Año V
La Habana

11 al 17 de NOVIEMBRE
de 2006

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La Jiribilla de papel
Nro.
62, julio-agosto

La Jiribilla de papel
Nro.
63, septiembre


Presentación de La Jiribilla de papel (números 62 y 63)

Espacios de intranquilidad y afecto
Joel del Río La Habana


Estoy ante ustedes para presentar este par de números de la Jiribilla de Papel y para ello no quisiera derivar en los excesos que conlleva el sentido de pertenencia  que me dictan mi conciencia y mi corazón, pues derivaría en el autobombo más flagrante. Quiero tratar de presentar los números 62 y 63 apelando a las características “canónicas” de esta publicación: una mirada de desenfado y humor, intranquilidad y la objetividad necesaria para hablar de la cultura y la realidad cubanas. Todo eso es y mucho más es La Jiribilla, la versión de Internet que nos ha acompañado durante estos cinco años, y también este par de números que debemos glosar de una manera infelizmente rápida. Debe bastar con esa suerte de carta-sumario o menú de lo que contienen estos dos números.

Vamos a comenzar por donde se debe, por lo primero. El 62 tiene un pórtico escrito por el periodista y ensayista venezolano Luis Britto, a propósito de la cultura como conflicto y es parte de un capítulo de un libro que publicó Arte y Literatura. Después aparece lo que le llaman el dossier, el tronco y plato fuerte de la revista, tanto en su versión digital, como impresa. Este dossier se dedica al cine, y quisiera recomendarlo porque existe poca costumbre, entre nosotros, y en fecha reciente, de que las revistas especializadas en cultura se dediquen al cine. Temas no hace mucho dedicó un número excelente al cine cubano, y La Jiribilla sigue ese camino, aunque puestos a decir verdad, la versión web le ha consagrado un dossier entero a todos y cada uno de los principales estrenos del ICAIC. Como para nadie es secreto que ese es mi tema preferido, pues no me molesto en ocultar mi entusiasmo, ni las razones por las cuales me apasiona este número consagrado en general al cine cubano, y en particular a sus dos estrenos más recientes, es decir, El Benny, de Jorge Luis Sánchez y Páginas del diario de Mauricio, de Manuel Pérez.

Asimismo, en este grupo de trabajos cinéfilos está Fernando Pérez, confirmando una costumbre que existía en pasadas épocas de la revista Cine Cubano, una costumbre que lamentablemente se ha extraviado por miles de razones que no viene a cuento explicar ahora, pero el caso es que antes era frecuente leer un trabajo donde un cineasta hable sobre el filme de un colega, más allá del pasillo y la maledicencia habitual, sino que lo haga con profundidad y elevación al mismo tiempo, presentando la obra del otro desde el conocimiento y complicidad, dos arsenales que solo posee un creador cuando está muy cerca y enterado sobre la obra de su homólogo, como es el caso de Fernando con Jorge Luis, y no solo porque hayan trabajado mucho juntos, sino porque existen afinidades, anhelos compartidos, respeto mutuo. Jorge Luis prácticamente entró en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) de la mano de Fernando Pérez, quien posee una voz más que autorizada  —si no lo autorizara su propia obra, espíritu crítico e inteligencia— para hablar sobre una película de Jorge Luis. Entonces vuelve a fungir como crítico, y no solo como crítico, sino como amigo conocedor y exigente, particularmente enterado de las complejidades e intenciones en los filmes de Jorge Luis Sánchez.

Después, hay un trabajo excelente de Rogelio Riverón que habla sobre El Bárbaro del Ritmo, es decir de Benny Moré desde el punto de vista de  la anécdota rica e ilustrativa. Yo no soy especialista ni mucho menos en Benny, pero el autor se las ingenió para reunir algunas cosas realmente jugosas, poco conocidas. Porque a uno le ha llegado poco más que rumores y ecos sobre la impuntualidad del Benny o sus excesos, todo eso está en el filme, pero aquí se relatan otros hechos, menos famosos, con esa excelente prosa típica de Riverón.

También aparece en el dossier Maisinicú en el camino de Mauricio, un notable trabajo de Pedro de la Hoz realizado desde la óptica del cine de autor, es decir, una operación similar a la que emprendió Fernando con Jorge Luis, la realiza Pedro con Manuel Pérez cuando relaciona las constantes creativas, las obsesiones, el relieve que compone el mundo creativo de Manuel Pérez, el autor de Páginas del diario de Mauricio y vincula todo ello con esa obra maestra precedente que es El hombre de Maisinicú, como se anuncia desde el título.

La vida no sigue igual es una suerte de crónica redactada por Paquita Armas, pero que se detiene en describir algunas circunstancias psicosociopolíticas y otros eventos medulares que enriquecen la trama y rodean al personaje titular de Páginas del diario de Mauricio.

En una de las secciones habituales, fuera del dossier, que ha dado en llamarse Encuentro con… y que suele ser una entrevista extensa con algún personaje con mucho que decir claro en términos de arte y cultura, vuelve a estar Manolo Pérez, aunque sea fuera de dossier, en una extensa y aguda entrevista formulada al realizador por Magda Resik. El trabajo se titula “La película de los que estamos aquí” porque ustedes saben que ese fue una especie de lema, o frase promocional, que acompañó a la película en su recorrido por los cines y que describe una realidad incontestable.

Las secciones habituales traen toda suerte de intranquilidades y asombros, y no los voy a enumerar todos. Se me ocurre que sería importante recomendar, si fuera necesario, a Marilyn Bobes en la sección de Poesía, a Pascual Serrano en el comentario  sobre el libro 50 preguntas y 50 respuestas sobre la deuda, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Están Martha Rojas y Lesbia Vent Dumois, quienes comparten el espacio de La mirada consagrado, como ustedes saben, a las artes plásticas, en particular a la artesanía y a Fúster mediante sendos y respectivos textos.

La butaca, el espacio que trato de atender sistemáticamente en la versión digital, ofrece esta vez, en la versión impresa, un texto firmado por Pedro de la Hoz sobre el Carpentier fílmico, el que llegó a la pantalla y al que frustraron algunas contingencias muy bien contadas en este trabajo breve y bien documentado.

Está el espacio central con firmas como las de Eduardo Galeano, Lisandro Otero y Vicente Romano, este último escribe sobre una efeméride lamentablemente poco atendida en el resto de los medios en Cuba, como lo fue el cincuentenario del deceso de Bertolt Brecht. Solo La Jiribilla, hasta donde yo he visto, atendió el tema del cincuentenario de ese dramaturgo absolutamente genial, más allá de orientaciones políticas o de coyunturas de tipo ideológico. Brecht sigue siendo Brecht en el siglo XX, en el XXI y para la posteridad, sin duda alguna.

Queremos dedicar unas pocas palabras al número 63, sin que se dilate demasiado esta presentación que no debiera, de ningún modo, traicionar el espíritu de La Jiribilla haciéndose aburrida. El dossier se dedica  a revisar las memorias sobre la expedición por la  ruta de Martí, a través de varios e informados autores: Daniel Díaz, Graziella Pogolotti, Yamil Díaz, Bladimir Zamora se comprometen con la crónica de este recorrido poético y literario, comentan los acontecimientos, definen el espíritu de esa trascendente experiencia, y por supuesto, en la revista aparece un poema de cada uno de los poetas que tomaron parte de la excursión.

También están las secciones habituales Encuentro con… dedicada a Eusebio Leal en un despliegue de sus proverbiales sapiencia y agudeza; y al centro de la revista hay un especial con fotos de Fidel tomadas por Liborio Nobal, a propósito del cumpleaños número ochenta del Comandante. Este espacio se concibió a propósito de la exposición Momentos.

Entonces, a su disposición tienen los números 62 y 63 de la Jiribilla de papel. Ambos números evidencian el amor y la constancia que requiere verificar todas las semanas esta revista en el display de miles de computadoras, y hacerla realidad una vez al mes en versión impresa. Ambas empresas son la misma, solo que en papel la revista ha de encontrar un lugar incluso mayor del que ahora tiene en el corazón, en las manos y en la inteligencia de todos los cubanos. Constituye una opción cultural como para no desdeñar en el panorama de lo que se puede leer en este mismo momento en Cuba. De seguro se lo merece.

Gracias a ustedes por venir, gracias por compartir con nosotros este espacio de intranquilidad y afecto.
 

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