Año V
La Habana

4 al 10 de NOVIEMBRE
de 2006

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Junto a él aprendimos a pensar
Paquita Armas Fonseca La Habana


Para recoger el pan de la amistad hay que saber sembrar la semilla y cultivar los frutos. Juan Marinello lo supo hacer y de que forma. En Cuba, en su natal y pequeño poblado de Jicotea, en Ciudad de La Habana o en otras localidades del país tuvo amigas y amigos. Y también surcando los mares hacia el Sur o hacia el Este.

Desde el austral Chile, Pablo Neruda le escribió “Tengo ganas de que tú y yo hagamos una especie de diálogo —como cosa central: la fe comunista— tú me enviarías tu parte y aquí lo cocinaría con lo mío. Mi manera de ver en esta hora de grandes dolores es también de alegría y orgullo, y esta sensación de triunfo quiero que la demos. Terminemos la parte negativa. Somos. Existimos, y existe de manera grandiosa el mundo en que creímos. Hace falta impartir una ola de triunfo a nuestra América, a lo nuestro de ella”.  Ambos poetas compartían  la ideología de los desposeídos, la  comunista.
 


Porque si Marinello fue un hombre de una cultura vastísima, entrenado con tino en la poesía, el ensayo y el género epistolar, desde muy joven abrazó las ideas socialistas.
 

Sus estudios primario y secundario los realizó en su natal Santa Clara, luego pasó a la Universidad de la Habana, centro en el que se destacó como alumno en Derecho Civil, Público y en Filosofía y Letras. En los primeros años de la década del veinte amplió sus estudios en la Universidad Central de Madrid.
 

Al regresar de España comenzó su intensa —y extensa— vinculación política: colaboró con Julio Antonio Mella en el movimiento por la Reforma Universitaria, y junto a éste y a Rubén Martínez Villena en la creación de la Universidad Popular José Martí.
 

Poeta ya,  tuvo un fuerte vínculo con la vanguardia juvenil intelectual que se dio a conocer entre los años 20 y 30 del siglo pasado, época llamada por él “década crítica” y en la que ocurrieron acontecimientos que marcarían la vida de Marinello, como la fundación de la Confederación Nacional Obrera de Cuba y el Partido Comunista.

Junto con Martínez Villena fundó y dirigió en 1923 la Falange de Acción Cubana, e integró la dirección del Movimiento de Veteranos y Patriotas.
 

Por supuesto que participó en la Protesta de los Trece de la Academia de Ciencias contra un mundo de corrupción administrativa del gobierno de Miguel Zayas. También  integró el Grupo Minorista, que en 1927 publicó una declaración contra el clima político imperante y la dependencia imperialista, además de ser fundador y vicepresidente de la Institución Hispano-Cubana de Cultura en 1926. Un  año después contrajo matrimonio con María Josefa Vidaurreta y del Canal, su esposa, amante, novia, compañera y confidente  hasta cincuenta años después cuando la muerte de ella los separó.
 


Claro estaba que aquel joven vestido siempre con absoluta pulcritud y con un comportamiento cortés, de forma natural vinculaba sus afanes líricos con los políticos. “Poetas de este linaje -desengáñense los organistas de la torre de marfil- son los que históricamente permanecen. Porque además de cantar —“entretenimiento distinguido”— pugnan por la realización de normas más justas de vida común”, escribió sobre Marinello otro gran cubano, Raúl Roa.

Rubén, Roa, Mella, Pablo de la Torriente y Marinello son considerados  los primeros jóvenes marxistas cubanos formados a partir de la realidad antillana.

Para Volodia Teitelboim  Marinello “…junto a Julio Antonio Mella, a José Carlos Mariátegui y a su amigo Aníbal Ponce representa una de las primeras generaciones del nuevo pensamiento latinoamericano…”
 

En tanto, Emilio Roig De Leuchsenring afirmó  “Este joven y brillante poeta y ensayista, una de las figuras más representativas de los nuevos […], no pasará mucho tiempo sin que nos ofrezca, en libros realizados serena y amorosamente, lo mejor de su visión lírica y lo más vigoroso de su acervo ideológico”.
 

Pero si el joven integrante de aquella generación telúrica recibía el respeto como un intelectual orgánico, no faltaban reconocimientos dirigidos especialmente a su lírica, como el de otra chilena, Gabriela Mistral “Muchas gracias Juan Marinello por su libro [Liberación] lleno de excelencias, de una poesía fina, penetrante y noble. Me ha ganado usted con ella”. O esta casi exclamación de un español singular, Antonio Machado, “Juan Marinello, gloria de todas las Españas”.
 

La labor intelectual de este ilustre villaclareño se hizo sentir en múltiples acciones culturales como la fundación o colaboración en revistas progresistas latinoamericanas o europeas: Revista de Avance, MasasMediodía, Mensaje, en la época de la dictadura de Batista, y los periódicos La Palabra, Venezuela Libre,  que luchó contra la tiranía de Juan Vicente Gómez, y colaboró en La Carta Semanal, publicación clandestina de los comunistas cubanos, durante la última época seudo republicana.

Como pedagogo la labor de Marinello fue extensa: profesor de Literatura Cubana y en el Instituto de Idiomas Moderno de la Universidad de la Habana; de Lenguaje, Literatura Española y Cubana en la Escuela Nacional para Maestros de la Habana. Esta noble profesión la ejerció también en  México: impartió clases de Historia del Arte en la Escuela Normal de Maestros, fue profesor de Literatura Hispanoamericana de la Escuela de Verano de la Universidad Autónoma de México en 1933 y 1936, y de Literatura Iberoamericana en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma institución.

Por sus acciones políticas Marinello estuvo preso en varias oportunidades y también desarrolló una amplia labor internacional: después de la muerte de Mella, presidió la Liga Antimperialista y el Primer Congreso Internacional Contra la Guerra, la Intervención y el Fascismo, celebrado en La Habana en 1934. Tres años después inauguró el Congreso de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios e integró su directiva. A España viajó a España presidiendo la delegación cubana al Congreso Internacional de Intelectuales por la Defensa de la Cultura, en el que preside la sesión de apertura en Madrid y pronuncia el discurso inaugural en representación de los Escritores Latinoamericanos.

Luego de su  regreso en Cuba, desplegó una profunda labor a favor de la República Española. Como patrocinador del Congreso Mundial de la Juventud de Vassar College, intervino en sus sesiones, y en 1939 representó al Partido Unión Revolucionaria en el Congreso de las Democracias de Montevideo. Presidió después en Buenos Aires la Conferencia Continental de Ayuda a España. En Chile fue declarado Huésped de Honor de la Alianza de Intelectuales, con la adhesión de la Universidad de Santiago y de los Partidos del Frente Popular.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la formación del bloque antifascista, los comunistas —en Cuba y otras partes del mudo— pudieron intentar acceder al poder desde la propia estructura lectoral de los diferentes países. Marinello que presidía el Partido Unión Revolucionaria Comunista, fue electo, representándolo, delegado a la Asamblea Constituyente de 1940. Ese mismo año resultó elegido candidato de su partido a la Alcaldía de la Habana y, dos años más tarde, representante a la Cámara. Presidió además la Comisión de Enseñaza Privada del Consejo Nacional de Educación y Cultura (1941), en la que desarrolló una intensa campaña nacional a favor de una enseñaza cubana y progresista. Dirigió el Partido Socialista Popular desde 1944 hasta su disolución. En las elecciones de junio de ese año fue electo senador por la provincia de Camagüey, y en 1946 ocupó la vicepresidencia del Senado. Fue candidato a la Presidencia de la República por el Partido Socialista Popular en 1948.

Luego del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, representó al Movimiento Cubano por la Paz en importantes eventos internacionales como los efectuados en Varsovia, México, Budapest, Bruselas, Helsinki y Berlín. Presidió la delegación cubana a la Conferencia de los Pueblos, efectuada en la Habana en 1962. En enero de 1965 integró la delegación de nuestro país al Coloquio sobre Literatura Latinoamericana celebrado en Génova. En su función de embajador y delegado permanente de Cuba ante la UNESCO, participó en sus conferencias generales de 1964, 1966, 1968 y 1970, y tomó parte en el Coloquio sobre Lenin convocado por esa organización internacional, efectuado en Tampere, Finlandia, en abril de 1970.

Fue rector de la Universidad de la Habana, en la que realizó la reforma universitaria, y fundó la Facultad Obrero-Campesina Julio Antonio Mella. Fue presidente del Movimiento Cubano por la Paz y Soberanía de los Pueblos, de la Mesa Constitutiva de la Asamblea Nacional del Poder Popular, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y del Consejo de Estado hasta su fallecimiento el 27 de marzo de 1977.

Dentro de su obra édita se encuentran : Juventud y vejez (1928), Sobre la inquietud cubana (1930), Americanismo y cubanismo literarios (1932), Poética, Ensayo en entusiasmo(1933), Momento español (1937), Actualidad americana de José Martí (1945), Meditación americana (1959), El pensamiento de Martí y nuestra Revolución Socialista (1962), Contemporáneos (1964) y  Creación y Revolución (1973).

Para muchos investigadores su libro Martí, escritor americano (1958), es su obra más acabada. En él Marinello sintetiza toda una visión articulada de por que el ideario martiano no es antagónico al marxismo.

En tiempos juveniles Marinello escribió “Yo soy un hombre pacífico/ de la  noche a la mañana; / si me llegan a tocar/ la  virgen se llama Juana (...) Con la bomba que me tiras/ tiemplo la guámpara...”

Versos donde se define el cubano vestido casi siempre de blanco, enamorado de una sola mujer, aquella que murió el mismo dia que él debía inaugurar la recién electa Asamblea Nacional del Poder  Popular, uno de sus grandes sueños que sintetizaba —y sintetiza— la más amplia democracia para su pueblo.

De este comunista, poeta, martiano, profesor, ensayista se podría seguir escribiendo infinitamente, pero mejor terminar con la frase del narrador cubano más importante, Alejo Carpentier, que con orgullo al referirse a Juan dijo “… Con tales maestros anduve, y junto a ellos aprendí a pensar”.

 

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