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La Habana
4 al 10 de NOVIEMBRE
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Entrevista con Trinidad Pérez
Una valoración y un hombre: evocaciones

Yinett Polanco La Habana


Trinidad Pérez le ha dedicado su vida a la investigación. A aquella joven que en los 60, apenas graduada de la universidad comenzó a trabajar en el Centro de investigaciones literarias de la Casa de las Américas (CIL), se le puede encontrar hoy en la Fundación Fernando Ortiz, siempre entre papeles, reconstruyendo las más diversas aristas de nuestra historia. En la época en que laboraba en el CIL, Trinidad publicó, junto con Pedro Simón, una Valoración múltiple sobre el destacado intelectual y revolucionario cubano Juan Marinello. Tanto ese libro, como el propio Marinello, dejaron en Trinidad una huella profunda que relata para La Jiribilla en uno de los salones de la casa donde vivió el sabio cubano Fernando Ortiz y que hoy alberga su fundación.

Historia de un libro

Del nacimiento de la Valoración Múltiple sobre Marinello hace más de 30 años, yo era una persona muy joven, trabajaba en el Centro de investigaciones literarias de la Casa de las Américas que había creado y dirigía Mario Benedetti. Él lo creó todo en ese centro, las colecciones de libros, la serie Palabras de esta América, y entre las colecciones de libros estaba Valoración Múltiple. Esta serie estaba formada por recopilaciones de textos sobre autores, la mayoría latinoamericanos.

Mi primer trabajo para ese centro fue un texto denominado Tres novelas ejemplares, el cual fue el antecedente de la Valoración Múltiple sobre Juan Marinello. Fue una idea de Mario Benedetti, a propósito de un ensayo escrito por Marinello en la década del 30 donde había llamado novelas ejemplares latinoamericanas a Don Segundo Sombra, Doña Bárbara y La Vorágine. A partir de ese ensayo, Benedetti tuvo la idea de hacer una recopilación de textos para esta colección con ese título y me llamó a mí para hacerla.

Yo me sentí fascinada, estaba recién graduada de la escuela de Letras, precisamente en Literatura Latinoamericana, y lo asumí con una pasión tremenda. Benedetti habló con Marinello  y él preparó un nuevo trabajo llamado Treinta años después sobre la novela latinoamericana. O sea, retomó aquel ensayo que había hecho en el año 30 e hizo una revisión sobre el tema de la novela latinoamericana que llegaba hasta aquella época, los años 60, cuando comenzaba el proceso del inicio de la llamada nueva novela latinoamericana. Ese ensayo fue la base de mi trabajo en Tres novelas ejemplares y está incluido en el libro.

Tres novelas… apareció en el año 71. Como en el 75 ó 76 él tuvo un encuentro con Haydée Santamaría, entonces directora de la Casa de las Américas y un día, no recuerdo bien si fue Mario Benedetti o Retamar, me llamaron y me dijeron que Haydée había conversado con Marinello para hacer una valoración múltiple sobre su obra y que este le había solicitado que se la hiciera la muchacha de la recopilación de las Tres novelas ejemplares.

En aquel momento no sabía cómo iba a reaccionar, tenía un miedo terrible por la responsabilidad que significaba ese encargo de Haydée y la solicitud del propio Marinello. Pensaba que no iba a poder con aquello. Yo había trabajado durante muchos años en el Centro de Investigaciones Literarias con Pedro Simón (actualmente director del Museo de la Danza y de la revista del ballet) quien es un extraordinario especialista en literatura, y  llevaba en el CIL el tema de literatura cubana, fue quien trabajó con Dulce María Loynaz, con Lezama Lima, en la época en que era más difícil trabajar con estos autores él hizo esas dos valoraciones y yo siempre lo acompañaba en todo, era mi partenaire de trabajo; por eso no podía hacer la valoración sobre Juan Marinello si no era con Pedro Simón.

Nosotros teníamos como antecedente de la Valoración múltiple la recopilación que había hecho Ángel Augier sobre Juan Marinello. Lo que más recuerdo era el trabajo que  llamábamos "otras opiniones": íbamos a ver personas que conocían a Juan Marinello y les sacábamos un testimonio. Esto se añadía a todos los trabajos esenciales sobre cada una de sus obras, que era la parte teórica fundamental de la valoración, y una gran entrevista a Marinello armada a partir de las entrevistas y las declaraciones que él había dado a lo largo de su vida. Trabajamos durante meses recopilando todo ese material y empezamos un collage, era como hacer una película. Íbamos poniendo las preguntas que se le habían hecho, luego inventábamos otras y después íbamos a verlo para hacerle la pregunta o se la decíamos por teléfono y él nos mandaba la respuesta por escrito. La entrevista resultante se llamó El fuego para alimentar la hoguera. Tengo a ese volumen como un recuerdo extraordinario, su editora fue Dominica Diéguez y el diseñador Humberto Peña. Es un libro voluminoso y estoy orgullosa de él.

Relacionado con este tema tengo una anécdota: al poco tiempo de estar trabajando en la Valoración... de Marinello una tarde suena el teléfono en el Centro de Investigaciones Literarias y era Nicolás Guillén.  Me dijo: compañera, usted está haciendo la Valoración Múltiple de Juan Marinello y ¿cómo es posible que no me hayan hecho la mía? No sabía qué le iba a responder pero le dije, no se preocupe, seguro la vamos a hacer. Yo pensaba que eso pasaba tal vez porque no eran amigos, pero sí lo eran  (basta recordar el poema que le hizo a la muerte de Marinello) pero en realidad pasaba por la dimensión, la importancia y el respeto por esta colección que tenía los principales nombres de la literatura latinoamericana y cubana. La valoración múltiple de Guillén la comenzó a hacer inmediatamente Nancy Morejón, quien después haría un libro dedicado a toda su obra. En aquella época los libros se demoraban mucho en salir y la Valoración... de Marinello salió posterior a su muerte, lo cual me dio mucha pena.

Recordando a Marinello

Desde el momento en que yo trabajé en la recopilación de Tres novelas ejemplares me atrajo mucho la obra de Marinello, aunque yo lo recordaba de algunas clases magistrales que él nos dio en la universidad, en aquella universidad de Mirta Aguirre, de Camila Henríquez Ureña, de Nicolás Farrae, de José Antonio Portuondo, de Roberto Fernández Retamar. En el caso de Marinello lo que más me impresionaba era él como figura política, un hombre fuerte, recio en su militancia política, y a pesar de eso, cuando lo escuché por primera vez, me llamó la atención su extraordinaria fineza, su cultura, su educación, su señorío, su linaje espiritual. Cuando yo lo veía a él tan amable siempre pensaba: este hombre participó junto con Pablo de la Torriente Brau en la manifestación del 30, conoció a Villena, a Mella, ha tenido una militancia extraordinaria y, entre otras cosas, eso me motivó a leerme toda su obra.

Treinta años después de aquello, trabajando en la Fundación Fernando Ortiz revisando los papeles del sabio cubano, me he vuelto a reencontrar con Marinello de una manera maravillosa, gracias a la correspondencia entre los dos. Él fue uno de los vicepresidentes (y a veces ocupó la presidencia) de la Institución Hispanocubana de Cultura que fundó Fernando Ortiz, ayudó a Ortiz en sus relaciones con los intelectuales españoles, invitándolos a dar conferencias aquí en nuestro país. He visto el testimonio de muchas de esas relaciones en esta correspondencia. Marinello fue quien dijo que Fernando Ortiz era el tercer descubridor de Cuba. Él y Fernando siempre fueron amigos, aunque por la trayectoria política de Marinello o por los trabajos de Ortiz sus caminos tomaron rumbos diferentes, mantuvieron su amistad hasta el final de sus vidas. Esa amistad salvó todos los escollos, las diferencias, y gracias a eso he vuelto de nuevo a encontrarme con él.

Sobre la correspondencia de Marinello hay un libro maravilloso hecho por Ana Suárez donde está también toda su vida. Es una selección muy buena, que le abre caminos a los jóvenes investigadores que quieran saber sobre Marinello y estudiarlo, porque él es una figura intelectual presente en muchos momentos de la cultura cubana y todavía está por estudiar.

Recuerdo sus libros y papeles tan ordenados, como si sintiese que pronto no iba a estar ahí y había que preservar esa documentación para aquellos que vinieran y quisieran consultarla. Creo que Fernando Ortiz también tenía ese sentido de la memoria. Ellos eran de una generación muy especial.

Marinello jamás se molestaba cuando le hacíamos las preguntas para la entrevista de la Valoración múltiple, al contrario, él era feliz cada vez que nosotros le decíamos, se nos olvidó esta pregunta en la entrevista y él nos respondía: pero pueden poner esta otra también. Siempre amable, siempre afable y siempre con Pepilla.

Rememoro el último momento cuando Pedro y yo fuimos a casa de Marinello en Nuevo Vedado, cuando ya Pepilla estaba muy enferma y él estaba muy triste. Nos regaló un afiche a Pedro y a mí y nos dijo unas palabras que no he olvidado ni olvidaré nunca en mi vida: "nadie que le diga a ustedes que la vejez es algo bello está en lo cierto, la vejez, como tal, es lo más terrible que existe". Eso me dio mucha congoja, lo vi completamente abatido, afligido por la muerte inminente de su esposa, y acabado. Salí de ahí muy apenada y todavía guardo el pesar porque no haya podido ver publicada la Valoración... hecha para él.

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