|
No
tiene por qué ser el crítico un verdugo. En todo caso,
el verdugo no es un crítico: él solo ejecuta, no ejerce
el criterio. No tiene el crítico que ser solo cerebral o
armar su apreciación de la obra ajena con instrumentos
puros de bisturí científico, según ande la llamada
ciencia de la literatura en su época. En todo caso,
tiene el deber moral de afincar sus conocimientos en el
ancho diapasón cognoscente o cognoscitivo de su tiempo,
y con cerebro y corazón ejercer el criterio, descubrir
para enjuiciar, ser impresionado para impresionar,
siempre que impresionar quiera decir comunicar opinión y
no atolondrar al receptor de la crítica con demasiada
sapiencia que mal asimile la obra estudiada o con
excesos de impresionismo subjetivista. El crítico va de
compañero de ruta del creador (creador él mismo), y hará
una crítica de hondura y calidad, plena de orientación,
que es una de sus funciones, según reiteró más de una
vez el mismo Juan Marinello.
|
 |
Y no
quiero únicamente sostener mi exposición en los
criterios que Marinello explicitó acerca de la crítica
literaria. Entiendo que el mejor magisterio marinelliano
está en su propio ejercicio del criterio, ya sea en una
rápida nota periodística o en un ensayo de mayor o menor
longitud, como su grueso volumen Martí, escritor
americano. Precisamente es mi deseo comentar, en
homenaje al gran hombre que hoy recordamos, el método
propio en la critica personal que ejerció, así como sus
dos fuentes, bases sólidas de su ideario estético.
Y
este ideario, como todos sabemos, tiene raíces en el
pensamiento de Marx, Engels y Lenin, y también en el del
hombre de genio que fue nuestro José Martí. Juan
Marinello unió ejemplarmente el método marxista de la
crítica (juicio y orientación) al impar modo crítico de
José Martí, que entre donaires y frases bellas, como
solo su mano podía escribir en la lengua española de su
tiempo, observaba, como disfrazándolos, lunares y
peccatas, descensos cualitativos y elementos que poco
aportan en el campo del arte de la palabra.
Juan
Marinello fue autor de una critica literaria y artística
en la que el juicio bien pensado se halla en la balanza
de la ética; no se combate a los hombres, y ni siquiera
exactamente se combaten las deficiencias estéticas de
sus obras (al menos en el sentido de violencia implícito
en el verbo combatir), pero participa, sí, en el
enfrentamiento de ideas, señala descensos sin menoscabo
de la dignidad del creador y equilibra la critica entre
sutiles observaciones sobre logros más o menos
evidentes, significación contextual de la obra
asimilada, y valoración de altibajos o elogios cuando
estos son necesarios.
Yo
diría que la critica de Marinello parte de lo positivo.
O sea, Marinello busca en la obra que estudia sus buenas
aristas, sus aportes, pero nunca rehuye decir, de manera
no ofensiva, qué es arena y qué es oro. Por eso su
valoración es orientadora, porque para él tanto la obra
a que se enfrenta como su propia apreciación crítica,
estaban al servicio del hombre y su causa, o sea, del
mejoramiento humano de que hablaba Martí. En una
entrevista que le hizo el narrador y poeta Omar
González, Marinello expresó esta Idea con claridad: "el
rol de la crítica se acrecienta en la mayor medida
cuando interesa la apreciación de obras literarias,
plásticas y musicales que aporten sus calidades a una
transformación radical".
Es
muy conocido su ensayo "Sobre nuestra crítica
literaria", en el que pide a “la crítica actual" (y ese
actual tiene prolongación temporal), que sea
"explicación, orientación y creación". Fijémonos bien en
estos tres conceptos, que poseen un fuerte fondo propio
de la estética marxista: explicación, porque la buena
crítica no debe rehuir cierto grado de descripción
cuando es indispensable en la explicación, o sea, al
representar mediante el lenguaje oral o escrito los
detalles suficientes para tener idea cabal de su
objetivo. Entiéndase bien que no se trata de escribir
una crítica que solo re-traduzca la obra en cuestión,
porque enseguida Marinello pide orientación, o sea,
informar sobre el fenómeno artístico de manera tal que
el lector pueda saber cómo proceder ante el
enfrentamiento con la obra. Como se verá, orientar no es
imponer criterio, sino solo ejercerlo. El ejercicio del
criterio es elemental en la crítica orientadora, por
cuanto es en ese momento de la crítica cuando se
enjuicia con mayor profundidad aciertos y desaciertos,
dentro de un marco referencial autónomo o inmanente,
pero asimismo epocal, propio del aquí y del ahora en que
la crítica se manifiesta.
Pide
Marinello también creación en la crítica. El crítico
necesita un lenguaje connotativo e instrumentos
afianzados de manera sólida en la propia cultura
personal y un bien asimilado andamiaje científico.
Quiere Marinello que el crítico se arme con lo más
avanzado de la ciencia y la literatura de su tiempo,
pero que por medio de la creación, en el acto de ejercer
el criterio, ese andamiaje no suplante la belleza de la
obra crítica, de manera que el esqueleto quede en su
lugar, y no por fuera.
Dice
Marinel!o textualmente que "el más alto estadio del
oficio crítico es el de la creación", pues poco hace
quien mucha bibliografía mueva si en el momento de
ejercer el criterio no es capaz de crear, y de crear con
dignidad estética, pues también el ensayo crítico es
parte de las bellas letras.
Un
crítico "al nivel de la información de su tiempo" no
tiene que pasar apuros exhibiendo esa información. Su
función, para Marinillo, es lograr "... una crítica en
que el señalamiento de lo objetable y de lo plausible se
produzca con tal sentido de presente y de porvenir que
cada día sea más el examen de lo creado una porción
legítima del común impulso superador".
No
debe existir una batalla entre cientificismo crítico y
crítica creadora, sino diversidad en el mensaje, en la
comunicación y su código. Pero fijémonos bien que
existen diversos niveles en la crítica literaria y
artística, y que ellos se dirigen a variados receptores.
El emisor entonces no puede, o no debe, ponerse en
función de culturólogo, si lo que desea hacer es crítica
de una obra, de varias obras, de un movimiento o de toda
una corriente literario-artística epocal. Otra cosa
distinta es el trabajo de generalización cultural. La
particularidad de la crítica no es ajena, como propone
Marinello, al nivel teórico de su momento, pero debe
cumplir sus funciones esenciales. Hay que saber
delimitar los diversos campos, a veces de
entrelazamientos imprescindibles, de las ideas estéticas
y no mezclar sistemas apreciativos culturológicos en
graves amasijos de datos y citas que más confundan que
orienten.
Precisamente, Desiderio Navarro ha tratado en varias
ocasiones de delimitar funciones dentro del campo de la
crítica, de la historiografía y de la teoría literaria
como esferas diversas en las que el nivel de teorización
reviste también diversidades de matices y de elevaciones
conceptuales. Digamos que la crítica a que nos referimos
tiene funciones más pragmáticas. o digamos mejor más
funcionales en el sentido que le da Marinello de
"explicación, orientación y creación".
En
estos tres términos, que merecen aún codas más hondas,
se halla muy bien resumida la enseñanza de Ia crítica
marxista y martiana de Juan Marinello. Él mostró siempre
la "vigencia condicionada" de los idearios estéticos y
forjó el suyo según "las condiciones epocales". Prefirió
la crítica de sus contemporáneos, en sincronía con las
obras que se discutían en su entorno, y dio el ejemplo
de un crítico pleno de erudición que no hizo gala de los
cimientos de su método crítico. Ese método es uno de sus
legados mejores. Su eticidad parece decirnos que
ejercemos el criterio para mejorar y hermanar y no para
odiar y destruir.
Y
para que no quede duda de su ejemplo, nos dejó dicho,
tal vez previniendo que en este aserto se autoincluiría:
"nuestro enjuiciador debe usar las armas de los maestros
de ayer, pero enfocando su campo con una nueva luz".
Como Marx y Martí, él no quiso remedo de métodos sino
creatividad, sin dogmatismo, pero también sin anarquías.
Para
Juan Marinello el ejercicio del criterio se resume en
unas frases de estirpes martianas y marxistas: criticar
es crear y es amar, pues, dice Martí: "El amor es quien
ve".
|