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Dos celebraciones coincidieron el pasado 20 de octubre
en la sala que ocupa la antigua capilla de la Iglesia de
San Francisco de Paula: el Día de la Cultura Cubana y el
VI Aniversario de la acogedora sede del Conjunto de
Música Antigua Ars Longa.
Viaje
musical por grandes catedrales de América
fue el
nombre del concierto con que esa peculiar agrupación
habanera saludó ambas efemérides. Su recorrido abarcó
los últimos años del siglo XVI y la primera mitad del
XVII, con piezas nacidas en la Catedral de Guatemala y
la Catedral de Puebla de los Ángeles (México). Así como
piezas de la segunda mitad del siglo XVIII cubano,
creadas en la Catedral de Santiago de Cuba.
Pedro
Bermúdez (Granada -1558-, Puebla -1605-); Gaspar
Fernandes (Portugal, ca..
1565-70-, Puebla-1605- ); Juan Gutiérrez de Padilla
(Málaga, ca. -1590-, Puebla-1664- ) y Esteban Salas (La
Habana-1725-, Santiago de Cuba-1803- ) integraron la
selección de autores junto a composiciones anónimas de
los períodos mencionados.
Muy oportunamente, en el programa de mano del concierto
se destacan las peculiaridades de los villancicos
americanos interpretados. Peculiaridades que al acotar
la presencia en ellos de elementos sincréticos de las
culturas náhualt, portuguesas, españolas y africanas,
recuerdan lo medular de “lo real maravilloso”,
definición literaria excepcionalmente esbozada y
recreada por Alejo Carpentier.
La
conjunción de instrumentos tradicionales en la música
sacra unidos a otros altamente representativos del culto
afrocubano Yoruba
—como
los denominados tambores batá: iyá, itótele y okónkolo—
aportó no solo exclusividad sonora a
la entrega de Ars Longa; también condicionó una mágica
atmósfera que permitió revertir satisfactoriamente
imprevistos ajenos a la programación, con la misma
destreza con que el inquieto y travieso elegguá
hubiera reorientado los involuntarios caminos cruzados.
Momento
de alto vuelo estético fue la interpretación de la danza
con candelabros, donde se demostró sincronía y elegancia
de movimientos. La interpretación del Magnificat,
de Salas, y el cierre con el Tambalagumbá, de
Gutiérrez de Padilla fueron largamente ovacionados.
En el
milenio en que la humanidad enfrenta la devastación de
los bosques, el agotamiento de las reservas naturales,
los conflictos bélicos aupados por algunas de las
potencias más poderosas, la contaminación ambiental y
las terribles consecuencias de los cambios climáticos,
unido al paradójico aislamiento espiritual que la
dependencia a las nuevas tecnologías de la comunicación
ha ido generando paulatinamente, el individuo, como
recurso emocional de salvamento, equilibrio y
compensación interna, retorna a manifestaciones
artísticas que se remontan a épocas en las que el simple
intercambio social cuerpo a cuerpo y la oralidad
constituían la base de la transmisión de los mensajes y
de su socialización.
Esa
pudiera ser, unido a su indiscutible valor testimonial,
una de las razones del interés en muchas latitudes por
la música que recrea etapas como el Renacimiento y el
Barroco, tan ricas
históricamente y tan prolíficas en lo creativo.
Al
respecto, y respondiendo tres preguntas formuladas por
este comentarista, Teresa Paz, directora de Ars Longa,
aseguró que “el interés por la interpretación del
repertorio antiguo es creciente. Existen muchos
festivales en Europa, de igual manera que en América,
existe un gran movimiento, sobre todo de musicólogos
que trabajan arduamente en la investigación de los
archivos de catedrales, conventos, donde cada vez se
encuentra gran cantidad de música del Barroco y del
Renacimiento Americano”.
Para
esta joven soprano, por lo tanto, no habrá de ser un
hecho casual la multiplicación en Cuba de diversos
grupos cultores de este género. Las jornadas del
reciente Septiembre Barroco, auspiciado por Ars Longa y
por la Oficina del Historiador de la Ciudad de La
Habana, convocaron la participación de un nutrido y
heterogéneo público ávido por escuchar las entregas que
los distintos grupos participantes ofrecieron en la
Iglesia de San Francisco de Paula.
En la
importante labor comunitaria de instrucción, de
educación popular y de rescate histórico que lleva a
cabo la Oficina del Historiador, la agrupación, desde
1995, también despliega uno de sus más significativos
desempeños socioculturales.
“Ars
Longa —expresó
su directora—
ha tenido el privilegio de tocar para
diferentes públicos, lo mismo en un escenario, el más
exigente de Europa, en festivales especializados,
compartiendo con músicos y agrupaciones del más alto
nivel; pero también ha ofrecido conciertos para niños,
ancianos, estudiantes, público noespecializado. Es muy
estimulante recibir elogios de los importantes músicos,
reconocidos mundialmente; sin embargo, es de un valor
incalculable la reacción del público no especializado
que recibe con enorme sensibilidad nuestro trabajo. La
música tiene un poder tan grande que es capaz de
conmover al ser humano, tocar sus sentimientos, aunque
su conocimiento sobre esta sea mínimo. Esa es nuestra
experiencia”.
Fundado
en 1994 e integrado por estudiantes y egresados del
Instituto Superior de Arte de Cuba, el conjunto ha
sabido combinar su labor de interpretación musical con
la danza, el teatro, las artes plásticas, y con el
estudio e investigación de diferentes épocas y estilos
que abarcan desde la Edad Media hasta el Barroco.
Magnífico homenaje a la cultura cubana
—importante
y rico componente en el mosaico continental americano
de identidades—
devino el concierto del penúltimo viernes de octubre en
el que también se festejó el sexto año del renacer de la
hermosa capilla de San Francisco de Paula.
En la
sencillez y la dedicación de la agrupación anfitriona
que acumula múltiples premios y una encomiable labor
formadora, estriba la grandeza del arte que con
modestia ofrece en igualdad de respeto para sus muy
diversos públicos.
“Ars
Longa es para mí la vida misma,
—concluyó
Teresa Paz. Es mi familia, mis amigos, mi trabajo. Me
ha dado mis hijos, un hogar. Vivo todo el día pensando
en la música, en los programas que queremos hacer, y
creo, que me ha hecho vivir en un eterno sueño”.
Restaría solamente, entonces, desear la continuidad de
ese sueño que ha fomentado, en medio de los desvelos y
las adversidades que lo cotidiano genera, el
mejoramiento humano a través del desarrollo de las
emociones.
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