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La celebración
de conciertos y espectáculos variados, conjuntamente con
la realización de clases magistrales y la inauguración
de exposiciones, figuran entre las múltiples actividades
desarrolladas en el marco del Festival del Tambor.
Evento que, al decir del presidente de su Comité
Organizador, Gerardo Piloto, “va creciendo cada año en
participantes, acogida del público, invitados y en su
propia organización y desarrollo”.
En entrevista
exclusiva el popular compositor, arreglista y director
del grupo Klimax, refirió igualmente que la séptima
edición del Festival del Tambor, celebrada del 24 al 28
de octubre, estuvo dedicada a “rendir homenaje a la
memoria de Miguel Angá, percusionista increíble
recientemente fallecido. A él dedicamos el evento y
todos los participantes quisimos brindar nuestro grano
de arena para recordar su obra, dándola a conocer
todavía más en Cuba”.
Un rasgo distintivo
del Festival es el desarrollo de un concurso de
percusión cuya característica esencial, “totalmente
abierto”, le confiere al evento mayor trascendencia y
connotación. “Paralelamente al Festival convocamos
anualmente al concurso de percusión, que a diferencia de
otros concursos que se celebran en muchas partes del
mundo y aquí mismo en nuestro país en otros instrumentos
y especialidades, el nuestro no requiere que sus
participantes tengan que haber cursado estudios en la
Escuela Superior de Arte, ni tampoco exige un límite de
edad. Ello hace posible que en él se presenten desde los
niños más pequeños hasta los adultos más grandes; y
desde las personas que íntegramente aficionados hasta
los músicos más encumbrados”.
Corre a cargo de un
prestigioso jurado la gran responsabilidad de
seleccionar los mejores concursantes en las
especialidades de batería, tumbadora, timbales, bongoes
y tambores batá. Aunque son los propios participantes
quienes trazan las bases sobre las cuales efectuarán su
interpretación, en ellas no puede faltar tener
determinado conocimiento de géneros específicos dentro
de la música cubana. El jurado, conformado como en las
anteriores ediciones por figuras prominentes de la
música y la percusión en Cuba, tendrá en cuenta las
condiciones que posee el concursante al realizar un
solo. Este momento, según palabras de Piloto, “resulta
bastante difícil, al menos para aquellas personas que no
están suficientemente preparadas, por cuanto es
necesario mantener un ritmo, además del uso de
diferentes tiempos: más lentos, más rápidos y que la
interpretación de alguna manera de muestras de cubanía”.
Los ganadores del certamen reciben como premio un
instrumento de primer orden, un instrumento de excelente
calidad, producido en Cuba o por distintas compañías
extranjeras.
Refiriéndose a los
participantes en el Festival, el Presidente del Comité
Organizador puntualizó: “a través de los invitados
extranjeros que tuvimos este año y que nos han
acompañado en otras ocasiones, Memo Acevedo y Aldo Maza
―ambos llegados a Cuba a través de Canadá, país con el
cual tenemos muy buenas relaciones y con el que hemos
tenido intercambios culturales y apoyo logístico en
festivales anteriores— nuestro encuentro adquiere
carácter internacional. Ellos hacen posible de la misma
manera que el Festival se conozca en diferentes lugares
del mundo.
“Aldo Mazza, por
ejemplo, tiene un festival de percusión en Vermouth,
EE.UU. al cual asisten todos los años los mejores
bateristas del mundo. En ese evento se habla de nuestro
Festival, además de promocionarse en revistas
especializadas en percusión patrocinadas por el propio
Mazza”.
El Festival del
Tambor trasciende igualmente las fronteras de la
capital con la participación en el concurso “de muchos
graduados, de estudiantes en general de las Escuelas de
Arte, así como de jóvenes y niños de todas las
provincias del país, a quienes el Festival les brinda la
posibilidad de superarse, de estrechar las relaciones
con los músicos, y, todos en su conjunto, encuentran en
el evento el espacio propicio para, hablando
artísticamente, medir fuerzas”.
Piloto subrayó
asimismo que muchas ramas de la cultura nacional tienen
una participación directa en este evento llamado a ser
un encuentro con nuestras raíces. “Como he dicho en
otros momentos, este es un Festival que por su
importancia, por estar dedicado a la percusión, se
convierte en uno de los festivales más importantes de
los que tienen lugar en Cuba porque la percusión es el
elemento dentro de la orquesta que identifica a la
música cubana, es la que la hace grande, la que la hace
distinta a las demás músicas del mundo”. El Presidente
de su Comité Organizador hizo énfasis en la necesidad de
“que las instituciones nos brinden mayor respaldo”.
Hasta esta séptima edición, subrayó, ha sido “un
Festival que se está autoalimentando. Hemos sido
nosotros quienes hemos propiciado la participación de
invitados extranjeros, pero confiamos en que pronto
podamos contar con ese apoyo tan necesario para el
evento”.
Sirvieron de sede al
Festival del Tambor el Salón Rosado de la Tropical,
sitio que vistiendo sus mejores galas acogió a decenas
de miles de asistentes a la gran fiesta de inauguración.
El teatro América fue de la misma manera un lugar
preferencial para el desarrollo de las actividades del
Festival. En esta institución tuvieron lugar, al decir
de Piloto, dos noches memorables. “La primera de ellas
se dedicó a la premiación de los finalistas del
concurso. Una vez concluida esta, durante la
presentación de mi agrupación invité a los participantes
extranjeros y a varias de las principales figuras de la
percusión en Cuba, de las cuales quiero destacar dos,
son ellos Tata Güines, a quien se rindió homenaje, y a
nuestro Changuito”.
Mientras la segunda
noche contó con la participación de los Guaracheros de
Regla, los Tambores y Tamborcitos de Bejucal y la
agrupación femenina Oviní Batá.
Momento muy especial
en el marco del Festival resultó ser la actividad
desarrollada en el Callejón de Hamel donde confluyeron
dos culturas: la yoruba y la haitiana. “El espectáculo
presentado ese día corrió a cargo de la agrupación
camagüeyana Bawon Samdi. Fue un espectáculo único, de
calidad insuperable, pues ellos reunieron a los
principales representantes de la cultura haitiana que
residen en las diferentes provincias de nuestro país. En
el Callejón de Hamel pudimos disfrutar de los cantos,
los bailes, los tambores y tan especiales de esa
cultura. Resultó de gran interés para todos los
participantes en el Festival ver esa otra corriente de
nuestras raíces y sobre todo si es traída de vuelta por
agrupaciones de estos tiempos como la propia Bawon Samdi
y Rumbatá. Esta última también de la provincia de
Camagüey y a la que considero una de las mejores
agrupaciones de rumba que existen actualmente en Cuba.
Auspiciado por el
Centro Provincial de la Música Antonio María Romeu, el
Instituto de la Música, la Fábrica de instrumentos
musicales —y por el apoyo ofrecido, el teatro América y
la Compañía Kosa de Aldo Mazza—, el Festival del Tambor
se convierte en un evento cada vez más grande por sus
considerables aportes al desarrollo de la cultura
nacional, particularmente al de nuestra música. Como
asegurara su Presidente al concluir esta entrevista,
“acabamos de cerrar la séptima edición de un evento
cultural que deja una huella muy profunda dentro de la
cultura cubana para que se repita, se siga repitiendo y
sirva de basamento a otros festivales que, como el
nuestro, no hacen si no agrandar nuestros horizontes”.
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