Año V
La Habana

4 al 10 de NOVIEMBRE
de 2006

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
MEMORIAS
APRENDE
POESÍA
EL CUENTO
LETRA Y SOLFA
EL LIBRO
POR E-MAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
FUENTE VIVA
REBELDES.CU
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

 

Cuando los tambores suenan es porque música,
y de la buena, traen

Odal Palma La Habana


La celebración de conciertos y espectáculos variados, conjuntamente con la realización de clases magistrales y la inauguración de exposiciones, figuran entre las múltiples actividades desarrolladas en el marco del Festival del Tambor. Evento que, al decir del presidente de su Comité Organizador, Gerardo Piloto,  “va creciendo cada año en participantes, acogida del público, invitados y en su propia organización y desarrollo”.  

En entrevista exclusiva el popular compositor, arreglista y director del grupo Klimax, refirió igualmente que la séptima edición del Festival del Tambor, celebrada del 24 al 28 de octubre, estuvo dedicada a “rendir homenaje a la memoria de Miguel Angá, percusionista increíble recientemente fallecido. A él dedicamos el evento y todos los participantes quisimos brindar nuestro grano de arena para recordar su obra, dándola a conocer todavía más en Cuba”. 

Un rasgo distintivo del Festival es el desarrollo de un concurso de percusión cuya característica esencial, “totalmente abierto”, le confiere al evento mayor trascendencia y connotación. “Paralelamente al Festival convocamos anualmente al concurso de percusión, que a diferencia de otros concursos que se celebran en muchas partes del mundo y aquí mismo en nuestro país en otros instrumentos y especialidades, el nuestro no requiere que sus participantes tengan que haber cursado estudios en la Escuela Superior de Arte, ni tampoco exige un límite de edad. Ello hace posible que en él se presenten desde los niños más pequeños hasta los adultos más grandes; y desde las personas que íntegramente aficionados hasta los músicos más encumbrados”. 

Corre a cargo de un prestigioso jurado la gran responsabilidad de seleccionar los mejores concursantes en las especialidades de batería, tumbadora, timbales, bongoes y tambores batá. Aunque son los propios participantes quienes trazan las bases sobre las cuales efectuarán su interpretación, en ellas no puede faltar tener determinado conocimiento de géneros específicos dentro de la música cubana. El jurado, conformado como en las anteriores ediciones por figuras prominentes de la música y la percusión en Cuba, tendrá en cuenta las condiciones que posee el concursante al realizar un solo. Este momento, según palabras de Piloto, “resulta bastante difícil, al menos para aquellas personas que no están suficientemente preparadas, por cuanto es necesario mantener un ritmo, además del uso de diferentes tiempos: más lentos, más rápidos y que la interpretación de alguna manera de muestras de cubanía”. Los ganadores del certamen reciben como premio un instrumento de primer orden, un instrumento de excelente calidad, producido en Cuba o por distintas compañías extranjeras. 

Refiriéndose a los participantes en el Festival, el Presidente del Comité Organizador puntualizó: “a través de los invitados extranjeros que tuvimos este año y que nos han acompañado en otras ocasiones, Memo Acevedo y Aldo Maza ―ambos llegados a Cuba a través de Canadá, país con el cual tenemos muy buenas relaciones y con el que hemos tenido intercambios culturales y apoyo logístico en festivales anteriores— nuestro encuentro adquiere carácter internacional. Ellos hacen posible de la misma manera que el Festival se conozca en diferentes lugares del mundo. 

“Aldo Mazza, por ejemplo, tiene un festival de percusión en Vermouth, EE.UU. al cual asisten todos los años los mejores bateristas del mundo. En ese evento se habla de nuestro Festival, además de promocionarse en revistas especializadas en percusión patrocinadas por el propio Mazza”. 

El Festival del Tambor trasciende igualmente  las fronteras de la capital con la participación en el concurso “de muchos graduados, de estudiantes en general de las Escuelas de Arte, así como de jóvenes y niños de todas las provincias del país, a quienes el Festival les brinda la posibilidad de superarse, de estrechar las relaciones con los músicos, y, todos en su conjunto, encuentran en el evento el espacio propicio para, hablando artísticamente, medir fuerzas”. 

Piloto subrayó asimismo que muchas ramas de la cultura nacional tienen una participación directa en este evento llamado a ser un encuentro con nuestras raíces. “Como he dicho en otros momentos, este es un Festival que por su importancia, por estar dedicado a la percusión, se convierte en uno de los festivales más importantes de los que tienen lugar en Cuba porque la percusión es el elemento dentro de la orquesta que identifica a la música cubana, es la que la hace grande, la que la hace distinta a las demás músicas del mundo”. El Presidente de su Comité Organizador hizo énfasis en la necesidad de “que las instituciones nos brinden mayor respaldo”. Hasta esta séptima edición, subrayó, ha sido “un Festival que se está autoalimentando. Hemos sido nosotros quienes hemos propiciado la participación de invitados extranjeros, pero confiamos en que pronto podamos contar con ese apoyo tan necesario para el evento”. 

Sirvieron de sede al Festival del Tambor el Salón Rosado de la Tropical, sitio que vistiendo sus mejores galas acogió a decenas de miles de asistentes a la gran fiesta de inauguración. El teatro América fue de la misma manera un lugar preferencial para el desarrollo de las actividades del Festival. En esta institución tuvieron lugar, al decir de Piloto, dos noches memorables. “La primera de ellas se dedicó a la premiación de los finalistas del concurso. Una vez concluida esta, durante la presentación de mi agrupación invité a los participantes extranjeros y a varias de las principales figuras de la percusión en Cuba, de las cuales quiero destacar dos, son ellos Tata Güines, a quien se rindió homenaje, y a nuestro Changuito”.   

Mientras la segunda noche contó con la participación de los Guaracheros de Regla, los Tambores y Tamborcitos de Bejucal y la agrupación femenina Oviní Batá.  

Momento muy especial en el marco del Festival resultó ser la actividad desarrollada en el Callejón de Hamel donde confluyeron dos culturas: la yoruba y la haitiana. “El espectáculo presentado ese día corrió a cargo de la agrupación camagüeyana Bawon Samdi. Fue un espectáculo único, de calidad insuperable, pues ellos reunieron a los principales representantes de la cultura haitiana que residen en las diferentes provincias de nuestro país. En el Callejón de Hamel pudimos disfrutar de los cantos, los bailes, los tambores y tan especiales de esa cultura. Resultó de gran interés para todos los participantes en el Festival ver esa otra corriente de nuestras raíces y sobre todo si es traída de vuelta por agrupaciones de estos tiempos como la propia Bawon Samdi y Rumbatá. Esta última también de la provincia de Camagüey y a la que considero una de las mejores agrupaciones de rumba que existen actualmente en Cuba. 

Auspiciado por el Centro Provincial de la Música Antonio María Romeu, el Instituto de la Música, la Fábrica de instrumentos musicales —y por el apoyo ofrecido, el teatro América y la Compañía Kosa de Aldo Mazza—, el Festival del Tambor se convierte en un evento cada vez más grande por sus considerables aportes al desarrollo de la cultura nacional, particularmente al de nuestra música. Como asegurara su Presidente al concluir esta entrevista, “acabamos de cerrar la séptima edición de un evento cultural que deja una huella muy profunda dentro de la cultura cubana para que se repita, se siga repitiendo y sirva de basamento a otros festivales que, como el nuestro, no hacen si no agrandar nuestros horizontes”.

SUBIR

 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

© La Jiribilla. La Habana. 2006
 IE-800X600