Año V
La Habana

4 al 10 de NOVIEMBRE
de 2006

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El trovazo supo a mate
Estrella Díaz La Habana
Fotos: Alain Gutiérrez


Llegar a El trovazo fue, en muchos sentidos, como un viaje al epicentro mismo de lo que significan las palabras amistad y solidaridad. Les cuento.

El pasado martes 31 de octubre, día en que según había pronosticado el Instituto Cubano de Meteorología “habría lluvias localmente intensas en zonas de la región occidental del país”, un grupo de los que trabajamos en el Centro Pablo fuimos invitados a acompañar a los músicos argentinos Pedro Reñé y Natalia Gómez a El trovazo, espacio que contra todos los inconvenientes ha sabido mantener a flote con tozuda inteligencia la trovadora Yamira Díaz. 

Salimos al mediodía y como es casi obligado cuando se viaja hacia Pinar del Río, la más occidental de las provincias cubanas, nos detuvimos en Las Terrazas, mágica comunidad construida a fines de la década de los 60 que ha sido declarada  Reserva de la Biosfera y orgullo de los que aman, cuidan y preservan la naturaleza.         

Llegamos a Las Terrazas y, sin previo aviso, visitamos a Jorge Pérez Duporte, un importante artista de la plástica que recién acaba de cumplir veinte años de vivir en ese lugar y cuya obra está tan imbricada con la naturaleza que, como se ha dicho de ella, “de una impresionante realidad vegetal”. Sin duda, el entorno de Las Terrazas ha contribuido a ello. Allí, Duporte —que es un excelente anfitrión— conversó con los trovadores argentinos quienes llegan a La Habana desde Rosario, un lugar “donde llueve mucho”; dicho y hecho: no se equivocó esta vez el Instituto de Meteorología, la lluvia arribó invocada por Pedro Reñé.

Rodeados de agua (la del espejo que forma el breve lago y la que caía del cielo), permanecimos un buen rato en Las Terrazas donde compartimos anécdotas, risas, mate y panes (faltaron los peces) y, luego, a sugerencia del que para la ocasión figuraba como chofer, el director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, Víctor Casaus, emprendimos viaje hacia la capital pinareña, a unos 80 kilómetros de donde nos encontrábamos.

“¡Bienvenidos a Pinar del Río!”, anuncia orgullosa una colorida valla y justo allí, en el kilómetro 60 de la autopista, más conocida entre los cubanos como “las ocho vías”, la vagoneta que nos transportaba dijo: hasta aquí.

Marihué, la productora del espacio A guitarra limpia y quien suscribe estas líneas —siempre escoltadas por el fotógrafo Alain Gutiérrez— intentamos salir del escollo pidiendo auxilio a cuanto transporte pasaba, desde camiones repletos de personas hasta tractores… Con justeza debo decir que muchos conductores pretendieron ayudarnos, pero todo intento fue fallido. La tarde se convertía en noche cerrada, los mosquitos nos descubrieron y como repelente solo se nos ocurrió entonar un estribillo de “Cantar”, texto de Pedro Reñé y es que  nos gusta cantar esa es la suerte / y es que nos gusta cantar para besar la verdad  y sentirnos más fuertes.    

Y así, repitiendo esa sola estrofa cual himno salvador (y a pesar de los insistentes cambios que en la letra  introducía Marihué), nos sorprendió la llegada de un taxi que, desde Las Terrazas, envió Duporte.

Aproximadamente una hora después estábamos ante la puerta del teatro donde Yamira aguardaba ansiosa. En la carretera quedaron Víctor y María Santucho, la coordinadora del Centro Pablo, esperando a que llegara desde La Habana Juan Carlos o más bien para todos nosotros, al menos en ese momento, “San Salvador” quien diagnosticó de inmediato: “solo se trata de un cable flojo”. Obviamente, la trova, la fotografía, el cine, la poesía y el periodismo nada tienen que ver con la mecánica: buen tema para una canción…

Comenzó El trovazo con un primer bloque a cargo de Yamira y su grupo —integrado por Beatriz Ordaz (flauta), Rocky Nelson (bajo), Boris Miguel (percusión), Wilbert García (percusión), Erick Gallardo (piano), Darina Morejón (voz y percusión menor) —que incluyó cuatro temas: “Nana del niño terrible”, “Trova de las flores” (de Ariel Díaz), “Ponte en vela” y “Mañanas de navidad” (del trovador argentino Raly Barrionuevo).

Los anfitriones quisieron sorprender a Pedro y Natalia y lo lograron: tenían montada la canción “Cantar”; la misma que, casualmente, coreábamos horas antes en plena carretera cuando veíamos amenazada la llegada puntual al concierto y es que  nos gusta cantar esa es la suerte… Hermoso gesto que, según supe después, es habitual en esta peña.     

Pedro y Natalia se hicieron dueños del escenario y comenzaron con el candombe “Canción de la utopía” que según el músico argentino “es un género primo del son”. Luego siguieron “Sin techo”, “Mi último aviso”, “Zamba de agua”, “Las tardes del sol, las noches del agua” (texto de Fito Páez que Natalia vocalizó en solitario), “Como una luna en el agua” (inspirada en Rayuela, de Julio Cortázar) y “Parte de mí”. Todos estos temas integran el disco Pinceladas del sur que están promoviendo, ahora en esta gira a Cuba y antes en España.

Es altamente estimable el esfuerzo que hicieron ambos músicos argentinos. Fueron muchos los percances e imprevistos: llegaban de sopetón ante un público nuevo, en un escenario no conocido, sin tener el más mínimo tiempo de coordinar acciones, con el cansancio de varias horas en la carretera y, como si fuera poco, con la angustia que generó el temor de no poder llegar a tiempo. Hay que aplaudir ese tamaño esfuerzo que habla a favor de esa suerte de nexo secreto que existe entre los músicos vengan del  norte, del este, del oeste o del sur, como es el caso.

Pedro posee un agudísimo sentido del humor y sabe cómo sacarle partido. Les aseguro que el público se divirtió tremendamente con los comentarios hechos entre canción y canción: cuando un artista, sinceramente, se está divirtiendo con lo que hace, el público lo siente de inmediato. Nace la complicidad y así fue.     

El trovazo es un espacio que cumple en enero tres años y con el tiempo se ha ido legitimando; el de este octubre, el número 34, tuvo sabor a solidaridad y a mate, porque ¿qué buen argentino no saca de debajo de la manga un termo con agua caliente y la olorosa hierba?

Les aseguro que si a los cubanos en situaciones difíciles nos da por cantar, los argentinos, cual hechiceros, se convidan unos a otros: Che, ¿vos querés un matecito? Si no me cree, pregúntele a Pedro, a Natalia o a María.
 

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