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Trinidad Pérez le ha
dedicado su vida a la investigación. A aquella joven que
en los 60, apenas graduada de la universidad
comenzó a trabajar en el Centro de investigaciones
literarias de la Casa de las Américas (CIL), se le puede
encontrar hoy en la Fundación Fernando Ortiz, siempre
entre papeles, reconstruyendo las más diversas aristas
de nuestra historia. En la época en que laboraba en el
CIL, Trinidad publicó, junto con Pedro Simón, una
Valoración múltiple sobre el destacado intelectual y
revolucionario cubano Juan Marinello. Tanto ese libro,
como el propio Marinello, dejaron en Trinidad una huella
profunda que relata para La Jiribilla en uno de los
salones de la casa donde vivió el sabio cubano Fernando
Ortiz y que hoy alberga su fundación.
Historia de un libro
Del nacimiento de la
Valoración Múltiple sobre Marinello hace más de
30 años, yo era una persona muy joven, trabajaba en
el Centro de investigaciones literarias de la Casa de
las Américas que había creado y dirigía Mario Benedetti.
Él lo creó todo en ese centro, las colecciones de
libros, la serie Palabras de esta América, y
entre las colecciones de libros estaba
Valoración Múltiple. Esta serie estaba formada por
recopilaciones de textos sobre autores, la mayoría
latinoamericanos.
Mi primer trabajo
para ese centro fue un texto denominado Tres novelas
ejemplares, el cual fue el antecedente de la
Valoración Múltiple sobre Juan Marinello. Fue una
idea de Mario Benedetti, a propósito de un ensayo
escrito por Marinello en la década del
30 donde
había llamado novelas ejemplares latinoamericanas a
Don Segundo Sombra, Doña Bárbara y La
Vorágine. A partir de ese ensayo, Benedetti tuvo la
idea de hacer una recopilación de textos para esta
colección con ese título y me llamó a mí para hacerla.
Yo me sentí
fascinada, estaba recién graduada de la escuela de
Letras,
precisamente en Literatura
Latinoamericana, y
lo asumí
con una pasión tremenda. Benedetti habló con
Marinello y él preparó un nuevo trabajo llamado
Treinta años después sobre la novela
latinoamericana. O sea, retomó aquel ensayo que había
hecho en el año 30 e hizo una revisión sobre el tema de
la novela latinoamericana que llegaba hasta aquella
época, los años 60, cuando comenzaba el proceso del
inicio de la llamada nueva novela latinoamericana. Ese
ensayo fue la base de mi trabajo en Tres novelas
ejemplares y está incluido en el libro.
Tres novelas…
apareció en el año 71. Como en el 75 ó 76 él tuvo un
encuentro con Haydée Santamaría, entonces directora de
la Casa de las Américas y un día, no recuerdo bien si
fue Mario Benedetti o Retamar, me llamaron y me dijeron
que Haydée había conversado con Marinello para hacer una
valoración múltiple sobre su obra y que este le había
solicitado que se la hiciera la muchacha de la
recopilación de las Tres novelas ejemplares.
En aquel momento no
sabía cómo iba a reaccionar, tenía un miedo terrible por
la responsabilidad que significaba ese encargo de Haydée
y la solicitud del propio Marinello. Pensaba que no iba
a poder con aquello. Yo había trabajado durante muchos
años en el Centro de Investigaciones Literarias con
Pedro Simón (actualmente director del Museo de la Danza
y de la revista del ballet) quien es un extraordinario
especialista en literatura, y llevaba en el CIL el tema
de literatura cubana, fue quien trabajó con Dulce María
Loynaz, con Lezama Lima, en la época en que era más
difícil trabajar con estos autores él hizo esas dos
valoraciones y yo siempre lo acompañaba en todo, era mi
partenaire de trabajo; por eso no podía hacer la
valoración sobre Juan Marinello si no era con Pedro
Simón.
Nosotros teníamos
como antecedente de la Valoración múltiple la
recopilación que había hecho Ángel Augier sobre Juan
Marinello. Lo que más recuerdo era el trabajo que llamábamos "otras opiniones": íbamos a ver
personas que conocían a Juan Marinello y les sacábamos un
testimonio. Esto se añadía a todos los trabajos
esenciales sobre cada una de sus obras, que era la parte
teórica fundamental de la valoración, y una gran
entrevista a Marinello armada a partir de las
entrevistas y las declaraciones que él había dado a lo
largo de su vida. Trabajamos durante meses recopilando
todo ese material y empezamos un collage, era como hacer
una película. Íbamos poniendo las preguntas que se le
habían hecho, luego inventábamos otras y después íbamos
a verlo para hacerle la pregunta o se la decíamos por
teléfono y él nos mandaba la respuesta por escrito. La
entrevista resultante se llamó El fuego para
alimentar la hoguera. Tengo a ese volumen como un
recuerdo extraordinario, su editora fue Dominica Diéguez
y el diseñador Humberto Peña. Es un libro voluminoso y
estoy orgullosa de él.
Relacionado con este
tema tengo una anécdota: al poco tiempo de estar
trabajando en la Valoración... de Marinello una
tarde suena el teléfono en el Centro de Investigaciones
Literarias y era Nicolás Guillén.
Me dijo:
compañera, usted está haciendo la Valoración Múltiple
de Juan Marinello y
¿cómo es posible que no me hayan hecho la mía? No sabía
qué le iba a responder pero le dije, no se preocupe,
seguro la vamos a hacer. Yo pensaba que eso pasaba tal
vez porque no eran amigos, pero sí lo
eran
(basta recordar el poema que le hizo a la muerte de
Marinello) pero en realidad pasaba por la dimensión, la
importancia y el respeto por esta colección que tenía
los principales nombres de la literatura latinoamericana
y cubana. La valoración múltiple de Guillén la comenzó a
hacer inmediatamente Nancy Morejón, quien después haría
un libro dedicado a toda su obra. En aquella
época los libros se demoraban mucho en salir y la
Valoración... de Marinello salió posterior a su muerte,
lo cual me dio mucha pena.
Recordando a
Marinello
Desde el momento en
que yo trabajé en la recopilación de Tres novelas
ejemplares me atrajo mucho la obra de Marinello,
aunque yo lo recordaba de algunas clases magistrales que
él nos dio en la universidad, en aquella universidad de
Mirta Aguirre, de Camila Henríquez Ureña, de Nicolás
Farrae, de José Antonio Portuondo, de Roberto Fernández
Retamar. En el caso de Marinello lo que más me
impresionaba era él como figura política, un hombre
fuerte, recio en su militancia política, y a pesar de
eso, cuando lo escuché por primera vez, me llamó la
atención su extraordinaria fineza, su cultura, su
educación, su señorío, su linaje espiritual. Cuando yo
lo veía a él tan amable siempre pensaba: este hombre
participó junto con Pablo de la Torriente Brau en la
manifestación del 30, conoció a Villena, a Mella, ha
tenido una militancia extraordinaria y, entre otras
cosas, eso me motivó a leerme toda su obra.
Treinta años después
de aquello, trabajando en la Fundación Fernando Ortiz
revisando los papeles del sabio cubano, me he vuelto a
reencontrar con Marinello de una manera maravillosa,
gracias a la correspondencia entre los dos. Él fue uno
de los vicepresidentes (y a veces ocupó la presidencia)
de la Institución Hispanocubana de Cultura que fundó
Fernando Ortiz, ayudó a Ortiz en sus relaciones con los
intelectuales españoles, invitándolos a dar conferencias
aquí en nuestro país. He visto el testimonio de muchas
de esas relaciones en esta correspondencia. Marinello
fue quien dijo que Fernando Ortiz era el tercer
descubridor de Cuba. Él y Fernando siempre fueron
amigos, aunque por la trayectoria política de Marinello
o por los trabajos de Ortiz sus caminos tomaron rumbos
diferentes, mantuvieron su amistad hasta el final de sus
vidas. Esa amistad salvó todos los escollos, las
diferencias, y gracias a eso he vuelto de nuevo a
encontrarme con él.
Sobre la
correspondencia de Marinello hay un libro maravilloso
hecho por Ana Suárez donde está también toda su vida. Es
una selección muy buena, que le abre caminos a los
jóvenes investigadores que quieran saber sobre Marinello
y estudiarlo, porque él es una figura intelectual
presente en muchos momentos de la cultura cubana y
todavía está por estudiar.
Recuerdo sus libros y papeles tan
ordenados, como si sintiese que pronto no iba a estar
ahí y había que preservar esa documentación para
aquellos que vinieran y quisieran consultarla. Creo que
Fernando Ortiz también tenía ese sentido de la memoria.
Ellos eran de una generación muy especial.
Marinello jamás se
molestaba cuando le hacíamos las preguntas para la
entrevista de la Valoración múltiple, al
contrario, él era feliz cada vez que nosotros le
decíamos, se nos olvidó esta pregunta en la entrevista y
él nos respondía: pero pueden poner esta otra también.
Siempre amable, siempre afable y siempre con Pepilla.
Rememoro el último
momento cuando Pedro y yo fuimos a casa de Marinello en
Nuevo Vedado, cuando ya Pepilla estaba muy enferma y él
estaba muy triste. Nos regaló un afiche a Pedro y a mí y
nos dijo unas palabras que no he olvidado ni olvidaré
nunca en mi vida: "nadie que le diga a ustedes que la
vejez es algo bello está en lo cierto, la vejez, como
tal, es lo más terrible que existe". Eso me dio mucha
congoja, lo vi completamente abatido, afligido por la
muerte inminente de su esposa, y acabado. Salí de ahí muy
apenada y todavía guardo el pesar porque no haya podido
ver publicada la Valoración... hecha para él. |