Año V
La Habana

4 al 10 de NOVIEMBRE
de 2006

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“Jamás me he sentido una extranjera en este país”
María Santucho La Habana


“Los que me conocen saben que no me gusta hacer esto y ahora me siento en un compromiso muy difícil, pero tengo que hacerlo por mi historia personal y por la profunda emoción que siento en estos momentos.

Este reconocimiento que se me otorga hoy es, quizás, el resultado de la acumulación de cosas que me han sucedido desde hace muchísimos años. Hace más de treinta años en mi país, en mi patria, en mi otra patria, me reunía con mi padre en Tucumán, en el norte de la Argentina. Él permanecía escondido en una piecita donde había tenido que recluirse clandestinamente; mi madre y mis hermanas se turnaban conmigo; un fin de semana me tocaba a mí y el próximo a ellas.  

En esas visitas, mi padre me leía a Nicolás Guillén y ponía de fondo un discurso de Fidel en una grabadora de cinta, un discurso hermoso, bellísimo, un discurso que me sé prácticamente de memoria porque lo escuché muchas veces. Ese discurso fue pronunciado durante un acto por un aniversario del Asalto al Cuartel Moncada. En él Fidel, recordando a Rubén Martínez Villena, decía: “Desde aquí te decimos: Rubén, ¡el Moncada fue la carga que tú pedías!”.

Yo pensaba y me decía: ¡debe ser algo extraordinario ese país!, pero realmente nunca quise soñar con la idea de venir a Cuba. Algunas personas de mi familia habían estado en La Habana, pero yo no quería soñar con esa idea porque me parecía que era aspirar a lo imposible.  

Después el horror, el terror que sembró tanta destrucción en mi país, obligó a mi madre y a mis hermanas a salir de la Argentina. En el trayecto perdía muchísimas cosas y ¡paradojas de la vida!, gané una nueva vida, una vida extraordinaria, maravillosa, gané otra patria, otro lugar, otras costumbres, otros sentimientos, otra manera de ser. 

Quise comenzar recordando a mi padre porque fue quien me enseñó que había un país llamado Cuba donde, seguramente, vivía gente extraordinaria que escribía eso que él me leía.  

Deseo, también, agradecerle a mi madre y a mis hermanas haber compartido estos años y haber logrado sobrevivir al horror y a las pérdidas, haciendo una vida llena de felicidad, con contradicciones, pero llena de felicidad.  

La vida me ha dado muchísimas satisfacciones; una es ésta de haber compartido todos estos años de vida personal con Víctor; haberlo encontrado en mi camino, que me descubriera en medio de la multitud y que me haya dado la oportunidad de realizar un sueño que a mí me parecía imposible; que me ha regalado, él me ha regalado, y por eso quiero dedicar esto además de a mi familia (a mi padre, a mis hermanas, a mis hijas, a mi madre que está aquí, por suerte) a mis compañeros de trabajo.  

A los amigos que durante estos diez años me han acompañado de cerca en el plano personal y profesional y me han hecho sentir lo mismo que afirmó Silvio Rodríguez en un memorable documental en el que afirmó que él hacia canciones para hacer feliz a la gente.  

Yo trabajo para hacer feliz a la gente. Espero haberlo logrado en alguna medida. Esta Distinción me da la oportunidad de mirarlos y creer que logré un poquito de esa felicidad de cada uno. Y a mis hijos del Centro Pablo: ¡gracias! Tengo muchos hijos aquí que van desde Augusto Blanca hasta Mauricio Figueiral. Gracias a Víctor, gracias a Abel y gracias a la gran familia que he encontrado.  

Jamás me he sentido una extranjera en este país y creo que eso no es por mí condición humana sino por la condición humana de los cubanos que, más allá de cualquier cosa, acogen con afecto y entrega a todas las personas, vengan de donde vengan, crean en lo que crean, hagan lo que hagan. Eso me conmueve cada día.  

Les agradezco a todos por compartir este momento: a los que están y a los que no están también. Muchas gracias, muchas gracias”   

Palabras de agradecimiento de María Santucho, Coordinadora general del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, luego de recibir de manos de Abel Prieto, Ministro cubano de cultura, la Orden por la Cultura Cubana. Jueves, 2 de noviembre, sede del Centro Pablo en La Habana Vieja.

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