Año V
La Habana

18 al 24 de NOVIEMBRE
de 2006

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Que florezca el pasto interior
Pedro Pablo Oliva La Habana
Fotos: Victor Junco (La Jiribilla)


No es costumbre mía hablar en público. Siento que se me enredan las palabras y termino negando lo que afirmé al principio.

Me demoro tanto en convencerme de las cosas que después resultan relativas. Es el misterioso enigma del espacio y el tiempo. Pero al cabo de tantos años uno tiene, eso sí, algunas cosas fundamentales que lo sostienen y lo mantienen vivo.

Sé que el premio se otorga a quienes desde el país han contribuido y contribuyen al desarrollo y enriquecimiento de las artes plásticas y la cultura en sentido general, a quines han brindado todo lo posible para una propuesta interesante o al menos sincera de su obra, es un reconocimiento de una vida y al trabajo.

Quiero agradecer a quienes han confiado en mí hasta ahora.

A esos buenos amigos, cuya lista sería enorme y siempre resultaría incompleta.

A mis hijos, quienes me han seguido tal vez  arrastrados por la inevitable genética y que nunca me han dejado salir de la infancia.

Al amor, que más de una vez me sorprendió e hizo, y hace, posible que florezca el pasto seco que uno lleva dentro.

Al jurado, cuyo difícil trabajo para escoger a un artista y premiarlo debe haber sido contradictorio; más, cuando muchos de ellos tienen los mismos méritos como creadores. Terrible y dura tarea.

A la crítica, que me ha tratado con ternura.

A quienes organizaron paso a paso este momento.

Y agradecer, sobremanera, a un proceso social que desde pequeño me enseñó la dulce y angustiosa condición de la independencia.

De las paredes de este Museo (de Bellas Artes) cuelga la historia de la plástica cubana. Somos un país con características muy especiales. Me preguntaba, en mis momentos de divagación, si en el futuro el Premio Nacional de las Artes Plásticas pudiera tener un alcance tan amplio como la historia misma que atesora este museo.

Hay muchos artistas cubanos de idiosincrasia y pensamiento, de raíz y comportamiento, que no han dejado de crear con la calidad y el amor de siempre, pero que no viven codo a codo con nosotros y que por razones diversas un día decidieron partir, pero engrandecen desde donde estén nuestra pintura nacional. Dos historias, pienso, no pueden ir por caminos diferentes.

Sé que Abel me volverá a decir irreverente, tal vez sea un mal de origen, tal vez la irreverencia mayor es haber dejado la concretera dentro del teatro, tal vez la primera acción plástica de los pinareños.

Muchas Gracias.

Palabras  de agradecimiento en la entrega del Premio Nacional de las Artes Plásticas. Museo Nacional de Bellas Artes. Edificio de Arte Cubano. Ciudad de La Habana, 23 de noviembre de 2006.

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