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Estoy ante
ustedes para presentar este par de números de la
Jiribilla de Papel y para ello no quisiera derivar
en los excesos que conlleva el sentido de pertenencia
que me dictan mi conciencia y mi corazón, pues derivaría
en el autobombo más flagrante. Quiero tratar de
presentar los números 62 y 63 apelando a las
características “canónicas” de esta publicación: una
mirada de desenfado y humor, intranquilidad y la
objetividad necesaria para hablar de la cultura y la
realidad cubanas. Todo eso es y mucho más es La
Jiribilla, la versión de Internet que nos ha
acompañado durante estos cinco años, y también este par
de números que debemos glosar de una manera infelizmente
rápida. Debe bastar con esa suerte de carta-sumario o
menú de lo que contienen estos dos números.
Vamos a comenzar por
donde se debe, por lo primero. El 62 tiene un pórtico
escrito por el periodista y ensayista venezolano Luis
Britto, a propósito de la cultura como conflicto y es
parte de un capítulo de un libro que publicó Arte y
Literatura. Después aparece lo que le llaman el dossier,
el tronco y plato fuerte de la revista, tanto en su
versión digital, como impresa. Este dossier se dedica al
cine, y quisiera recomendarlo porque existe poca
costumbre, entre nosotros, y en fecha reciente, de que
las revistas especializadas en cultura se dediquen al
cine. Temas no hace mucho dedicó un número
excelente al cine cubano, y La Jiribilla sigue
ese camino, aunque puestos a decir verdad, la versión
web le ha consagrado un dossier entero a todos y cada
uno de los principales estrenos del ICAIC. Como para
nadie es secreto que ese es mi tema preferido, pues no
me molesto en ocultar mi entusiasmo, ni las razones por
las cuales me apasiona este número consagrado en general
al cine cubano, y en particular a sus dos estrenos más
recientes, es decir, El Benny, de Jorge Luis
Sánchez y Páginas del diario de Mauricio, de
Manuel Pérez.
Asimismo, en este
grupo de trabajos cinéfilos está Fernando Pérez,
confirmando una costumbre que existía en pasadas épocas
de la revista Cine Cubano, una costumbre que
lamentablemente se ha extraviado por miles de razones
que no viene a cuento explicar ahora, pero el caso es
que antes era frecuente leer un trabajo donde un
cineasta hable sobre el filme de un colega, más allá del
pasillo y la maledicencia habitual, sino que lo haga con
profundidad y elevación al mismo tiempo, presentando la
obra del otro desde el conocimiento y complicidad, dos
arsenales que solo posee un creador cuando está muy
cerca y enterado sobre la obra de su homólogo, como es
el caso de Fernando con Jorge Luis, y no solo porque
hayan trabajado mucho juntos, sino porque existen
afinidades, anhelos compartidos, respeto mutuo. Jorge
Luis prácticamente entró en el Instituto Cubano del Arte
e Industria Cinematográficos (ICAIC) de la mano de
Fernando Pérez, quien posee una voz más que autorizada
—si no lo autorizara su propia obra, espíritu crítico e
inteligencia— para hablar sobre una película de Jorge
Luis. Entonces vuelve a fungir como crítico, y no solo
como crítico, sino como amigo conocedor y exigente,
particularmente enterado de las complejidades e
intenciones en los filmes de Jorge Luis Sánchez.
Después, hay un
trabajo excelente de Rogelio Riverón que habla sobre El
Bárbaro del Ritmo, es decir de Benny Moré desde el punto
de vista de la anécdota rica e ilustrativa. Yo no soy
especialista ni mucho menos en Benny, pero el autor se
las ingenió para reunir algunas cosas realmente jugosas,
poco conocidas. Porque a uno le ha llegado poco más que
rumores y ecos sobre la impuntualidad del Benny o sus
excesos, todo eso está en el filme, pero aquí se relatan
otros hechos, menos famosos, con esa excelente prosa
típica de Riverón.
También aparece en el
dossier Maisinicú en el camino de Mauricio, un
notable trabajo de Pedro de la Hoz realizado desde la
óptica del cine de autor, es decir, una operación
similar a la que emprendió Fernando con Jorge Luis, la
realiza Pedro con Manuel Pérez cuando relaciona las
constantes creativas, las obsesiones, el relieve que
compone el mundo creativo de Manuel Pérez, el autor de
Páginas del diario de Mauricio y vincula todo
ello con esa obra maestra precedente que es El hombre
de Maisinicú, como se anuncia desde el título.
La vida no sigue
igual es
una suerte de crónica redactada por Paquita Armas, pero
que se detiene en describir algunas circunstancias
psicosociopolíticas y otros eventos medulares que
enriquecen la trama y rodean al personaje titular de
Páginas del diario de Mauricio.
En una de las
secciones habituales, fuera del dossier, que ha dado en
llamarse Encuentro con… y que suele ser una
entrevista extensa con algún personaje con mucho que
decir claro en términos de arte y cultura, vuelve a
estar Manolo Pérez, aunque sea fuera de dossier, en una
extensa y aguda entrevista formulada al realizador por
Magda Resik. El trabajo se titula “La película de los
que estamos aquí” porque ustedes saben que ese fue una
especie de lema, o frase promocional, que acompañó a la
película en su recorrido por los cines y que describe
una realidad incontestable.
Las secciones
habituales traen toda suerte de intranquilidades y
asombros, y no los voy a enumerar todos. Se me ocurre
que sería importante recomendar, si fuera necesario, a
Marilyn Bobes en la sección de Poesía, a Pascual Serrano
en el comentario sobre el libro 50 preguntas y 50
respuestas sobre la deuda, el Fondo Monetario
Internacional y el Banco Mundial. Están Martha Rojas
y Lesbia Vent Dumois, quienes comparten el espacio de
La mirada consagrado, como ustedes saben, a las
artes plásticas, en particular a la artesanía y a Fúster
mediante sendos y respectivos textos.
La butaca,
el espacio que trato de atender sistemáticamente en la
versión digital, ofrece esta vez, en la versión impresa,
un texto firmado por Pedro de la Hoz sobre el Carpentier
fílmico, el que llegó a la pantalla y al que frustraron
algunas contingencias muy bien contadas en este trabajo
breve y bien documentado.
Está el espacio
central con firmas como las de Eduardo Galeano, Lisandro
Otero y Vicente Romano, este último escribe sobre una
efeméride lamentablemente poco atendida en el resto de
los medios en Cuba, como lo fue el cincuentenario del
deceso de Bertolt Brecht. Solo La Jiribilla,
hasta donde yo he visto, atendió el tema del
cincuentenario de ese dramaturgo absolutamente genial,
más allá de orientaciones políticas o de coyunturas de
tipo ideológico. Brecht sigue siendo Brecht en el siglo
XX, en el XXI y para la posteridad, sin duda alguna.
Queremos dedicar unas
pocas palabras al número 63, sin que se dilate demasiado
esta presentación que no debiera, de ningún modo,
traicionar el espíritu de La Jiribilla haciéndose
aburrida. El dossier se dedica a revisar las memorias
sobre la expedición por la ruta de Martí, a través de
varios e informados autores: Daniel Díaz, Graziella
Pogolotti, Yamil Díaz, Bladimir Zamora se comprometen
con la crónica de este recorrido poético y literario,
comentan los acontecimientos, definen el espíritu de esa
trascendente experiencia, y por supuesto, en la revista
aparece un poema de cada uno de los poetas que tomaron
parte de la excursión.
También están las
secciones habituales Encuentro con… dedicada a
Eusebio Leal en un despliegue de sus proverbiales
sapiencia y agudeza; y al centro de la revista hay un
especial con fotos de Fidel tomadas por Liborio Nobal, a
propósito del cumpleaños número ochenta del Comandante.
Este espacio se concibió a propósito de la exposición
Momentos.
Entonces, a su
disposición tienen los números 62 y 63 de la
Jiribilla de papel. Ambos números evidencian el amor
y la constancia que requiere verificar todas las semanas
esta revista en el display de miles de
computadoras, y hacerla realidad una vez al mes en
versión impresa. Ambas empresas son la misma, solo que
en papel la revista ha de encontrar un lugar incluso
mayor del que ahora tiene en el corazón, en las manos y
en la inteligencia de todos los cubanos. Constituye una
opción cultural como para no desdeñar en el panorama de
lo que se puede leer en este mismo momento en Cuba. De
seguro se lo merece.
Gracias a ustedes por
venir, gracias por compartir con nosotros este espacio
de intranquilidad y afecto.
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