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Llegar a El
trovazo fue, en muchos sentidos, como un viaje al
epicentro mismo de lo que significan las palabras
amistad y solidaridad. Les cuento.
El pasado martes 31
de octubre, día en que según había pronosticado el
Instituto Cubano de Meteorología “habría lluvias
localmente intensas en zonas de la región occidental del
país”, un grupo de los que trabajamos en el Centro Pablo
fuimos invitados a acompañar a los músicos
argentinos Pedro Reñé y Natalia Gómez a El trovazo,
espacio que contra todos los inconvenientes ha sabido
mantener a flote con tozuda inteligencia la trovadora
Yamira Díaz.
Salimos al mediodía y
como es casi obligado cuando se viaja hacia Pinar del
Río, la más occidental de las provincias cubanas, nos
detuvimos en Las Terrazas, mágica comunidad construida a
fines de la década de los 60 que ha sido declarada
Reserva de la Biosfera y orgullo de los que aman,
cuidan y preservan la naturaleza.
Llegamos a Las
Terrazas y, sin previo aviso, visitamos a Jorge
Pérez Duporte, un importante artista de la plástica que
recién acaba de cumplir veinte años de vivir en ese
lugar y cuya obra está tan imbricada con la naturaleza
que, como se ha dicho de ella, “de una impresionante
realidad vegetal”. Sin duda, el entorno de Las Terrazas
ha contribuido a ello. Allí, Duporte —que es un
excelente anfitrión— conversó con los trovadores
argentinos quienes llegan a La Habana desde Rosario, un
lugar “donde llueve mucho”; dicho y hecho: no se
equivocó esta vez el Instituto de Meteorología, la
lluvia arribó invocada por Pedro Reñé.
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Rodeados de agua (la
del espejo que forma el breve lago y la que caía del
cielo), permanecimos un buen rato en Las Terrazas donde
compartimos anécdotas, risas, mate y panes (faltaron los
peces) y, luego, a sugerencia del que para la ocasión
figuraba como chofer, el director del Centro Cultural
Pablo de la Torriente Brau, Víctor Casaus, emprendimos
viaje hacia la capital pinareña, a unos 80 kilómetros de
donde nos encontrábamos.
“¡Bienvenidos a Pinar
del Río!”, anuncia orgullosa una colorida valla y justo
allí, en el kilómetro 60 de la autopista, más conocida
entre los cubanos como “las ocho vías”, la vagoneta que
nos transportaba dijo: hasta aquí.
Marihué, la
productora del espacio A guitarra limpia y quien
suscribe estas líneas —siempre escoltadas por el
fotógrafo Alain Gutiérrez— intentamos salir del escollo
pidiendo auxilio a cuanto transporte pasaba, desde
camiones repletos de personas hasta tractores… Con
justeza debo decir que muchos conductores pretendieron
ayudarnos, pero todo intento fue fallido. La tarde se
convertía en noche cerrada, los mosquitos nos
descubrieron y como repelente solo se nos ocurrió
entonar un estribillo de “Cantar”, texto de Pedro Reñé
y es que nos gusta cantar esa es la suerte / y es
que nos gusta cantar para besar la verdad y sentirnos
más fuertes.
Y así, repitiendo esa
sola estrofa cual himno salvador (y a pesar de los
insistentes cambios que en la letra introducía Marihué),
nos sorprendió la llegada de un taxi que, desde Las
Terrazas, envió Duporte.
Aproximadamente una
hora después estábamos ante la puerta del teatro donde
Yamira aguardaba ansiosa. En la carretera quedaron
Víctor y María Santucho, la coordinadora del Centro
Pablo, esperando a que llegara desde La Habana
Juan Carlos o más bien para todos nosotros, al menos en
ese momento, “San Salvador” quien diagnosticó de
inmediato: “solo se trata de un cable flojo”.
Obviamente, la trova, la fotografía, el cine, la poesía
y el periodismo nada tienen que ver con la mecánica:
buen tema para una canción…
Comenzó El trovazo
con un primer bloque a cargo de Yamira y su grupo
—integrado por Beatriz Ordaz (flauta), Rocky Nelson
(bajo), Boris Miguel (percusión), Wilbert García
(percusión), Erick Gallardo (piano), Darina Morejón (voz
y percusión menor) —que incluyó cuatro temas: “Nana del
niño terrible”, “Trova de las flores” (de Ariel Díaz),
“Ponte en vela” y “Mañanas de navidad” (del trovador
argentino Raly Barrionuevo).
Los anfitriones
quisieron sorprender a Pedro y Natalia y lo lograron:
tenían montada la canción “Cantar”; la misma que,
casualmente, coreábamos horas antes en plena carretera
cuando veíamos amenazada la llegada puntual al concierto
y es que nos gusta cantar esa es la suerte…
Hermoso gesto que, según supe después, es habitual en
esta peña.
Pedro y Natalia se
hicieron dueños del escenario y comenzaron con el
candombe “Canción de la utopía” que según el músico
argentino “es un género primo del son”. Luego siguieron
“Sin techo”, “Mi último aviso”, “Zamba de agua”, “Las
tardes del sol, las noches del agua” (texto de Fito Páez
que Natalia vocalizó en solitario), “Como una luna en el
agua” (inspirada en Rayuela, de Julio Cortázar) y
“Parte de mí”. Todos estos temas integran el disco
Pinceladas del sur que están promoviendo, ahora en
esta gira a Cuba y antes en España.
Es altamente
estimable el esfuerzo que hicieron ambos músicos
argentinos. Fueron muchos los percances e imprevistos:
llegaban de sopetón ante un público nuevo, en un
escenario no conocido, sin tener el más mínimo tiempo de
coordinar acciones, con el cansancio de varias horas en
la carretera y, como si fuera poco, con la angustia que
generó el temor de no poder llegar a tiempo. Hay que
aplaudir ese tamaño esfuerzo que habla a favor de esa
suerte de nexo secreto que existe entre los músicos
vengan del norte, del este, del oeste o del sur, como
es el caso.
Pedro posee un
agudísimo sentido del humor y sabe cómo sacarle partido.
Les aseguro que el público se divirtió tremendamente con
los comentarios hechos entre canción y canción: cuando
un artista, sinceramente, se está divirtiendo con lo que
hace, el público lo siente de inmediato. Nace la
complicidad y así fue.
El trovazo
es un espacio que
cumple en enero tres años y con el tiempo se ha ido
legitimando; el de este octubre, el número 34,
tuvo sabor a solidaridad y a mate, porque ¿qué buen
argentino no saca de debajo de la manga un termo con
agua caliente y la olorosa hierba?
Les aseguro que si a
los cubanos en situaciones difíciles nos da por cantar,
los argentinos, cual hechiceros, se convidan unos a
otros: Che, ¿vos querés un matecito? Si no me cree,
pregúntele a Pedro, a Natalia o a María.
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