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Señora Presidenta: Señores Delegados:
Por decimoquinta ocasión consecutiva, Cuba presenta ante
la Asamblea General el proyecto de resolución titulado
"Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial
y financiero impuesto por los Estados Unidos de América
contra Cuba".
Lo hacemos en defensa de los derechos del pueblo cubano,
pero también en defensa de los derechos del pueblo
norteamericano y de los derechos de los pueblos que
ustedes representan en esta Asamblea.
La guerra económica desatada por Estados Unidos contra
Cuba, la más prolongada y cruel que se haya conocido,
califica como un acto de genocidio y constituye una
violación flagrante del Derecho Internacional y de la
Carta de Naciones Unidas. En estos 48 años, el bloqueo
norteamericano ha provocado a Cuba daños económicos
superiores a los 86 000 millones de dólares. Siete de
cada diez cubanos han vivido desde su nacimiento
sufriendo y resistiendo los efectos del bloqueo, que
trata de rendirnos por hambre y enfermedades.
El bloqueo impide a Cuba comerciar con Estados Unidos y
recibir turismo desde este país. Prohíbe a Cuba utilizar
el dólar en sus transacciones externas y recibir
créditos o realizar operaciones con bancos
norteamericanos o sus filiales en otros países.
El bloqueo no permite al Banco Mundial o al Banco
Interamericano de Desarrollo otorgarle siquiera un
modesto crédito a Cuba.
Pero más grave que todo eso es que el bloqueo de Estados
Unidos impone sus criminales disposiciones a las
relaciones de Cuba con los demás países que integran
esta Asamblea General.
Hemos visto, señores delegados, cómo el representante
del Gobierno de Estados Unidos ha vuelto a repetir aquí
los mismos argumentos falaces y las mismas mentiras que
en años anteriores han dicho a esta Asamblea.
Miente cuando dice que el embargo es un tema bilateral.
Miente cuando dice que Cuba puede comerciar y comprar en
otros países lo que le está negado comprar en Estados
Unidos.
Miente cuando dice que Estados Unidos no persigue a los
barcos de otros países que intentan llegar a Cuba.
Dice, además, a esta Asamblea que Cuba utiliza el
bloqueo como un pretexto.
Repito al distinguido delegado lo que ya dije el pasado
año: Si el Gobierno de Estados Unidos considera que Cuba
usa el tema como un pretexto, ¿por qué no nos quita el
pretexto levantando el bloqueo? ¿Por qué no elimina el
bloqueo contra Cuba, si, según su opinión, Cuba lo usa
como un pretexto para justificar su supuesto fracaso? El
bloqueo prohíbe el comercio con Cuba a empresas situadas
en sus países, señores delegados, no solo a empresas
norteamericanas sino a empresas de los países que
ustedes representan en esta Asamblea y que son
subsidiarias de compañías norteamericanas. Tampoco
pueden entrar a puertos norteamericanos los barcos con
bandera de sus países, señores delegados, si antes
transportaron mercancías desde o hacia Cuba. Es la Ley
Torricelli, firmada por el presidente Bush padre en
1992.
El bloqueo norteamericano prohíbe también a las empresas
del resto del mundo, las de sus países, señores
delegados, exportar a Estados Unidos productos que
contengan materias primas cubanas e impide a esas
empresas exportar a Cuba productos o equipos que
contengan más de 10% de componentes norteamericanos. Esa
es la verdad.
El bloqueo, señores delegados, persigue a los
empresarios de otros países, no solo a los
norteamericanos, sino a los de otros países,
compatriotas de ustedes, que intenten realizar
inversiones en Cuba. Se les amenaza con prohibirles la
entrada a Estados Unidos a ellos y a sus familias e,
incluso, con llevarlos a juicio en cortes
norteamericanas. Es la Ley Helms-Burton, de 1996.
No voy a insistir en ejemplos que prueban cuanto he
dicho. El Señor Secretario General ha difundido un
amplio informe, con las contribuciones de 96 países y 20
organismos y organizaciones internacionales, en el que
se demuestran inequívocamente los sufrimientos y
carencias que el bloqueo impone a la vida y el
desarrollo del pueblo cubano.
Sí nos parece, señores delegados, importante informar a
la Asamblea General sobre el plan para la reconquista de
Cuba aprobado por el presidente Bush en mayo del 2004 y
actualizado en julio del 2006. En él se reconoce
claramente lo que el gobierno norteamericano haría en
nuestro país, si logra en algún momento ponerlo bajo su
control.
Según el Presidente de Estados Unidos, lo más importante
sería devolver todas sus propiedades en Cuba a los
antiguos dueños. Ello incluiría, por ejemplo, arrebatar
las tierras a los cientos de miles de campesinos que hoy
son en Cuba dueños de sus tierras individualmente o
mediante cooperativas, para restablecer en ellas el
latifundio. Implicaría también expulsar de sus viviendas
a millones de propietarios cubanos, para devolver los
inmuebles o los terrenos a sus antiguos reclamantes.
El presidente Bush lo describió como un proceso
acelerado y bajo el control total del gobierno de
Estados Unidos, que para eso crearía una llamada
Comisión para la Restitución de los Derechos de
Propiedad.
También se crearía otra estructura, el Comité Permanente
del Gobierno de Estados Unidos para la Reconstrucción
Económica de Cuba, que dirigiría el proceso de imponer
en Cuba un durísimo programa de ajuste neoliberal, que
incluiría la privatización salvaje de los servicios de
educación y salud, y la eliminación de la seguridad y la
asistencia social. Se suprimirían retiros y pensiones y
se les ofrecería a los jubilados trabajar en labores de
construcción, en un denominado Cuerpo de Jubilados
Cubanos.
El presidente Bush reconoce que "no será fácil" aplicar
en Cuba este plan. Por eso, encarga al Departamento de
Estado crear "como prioridad inmediata" un aparato
represivo, que imaginamos será entrenado en las brutales
técnicas de asfixia que el Vicepresidente Cheney no
considera torturas, para sofocar la interminable
resistencia del pueblo cubano. Se reconoce, incluso, que
"será larga" la lista de cubanos que serían perseguidos,
torturados y masacrados.
Se piensa, incluso, en un Servicio Central de Adopción
de Niños, para entregar a familias en Estados Unidos y
en otros países a los niños cuyos padres caerán
combatiendo o víctimas de la represión.
Todo este cínico y brutal programa de recolonización de
un país, después de destruirlo e invadirlo, sería
dirigido por un personaje que ya está nombrado y cuyo
ridículo cargo, que recuerda a Paul Bremer, es el de
"Coordinador para la Transición en Cuba". Un tal Caleb
McCarry es el señor, cuyo único antecedente notable es
su estrecha amistad con los grupos terroristas de origen
cubano que todavía hoy planean y ejecutan desde Miami,
con total impunidad, nuevos planes de asesinato y
sabotaje contra Cuba. Son los mismos grupos que piden al
Presidente Bush que ponga en libertad al terrorista Luis
Posada Carriles, autor de la explosión de un avión civil
cubano, mientras se somete a cruel y prolongado
encarcelamiento en Estados Unidos, desde 1998, a Cinco
valerosos luchadores antiterroristas cubanos.
Dos años después de su proclamación, señores delegados,
gran parte del plan fue ya ejecutado.
Así, se impusieron nuevas y mayores restricciones a las
visitas familiares a Cuba de los cubanos residentes en
Estados Unidos.
Se persiguió con saña a los norteamericanos que viajaron
a Cuba. En los últimos dos años han sido multadas más de
800 personas acusadas de viajar a nuestro país.
Se impusieron restricciones adicionales al envío de
remesas a Cuba.
Prácticamente se eliminaron los intercambios académicos,
culturales, científicos y deportivos.
Desde el 2004, han sido sancionadas 85 compañías por
supuestas violaciones del bloqueo contra Cuba.
Se ha intensificado la feroz persecución contra las
transacciones financieras y el comercio de nuestro país.
Son visibles los resultados del demencial rastreo a
escala global que el llamado Grupo de Identificación de
Activos Cubanos realiza de todo lo que parezca ser un
pago desde y hacia Cuba.
Junto al reforzamiento del bloqueo, el Presidente Bush
aprobó en mayo del 2004 otros 59 millones de dólares
para pagar a sus escasos y alicaídos mercenarios en Cuba
con el fin de fabricar una inexistente oposición
interna, y para pagar campañas de propaganda y
transmisiones ilegales de radio y televisión contra
Cuba.
Pero todo fue en vano. El Presidente Bush vio como se le
acababa el tiempo y no podía cumplir su promesa a los
grupos extremistas cubanos de Florida. Sus problemas
domésticos y en el exterior crecían y crecen y Cuba
socialista seguía y sigue ahí, enhiesta e inclaudicable.
Entonces, el 10 de julio de 2006, el Presidente Bush
agregó nuevas medidas a su plan.
Una significativa particularidad de este nuevo engendro
de 93 páginas es que contiene un anexo secreto, con
acciones contra Cuba que no se hacen públicas y explican
que es "para lograr su efectiva realización" y "por
razones de Seguridad Nacional". ¿Serán nuevos planes de
asesinato contra dirigentes cubanos, más actos
terroristas, una agresión militar? Desde esta tribuna
emplazamos hoy, ante la Asamblea General de las Naciones
Unidas, al presidente George W. Bush a dar a conocer
públicamente el contenido de ese documento, que no ha
tenido hasta hoy el valor de revelar.
En el plan se incluye la asignación de, por supuesto,
más dinero. Esta vez son 80 millones de dólares en dos
años y no menos de 20 millones por año hasta la derrota
de la Revolución cubana. Es decir, para siempre.
También se incrementan las transmisiones de radio y
televisión contra Cuba, en abierta violación de las
normas de la Unión Internacional de Telecomunicaciones.
Por otro lado, se realizan renovados esfuerzos para
crear una llamada "coalición" de países para apoyar el
denominado "cambio de régimen" en Cuba.
En el plan de Bush destaca particularmente la aplicación
extraterritorial de la guerra económica contra Cuba.
Así, se establecen nuevos mecanismos para perfeccionar
la maquinaria que aplica las regulaciones del bloqueo y
se adoptan nuevas sanciones. Se destaca entre ellas, por
su novedad, el enjuiciamiento penal contra los
violadores.
Se anuncia, en virtud del Título III de la Ley
Helms-Burton, la autorización para entablar demandas en
tribunales norteamericanos contra los inversionistas
extranjeros en Cuba, en particular los provenientes de
aquellos países que apoyen la continuidad de la
Revolución cubana.
Se establece también una aplicación más rigurosa del
Título IV, que niega la entrada a Estados Unidos de los
inversionistas en Cuba y sus familiares, pero dirigiendo
ahora la persecución especialmente contra los que
inviertan en la exploración y extracción de petróleo, el
turismo, el níquel, el ron y el tabaco.
Como herramienta para la persecución de las ventas de
níquel cubano a otros mercados —no ya al mercado
norteamericano, sino para perseguir las ventas cubanas a
empresas situadas en los países que ustedes representan
aquí en esta Asamblea—, se crea la llamada "Fuerza de
Tarea Interagencia del Níquel Cubano".
Se perfecciona también el asedio contra el intercambio
entre iglesias norteamericanas y cubanas y se prohíbe el
envío de donativos humanitarios a organizaciones
religiosas cubanas.
Pero hay una nueva medida de bloqueo aprobada por el
presidente Bush que merece un comentario aparte. En el
documento se establece que Estados Unidos negará toda
exportación relacionada con equipos médicos que puedan
ser usados en programas de atención a pacientes
extranjeros.
Es decir, el gobierno de Estados Unidos, que ha hecho
siempre lo indecible para hacer fracasar los programas
de cooperación médica internacional que Cuba lleva
adelante, reconoce ahora que su persecución puede llegar
a intentar bloquearle a Cuba la adquisición en el mundo
del equipamiento necesario.
Insisto en que he dicho que el bloqueo ha llegado ahora
al punto de prohibir el intercambio entre las iglesias
de Estados Unidos y las iglesias cubanas; el de
prohibirle a las iglesias en Estados Unidos enviar a las
iglesias amigas en Cuba donativos humanitarios, sillones
de ruedas, medicamentos o productos para uso
humanitario. El bloqueo del presidente Bush contra Cuba
lleva a declararle, incluso, la guerra a las iglesias
norteamericanas y cubanas; intenta bloquear, incluso, el
mandato de Dios. Y, en segundo lugar, intenta que Cuba
no pueda comprar equipos médicos para programas de
cooperación médica internacional.
Son imprescindibles algunos antecedentes sobre este
tema: -Desde 1962, año en que los médicos cubanos
prestaron por primera vez ayuda en el exterior, en
Argelia, casi 132 000 médicos, enfermeras y técnicos de
la salud cubanos han prestado servicios en 102 países.
-Actualmente, 31 000 colaboradores de la salud cubanos
prestan servicios en 69 países. De ellos, 20 000 son
médicos. En 69 países, repito, trabajan hoy 31 000
colaboradores de la salud cubanos, en muchos de los
países que algunos de ustedes representan aquí.
-Señores delegados: Un contingente médico especializado
en catástrofes y situaciones de emergencia fue fundado
el 19 de septiembre de 2005, precisamente en medio del
azote sobre 2 millones de pobres y negros del Sur de
Estados Unidos del efecto combinado del huracán Katrina
y la irresponsabilidad e insensibilidad de su gobierno.
Tiene 10 000 integrantes debidamente entrenados y
equipados y lleva el nombre de un joven norteamericano,
Henry Reeve, caído gloriosamente en 1873 en los campos
de Cuba, con el grado de General de nuestro Ejército
Libertador. En aquel momento, más de 1 500 médicos
cubanos estuvieron listos para partir a las zonas más
afectadas y salvar quién sabe cuántas vidas, que se
perdieron ante la negativa del presidente Bush a
recibirlos.
-Un total de 2 564 integrantes de este contingente
trabajó durante 8 meses en Paquistán, tras el terremoto.
Montaron 32 hospitales que después fueron donados a ese
pueblo hermano. Atendieron 1 millón 800 000 pacientes y
salvaron 2 086 vidas. Después, otros 135 galenos cubanos
prestaron asistencia en Indonesia y montaron dos
hospitales, también donados; atendieron 91 000 pacientes
y realizaron 1 900 intervenciones quirúrgicas.
-Médicos cubanos habían trabajado antes durante
catástrofes naturales ocurridas en Perú en 1970, en
Venezuela en 1999, en Sri Lanka e Indonesia en el 2004 y
en Guatemala en el 2005, por solo citar algunos
ejemplos.
Si el Presidente Bush tuviera éxito en su cínico plan,
Cuba estaría impedida de brindar a otros pueblos, a los
que muchos de ustedes representan aquí, señores
delegados, su modesto y generoso esfuerzo en un campo en
el que nadie niega nuestro desarrollo y experiencia.
-Desde el año 2004, Cuba ha desarrollado la Operación
Milagro, en virtud de la cual han sido operados
gratuitamente y han recuperado la visión casi 400 000
pacientes de 28 países, sin incluir unos 100 000
cubanos.
Aunque nuestro país solo no podría sufragar todos los
gastos pertinentes, hoy los médicos, los técnicos, la
tecnología y los equipos cubanos han creado capacidades
para operar a un millón de latinoamericanos y caribeños
por año.
Si la ofensiva norteamericana lograra paralizar este
esfuerzo, un número equivalente de personas víctimas de
más de 20 enfermedades oftalmológicas perderían la
vista. El gobierno de los Estados Unidos lo sabe, mas no
por ello renuncia a su macabro plan de asfixiar a Cuba.
Esto para hablar solo de los que son atendidos de la
vista y no de los cientos de millones de personas que se
benefician con los programas integrales de salud de los
médicos internacionalistas cubanos.
Cuba no solo presta servicios médicos; está formando
actualmente más de 46 000 jóvenes estudiantes de
medicina de 82 naciones del Tercer Mundo en Cuba o en
sus propios países.
Señora Presidenta Señores delegados: Pero Cuba no se
rendirá, ni desmayará en impulsar estos planes
humanistas, símbolos de que un mundo de paz, justicia y
cooperación es posible. El compromiso de Cuba con los
derechos de cada desposeído del planeta es más fuerte
que el odio de los verdugos.
Señores delegados: Millones de cubanos están ahora
pendientes de la decisión que tomarán ustedes. Les
pedimos apoyar hoy el respeto al derecho de Cuba, que es
también el respeto a los derechos de los pueblos que
ustedes representan. Les pedimos votar a favor del
proyecto de resolución "Necesidad de poner fin al
bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por
los Estados Unidos de América contra Cuba".
Lo hacemos con la frente en alto, optimistas y seguros,
con la esperanza de repetir los versos del poeta de
nuestra generación, porque en Cuba, señores delegados,
Nadie se va a morir, la vida toda es nuestro talismán,
es nuestro manto. Nadie se va a morir, menos ahora que
el canto de la Patria es nuestro canto.
Y si nos imponen la guerra, no alcanzarán los soldados
de Estados Unidos para cubrir las bajas que sufrirían
frente a un país que ha resistido y se ha preparado para
su defensa durante más de 45 años.
Señores delegados: Hasta aquí, el discurso que traía
preparado para presentar nuestro proyecto de resolución.
Sin embargo, un hecho inédito en esta Asamblea me obliga
a decir unas palabras adicionales. Por primera vez desde
que en 1992 la Asamblea comenzó a considerar el tema del
bloqueo contra Cuba, el Gobierno de Estados Unidos
tratará de sabotear, a través de una enmienda, esta
votación.
Tras varias semanas ejerciendo brutales presiones,
Estados Unidos constató que no podía revertir el
abrumador apoyo que este proyecto de resolución concita.
Entonces, trató de que un gran número de delegaciones se
abstuvieran y fracasó. Después, amenazó y chantajeó para
que se retiraran y fracasó nuevamente.
Y, finalmente, decidió boicotear esta votación, distraer
la atención del tema principal, que es su bloqueo contra
Cuba, violación flagrante del Derecho Internacional, y
decretó que la delegación de Australia presentara el
proyecto de enmienda elaborado en Washington.
Aquí tengo, señores delegados, los talking points
distribuidos por Estados Unidos desde el lunes 6,
pidiendo apoyo para una enmienda que Australia no hizo
suya hasta ayer martes 7 en la tarde. Es curioso que la
delegación de Estados Unidos, en este papel pedía apoyo
para una enmienda que todavía Australia no había
decidido siquiera presentar. Estados Unidos trató de que
algún país de la Unión Europea la presentara y no lo
logró; buscó apoyo en otros países y tampoco pudo.
Finalmente, una llamada de muy alto nivel desde
Washington al Ministro de Relaciones Exteriores
australiano decidió que Australia se prestara como
testaferro de la enmienda de Estados Unidos.
¿Es realmente, señores delegados, esta enmienda
expresión de una preocupación genuina de Australia? No.
Es solo prueba de su abyecta sumisión al Gobierno de
Estados Unidos.
Pero, además, Australia no tiene autoridad moral para
intentar referirse a la situación de los derechos
humanos en Cuba.
El Gobierno de Australia es cómplice del imperialismo
norteamericano. Es una especie de "imperialismo de
bolsillo", siempre listo en el Pacífico a seguir a sus
mentores de Washington. Así, no solo colaboró y envió
tropas junto al ejército norteamericano a la guerra de
Viet nam, en la que 4 millones de vietnamitas perdieron
sus vidas, sino que participó con entusiasmo con más de
2 000 soldados en la invasión de Iraq, una guerra
preventiva absolutamente ilegal. Todavía hoy 1 300
soldados australianos permanecen allí pese a que solo el
22% de la población de Australia apoya esta aventura.
El gobierno australiano, que somete a la población
aborigen del país a un verdadero régimen de apartheid,
no tiene moral para criticar a Cuba. El gobierno
australiano, que apoya el centro de torturas que Estados
Unidos mantiene en Guantánamo, y que apoyó los juicios
sumarios ante cortes militares a los presos vejados y
torturados allí, incluidos presos australianos, no tiene
moral para criticar a Cuba.
Estados Unidos aún menos. Todos vimos las imágenes
espantosas de la prisión de Abu Ghraib, las imágenes
espantosas de Guantánamo. Sabemos que organizaron y
mantienen cárceles clandestinas y vuelos secretos en los
que trasladaron a prisioneros drogados y maniatados.
Vimos las imágenes de horror del huracán Katrina, cuando
se condenó a morir a seres humanos por ser negros y ser
pobres. Después de todo lo que ya sabemos, esta Asamblea
no puede ser engañada ni manipulada.
Por tanto, a nombre de Cuba, les pedimos, señores
delegados, votar primero a favor de la Moción de No
Acción que presentaremos para enfrentar la enmienda
propuesta por Australia y, después, votar a favor del
proyecto de resolución L.10 presentado por Cuba.
El delegado de Estados Unidos ha invocado en esta
Asamblea el nombre sagrado de José Martí, Apóstol de la
Independencia de Cuba, en su intervención; mancha el
nombre glorioso para los cubanos, el hombre que dijo que
la guerra que organizaba en Cuba por la independencia
era para impedir a tiempo que se extendieran con una
fuerza más los Estados Unidos de América sobre las
Antillas. Ofende a nuestra delegación que se invoque el
nombre de José Martí para justificar el bloqueo.
Pero recuerdo a la Asamblea, y a la delegación
norteamericana en particular, que también José Martí
dijo que "trincheras de ideas valen más que trincheras
de piedras", y son las trincheras de ideas las que hacen
invencible al pueblo noble, generoso y heroico que aquí
represento.
Muchas gracias.
Intervención de Felipe Pérez Roque,
Ministro de Relaciones Exteriores de la República de
Cuba, bajo el tema 18 de la agenda de la Asamblea
General titulado “Necesidad de poner fin al bloqueo
económico, comercial y financiero impuesto por los
Estados Unidos de América contra Cuba”. 8 de noviembre
de 2006, Nueva York |