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Para recoger el pan de la amistad hay que saber sembrar
la semilla y cultivar los frutos. Juan Marinello lo supo
hacer y de que forma. En Cuba, en su natal y pequeño
poblado de Jicotea, en Ciudad de La Habana o en otras
localidades del país tuvo amigas y amigos. Y también
surcando los mares hacia el Sur o hacia el Este.
Desde
el austral Chile, Pablo Neruda le escribió “Tengo ganas
de que tú y yo hagamos una especie de diálogo —como cosa
central: la fe comunista— tú me enviarías tu parte y
aquí lo cocinaría con lo mío. Mi manera de ver en esta
hora de grandes dolores es también de alegría y orgullo,
y esta sensación de triunfo quiero que la demos.
Terminemos la parte negativa. Somos. Existimos, y existe
de manera grandiosa el mundo en que creímos. Hace falta
impartir una ola de triunfo a nuestra América, a lo
nuestro de ella”. Ambos poetas compartían la ideología
de los desposeídos, la comunista.
Porque si Marinello fue un hombre de una cultura
vastísima, entrenado con tino en la poesía, el ensayo y
el género epistolar, desde muy joven abrazó las ideas
socialistas.
Sus
estudios primario y secundario los realizó en su natal
Santa Clara, luego pasó a la
Universidad de la Habana, centro en el que se
destacó como alumno en Derecho Civil, Público y en
Filosofía y Letras. En los primeros años de la década
del veinte amplió sus estudios en la Universidad Central
de Madrid.
Al
regresar de España comenzó su intensa —y extensa—
vinculación política: colaboró con
Julio
Antonio Mella en el movimiento por la Reforma
Universitaria, y junto a éste y a Rubén Martínez Villena
en la creación de la Universidad Popular José Martí.
Poeta
ya, tuvo un fuerte vínculo con la vanguardia juvenil
intelectual que se dio a conocer entre los años 20 y 30
del siglo pasado, época llamada por él “década crítica”
y en la que ocurrieron acontecimientos que marcarían la
vida de Marinello, como la fundación de la Confederación
Nacional Obrera de Cuba y el Partido Comunista.
Junto con Martínez Villena fundó y dirigió en 1923 la
Falange de Acción Cubana, e integró la dirección del
Movimiento de Veteranos y Patriotas.
Por
supuesto que participó en la
Protesta de los Trece de la Academia de
Ciencias contra un mundo de corrupción administrativa
del gobierno de Miguel Zayas. También integró el
Grupo
Minorista, que en 1927 publicó una
declaración contra el clima político imperante y la
dependencia imperialista, además de ser fundador y
vicepresidente de la Institución Hispano-Cubana de
Cultura en 1926. Un año después contrajo matrimonio con
María Josefa Vidaurreta y del Canal, su esposa, amante,
novia, compañera y confidente hasta cincuenta años
después cuando la muerte de ella los separó.
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Claro estaba que aquel joven vestido siempre con
absoluta pulcritud y con un comportamiento cortés, de
forma natural vinculaba sus afanes líricos con los
políticos. “Poetas de este linaje -desengáñense los
organistas de la torre de marfil- son los que
históricamente permanecen. Porque además de cantar
—“entretenimiento distinguido”— pugnan por la
realización de normas más justas de vida común”,
escribió sobre Marinello otro gran cubano,
Raúl Roa.
Rubén,
Roa, Mella, Pablo de la Torriente y Marinello son
considerados los primeros jóvenes marxistas cubanos
formados a partir de la realidad antillana.
Para
Volodia Teitelboim Marinello “…junto a
Julio Antonio Mella, a José Carlos Mariátegui y a su
amigo Aníbal Ponce representa una de las primeras
generaciones del nuevo pensamiento latinoamericano…”
En
tanto,
Emilio Roig De Leuchsenring afirmó
“Este joven y brillante poeta y ensayista, una de las
figuras más representativas de los
nuevos
[…], no pasará mucho tiempo sin que nos ofrezca, en
libros realizados serena y amorosamente, lo mejor de su
visión lírica y lo más vigoroso de su acervo
ideológico”.
Pero si
el joven integrante de aquella generación telúrica
recibía el respeto como un intelectual orgánico, no
faltaban reconocimientos dirigidos especialmente a su
lírica, como el de otra chilena, Gabriela Mistral
“Muchas gracias Juan Marinello por su libro [Liberación]
lleno de excelencias, de una poesía fina, penetrante y
noble. Me ha ganado usted con ella”.
O esta casi exclamación de un español singular, Antonio
Machado, “Juan Marinello, gloria de
todas las Españas”.
La
labor intelectual de este ilustre villaclareño se hizo
sentir en múltiples acciones culturales como la
fundación o colaboración en revistas progresistas
latinoamericanas o europeas: Revista de Avance,
Masas, Mediodía, Mensaje, en la
época de la dictadura de
Batista, y los periódicos La Palabra,
Venezuela Libre, que luchó contra la tiranía de
Juan Vicente Gómez, y colaboró en La Carta Semanal,
publicación clandestina de los comunistas cubanos,
durante la última época seudo republicana.
Como
pedagogo la labor de Marinello fue extensa: profesor de
Literatura Cubana y en el Instituto de Idiomas Moderno
de la Universidad de la Habana; de Lenguaje, Literatura
Española y Cubana en la Escuela Nacional para Maestros
de la Habana. Esta noble profesión la ejerció también en
México: impartió clases de Historia del Arte en la
Escuela Normal de Maestros, fue profesor de Literatura
Hispanoamericana de la Escuela de Verano de la
Universidad Autónoma de México en 1933 y 1936, y de
Literatura Iberoamericana en la Facultad de Filosofía y
Letras de la misma institución.
Por sus
acciones políticas Marinello estuvo preso en varias
oportunidades y también desarrolló una amplia labor
internacional: después de la muerte de Mella, presidió
la Liga Antimperialista y el Primer Congreso
Internacional Contra la Guerra, la Intervención y el
Fascismo, celebrado en La Habana en 1934. Tres años
después inauguró el Congreso de la Liga de Escritores y
Artistas Revolucionarios e integró su directiva. A
España viajó a España presidiendo la delegación cubana
al Congreso Internacional de Intelectuales por la
Defensa de la Cultura, en el que preside la sesión de
apertura en Madrid y pronuncia el discurso inaugural en
representación de los Escritores Latinoamericanos.
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Luego
de su regreso en Cuba, desplegó una profunda labor a
favor de la República Española. Como patrocinador del
Congreso Mundial de la Juventud de Vassar College,
intervino en sus sesiones, y en 1939 representó al
Partido Unión Revolucionaria en el Congreso de las
Democracias de Montevideo. Presidió después en Buenos
Aires la Conferencia Continental de Ayuda a España. En
Chile fue declarado Huésped de Honor de la Alianza de
Intelectuales, con la adhesión de la Universidad de
Santiago y de los Partidos del Frente Popular.
Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la
formación del bloque antifascista, los comunistas —en
Cuba y otras partes del mudo— pudieron intentar acceder
al poder desde la propia estructura lectoral de los
diferentes países. Marinello que presidía el Partido
Unión Revolucionaria Comunista, fue electo,
representándolo, delegado a la Asamblea Constituyente de
1940. Ese mismo año resultó elegido candidato de su
partido a la Alcaldía de la Habana y, dos años más
tarde, representante a la Cámara. Presidió además la
Comisión de Enseñaza Privada del Consejo Nacional de
Educación y Cultura (1941), en la que desarrolló una
intensa campaña nacional a favor de una enseñaza cubana
y progresista. Dirigió el Partido Socialista Popular
desde 1944 hasta su disolución. En las elecciones de
junio de ese año fue electo senador por la provincia de
Camagüey, y en 1946 ocupó la vicepresidencia del Senado.
Fue candidato a la Presidencia de la República por el
Partido Socialista Popular en 1948.
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Luego
del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, representó
al Movimiento Cubano por la Paz en importantes eventos
internacionales como los efectuados en Varsovia, México,
Budapest, Bruselas, Helsinki y Berlín. Presidió la
delegación cubana a la Conferencia de los Pueblos,
efectuada en la Habana en 1962. En enero de 1965 integró
la delegación de nuestro país al Coloquio sobre
Literatura Latinoamericana celebrado en Génova. En su
función de embajador y delegado permanente de Cuba ante
la UNESCO, participó en sus conferencias generales de
1964, 1966, 1968 y 1970, y tomó parte en el Coloquio
sobre Lenin convocado por esa organización
internacional, efectuado en Tampere, Finlandia, en abril
de 1970.
Fue
rector de la Universidad de la Habana, en la que realizó
la reforma universitaria, y fundó la Facultad
Obrero-Campesina Julio Antonio Mella. Fue
presidente del Movimiento Cubano por la Paz y Soberanía
de los Pueblos, de la Mesa Constitutiva de la
Asamblea Nacional del Poder Popular, miembro
del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y del
Consejo de Estado hasta su fallecimiento el 27 de marzo
de 1977.
Dentro
de su obra édita se encuentran : Juventud y vejez
(1928), Sobre la inquietud cubana (1930),
Americanismo y cubanismo literarios (1932),
Poética, Ensayo en entusiasmo(1933),
Momento español (1937), Actualidad americana de
José Martí (1945), Meditación americana
(1959), El pensamiento de Martí y nuestra Revolución
Socialista (1962), Contemporáneos (1964) y Creación
y Revolución (1973).
Para
muchos investigadores su libro Martí, escritor
americano (1958), es su obra más acabada. En él
Marinello sintetiza toda una visión articulada de por
que el ideario martiano no es antagónico al marxismo.
En
tiempos juveniles Marinello escribió “Yo soy un hombre
pacífico/ de la noche a la mañana; / si me llegan a
tocar/ la virgen se llama Juana (...) Con la bomba que
me tiras/ tiemplo la guámpara...”
Versos
donde se define el cubano vestido casi siempre de
blanco, enamorado de una sola mujer, aquella que murió
el mismo dia que él debía inaugurar la recién electa
Asamblea Nacional del Poder Popular, uno de sus grandes
sueños que sintetizaba —y sintetiza— la más amplia
democracia para su pueblo.
De este
comunista, poeta, martiano, profesor, ensayista se
podría seguir escribiendo infinitamente, pero mejor
terminar con la frase del narrador cubano más
importante, Alejo Carpentier, que con orgullo al
referirse a Juan dijo “… Con tales maestros anduve, y
junto a ellos aprendí a pensar”. |