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La Habana
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Un imprescindible de la cultura cubana
Ana Suárez Díaz La Habana
Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello


Juan Marinello Vidaurreta (noviembre 2, 1898-marzo 27, 1977) –el intelectual que ha llegado a ser considerado “el más representativo del siglo XX cubano”, por quienes con mayor detenimiento se han acercado a su obra y su vida— no es un desconocido entre nosotros; recibe los destacados y merecidos reconocimientos a que lo hacen acreedor las excelencias de su labor literaria –un ensayismo y una oratoria de profundas esencias y exquisiteces formales, reunidas en los que posiblemente sean sus libros más conocidos Martí. E
scritor americano. (1958), Ensayos (1977); 18 Ensayos martianos (1980); Comentarios al arte (1983); Cuba:Cultura (1989), y Cada tiempo trae una faena…Selección de correspondencia de Juan Marinello, 1923-1940 (2001)—; una virtuosa trayectoria personal y una militancia política ejemplar. Sin embargo, mucho menos conocida ha sido su participación en los procesos socioculturales y políticos de la extensa época que vivió, y que lo convirtió en testigo y actor de las dos mayores transformaciones sociales que experimentó la sociedad cubana en este siglo: la Revolución de la década de los años treinta, y la Revolución de 1959.  

Desde temprano se relaciona con la joven intelectualidad radical —progresista, antinjerencista y antimperialista— que irrumpe en la vida pública nacional en la década de los años veinte del siglo XX,  en movimientos literarios o sociopolíticos, que cobran auge entre la primera posguerra y 1940, y que de manera genérica quedan insertos en lo que se ha dado en llamar movimiento vanguardista cubano; vanguardia entendida como ansia de cambio renovador, transformación, superación, y actualización de la sociedad cubana.
 

Entre ellos, Juan Marinello fue de los pocos que desde entonces se identificó con la ideología antimperialista y marxista, a la que accede por vía de Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena en los años veinte; ideología que lo acompañó hasta su muerte; rectoreó sus interpretaciones, juicios y acciones desde entonces, y que unida a una eticidad ejemplar, lo convierten no sólo en el nexo indiscutible con nuestro pasado más reciente, sino en un verdadero imprescindible para la cultura cubana.

Armado de esta temprana filiación ideológica se convierte en uno de los primeros estudiosos que intenta su “enjuiciamiento cabal”del Maestro, y pronto alcanza esa concepción integral cosmovisiva, asentada una interpretación dual ético-estética, del hombre y su obra. El entonces debatido “problema negro”, por su parte, lo entendió  --a diferencia de la mayoría de quienes participaron en las  airadas polémicas públicas sobre este asunto--, como un problema de “raíz socioeconómica”; y en materia de arte “afrocubano”, defendió su teoría del “mulatismo de esencias”,  seguidor de la revolucionaria y trascendental conceptualización de “transculturación”, elaborada   por  Fernando Ortiz, también en esta década.

Desde 1930, Marinello se vincula al ejercicio del periodismo –al igual que mucho de sus contemporáneos—como forma de acción vital.  Concibió el periódico como “la diaria batalla de noticias e ideas” y “la esencia de lo periodístico” como una “preocupación de efectos inmediatos”.

Aquí, el antimperialismo será siempre su prisma para la reflexión del entorno social: Imperialismo-realidad social y Antimperialismo-Revolución Social.

La cárcel (1930; 1932; 1935) determinó  sus  alejamientos  de la vida pública –que favoreció su   ensayismo literario-- y la interrupción de su periodismo político,  cuyo propósito esencial era presentar y mover ideas “nuevas” en el panorama político nacional, y en el debate ideológico del momento. Su postura “de extrema izquierda”; y defendida hasta entonces sólo por una “minoría sin reales  influencias en los destinos públicos de la  nación”.

Exiliado en dos ocasiones en México (1933 y 1936-37), se dedicó a magisterio y al periodismo como vía para ganarse el sustento.


En 1937 presidió la delegación de intelectuales cubanos al II Congreso Internacional de Escritores en defensa de la cultura, acompañado por Nicolás Guillén, Felix Pita Rodríguez, Alejo Carpentier y Leonardo Fernández Sánchez.

Regresa a Cuba en 1938, en un clima de transitoria distensión; anticipo y fase preparatoria de la Asamblea Constituyente de 1940. Al llegar asume responsabilidades de importancia: ingresa oficialmente en el primer partido comunista de Cuba; es electo presidente de la primera Unión de Escritores y Artistas de Cuba (f. 1938) y de Unión Revolucionaria; partido que más tarde se fusiona con el Partido Comunista de Cuba, dando lugar al Partido Unión Revolucionaria Comunista (URC) en 1939, previo a la celebración de la Constituyente, en el que resultó electo presidente, y cuya  dirección compartió con Blas Roca,  Secretario General de este partido. Desde entonces, Juan Marinello desarrolla una vida partidista pública, no sólo en la presidencia de URC a la Asamblea Constituyente de 1940 –acontecimiento trascendental para la Cuba republicana, y revelación de un proceso de concientización y maduración de diversos sectores nacionales, como resultado de su bregar de casi dos décadas.

Desde allí Juan Marinello accedió a un escenario intransitado hasta entonces por la izquierda revolucionaria cubana: el Parlamento Nacional. Su acción vital cotidiana y su actividad intelectual, quedaron enmarcadas en la perspectiva política de su partido, que al concluir la Constituyente “prosiguió la lucha por los principios que no pudieron vencer en aquella Asamblea.

Fue representante a la Cámara (1942), ministro sin cartera (1943), senador (1944) y vicepresidente del Senado (1945). En estos años, su obra ensayística y su oratoria alcanzan gran madurez, al tiempo que despliega una intensa labor internacional en favor de las ideas del socialismo.

Con posterioridad, y debido fundamentalmente al golpe militar de Fulgencio Batista (1952) y su dictadura militar, regresan sus cesantías, detenciones y clandestinidad, que también experimentaron otros militantes comunistas.

Al triunfar la Revolución de 1959, se abrió para Juan Marinello una etapa que concibió como “el momento de realizar bien la previsión de muchos años”. Ocupó diversas responsabilidades en el Estado: rector de la Universidad de La Habana (1961); presidente del Movimiento Cubano por la paz (1962); embajador de Cuba ante la UNESCO (1963).

Fue electo miembro del primer Comité Central del  Partido  Comunista  de  Cuba, en  1975,  y Presidente de la Mesa de Edad en la Asamblea Nacional (1976).

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