La decisión intervencionista de poner fin al machadato eliminando toda posible salida revolucionaria y utilizando servidores seguros —y la soberbia de su ejecutor Welles— separó claramente a los opositores a Machado ante los ojos de la nación: los que se sometían al dictado yanqui, y los que no. Como política metropolitana llegó demasiado tarde después de tanto respaldo a la dictadura, como nueva política —iba a nacer el Buen Vecino— fue todavía de viejo cuño, y demasiado torpe. Pero también fue lógico que se convirtiera en la esperanza de los que se oponían a la vez a Machado y a una revolución. La organización clandestina ABC, surgida en 1931, propiamente el primer intento desde el campo burgués antimachadista de llenar el vacío político en que el desprestigio del sistema estaba colocando a las clases dominantes, había ganado bastante prestigio por sus acciones y su lenguaje, a pesar de proponer un nacionalismo sin antimperialismo y opuesto a la izquierda. Su colaboración inmediata e incondicional con Welles constituyó, a mi juicio, un error gravísimo: la primera organización burguesa que realmente era hija de la revolución y no una rémora del pasado se entregó simplemente al procónsul extranjero, por intereses mezquinos y costumbre cipaya. Inició así un papel subalterno y contrarrevolucionario que mantuvo durante todo el período crítico de 1933-35. Desde el punto de vista histórico, se suicidó como alternativa política postrevolucionaria, aunque al estudiar los hechos de ese bienio hay que apreciar su acción y su influencia, y el curso del desgaste que sufrió. En esos años Guiteras supo comprender el peligro de que esta nueva organización de origen antimachadista concurriera a la formación de un nuevo bloque reaccionario; por eso fue siempre antiabecedario, en todas las circunstancias diversas de la política desde aquel verano del 33 hasta su muerte.

Los mediacionistas hicieron gestiones para desactivar la violencia revolucionaria, como parte de la política de Welles. A sus ojos, Guiteras, profesional joven de apellido viejo y distinguido, que ha tenido relaciones con viejos políticos, pudiera entender llegado el momento de poner en la balanza sus méritos de combatiente audaz para obtener un lugar en la mesa de la Mediación y en el reparto de poder que seguirá a la salida de Machado. Pero en una revolución cada individuo se determina por su actitud y su actuación, no por su origen social ni sus creencias previas. Activista estudiantil, conspirador, alzado o jefe de una organización de acción, lo que le da continuidad y sentido a la actuación de este hombre es su ideal revolucionario: antimperialismo radical unido al objetivo de cambiar el destino de los humildes de Cuba. La consecuencia y la firmeza, las experiencias y el análisis, lo han ido madurando, pero es obvio que sus características personales fueron el elemento imprescindible para que esa maduración se produjera. Tres veces trataron de convencer al que ahora era un dirigente rebelde de Oriente, armado y puesta a precio su cabeza. Sus negativas lacónicas formaban parte de la leyenda guiterista cuando yo era un niño. El tercer emisario fue un miembro de la Célula Directriz del ABC, al que escuchó durante tres horas, y le contestó con una sola frase: “hay que saber encontrar el camino del honor y seguirlo, aunque nos cueste la vida”.6

El arranque y la expresión están dentro de la mejor tradición de intransigencia de nuestras revoluciones7. Pero más que el metro heroico impresiona su sentido profundo: lo esencial no se negocia, vale más quedar solo momentáneamente si es preciso, pero depositario de los principios revolucionarios.

Y llegamos al cuarto aspecto. Sus prácticas, sus análisis de la situación cubana y los estudios de otras experiencias y de la teoría revolucionaria marxista llevaron a Guiteras a la convicción de que la liberación efectiva de la nación cubana sólo podría alcanzarse mediante la revolución socialista. Este hombre singular, decidido y temible en la acción, leía incansablemente, estudiaba a Lenin, Ramiro Guerra, Jaurés, Bujarin, Emilio Roig, John Reed, las Constituciones mexicana y soviética y el proceso de la URSS, mantenía una sólida relación con un líder comunista oriental y seguía con pasión la lucha de Sandino. Pero las lecturas han sido el alimento de una entrega personal y una convicción expresadas en su práctica vital. El jovencito estudiante escogió ser antimperialista y antimachadista, el joven doctor prefirió olvidar la Endocrinología y no llegar a tener su farmacia; el preso político es enfermero y asistente social de humildes; el clandestino “Marcos” no mira más a los doctores y antiguos coroneles que lo halagan sino a los militantes abnegados que lo acompañan y lo siguen8 y a la masa de los humildes entre los cuales encuentra refugio y ayuda, la masa a la que hay que infundir autoconfianza y movilizar, para que su conciencia y su actuación pongan al alcance de Cuba el socialismo.

Guiteras es ya un revolucionario formado. Su rumbo está decidido: la lucha armada, desatar la revolución contra el imperialismo y la burguesía, por la causa del socialismo. Piensa que la revolución es posible, y entiende que ella debe sujetarse a etapas imprescindibles que garantizarán su viabilidad. Al analizar su vida y su época hay que concluir, además de lo que con justicia se dice de él, que Antonio Guiteras es uno de los iniciadores del comunismo en Cuba, que su actuación y sus ideas políticas forman parte de la tradición cubana de pensamiento y luchas por la revolución socialista de liberación nacional.

Guiteras se mantiene vigilante del curso de la política nacional, pero al revés que otros oposicionistas, redobla su esfuerzo para la lucha armada; prepara una nueva fase en Oriente, a partir de asaltar el cuartel de Bayamo y establecer una guerrilla rural. La guerra es política, por eso denomina al proyecto “Plan de Bayamo, contra la Mediación”. Entonces cae la dictadura, el 12 de agosto, entre la crisis del apoyo militar al régimen y la imposición por Welles de un títere en la presidencia, por un lado, y por otro la huelga general y la furia del pueblo desatado. Toni se traslada de inmediato a Santiago y proclama allí ante el pueblo su repudio total al nuevo régimen y al imperialismo —un acto cuya honda trascendencia política muchos no entendieron—, declarando que permanecerá en rebeldía armada hasta que el gobierno derechista sea sustituido por un poder revolucionario. En las tres semanas febriles que siguieron, el viejo orden que había estado vigente más de 30 años se siguió descomponiendo, ahora con gran celeridad. Reitero mi imposibilidad de tratar aquí siquiera someramente el proceso histórico, sólo anoto que con la crisis revolucionaria se abrió un período fundamental de cambios de la primera mitad de este siglo en Cuba.

La actividad política de Guiteras se multiplicó en esas semanas, en Oriente y en un viaje que hizo a La Habana. Aquí se relacionó con Sergio Carbó, habló con diversos factores opuestos al gobierno y conoció algunos nuevos actores que pronto compartirían con él el drama que se avecinaba. Al regreso explicó a sus partidarios y a otros revolucionarios orientales la endeblez real del nuevo gobierno, los intentos reaccionarios de Menocal y el ABC, y la necesidad de la revolución. En medio de la enorme actividad de esos días y de la desobediencia generalizada al orden, “Revolucionarios de Cuba” —nuevo nombre de su organización desde el 31 de agosto— exigía sanciones penales y la expropiación de los machadistas, abolición de la Enmienda Platt, reforma de la Constitución, elecciones generales e inicio de una política socialista. Caracteriza al bloque dominante de politicastros, comerciantes, grandes bancos y empresas extranjeras “cuya cabeza es Wall Street [...] enriquecimiento de una minoría cuya principal misión será dar satisfacción a los intereses extranjeros... predominio capitalista con la consiguiente expoliación del proletariado [...] depauperación de la gran masa del pueblo de Cuba”.9 Pero todo indica que la palabra va a ceder el lugar a los hechos trascendentales, aunque no se sepa cómo. De pronto, el lunes 4, como es tan usual en los momentos que después serán históricos, sucede lo imprevisto: las clases y soldados de un ejército de casta en crisis deponen a sus oficiales, llaman a los antinjerencistas a gobernar y dan un golpe mortal a la primera república.

“Paso a la revolución auténtica” es la consigna del día. En realidad el gobierno cae sin resistir, la institución militar queda en manos de desconocidos “de abajo”, la situación se le va de las manos a Welles y el imperio contrariado amenaza con sus barcos de guerra; el aparato represivo del Estado burgués y la economía del país están en su peor momento de lo que va del siglo, las huelgas arrecian, los azucareros ocupan centrales, el empleo, los salarios, el nivel de vida se han desplomado, y la violencia crece. El triunfo político de los opuestos al entreguismo no trae unidad ni concertación entre ellos alrededor del antimperialismo; la gran protesta social y el movimiento político principal quedan enfrentados. Las fidelidades, creencias y prejuicios de organizaciones, personalidades y militantes los dejan por debajo de las potencialidades subversivas del movimiento de las masas. El 10 de septiembre la Comisión Ejecutiva (pentarquía) dio paso a un gobierno presidido por uno de ellos, el profesor de fisiología Ramón Grau San Martín; la decisión la tomó el Directorio Estudiantil Universitario, organización que dio su apoyo al golpe de los sargentos. Se designó un gabinete. El revolucionario José M. Irisarri —que había conocido a Guiteras pocos días antes— lo propuso para Gobernación, un cargo importante, y Carbó lo apoyó. Le avisaron a través del cuartel Moncada, y Toni aceptó. Aquel domingo Grau, que había tenido una posición cívica frente a Machado, se negó a jurar el cargo sobre la Constitución de 1901, que contenía además la Enmienda Platt; sacó el brazo por el balcón y juró por el pueblo congregado abajo.

2. Guiteras y la revolución

Es indudable que la revolución nos aleccionará, y que aleccionará a las masas populares. Ahora bien, para el partido político en lucha la cuestión consiste en ver si sabremos enseñarle algo a la revolución.

Lenin: “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática.”

Es indiscutible que Guiteras no alcanzó súbitamente un papel protagónico nacional por el azar afortunado de haber sido designado Secretario de Gobernación —era con mucho el ministro más joven— en uno de esos raros momentos en que escasean los candidatos al formarse un Gabinete. Ese cargo fue un reconocimiento al gran prestigio personal que gozaba y al papel jugado por Oriente en la lucha antimachadista; también era una necesidad para un nuevo gobierno que a pesar de surgir de una coyuntura muy compleja y en el que participaban fuerzas muy disímiles, pretendía brindar un cauce revolucionario a la enorme insurgencia popular del segundo semestre de 1933.

En estos veinte últimos meses de su vida —cuatro en el gobierno y dieciséis en la clandestinidad— Guiteras alcanzó un lugar cimero en el campo revolucionario. Había puesto sin reservas sus cualidades personales en la fragua de la revolución, desde sus primeras experiencias, asumido la ideología antimperialista en su variante más radical y la idea del socialismo como meta de la revolución verdadera. Había practicado consecuentemente la lucha armada como vía para lograr la insurrección popular y la toma del poder político, trabajando siempre entre el pueblo, en un medio que lo influía y lo entrenaba como dirigente. Guiteras era, obviamente, un producto de la Revolución del 30. Ahora se lanzó a transformarla, o para decirlo más exactamente, a convertirla en una revolución socialista de liberación. No pudo triunfar, su vida se truncó cuando estaba en la primera fase de esa tarea: su destino fue sembrar y señalar la ruta.

La revolución social desencadenada en Cuba en aquellos años fue la explosión popular frente a los crímenes y los abusos de todo tipo, la miseria, la crisis económica, la frustración de la república. Los activistas, los mártires y los líderes fueron sus detonadores o actores —muchos de ellos abnegados y heroicos— y el pueblo los exaltó; pero nunca constituyeron una dirección unida, o por lo menos coordinada, que pudiera conducir las rebeldías populares. Varios de ellos llegaron a ser líderes de una fracción, o de un momento del proceso, pero el hecho histórico es que no se produjo la coincidencia de la crisis revolucionaria y la organización revolucionaria en condiciones de canalizarla hacia el triunfo y la realización de la liberación nacional. No puedo analizar aquí, ni siquiera someramente, las líneas fundamentales del período que va de agosto de 1933 a mayo de 1935. Me limitaré a comentar elementos fundamentales del pensamiento y de la actuación mediante los cuales Guiteras intentó conducir la situación hacia un triunfo revolucionario.

“Un estudio somero de la situación político-económica de Cuba nos había llevado a la conclusión de que un movimiento que no fuese antimperialista en Cuba, no era revolución, pues sus intereses eran incompatibles”, explica Guiteras en el breve artículo “Septembrismo”,10 uno de los textos más lúcidos y profundos producidos durante la Revolución del 30. Siguiendo ese principio central había usado su cargo oficial como un ariete contra los intereses y las posiciones del imperialismo en Cuba —a los cuales golpeó todo cuanto pudo— y en una defensa activa de los trabajadores y de la población humilde del país. Aunque personalmente se ubicaba en la extrema izquierda, consintió en formar parte de un gobierno en el que había moderados, desorientados e incluso conservadores, buscando hacer avanzar la fuerza de la revolución mediante prácticas radicales que involucraran a masas y potenciaran la fuerza de las ideas revolucionarias entre esas masas. El desarrollo de una nueva conciencia política haría factible al pueblo emprender el camino de una revolución más profunda, contra el imperialismo y el capitalismo.

Guiteras combatió enérgicamente los sangrientos intentos contrarrevolucionarios, fue el conductor de la pequeña ala radical dentro del equipo de gobierno de Grau, intentó de manera activa pero infructuosa avanzar hacia una unidad de la izquierda, fue un duro opositor de las acciones represivas contra los trabajadores y se enfrentó a la progresiva claudicación de muchos miembros del gobierno y a la actitud traidora de Batista; se le sumó Guerra y Marina desde el 25 de octubre, pero además desempeñó muchas más responsabilidades que las que le correspondían, protagonizó polémicas y fue una figura muy atendida por los medios de comunicación. Toni hizo más enérgica y radical su actuación en los dos últimos meses y medio: tomó medidas muy radicales, hizo propuestas de corte más anticapitalistas, intentó dar más fuerza militar al sector revolucionario, chocó con los traidores en ciernes, trató de ampliar su fuerza en el gobierno y fue prácticamente un primer ministro en la fase final, sin dejar de combinar la atracción y la crítica con los moderados. Y lo principal: a través de decretos, órdenes, nombramientos, gestiones, nuevas agrupaciones, agitación, entrevistas, cumplió en aquellos cuatro meses el objetivo principal que se trazó, con una actividad sistemática y en una diversidad de frentes que resultan asombrosos.

Cuando el 15 de enero de 1934 la línea contrarrevolucionaria se impuso y el Gobierno fue depuesto, Guiteras fue el líder político que se opuso con energía en la Junta Revolucionaria de Columbia, trató de sublevar a una parte de las fuerzas armadas y de desatar una huelga general. Ante el fracaso no se desalentó ni se desorientó. El dirigente anticapitalista dejó bien claras su posición y los fines de la lucha:

 

Me responsabilicé con el Ejército en el movimiento del 4 de Septiembre por entender que había llegado el momento de imponer un programa mínimum que de un modo lento nos pusiese en condiciones de afrontar en un futuro no lejano la inmensa tarea de la Revolución Social, que a pesar de todas las dificultades, de todas las resistencias, se avecina, rompiendo todas las barreras que la burguesía ha levantado para impedir su paso.

Ent(end)iendo que el Gobierno cumplía, a pesar de todas las dificultades, este programa mínimum, lo defendí. Actualmente estoy en la oposición, y lucharé por el restablecimiento de un Gobierno donde los derechos de los Obreros y Campesinos estén por encima de los deseos de lucro de los Capitalistas Nacionales y extranjeros.11

De nuevo en la clandestinidad, sacó el provecho que pudo a la situación creada en el país por la crisis revolucionaria, y al prestigio y lugar que ya tenía en la sociedad cubana. Con antiguos y nuevos compañeros nucleó organismos clandestinos que llevaron a cabo una estrategia de respaldar y estimular la protesta popular con acciones armadas de guerrilla urbana, colectar fondos con ayuda de confiscaciones e incluso secuestros, reclutar, preparar y sostener militantes, comprar y ocupar armas, con vista a una insurrección armada que se articulara con una desobediencia masiva que pudiese desembocar en huelga general revolucionaria. Pero nada más lejos de esa estrategia que una visión militarista y ajena a la lucha de ideas y de masas.

En aquellos dieciséis meses, Guiteras y sus compañeros se mantuvieron siempre atentos a todos los hechos políticos y sociales de alguna relevancia, actuando o haciendo conocer sus criterios frente a ellos. Guiteras emprendió gestiones o intercambio de puntos de vista con numerosos sectores, o atendió a la iniciativa de otros, e impulsó la divulgación de las ideas revolucionarias y de informaciones independientes. Joven Cuba, la nueva organización revolucionaria guiterista creada en mayo de 1934, le otorgó a la lucha de ideas una gran importancia. En octubre su Comité Central lanzó al público un programa12 que es uno de los hitos intelectuales de la Revolución del 30. Allí se declara expresamente que a pesar de contar con elementos propios suficientes, Cuba no es todavía una nación, porque carece de “unidad funcional de su economía”, porque está “supeditada al capital extranjero”. Pero aquella no se logrará si el trabajo no gobierna a la economía, por lo que la idea central de Joven Cuba es que “para que la ordenación orgánica de Cuba en Nación alcance estabilidad, precisa que el Estado cubano se estructure conforme a los postulados del Socialismo. Mientras, Cuba estará abierta a la voracidad del imperialismo financiero.» A continuación hace una reflexión marxista muy notable acerca de las dificultades y la necesidad de racionalidad socialista, de etapas e incluso de rectificaciones que exigirá el complejo de transformaciones de las “realidades históricoeconómicas” y las “realidades espirituales” para alcanzar el socialismo. “Perseguimos el acierto histórico, no el forzamiento antihistórico”, dice. No me es posible hacer aquí ni una somera glosa del “Programa”, por lo que me limito a sugerir su lectura completa.

Los ideales y la concepción de la revolución de Guiteras no han cambiado, pero las extraordinarias experiencias vividas se expresan en la madurez de sus ideas y de su intento revolucionario. Se da cuenta de la lección que hay que sacar de las jornadas revolucionarias de desobediencia masiva y prolongada a la dominación: “mostró un mundo de posibilidad al pueblo de Cuba [...] Esa fase de nuestra Historia es la génesis de la revolución que se prepara, que no constituirá un movimiento político con más o menos disparos de cañón, sino una profunda transformación de nuestra estructura económico-político-social”.13 Para ese evento histórico es imprescindible preparar una organización de nuevo tipo, con muy fuerte unidad política e ideológica que identifique a sus miembros y les permita ser conductores: “...una minoría penetrada de sus principios, con plena conciencia revolucionaria. La conciencia antimperialista sólo puede ser completamente formada desde el poder a través de una política de reivindicaciones nacionales”.14

La unidad entre las diferentes fuerzas de izquierda fue una preocupación política constante de Guiteras. Ante todo, con el Partido Comunista y con las organizaciones obreras que este orientaba; Guiteras tuvo una actitud muy positiva y dio numerosos pasos en esa dirección, pero nunca pudo lograrse la unidad, o al menos algún acercamiento. Numerosos actores de los hechos de aquellos años han expuesto sus criterios sobre esa cuestión,15 y también se cuenta ya con trabajos de investigadores del período.16 Sin dudas esa situación fue un factor de debilidad de las fuerzas populares frente a sus poderosos enemigos; el analista de hoy, sin embargo, debe considerar que el complejo de creencias, prejuicios y pasiones de los participantes en aquellos hechos históricos es una de las realidades que integraron entonces lo que hoy es una materia de estudio.

La coordinación o pacto con el naciente Partido Revolucionario Cubano (los “auténticos”) hubiera sido muy conveniente, por el sector oposicionista que iba integrando, y porque no le faltaban cuadros honestos y con experiencias de lucha. Pero este partido nuevo —en el sentido de que venía del propio proceso revolucionario y era él mismo un síntoma de la necesidad de una nueva época política— que después llegó a tener la mayor influencia política de masas en el país, ya tenía desde el inicio en su dirección máxima las nocivas tendencias al electoralismo, la exclusión de la vía revolucionaria, un nacionalismo anticomunista, la politiquería, la demagogia y el control excesivo del líder carismático. Guiteras se vio obligado a polemizar alguna vez con el PRC, en la medida en que sus defectos podían ser manipulados por la dictadura y confundir, pero evitó la práctica de hacer ataques públicos a los “auténticos”, que hubiera contribuido a debilitar a la oposición a la dictadura. Años después se construirá un mito “auténtico” con las medidas radicales impulsadas por Guiteras durante el gobierno “de los cien días” de 1933; pero en la lucha real de 1934-35 las posiciones de unos y otros eran muy lejanas. Cuando Grau San Martín quiso entrevistarse con Guiteras poco antes de la Huelga de Marzo, Joven Cuba acordó que una Comisión visitara a Grau. Guiteras orientó que le ratificaran la línea de la organización, su independencia respecto a las demás y sus objetivos, y la vigencia del “acuerdo primitivo” del Comité Central: “imponer un programa revolucionario desde el poder por medio de la dictadura”.17

Guiteras mantuvo una política consecuente de atracción hacia la gama de personas honestas provenientes de sectores revolucionarios antimachadistas o fruto de los acontecimientos recientes que buscaban un lugar satisfactorio en que luchar. Los que ingresaron a Joven Cuba encontraron tareas y responsabilidades en sus Comisiones de Acción, Insurreccional, Obrera, Estudiantil, Femenina, Propaganda; el propio Comité Central fue utilizado para atraer y reconocer a ciertas personalidades.18 La organización llegó a tener miles de miembros, y estructuras a escala nacional. La legión de combatientes fieles de Joven Cuba, los “guiteristas”, peleó abnegadamente y enfrentó la represión; después muchos de ellos formaron parte del enorme contingente internacionalista cubano

—más de mil combatientes— que participó en la Guerra de España.19 El guiterismo se incorporó a las tradiciones combativas del pueblo cubano, convirtiéndose en uno de sus símbolos más allá de las especificidades que tuvo cuando era una organización y una posición actuante.

Cuando cayó combatiendo en El Morrillo, el 8 de mayo de 1935, Guiteras se dirigía a México a asumir el mando de una expedición que comenzaba a organizarse, y cuyo desembarco en Oriente debía simultanearse con ataques a numerosos cuarteles del país; al generalizarse la insurrección se lanzaría la consigna de huelga general y se apoyaría y armaría progresivamente a las masas. La organización revolucionaria debía asumir el papel de vanguardia impulsora y organizadora de esa insurrección generalizada, conducir al pueblo en la lucha y organizar el nuevo poder.

Sin embargo, Joven Cuba no logró sobrevivir a su líder. ¿Era demasiado temprano históricamente para los proyectos y los intentos de Antonio Guiteras? Un año después de la toma del cuartel de San Luis, dos de sus protagonistas se habían definido como “auténtico” y mendietista respectivamente; el segundo alabaría a S. Welles en 1947, en un artículo conmemorativo de aquel alzamiento de abril de 1933 que Guiteras organizó y desató contra Machado, pero también contra la inminente Mediación. Es probable que el desarrollo ideológico profundo y coherente fuera todavía incipiente en la nueva organización guiterista cuando su dirigente máximo cayó.

Es indiscutible que los modos de hacer política y de sentirla que se generalizaron en la primera república pesaron duramente sobre los intentos liberadores durante la Revolución del 30. La neutralización de la ideología mambisa, el neocolonialismo y la gran corrupción y el autoritarismo de la política de la república burguesa produjeron colonialismo mental y subdesarrollo de la conciencia política. En términos históricos el caudillismo había perdido mucho de su base desde antes de la conmoción revolucionaria, pero en términos vivenciales mucha gente sentía todavía la necesidad de ser “de alguien” —por ejemplo menocalista, o mendietista— en esos años 30. Ser revolucionario implicaba —ha implicado siempre— pensarlo todo de nuevo y con una visión nueva, pero a escala de masas la rebelión sucedió sin que una visión nueva y nuevas ideas tuvieran arraigo y extensión masivas. La misma violencia revolucionaria —partera de la historia— derrochó audacia y sacrificios, pero careció de una articulación instrumental y permanente al servicio de una política revolucionaria orgánica y eficaz.

A pesar de esas duras realidades, el esfuerzo revolucionario de los años 30 aportó a Cuba logros extraordinarios. Se acabó la resignación ante la tutela extranjera y la falta de autoconfianza nacional que enfermaba al nacionalismo cubano; el antimperialismo llegó a influir a la población. La antigua política de la primera república neocolonial fue barrida, las instituciones tuvieron que ser renovadas y crearse otras nuevas, y la ciudadanía adquirió más facultades y más conciencia. La conciencia y los movimientos de trabajadores dieron un inmenso salto hacia adelante, sus organizaciones fueron muy abarcadoras, legalizadas y fuertes, y el sistema tuvo que reconocer esas realidades en los terrenos legal, de los órganos y el funcionamiento del Estado, político, social y de distribución de la renta. Esos logros —y otros— fueron plasmados en un nuevo orden constitucional y legal, y en grandes cambios en una parte de las relaciones sociales, en los sistemas de formación y de reproducción de las ideas y en la conciencia social. Las experiencias de protesta social y rebeldías políticas, y de las ideas asociadas a ellas, generaron avances sumamente notables de la cultura nacional. Otra vez Cuba afirmó su identidad en las luchas por cambios profundos en busca de libertad y de justicia social, ahora más dentro de las ideas y movimientos que alcanzaban escala mundial, y otra vez las nociones de tarea incumplida y de proyectos por realizar quedaron en la base de las percepciones del destino de la nación.

Insisto en que no confundamos, sin embargo, lo que se vivía en aquellos años con los análisis que hacemos hoy para tratar de dilucidar el evento histórico. Hasta el más poderoso, organizado y experimentado participante político en la crisis cubana —el gobierno de los Estados Unidos— debe haberse asombrado seguramente del grado en que llegó a perder control en aquella pequeña nación que había llegado a dominar tan a fondo, y de las dificultades formidables que confrontaba el restablecimiento del orden. Esos aprietos deben haber jugado un papel no pequeño en las decisiones que lo llevaron a ciertos cambios y a una renovación de las relaciones neocoloniales, motivaciones que no suele ver el tipo de analista formado para creer que se trata simplemente de elecciones racionales.

Fulgencio Batista resultó ser más hábil y eficaz contrarrevolucionario de la época. En 1934-35 pugnaba en varios frentes a la vez. Debía reorganizar en su provecho y en el de las clases dominantes el aparato represivo, descompuesto hasta sus cimientos por los sucesos revolucionarios y por el gran motín de soldados del cual él mismo había surgido; asegurar al embajador y a los círculos dominantes de Estados Unidos que sólo él sería la carta de triunfo para sus intereses; reprimir a sangre y fuego la protesta social y la actividad subversiva a la vez que maniobrar e intrigar para debilitar a ambas y para dividir y apaciguar a la oposición; utilizar a los políticos conservadores disponibles en vez de ser utilizado por ellos y unirlos a nuevos políticos dispuestos, para formar con ellos un bloque de la reacción. Tales eran las cuatro tareas principales de este miserable nada común.20

Batista había reconocido la peligrosidad de Guiteras desde el otoño de 1933, cuando aprendía a ser jefe del ejército y personalidad pública, y se ofrecía a Welles. Ya dictador en enero, ensayó a comprarlo o neutralizarlo (gestión de Justo Luis del Pozo), para perderle el miedo. Ante el rechazo y el desafío, hizo que sus fuerzas lo combatieran, pero no se atrevió a asesinarlo hasta después que fue aplastada la última gran jornada de rebeldía popular, la Huelga de Marzo, cuando casi había asegurado el cumplimiento de sus tareas principales. Todavía autorizó la gestión del Teniente Coronel Galíndez, que se entrevistó con Guiteras dos días antes de El Morrillo y le propuso sin éxito pactar con el régimen; Galíndez le pidió que no intentara salir del país, lo que evidencia que conocía el plan de Guiteras (Galíndez se refirió a esto con pesar ante los prisioneros de El Morrillo poco después de la tragedia, llenando de ira y asombro al traidor capitán Carmelo González).

Esa actuación de Batista es un buen ejemplo del gran prestigio y la fuerza moral que tuvo Guiteras, ya que no hay razón válida para sospecharle la menor generosidad al dictador, y sí interés en obtener el triunfo de la pacificación del país que lo ratificara en el mando. Informaciones y testimonios confirman el respeto y la admiración que en general concitaban la intransigencia combativa, el valor personal, la cultura y la profundidad y proyecciones revolucionarias de los análisis sociales del “doctor Guiteras”, como le llamaban todos entonces, a pesar del tipo de actividades en que estaba inmerso.21 Pero esos valores suyos no habían fructificado todavía en un reconocimiento general dentro del campo revolucionario que pudiera tener efectos decisivos.

En todo caso, al morir a los 28 años de edad en 1935 Antonio Guiteras estaba ya formado para el liderazgo y era sin duda alguna el más destacado dirigente de la revolución. La posibilidad de nuevos acontecimientos (por ejemplo, la expedición desde México), nuevas circunstancias favorecedoras de la unidad entre los revolucionarios que surgieron poco después de su caída, hubieran podido adelantar su camino. Pero su trayectoria se truncó demasiado temprano. Su última imagen de muerto en combate —envuelto en sangre y tierra en la foto terrible del necrocomio— le aseguró sin embargo otro lugar: el de símbolo de la fundación de la moderna revolución de liberación en Cuba y el de índice que señalaba su camino. En lo personal, esa firma final ratificó la decisión que le había expresado a un grupo de políticos tradicionales que festejaban la caída del Machadato: “Ustedes terminaron la lucha. Yo empiezo ahora”.

Guiteras permaneció como una herencia yacente durante el plazo de una generación. Era una fuerza histórica de la revolución socialista de liberación nacional en Cuba, pero sería erróneo creer que toda fuerza histórica tiene decretada su aplicación práctica. Esa fatalidad feliz no existe. Roto su mecanismo vital —su propia vida y la vida que le daba la Revolución del 30— le tocaron a Guiteras los destinos habituales: ante todo el olvido, pero también el uso espurio y el oscurecimiento de las razones de su acción y de su vida.

La insurrección popular desencadenada por Fidel Castro y sus compañeros a partir del “motor pequeño” del Moncada levantó otra vez a Guiteras y lo puso en marcha. La violencia popular organizada e identificada ideológicamente, la dictadura revolucionaria como vehículo idóneo para realizar el proyecto liberador y socialista, el logro de la unidad de los revolucionarios y del pueblo alrededor de los ideales, de la organización y del líder, se pusieron a la orden del día. Fue necesario el triunfo de las ideas más revolucionarias a través del proceso práctico de la revolución, para que pudiera emerger, como un fruto más del proceso, la asunción de la estatura completa de Antonio Guiteras.

* “Guiteras y la revolución.” Escrito en 1974.

Notas:

1 En estos años se han publicado textos de Guiteras, el Programa de Joven Cuba y artículos sobre él. Un paso trascendente en el conocimiento de su vida y su obra ha sido la publicación de su biografía por el historiador José A. Tabares (Guiteras. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1973), que me ha aportado muchos datos para este trabajo. En breve aparecerá otra biografía, de la historiadora Olga Cabrera: Guiteras, la época, el hombre.

2  Ver Calixta Guiteras: Biografía de Antonio Guiteras (folleto). Dpto. de Educación de la Administración Municipal, La Habana, 1960. Y en Tabares, ob. cit., el cap. II, pp. 57-84.

3  Ver manuscrito de Guiteras “Manifiesto al pueblo de Cuba”. En Hortensia Pichardo: Documentos para la historia de Cuba, tomo III, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1973, pp. 531-36. También en Tabares, ob. cit., pp. 190-96; la primera parte y una síntesis del contenido en Pensamiento Crítico, núm. 39 (Especial), La Habana, mayo de 1970, pp. 270-71.

4  “...del contacto con los políticos de la vieja escuela sale cada vez más convencido de que los grandes problemas de Cuba nunca podrán solucionarse con una concentración de fuerzas cuyos intereses son contradictorios” (C. Guiteras: Ob. cit., p. 7).

5  Ver Tabares: ob. cit., cap. V, pp. 167-237.

6   Tabares: ob. cit., p. 218.

7  Uno recuerda a Fidel, todavía lejana la victoria, rechazando desde la Sierra un pacto que ponía en riesgo los principios: “Que para caer con dignidad no hace falta compañía”.

8   “...porque la verdad que era la guía de nosotros. Lo queríamos con idolatría por lo sencillo, por lo natural. Porque en todo su sentido se veía un compañero nuestro, dispuesto a lo que fuera». Entrevista a William Sánchez, en Pensamiento Crítico, núm. 39, p. 272.

9   Tabares, ob. cit., p. 230.

10   En Pensamiento Crítico, núm. 16, La Habana, mayo de 1968, pp. 202-05 (reproducido de Bohemia, 1ª de abril de 1934).

11   En Pensamiento Crítico, núm. 39, pp. 283-84 (reproducido de Luz, La Habana, 20 de enero de 1934). Ver una valoración muy interesante de Guiteras en 1935 sobre el gobierno de sept. 1933-enero 1934 en “Cómo pensaba el político cubano Dr. Guiteras”, en Ibidem, pp. 296-97 (reproducido de El Nacional, México DF, 13-5-1935).

12   Programa de Joven Cuba. En Pensamiento Crítico, núm. 16, pp. 207-220 (reproducido de Ahora, La Habana, 24-10-1934).

13   “Septembrismo”, Ob. cit., p. 287.

14   “Cómo pensaba el político cubano Dr. Guiteras”, ob. cit., p. 290.

15   El movimiento comunista internacional también se ocupó del tema. Ver, por ejemplo “Por el frente único nacional en Cuba (Carta desde París)”. En Páginas de historia contemporánea, Vol 1ª (publicación de la Internacional Comunista), Editorial SUDAM, Mayenne, Francia, pp. 48-67 (reproducido de L’Internationale Communiste, núm. 5, mayo de 1935).

16   Ver en Tabares, ob. cit., sobre todo el acápite 4.2 (pp. 280-87).

17   Carta a Pedro Pablo Torrado, 2 de marzo de 1935; fragmento conservado por Calixta Guiteras (reproducido en Pensamiento Crítico, núm. 39, p. 296).

18   Ver Tabares, ob. cit., pp. 435-39.

19   Comunistas y guiteristas unidos, entre otros cubanos, pelearon en las Brigadas Internacionales y en el Ejército Republicano. Fue el caso del Comité de Revolucionarios Antimperialistas Cubanos, que peleó al inicio, en el Cuartel de La Montaña, o el de la unidad militar Centuria Guiteras, formada a partir del Club “Julio Antonio Mella” de Nueva York, que fue a España como parte del Batallón “Abraham Lincoln”. En la batalla de Jarama (febrero de 1937) cayeron su jefe, el Tte. Crel. Rodolfo de Armas, miembro del CC de Joven Cuba, y otros cubanos.

20   “[L]a mejor cabeza de la reacción en Cuba”, le llamó tempranamente Pablo de la Torriente (29-3-1935), en un texto que lo retrata con agudeza y brillantez (reproducido en Pablo de la Torriente Brau. Colección Hombres de la Revolución, Impresora Universitaria, La Habana, 1973, pp. 311-14).

21   Sorprendido solo en una casa del Vedado el 8 de agosto de 1934, Toni se lanzó por una alta ventana a un solar, pero se fracturó los tobillos. Aun así caminó una cuadra, hasta ser detenido. “Uno quiere matarle pero otros dicen: ‘A Guiteras no se le mata’, sintiendo respeto por la vida del hombre superior que en la imaginación toma proporciones de leyenda” (C. Guiteras, ob. cit., p. 14).

Artículo tomado del libro El corrimiento hacia el rojo, de Fernando Martínez Heredia. Editorial Letras Cubanas, 2001.

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