Año V
La Habana
2006

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Inés María Martiatu:
el teatro, los dioses y los hombres

Alberto Abreu La Habana


La antropología teatral caribeña tiene en la obra de Inés María Martiatu a uno de sus discursos teóricos más inquietos y provocadores. Todavía hoy, a casi diez años de su aparición en la revista Tablas, su trabajo: “Transculturación e interculturalidad. Algunos aspectos teóricos”, continúa siendo un texto tan imprescindible como desatendido por nuestra teoría y la crítica teatral.


Memorable por el exhaustivo rastreo de fuentes bibliográficas que incluye a teatrólogos y teóricos como: Patrice Pavis, Eugenio Barba, Ángel Ramas, Grotowski, Jacques Ruobine... en el que documenta los diferentes canibalismos y tergiversaciones de que ha sido objeto el concepto transculturación, de Fernando Ortiz. Al tiempo que desmantela la operatividad, y el matiz etnocéntrico de las categorías aculturación e intercultural. Para terminar acuñando, como alternativa,  su propuesta de Teatro Ritual Caribeño, atendiendo a un grupo de razones geográficas, étnicas, de ceremonias religiosas relacionadas con el caribe mestizo, y desde una relación diferencial con otras modalidades del teatro ritual que se practican en Cuba y en el mundo. Más que un simple rótulo se trata de un modelo y una metodología para leer y conceptualizar las representaciones y prácticas simbólicas asociadas con el legado de la memoria africana en relación con la identidad caribeña.

Las formulaciones de la Martiatu, en este texto, desbordan las parcelaciones de la antropología teatral para posicionarse en un espacio de diálogo y discusión con la teoría literaria, la antropología cultural, los estudios postradicionales y latinoamericanistas, al deconstruir términos y conceptos provenientes de las narrativas hegemónicas, y de las construcciones teóricas que Occidente ha hecho del nosotros caribeño. A través de un diálogo intertextual a veces tácitos, otras explícito con los sistemas teóricos de pensadores como Darcy Ribeiro, Ramas y Antonio Cornejo Polar. A partir del tratamiento de conceptos como aculturación, transculturación, mestizaje, unidad y diversidad, totalidad conflictiva, las tensiones entre oralidad y escritura, la memoria su localización y representación. etc. Y en el que se vislumbran instancias fructíferas de convergencias y también de confrontación.

En los últimos años, la labor de la Martiatu ha estado dirigida a la confección de prólogos y antologías. Ello quizá obedece a una estrategia que tiene entre sus finalidades visibilizar e historiar estas prácticas dentro del ámbito teatral cubano. María Antonia: una pasión compartida, una recopilación de ensayos sobre la renombrada pieza de Eugenio Hernández; así como El bello arte de ser y otras obras, de Tomás González constituyen dos elocuentes ejemplos. Su trabajo, en este sentido, me recuerda a la de un curador de arte. Al desplazar el discurso crítico de sus enclaves escriturales tradicionales a otros espacios de mayor movilidad y diálogo con el autor (sus obras), el discurso editorial y los lectores; tratando de hilvanar nuevos universos interpretativos, otras coordenadas de análisis y lecturas de las obras. El ejercicio de Inés María Martiatu como antologadora y prologuistas de estos libros y dramaturgos se asemeja al de un constructor de sentido. Al cartografiar, explorar otros patrones de entendimiento y participación cultural para los mismos.

La reciente edición de Wanilere Teatro más que ilustrar este gesto, viene a dar fe tanto de la evolución teórica como del sorprendente rigor y actualidad que distinguen las indagaciones de la Martiatu en el campo de la antropología cultural.  El mismo se inscribe dentro de esta construcción teórica que la autora bautizó como Teatro Ritual Caribeño. Y viene a cristalizar “[...] un sueño de muchos años de investigación y publicaciones de textos teóricos y ensayísticos referidos a este teatro.”

La oralidad y sus vínculos con la memoria y la tradición. El fetichismo de la escritura, la normatividad de la lengua y sus mecanismos de corrección, exclusión y sometimiento de la palabra dialectal  (licenciosa y monstruosa), el rito y el mito como fuentes de la literatura oral  y expresión de una cosmovisión del mundo que transita de lo filosófico, lo mitológico a la contemporaneidad. Son algunos de las claves que sustentan los criterios de selección de las piezas agrupadas por la investigadora en esta antología. Una constelación de dramaturgos que va desde: Eugenio Hernández Espinosa, Gerardo Fulleda Tomás González, José Milián a otros como Georgina Herrera, Fátima Patterson y Elaine Centeno y Ramiro Herrero.

El mito, cuya fascinación y espejismos llegan hasta nuestros días, pudiera ser el hilo conductor de esta antología. El elemento que la funda, y sostiene. Ya sea como metáfora del destino humano, como trasgresión y ruptura de un orden natural, represivo o de la memoria colectiva devenida leyenda, insertada en una dimensión donde las perspectivas de género y raza se entrecruzan con la historia de la nación  como es el caso “Penúltimo sueño de Mariana”, de Georgina Herrera. Siempre transformado, reactualizado, deformado según el nuevo contexto. 

Otra de las revelaciones de Inés María Martiatu con este libro es su relectura de las representaciones y prácticas culturales afrocubanas y sus vínculos con los relatos sobre nuestra nacionalidad. Para ella, a partir de los años sesenta, en el campo de las letras, es el teatro quien exhibe las contribuciones más irrevocables.

Wanilere Teatro, con su edición, funda un espacio de impugnaciones y debates en torno a la identidad, la memoria y los modos en que se ha venido articulando el relato de la nación, como comunidad imaginada, dentro del devenir del teatro nacional. “Es evidente que el bufo maltrata a algunos componentes de esa nacionalidad, principalmente a negros y mulatos, tanto en la escena, con sus personajes, como con la complacencia al público que iba dirigido”.  Para Inés María Martiatu el bufo, por lo que denigra y excluye, más que paradigma del teatro nacional es expresión de una nacionalidad problemática, escindida desde su génesis.

Las formulaciones de la Martiatu, en este texto, desbordan las parcelaciones de la antropología teatral para posicionarse en un espacio de diálogo y discusión con la teoría literaria, la antropología cultural, los estudios postradicionales y latinoamericanistas, al deconstruir términos y conceptos provenientes de las narrativas hegemónicas, y de las construcciones teóricas que Occidente ha hecho del nosotros caribeño. A través de un diálogo intertextual a veces tácitos, otras explícito con los sistemas teóricos de pensadores como Darcy Ribeiro, Ramas y Antonio Cornejo Polar. A partir del tratamiento de conceptos como aculturación, transculturación, mestizaje, unidad y diversidad, totalidad conflictiva, las tensiones entre oralidad y escritura, la memoria su localización y representación. etc. Y en el que se vislumbran instancias fructíferas de convergencias y también de confrontación.

En los últimos años, la labor de la Martiatu ha estado dirigida a la confección de prólogos y antologías. Ello quizá obedece a una estrategia que tiene entre sus finalidades visibilizar e historiar estas prácticas dentro del ámbito teatral cubano. María Antonia: una pasión compartida, una recopilación de ensayos sobre la renombrada pieza de Eugenio Hernández; así como El bello arte de ser y otras obras, de Tomás González constituyen dos elocuentes ejemplos. Su trabajo, en este sentido, me recuerda a la de un curador de arte. Al desplazar el discurso crítico de sus enclaves escriturales tradicionales a otros espacios de mayor movilidad y diálogo con el autor (sus obras), el discurso editorial y los lectores; tratando de hilvanar nuevos universos interpretativos, otras coordenadas de análisis y lecturas de las obras. El ejercicio de Inés María Martiatu como antologadora y prologuistas de estos libros y dramaturgos se asemeja al de un constructor de sentido. Al cartografiar, explorar otros patrones de entendimiento y participación cultural para los mismos.

La reciente edición de Wanilere Teatro más que ilustrar este gesto, viene a dar fe tanto de la evolución teórica como del sorprendente rigor y actualidad que distinguen las indagaciones de la Martiatu en el campo de la antropología cultural.  El mismo se inscribe dentro de esta construcción teórica que la autora bautizó como Teatro Ritual Caribeño. Y viene a cristalizar “[...] un sueño de muchos años de investigación y publicaciones de textos teóricos y ensayísticos referidos a este teatro.”

La oralidad y sus vínculos con la memoria y la tradición. El fetichismo de la escritura, la normatividad de la lengua y sus mecanismos de corrección, exclusión y sometimiento de la palabra dialectal  (licenciosa y monstruosa), el rito y el mito como fuentes de la literatura oral  y expresión de una cosmovisión del mundo que transita de lo filosófico, lo mitológico a la contemporaneidad. Son algunos de las claves que sustentan los criterios de selección de las piezas agrupadas por la investigadora en esta antología. Una constelación de dramaturgos que va desde: Eugenio Hernández Espinosa, Gerardo Fulleda Tomás González, José Milián a otros como Georgina Herrera, Fátima Patterson y Elaine Centeno y Ramiro Herrero.

El mito, cuya fascinación y espejismos llegan hasta nuestros días, pudiera ser el hilo conductor de esta antología. El elemento que la funda, y sostiene. Ya sea como metáfora del destino humano, como trasgresión y ruptura de un orden natural, represivo o de la memoria colectiva devenida leyenda, insertada en una dimensión donde las perspectivas de género y raza se entrecruzan con la historia de la nación  como es el caso “Penúltimo sueño de Mariana”, de Georgina Herrera. Siempre transformado, reactualizado, deformado según el nuevo contexto. 

Otra de las revelaciones de Inés María Martiatu con este libro es su relectura de las representaciones y prácticas culturales afrocubanas y sus vínculos con los relatos sobre nuestra nacionalidad. Para ella, a partir de los años sesenta, en el campo de las letras, es el teatro quien exhibe las contribuciones más irrevocables.

Wanilere Teatro, con su edición, funda un espacio de impugnaciones y debates en torno a la identidad, la memoria y los modos en que se ha venido articulando el relato de la nación, como comunidad imaginada, dentro del devenir del teatro nacional. “Es evidente que el bufo maltrata a algunos componentes de esa nacionalidad, principalmente a negros y mulatos, tanto en la escena, con sus personajes, como con la complacencia al público que iba dirigido”.  Para Inés María Martiatu el bufo, por lo que denigra y excluye, más que paradigma del teatro nacional es expresión de una nacionalidad problemática, escindida desde su génesis.
 

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