Año V
La Habana
4 al 10 de NOVIEMBRE
de 2006

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¡Hasta la victoria siempre, querido compañero!
Raúl Castro Ruz La Habana


Familiares del querido compañero Juan Marinello:
Compañeros y compañeras:

Desde que el corazón de Juan Marinello, tan acerado como generoso, dejara de latir, se apagó para siempre, en diversos y trascendentes campos del batallar del pueblo cubano y de lo más avanzado de la humanidad, un talento, una voz, una conducta, cuyo legado -imperecedero y actuante- se revela ante nosotros con la talla excepcional de los hombres que aun después de muertos, como afirmara Julio Antonio Mella, continúan siendo útiles y permanecen en su obra, con la cual contribuyen a compensar las ausencias que impone su desaparición.

No por esperada, ni aún para los que sabíamos era inminente, resulta menos dolorosa la pérdida de tan admirado, entrañable y respetado compañero. Profundo es por ello el pesar que une en este instante a todo nuestro pueblo, a los dirigentes del Partido y del Estado, con los familiares y los compañeros que a su lado fueron protagonistas de las heroicas y ejemplares jornadas que prepararon y en gran medida hicieron posible, el redimido presente y el venturoso porvenir de nuestra patria.

Las banderas invictas de la Revolución se inclinan reverentes para despedir al compañero admirable que nacido en familia adinerada, conquistador de tempranos títulos universitarios y los más altos y sólidos prestigios intelectuales, supo encontrar pronto el camino para ascender al pueblo, para fundirse con la clase obrera, para ocupar sitio modesto en las filas del Partido, para bregar incansablemente sin quiebras ni debilidades, por la causa, nacional e internacional, de la liberación de la patria, del socialismo y el comunismo.

Fue Marinello de los iniciadores, en los años veinte, del movimiento en los medios literarios y artísticos por la renovación de la vida cubana, uno de los que levantó, junto a Mella, la bandera del antimperialismo, y junto a Rubén, en el llamado Movimiento de Veteranos y Patriotas, el enfrentamiento a la corrupción política imperante y luego a la tiranía machadista, en la que se conjugó la corrupción y la entrega servil al imperialismo con la más feroz represión; fue de los que emprendieron el serio y profundo estudio de la obra y el pensamiento martianos para destacar su sentido revolucionario, antimperialista y latinoamericanista. En progreso hacia las posiciones definitivamente revolucionarias, se incorpora al consejo de dirección de la revista Masas, órgano de la Liga Antimperialista, y luego al periódico La Palabra, diario legal de combate promovido por el primer partido marxista-leninista, después de la caída de Machado. Por todo ello sufrió persecuciones, cárcel y exilio.

El presidio machadista y la cárcel batistiana fueron para él crisol de la voluntad y de la convicción revolucionarias; el exilio fue, una y otra vez, ocasión para extender el campo de su lucha.

A España lo llevó la solidaridad internacionalista con los combatientes contra el fascismo y la defensa de la cultura pisoteada con furia por los sublevados contra la República.

En Nueva York, en Buenos Aires o en Montevideo, como en México y otros lugares, llevó a los sectores progresistas de la población el influjo de sus reconocidos méritos y el aliento de sus convicciones revolucionarias.

Desde su ingreso oficial en las filas marxista-leninistas, su vida fue la del Partido, su actuar el cumplimiento honrado y disciplinado de las decisiones colectivas.

Así lo recuerdan sus más cercanos compañeros de entonces en el Movimiento por una Escuela Cubana en una Cuba Libre; cuando le vieron recorrer el país, trabando conocimiento con los obreros, promoviendo actividades culturales, integrando comités, dirigiendo su palabra limpia y precisa a las masas, despertando a nuevos sectores a la acción y a la organización.

Así le evocan varias generaciones de revolucionarios en la Asamblea Constituyente de 1940, abanderado de la posición clasista y de principios al lado de la clase obrera; defendiendo ardorosa e inteligentemente cada punto de las Bases Constitucionales de la Unión Revolucionaria Comunista, cada proposición que significara progreso, o una oportunidad de exigir un bien para el pueblo, de promover un derecho o una libertad, de consignar un principio positivo en el texto constitucional que diera lugar a reclamaciones futuras. Con igual ejecutoria se caracteriza su paso por la Cámara y el Senado en 1940 y 1944. En el curso de la Segunda Guerra Mundial, coopera a la promoción de la unión nacional para batir al nazifacismo agresor, constituido entonces en el mayor peligro para la humanidad, en peligro mortal para los pueblos y su futuro. Derrotada la coalición hitleriana, representó a Cuba, con la lucidez y el fervor que siempre lo caracterizaron, en el escenario mundial del acto de fundación del Movimiento por la Paz, esa paz anhelada por los pueblos y amenazada hasta hoy por las fuerzas agresivas y desenfrenadas del imperialismo que procuran con la matanza y el exterminio, la salvación de su régimen y sus privilegios, condenados por la historia.

Al Movimiento por la Paz y la Soberanía de los Pueblos ha dedicado Marinello, con profundo amor, con pasión y energía inagotables, los últimos años de su fecunda existencia.

Todos nos imaginamos las difíciles condiciones en que tuvo que actuar y moverse el compañero Marinello, tan conocido y característico, después de la persecución desatada contra él, a partir del 26 de julio de 1953. Y sabemos bien que no abandonó sus tareas ni decayó su actividad, a pesar de que a veces los esbirros que le buscaban llegaron a las proximidades de alguno de sus escondites.

No pretendemos, en modo alguno, hacer un recuento de su vida revolucionaria, larga y eficaz. Tan sólo hemos querido señalar en este doloroso instante, algunas de sus facetas que revelan al hombre, que muestran al intelectual revolucionario, que dan la medida de su actuación, que ponen de manifiesto su modestia, su sinceridad revolucionaria, su entrega de corazón y de conciencia, al ideal de la clase obrera, de nuestra Revolución.

Militarmente derrotada la tiranía batistiana por las acciones gloriosas del Ejército Rebelde y desbaratadas las maniobras mediatizadoras del imperialismo por la continuación de la ofensiva ordenada por Fidel y el éxito de la huelga general convocada por él, comienzan a realizarse las profundas y largamente mantenidas aspiraciones del pueblo, y Marinello puede ver crecer ante sus ojos la realidad de sus sueños.

Él sabía, como luego hemos aprendido todos, que la realización de esos sueños, después de la victoria revolucionaria, no es algo espontáneo que se logra sin sacrificios ni lucha.

Y como lo sabía, no escatimó esfuerzo ni desvelo para servir a la Revolución, para llevar adelante cada tarea, para cumplir cabalmente cada aspecto de las labores que se le encomendaron, ya se desenvolvieran éstas en el ámbito nacional o fuera del país. Tal fue su invariable conducta, convencido de que en el cargo más alto o más modesto, se sirve a la Revolución y a la sociedad que construimos, si en ello ponemos nuestras capacidades, nuestro empeño y nuestro entusiasmo.

Él, que estuvo en la Constituyente de 1940, dio un valioso aporte a la elaboración del texto del proyecto de nuestra Constitución Socialista, proclamada con el voto directo de nuestro pueblo el 24 de febrero del año pasado, aniversario del inicio del levantamiento armado organizado por nuestro máximo héroe nacional, José Martí.

Electo diputado, al constituirse la Asamblea Nacional del Poder Popular en el XX Aniversario del desembarco del Granma, le tocó, por sus años, presidir la ¨mesa de edad¨.

Y allí nos dio otra prueba de su entereza, de su calidad comunista. En la mañana del día de la constitución de la Asamblea murió su compañera de toda la vida, María Josefa Vidaurreta, aquella a quien están dedicados sus versos y sus libros, aquella que callada y discretamente le ayudó en todas sus tareas, le acompañó en su ideología y en sus afanes. Imponiéndose a su natural dolor, sin que lo traicionara ninguna expresión emotiva, Marinello ocupó su puesto en la presidencia de la reunión del teatro Carlos Marx y condujo con acierto y seguridad el desenvolvimiento de la sesión donde fue electa la presidencia definitiva. Se guiaba, al hacerlo, por la convicción de que era su deber de comunista anteponer al propio dolor personal y a la tragedia que para él significaba la muerte de la persona íntima y querida, el cumplimiento del deber para con la sociedad, el Partido y la Asamblea Nacional. La pérdida de Pepilla abrevió su vida. Menos de cuatro meses después, hoy lo despedimos en el acto solemne de su postrera presencia física.

Con la muerte de Juan Marinello, el Partido pierde a uno de los más tenaces y pacientes forjadores de su unidad, a un esclarecido intérprete de su ideología, a un infatigable y certero cumplidor de su política en todos los terrenos; nuestro Estado socialista se ve privado de una personalidad de relieve mundial, que de modo ejemplar sabía armonizar la reflexión científica con la pasión revolucionaria en la defensa del socialismo y de la paz. La cultura cubana, latinoamericana y universal, los escritores y poetas de la causa popular -y aún los que en el orden ideológico puedan figurar entre nuestros adversarios- están obligados, por agradecida devoción o elemental honestidad, a rendir tributo a la maestría sin pausa y al humanismo verdadero que sólo la muerte pudo acallar; los educadores cubanos, en particular, pierden con Juan Marinello al más completo y cabal de sus contemporáneos; nuestro pueblo advierte, con su criterio de infalible justicia, que despide hoy a uno de los forjadores de su libertad y de su dignidad. De todo el mundo nos llega el testimonio de cómo participan de nuestro dolor y consideran legítimamente como suya esta pérdida, los partidos y Estados de la comunidad socialista, los destacamentos del movimiento obrero y comunista mundial.

Dice Martí en una sentencia que el propio Marinello cita alguna vez, que ¨No hay más que un medio de vivir después de muerto: haber sido un hombre de todos los tiempos -o un hombre de su tiempo-¨. Marinello vivirá, sin duda, eternamente, porque ha sido cabalmente un hombre de su tiempo.

Ha sido un hombre de su tiempo porque rompió las ataduras con la clase de su procedencia y unió su vida, su obra y su acción a la clase que construye el presente y lleva en sus entrañas el porvenir del mundo, la clase que marcha al compás de la historia y crece con el desarrollo de la sociedad.

Ha sido un hombre de su tiempo porque guió su acción política y revolucionaria, con anticipada y profunda comprensión, de acuerdo con los principios que hoy constituyen pilares del carácter irreversible de nuestra Revolución. Con su impar elocuencia lo expresó en las palabras de gratitud pronunciadas en Moscú, al imponérsele la Orden de la Revolución de Octubre en ocasión de cumplir setenticinco años. Dijo en esa oportunidad: ¨Cuando una comunidad produce la Revolución más honda de todo un continente y crecida, por ello, en la vocación americana y universal, cuando esa Revolución engendra hombres como Fidel Castro y Ernesto Che Guevara, el creador que no es parte del magno impulso transformador, queda como testigo de su propio fracaso¨.

Y continuó Marinello:

Pero, casi no hay que decir que una Revolución como la cubana no alcanzaría su singular magnitud, si no obedeciese al dictado primordial de su tiempo, la instauración de la sociedad socialista. Y tal encargo, ya victorioso en Cuba, no hubiera sido posible, como ha afirmado nuestro Primer Ministro, sin la victoria de la Revolución de Octubre, inicio de una nueva edad. Nuestra gratitud a la Unión Soviética posee una doble vertiente: el reconocimiento a una paternidad decisiva y venturosa y el agradecimiento por una ayuda mantenida, creciente y desinteresada.

Y concluyó: ¨Los que tuvimos en todo momento inmutable fe en la Unión Soviética, hemos vencido en nuestra creencia¨.

Ha sido un hombre de su tiempo, porque ejerció su alta estatura intelectual y su fina sensibilidad artística, como Rubén Martínez Villena, sinceramente ajeno a vanidades y reclamos; porque se mantuvo siempre fiel a su propia obra, y como en ella, no pugnaron nunca en su conducta el mérito con la modestia, los honores con la humildad.

De él puede decirse que encarnó las cualidades a las que nos convocara el compañero Fidel al concluir su Informe al Primer Congreso del Partido cuando exhortó a ¨que la honestidad más absoluta, la fidelidad sin límites a los principios, al desinterés, la capacidad de sacrificio, la pureza revolucionaria, el espíritu de superación, el heroísmo y el mérito, prevalezcan siempre en nuestro Partido¨.

Así le recordaremos siempre, tal y como le vimos por última vez hace solo unos días, cuando ya eran inútiles todos los esfuerzos por prolongar su existencia: cordial y sereno, irradiando ante la muerte, que sabía próxima, la misma dignidad que le acompañó toda la vida.

Así vivirá por siempre entre nosotros, en la memoria inmortal del pueblo, pleno y vital modelo de conducta comunista.

¡Hasta la victoria siempre, querido compañero Juan Marinello! Tu pueblo y tu Partido atesorarán para todas las generaciones del porvenir tu obra perdurable y tu ejemplo inextinguible.

¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

Palabras pronunciadas por el general de ejército Raúl Castro Ruz, Segundo Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en el sepelio de Juan Marinello Vidaurreta, el 28 de marzo de 1977.

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