Año V
La Habana

4 al 10 de NOVIEMBRE
de 2006

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
MEMORIAS
APRENDE
POESÍA
EL CUENTO
LETRA Y SOLFA
EL LIBRO
POR E-MAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
FUENTE VIVA
REBELDES.CU
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

 

Palabras junto a un busto, en el jardín
César López La Habana


La pena de amor que no se cura sino con la presencia y la figura.

Como nos dejara dicho San Juan de la Cruz, nos sirve ahora para perpetuar la memoria, ya arraigada, de Federico García Lorca entre nosotros. La presencia y la figura. Y viene la pregunta; ¿Pero hacía falta aquí ese rostro esculpido? ¿Por qué?

Por el amor. ¿Acaso no es solo el amor quien engendra melodías, tal cual nos advirtiera José Martí? Federico García Lorca dejó entre nosotros, aun antes de su presencia y su figura, amor espléndido que como el rayo del otro poeta español sacrificado por la barbarie fascista, Miguel Hernández, no cesa.

El rostro recreado por el artista cubano de Sancti Spíritus, Félix Madrigal, nos cuida desde el jardín. No importa que no sea aquel donde Belisa y Don Perliplín paseaban sus picardías, ni el de la novela homónima; es, y eso sí importa, un jardín de poetas y de coincidencias, concordancias y concurrencias. Federico estuvo en La Habana, no en esta casa, pero sí en esta familia. Dulce María, Enrique, Flor, Carlos Manuel. Aquella casa, aquel jardín y este nombre; no es raro que se llame Federico. Mercedes es la madre de los Loynaz. Pues el poeta había nombrado por dos veces el nombre amado de la autora que nos acoge. Mercedes, su color es blanco y él meditaba: “Tu pensamiento es nieve resbalada/ en la gloria sin fin de la blancura. /Tu perfil es perenne quemadura, / tu corazón paloma desatada.”

“Blanca princesa de nunca”

¡Qué curiosa reminiscencia conduciría a Obbatalá en el sincretismo de la Isla!

Y aquí está y aquí estamos con él, sostenidos por la compañía y la memoria de alguien de su tiempo insular, Ángel Augier, y de los otros seres también angélicos que lo acompañaron y sostuvieron en su estancia antillana, junto a todos los Loynaz nombrados. Nicolás Guillén, Lydia Cabrera, Juan Pérez de la Riva, Raúl Roa, Eugenio Florit, Serafina Núñez, José Ángel Buesa, Mirta Aguirre, Juan Marinello, Fernando Ortiz, Emilio Ballagas, Emilio Roig de Leuschering, Matilde Muñoz, Regino Pedroso, José Lezama Lima, Antonio Quevedo, tantos otros. Fina y Bella García Marruz, Cintio Vitier lo recitaban desde entonces.

Son ángeles diversos que Rafael Alberti adelantaría para permanencia, disfrute y compromiso.

Pues nada impide que a los tres años de haber estado aquí afirme rotundo: “La influencia de Estados Unidos en el mundo se cifra en los rascacielos, en el jazz y en los cock-tails. Eso es todo. Nada más que eso. Y en cock-tails, allá en Cuba, en nuestra América, hacen cosas mucho mejores que las yanquis. En Cuba, sí, donde precisamente cree tener más potencialidad el espíritu norteamericano.”

Tigre y paloma, en la cintura caliente de esta tierra, el poeta clarifica y oscurece su amor a voluntad no siempre compartida; pero la memoria insiste en perpetuarse y al venir a la isla, ya esta era su isla. Y debía ir a Santiago. Porque siempre dijo que iría a Santiago. A Santiago de Cuba. Pero con sus antecedentes líricos, tradicionales, históricos si se quiere. Recordemos, que recordar es volver a vivir... el tiempo que se fue. Canta un viejo fado.

Después de Cuba, en 1935, Federico García Lorca y Pablo Neruda solicitan juntos, en Buenos Aires, la creación de la plaza de Rubén Darío, la estatua de Rubén Darío, el parque de Rubén Darío...

Aquí, humilde y soberbio a la vez, está ahora, años transcurridos no en vano, y quizá como un legado del propio nicaragüense, el busto de Federico García Lorca. En la misma barriada del Vedado donde muy cerca también está desde hace poco la esfinge de Nicolás Guillén y donde muy pronto deberían estar otros poetas. Pienso en Eliseo Diego, José Zacarías Tallet, María Villar Buceta... con otros paseantes de este barrio. En esa ruta reiterada por Alejo Carpentier.

Ese es el tiempo. Sobre el mar pasó el águila. Y hoy se disfruta el júbilo.

El 25 de julio de 1918 escribía el apenas veintiañero Federico:

“Esta noche ha pasado Santiago/ Su camino de luz en el cielo. /Lo comentan los niños jugando/ Con el agua de un cauce sereno.” “―Madre abuela. ¿Dónde está Santiago?” “¡Niños chicos, pensad en Santiago/ por los turbios caminos del sueño!”

Claro que aquí se trata de Santiago el apóstol, pero no olvidemos de dónde surge nuestro nombre oriental que asume un nítido apellido. Es Santiago de Cuba a donde irá el poeta.

Y ya casi al final de su vida, después de la visita y el arpa de troncos vivos, en el año que lo acerca un poco a la desgracia de la muerte, de su asesinato, surge un madrigal, esta vez a Santiago de Compostela, el primero de sus Seis poemas gallegos.

“Chove en Santiago/ meu doce amor. /Camelia branca do ar /brilla entebrecida ô sol.”

“Soma e cinza do teu mar/ Santiago, lonxe do sol; Agoa da mañán anterga/ trema no meu corazón.”

Se ha trazado un arco, y no importa que queden atrás, o a un lado entrañable, otros Santiagos. En Chile, en Colombia, en República Dominicana... La palma, el plátano, el ritmo de semillas secas lo convocaban. Y se cumplió. “Cuando llegue la luna llena, /iré a Santiago.”

Entonces, cuando el poeta arriba a La Habana, tiene que ir Santiago, en el misterio de ambas ciudades, si se perdiera habría que buscarlo, con su son de negros en Cuba. Que en estos momentos, acogidos por el rostro recreado por el artista Félix Madrigal (en forma y contenido, signo trazado anteriormente por Amelia Peláez ―junto a los textos poéticos de Luis Amado Blanco― y encontrado luego por Juan David, Armando Maribona para llegar a la trágica denuncia del crimen en Roberto Fabelo), firme el trazo que asegura la presencia y la figura escuchamos la palabra, el ritmo, el homenaje lorquiano, en la voz y el gesto de un santiaguero nato, mayor, poético: Luis Mariano Carbonell.

Gracias a todos. Respeto conmovedor a Federico García Lorca.

La Habana, 31 de octubre de 2006

Palabras a propósito de la develación del torso, esculpido en bronce, de Federico García Lorca en el Centro Cultural Dulce María Loynaz

SUBIR

 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

© La Jiribilla. La Habana. 2006
 IE-800X600