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Familiares del
querido compañero Juan Marinello:
Compañeros y compañeras:
Desde que el corazón
de Juan Marinello, tan acerado como generoso, dejara de
latir, se apagó para siempre, en diversos y
trascendentes campos del batallar del pueblo cubano y de
lo más avanzado de la humanidad, un talento, una voz,
una conducta, cuyo legado -imperecedero y actuante- se
revela ante nosotros con la talla excepcional de los
hombres que aun después de muertos, como afirmara Julio
Antonio Mella, continúan siendo útiles y permanecen en
su obra, con la cual contribuyen a compensar las
ausencias que impone su desaparición.
No por esperada, ni
aún para los que sabíamos era inminente, resulta menos
dolorosa la pérdida de tan admirado, entrañable y
respetado compañero. Profundo es por ello el pesar que
une en este instante a todo nuestro pueblo, a los
dirigentes del Partido y del Estado, con los familiares
y los compañeros que a su lado fueron protagonistas de
las heroicas y ejemplares jornadas que prepararon y en
gran medida hicieron posible, el redimido presente y el
venturoso porvenir de nuestra patria.
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Las banderas invictas
de la Revolución se inclinan reverentes para despedir al
compañero admirable que nacido en familia adinerada,
conquistador de tempranos títulos universitarios y los
más altos y sólidos prestigios intelectuales, supo
encontrar pronto el camino para ascender al pueblo, para
fundirse con la clase obrera, para ocupar sitio modesto
en las filas del Partido, para bregar incansablemente
sin quiebras ni debilidades, por la causa, nacional e
internacional, de la liberación de la patria, del
socialismo y el comunismo.
Fue Marinello de los
iniciadores, en los años veinte, del movimiento en los
medios literarios y artísticos por la renovación de la
vida cubana, uno de los que levantó, junto a Mella, la
bandera del antimperialismo, y junto a Rubén, en el
llamado Movimiento de Veteranos y Patriotas, el
enfrentamiento a la corrupción política imperante y
luego a la tiranía machadista, en la que se conjugó la
corrupción y la entrega servil al imperialismo con la
más feroz represión; fue de los que emprendieron el
serio y profundo estudio de la obra y el pensamiento
martianos para destacar su sentido revolucionario,
antimperialista y latinoamericanista. En progreso hacia
las posiciones definitivamente revolucionarias, se
incorpora al consejo de dirección de la revista
Masas, órgano de la Liga Antimperialista, y luego al
periódico La Palabra, diario legal de combate
promovido por el primer partido marxista-leninista,
después de la caída de Machado. Por todo ello sufrió
persecuciones, cárcel y exilio.
El presidio
machadista y la cárcel batistiana fueron para él crisol
de la voluntad y de la convicción revolucionarias; el
exilio fue, una y otra vez, ocasión para extender el
campo de su lucha.
A España lo llevó la
solidaridad internacionalista con los combatientes
contra el fascismo y la defensa de la cultura pisoteada
con furia por los sublevados contra la República.
En Nueva York, en
Buenos Aires o en Montevideo, como en México y otros
lugares, llevó a los sectores progresistas de la
población el influjo de sus reconocidos méritos y el
aliento de sus convicciones revolucionarias.
Desde su ingreso
oficial en las filas marxista-leninistas, su vida fue la
del Partido, su actuar el cumplimiento honrado y
disciplinado de las decisiones colectivas.
Así lo recuerdan sus
más cercanos compañeros de entonces en el Movimiento por
una Escuela Cubana en una Cuba Libre; cuando le vieron
recorrer el país, trabando conocimiento con los obreros,
promoviendo actividades culturales, integrando comités,
dirigiendo su palabra limpia y precisa a las masas,
despertando a nuevos sectores a la acción y a la
organización.
Así le evocan varias
generaciones de revolucionarios en la Asamblea
Constituyente de 1940, abanderado de la posición
clasista y de principios al lado de la clase obrera;
defendiendo ardorosa e inteligentemente cada punto de
las Bases Constitucionales de la Unión Revolucionaria
Comunista, cada proposición que significara progreso, o
una oportunidad de exigir un bien para el pueblo, de
promover un derecho o una libertad, de consignar un
principio positivo en el texto constitucional que diera
lugar a reclamaciones futuras. Con igual ejecutoria se
caracteriza su paso por la Cámara y el Senado en 1940 y
1944. En el curso de la Segunda Guerra Mundial, coopera
a la promoción de la unión nacional para batir al
nazifacismo agresor, constituido entonces en el mayor
peligro para la humanidad, en peligro mortal para los
pueblos y su futuro. Derrotada la coalición hitleriana,
representó a Cuba, con la lucidez y el fervor que
siempre lo caracterizaron, en el escenario mundial del
acto de fundación del Movimiento por la Paz, esa paz
anhelada por los pueblos y amenazada hasta hoy por las
fuerzas agresivas y desenfrenadas del imperialismo que
procuran con la matanza y el exterminio, la salvación de
su régimen y sus privilegios, condenados por la
historia.
Al Movimiento por la
Paz y la Soberanía de los Pueblos ha dedicado Marinello,
con profundo amor, con pasión y energía inagotables, los
últimos años de su fecunda existencia.
Todos nos imaginamos
las difíciles condiciones en que tuvo que actuar y
moverse el compañero Marinello, tan conocido y
característico, después de la persecución desatada
contra él, a partir del 26 de julio de 1953. Y sabemos
bien que no abandonó sus tareas ni decayó su actividad,
a pesar de que a veces los esbirros que le buscaban
llegaron a las proximidades de alguno de sus escondites.
No pretendemos, en
modo alguno, hacer un recuento de su vida
revolucionaria, larga y eficaz. Tan sólo hemos querido
señalar en este doloroso instante, algunas de sus
facetas que revelan al hombre, que muestran al
intelectual revolucionario, que dan la medida de su
actuación, que ponen de manifiesto su modestia, su
sinceridad revolucionaria, su entrega de corazón y de
conciencia, al ideal de la clase obrera, de nuestra
Revolución.
Militarmente
derrotada la tiranía batistiana por las acciones
gloriosas del Ejército Rebelde y desbaratadas las
maniobras mediatizadoras del imperialismo por la
continuación de la ofensiva ordenada por Fidel y el
éxito de la huelga general convocada por él, comienzan a
realizarse las profundas y largamente mantenidas
aspiraciones del pueblo, y Marinello puede ver crecer
ante sus ojos la realidad de sus sueños.
Él sabía, como luego
hemos aprendido todos, que la realización de esos
sueños, después de la victoria revolucionaria, no es
algo espontáneo que se logra sin sacrificios ni lucha.
Y como lo sabía, no
escatimó esfuerzo ni desvelo para servir a la
Revolución, para llevar adelante cada tarea, para
cumplir cabalmente cada aspecto de las labores que se le
encomendaron, ya se desenvolvieran éstas en el ámbito
nacional o fuera del país. Tal fue su invariable
conducta, convencido de que en el cargo más alto o más
modesto, se sirve a la Revolución y a la sociedad que
construimos, si en ello ponemos nuestras capacidades,
nuestro empeño y nuestro entusiasmo.
Él, que estuvo en la
Constituyente de 1940, dio un valioso aporte a la
elaboración del texto del proyecto de nuestra
Constitución Socialista, proclamada con el voto directo
de nuestro pueblo el 24 de febrero del año pasado,
aniversario del inicio del levantamiento armado
organizado por nuestro máximo héroe nacional, José
Martí.
Electo diputado, al
constituirse la Asamblea Nacional del Poder Popular en
el XX Aniversario del desembarco del Granma, le tocó,
por sus años, presidir la ¨mesa de edad¨.
Y allí nos dio otra
prueba de su entereza, de su calidad comunista. En la
mañana del día de la constitución de la Asamblea murió
su compañera de toda la vida, María Josefa Vidaurreta,
aquella a quien están dedicados sus versos y sus libros,
aquella que callada y discretamente le ayudó en todas
sus tareas, le acompañó en su ideología y en sus afanes.
Imponiéndose a su natural dolor, sin que lo traicionara
ninguna expresión emotiva, Marinello ocupó su puesto en
la presidencia de la reunión del teatro Carlos Marx
y condujo con acierto y seguridad el
desenvolvimiento de la sesión donde fue electa la
presidencia definitiva. Se guiaba, al hacerlo, por la
convicción de que era su deber de comunista anteponer al
propio dolor personal y a la tragedia que para él
significaba la muerte de la persona íntima y querida, el
cumplimiento del deber para con la sociedad, el Partido
y la Asamblea Nacional. La pérdida de Pepilla abrevió su
vida. Menos de cuatro meses después, hoy lo despedimos
en el acto solemne de su postrera presencia física.
Con la muerte de Juan
Marinello, el Partido pierde a uno de los más tenaces y
pacientes forjadores de su unidad, a un esclarecido
intérprete de su ideología, a un infatigable y certero
cumplidor de su política en todos los terrenos; nuestro
Estado socialista se ve privado de una personalidad de
relieve mundial, que de modo ejemplar sabía armonizar la
reflexión científica con la pasión revolucionaria en la
defensa del socialismo y de la paz. La cultura cubana,
latinoamericana y universal, los escritores y poetas de
la causa popular -y aún los que en el orden ideológico
puedan figurar entre nuestros adversarios- están
obligados, por agradecida devoción o elemental
honestidad, a rendir tributo a la maestría sin pausa y
al humanismo verdadero que sólo la muerte pudo acallar;
los educadores cubanos, en particular, pierden con Juan
Marinello al más completo y cabal de sus contemporáneos;
nuestro pueblo advierte, con su criterio de infalible
justicia, que despide hoy a uno de los forjadores de su
libertad y de su dignidad. De todo el mundo nos llega el
testimonio de cómo participan de nuestro dolor y
consideran legítimamente como suya esta pérdida, los
partidos y Estados de la comunidad socialista, los
destacamentos del movimiento obrero y comunista mundial.
Dice Martí en una
sentencia que el propio Marinello cita alguna vez, que
¨No hay más que un medio de vivir después de muerto:
haber sido un hombre de todos los tiempos -o un hombre
de su tiempo-¨. Marinello vivirá, sin duda, eternamente,
porque ha sido cabalmente un hombre de su tiempo.
Ha sido un hombre de
su tiempo porque rompió las ataduras con la clase de su
procedencia y unió su vida, su obra y su acción a la
clase que construye el presente y lleva en sus entrañas
el porvenir del mundo, la clase que marcha al compás de
la historia y crece con el desarrollo de la sociedad.
Ha sido un hombre de
su tiempo porque guió su acción política y
revolucionaria, con anticipada y profunda comprensión,
de acuerdo con los principios que hoy constituyen
pilares del carácter irreversible de nuestra Revolución.
Con su impar elocuencia lo expresó en las palabras de
gratitud pronunciadas en Moscú, al imponérsele la Orden
de la Revolución de Octubre en ocasión de cumplir
setenticinco años. Dijo en esa oportunidad: ¨Cuando una
comunidad produce la Revolución más honda de todo un
continente y crecida, por ello, en la vocación americana
y universal, cuando esa Revolución engendra hombres como
Fidel Castro y Ernesto Che Guevara, el creador que no es
parte del magno impulso transformador, queda como
testigo de su propio fracaso¨.
Y continuó Marinello:
Pero, casi no hay que
decir que una Revolución como la cubana no alcanzaría su
singular magnitud, si no obedeciese al dictado
primordial de su tiempo, la instauración de la sociedad
socialista. Y tal encargo, ya victorioso en Cuba, no
hubiera sido posible, como ha afirmado nuestro Primer
Ministro, sin la victoria de la Revolución de Octubre,
inicio de una nueva edad. Nuestra gratitud a la Unión
Soviética posee una doble vertiente: el reconocimiento a
una paternidad decisiva y venturosa y el agradecimiento
por una ayuda mantenida, creciente y desinteresada.
Y concluyó: ¨Los que
tuvimos en todo momento inmutable fe en la Unión
Soviética, hemos vencido en nuestra creencia¨.
Ha sido un hombre de
su tiempo, porque ejerció su alta estatura intelectual y
su fina sensibilidad artística, como Rubén Martínez
Villena, sinceramente ajeno a vanidades y reclamos;
porque se mantuvo siempre fiel a su propia obra, y como
en ella, no pugnaron nunca en su conducta el mérito con
la modestia, los honores con la humildad.
De él puede decirse
que encarnó las cualidades a las que nos convocara el
compañero Fidel al concluir su Informe al Primer
Congreso del Partido cuando exhortó a ¨que la
honestidad más absoluta, la fidelidad sin límites a los
principios, al desinterés, la capacidad de sacrificio,
la pureza revolucionaria, el espíritu de superación, el
heroísmo y el mérito, prevalezcan siempre en nuestro
Partido¨.
Así le recordaremos
siempre, tal y como le vimos por última vez hace solo
unos días, cuando ya eran inútiles todos los esfuerzos
por prolongar su existencia: cordial y sereno,
irradiando ante la muerte, que sabía próxima, la misma
dignidad que le acompañó toda la vida.
Así vivirá por
siempre entre nosotros, en la memoria inmortal del
pueblo, pleno y vital modelo de conducta comunista.
¡Hasta la victoria
siempre, querido compañero Juan Marinello! Tu pueblo y
tu Partido atesorarán para todas las generaciones del
porvenir tu obra perdurable y tu ejemplo inextinguible.
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
Palabras pronunciadas por el general de
ejército Raúl Castro Ruz, Segundo Secretario del Comité
Central del Partido Comunista de Cuba, en el sepelio de
Juan Marinello Vidaurreta, el 28 de marzo de 1977. |