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El
soliloquio de lo caricatural nos trae el laberinto del
Marinello entrevisto en una órbita que lo proyecta y que
establece las afinidades: desde los apuntes de Carlos
Enríquez en los que aparece el Marinello visualizado, la
magnífica estampa geométrica del rabino Abraham o las
jocosas delineaciones de Juan David hasta la figura
raigal y un tanto melancólica de Manuel Rodríguez
Lozano.
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En Carlos Enríquez está el boceto del autor de
Liberación, los rasgos jóvenes del maestro ya
desbordantes de entusiasmo por el destino del cubano,
atenazado por lo poemático, con su tipología
característica de pensador y polemista por excelencia.
El cuartelarismo oficial y las sucesiones de dictaduras
dan al traste con los anhelos de los más pobres, las
clases medias y la joven intelectualidad: Marinello
diría más tarde que los años veinte habían sido
decisivos en el pensamiento y la política de la Isla.
Son los años de una vasta fundación civilizatoria y
también de efervescencia institucional, irrumpía la
“revolución universitaria”, se desarrollaba y moría el
movimiento de Veteranos y Patriotas, los Minoristas
publicaban su manifiesto y por otra parte se publicaba
La moderna poesía en Cuba. La ceguera de un orden
burgués encerrado dentro de sus mismos límites que
coqueteaba con los gustos más medianos o que prefería
los óleos de cualquier figurista académico a la
inigualable organicidad de la vanguardia nacional era la
sazón o algo así como el lienzo de un solo tono en la
comedia de la cultura republicana. Los libelos
revisteriles y la literatura desde el régimen se
sucedían (recordemos, por ejemplo, la malograda Historia
de Cuba por la que cobraban una botella escandalosa el
celebérrimo presidente Zayas). A nivel institucional, el
cuadro era el recorte de unos cuantos años atrás; los
senadores y politiqueros en verdadera pitanza se daban
las manos con el injerencismo, mientras que el fantasma
del descontento recorría subliminalmente el esqueleto de
la cultura marginada. El capital no se podía sentar a la
mesa de los comunes como si esa koinonía fuera el
presagio terrible de su desaparición, vaticinada en los
textos de Fourier, Saint Simon, Campanella Montaigne y
Marx.
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En la cuerda floja de la vida nacional y los
rotativos que no auspiciaban nada, surge la Revista
de Avance, pese a las divergencias de Mañach o
Ichazo, coeditores en el mismo empeño con Marinello, por
entonces unido a la actividad política, al pensamiento y
la praxis marxista. El ecumenismo de la generación de
Avance tiene su punto de partida en la vanguardia
europea y la savia del pensamiento insular. En el viejo
continente la inteligencia cerraba filas contra el
racionalismo y la filosofía de los países industriales:
el absurdo, los mecanismos oníricos, las exóticas
noticias sobre la estatuaria de Dahomey o la violencia
de las terracotas yorubas atraen el sonambulismo de una
cultura reconstruida: Leo Frobenius viene a ser el
pionero de esta especie de vanguardia mientras se saca
por las galerías, ante los ojos expectantes de los
nuevos plásticos, los colores chillones de los indígenas
de Gaugin; publican en medio del escándalo editorial
Joyce y Elliot, Matisse, ilustra para las casas
francesas el Ulises. El Doctor en Derecho y
alumno eminente de la escuela de Derecho Civil abdicó a
la cómoda vida de gabinete y las esplendideces que le
ofrecían las instituciones tan dadas a las cabriolas con
quienes quisieran ponerse su propio precio. Lo ven en
las primeras filas los principales acontecimientos de la
política del país: es procesado por su participación en
la Protesta de los Trece, publica América Libre
junto a Orosmán Viamontes, Villena y Julio Antonio
Mella, en 1926 figura entre los fundadores de la
institución Hispano-Cubana de Cultura presidida por la
figura de más brillo en la historia de nuestras ciencias
sociales, el polígrafo y erudito Fernando Ortiz.
Marinello reconocería después que los presidentes de la
Revista de Avance estaban centrados en la disímil
actividad de Sanguily y Enrique José Varona. En la
Declaración del Grupo Minorista, el bello documento de
explicación lanzado contra Lamar Schweyer, se dice que
sus componentes han laborado y laboran “por un arte
nuevo en sus diferentes manifestaciones por la
introducción y vulgarización en Cuba de las últimas
doctrinas, teóricas y prácticas, artísticas y
científicas, por la independencia económica de Cuba...”
La cultura es icono de la relación voluntaria que
establecemos entre nosotros. Marinello subraya el
postulado de que la ciudad y la cultura son las caras
indesligables de una moneda, proyectadas por su mutua
complementariedad. La Revista de Avance se
afianza sobre esa suposición. Allí se publican a los
líderes de la vanguardia europea, Bertrand Russell,
Santayana, Brandes, Dos Passos, Valéry, Supervielle,
Giradoux, Delteil, O´Neil, Orozco, Max Ernst y Picasso,
se traen a colación a Schöenberg y Stravinsky. Grandes
escritores latinoamericanos como A. Reyes, Vallejo,
Blanco Fombona, Maples Arce, Pareda Valdés, Ortiz de
Montellano. Escribieron para ella intelectuales
españoles, son los casos de Américo Castro, D´Ors, Gómez
de la Serna, Moreno Villa y muchos otros. Dio a conocer
a los mejores escritores cubanos a quienes la ironía los
hizo durante años desconocidos en su propia casa: Luis
Felipe Rodríguez, José Antonio Ramos, Hernández Catá,
Bles, Carlos Loveira, en tanto afirmaba a creadores como
Roldán y Caturla, Loy, Massaguer, Gattorno, Abela o
Carlos Enríquez. Con Avance, Europa se aproximó
un poco a América y a La Habana ensimismada en la
melancolía de sus viejos cafés se hizo el epicentro de
todos los sitios. No hay cultura autosuficiente. Somos
una mezcla de valores diversos en que lo español y lo
negro se yuxtaponen a lo chino y a lo europeo como
siempre lo comprendió Marinello. Él nunca tuvo fe en el
engaño de quienes querían poner una demarcación entre la
cultura y la vida; como esteta comprometido supo desde
los primeros momentos que el juego de las dualidades no
existía, defendió la tesis de que no puede haber arte
sin ideas, muy al contrario de los que impulsaban el
delirio de la desideologización: pero en el fondo la
desideologización no existe, porque cualquier
conglomerado de significantes es por sí un portador de
significados. Marinello se refería más que nada a la
elección de los significantes, prurito muy particular
que tiene que ver con el arte como otra lectura mimética
cuya fuente hay que buscarla en la realidad. La Mistral
se lamentaba que las preocupaciones políticas de
Marinello le robaran el tiempo al artista, a lo que él
replica con tono suave y seguro. Ángel Augier asegura
que en la Revista de Avance, Marinello escribe
sus últimos versos y los primeros ensayos. La muerte de
Rafael Trejo hacia el 30 lo deslumbra quizá porque queda
alumbrado el camino. La turbulencia social y las
vicisitudes del momento lo llevaron a la cárcel, más
tarde al obligado destierro a México. De regreso dirige
la revista Masas y el diario La Palabra
hasta que el cuartelazo de Batista en el 34 lo lleva a
la prisión y de nuevo al exilio. En México publica el
ensayo sobre Mariátegui, Varona, Luis Felipe Rodríguez,
Neruda, la Mistral y Martí: la guerra republicana
española lo cuenta entre sus soldados y promotores de
cultura. Hombres de la España Leal y Momento Español
editado Altolaguirre. Manuel Pedro le echaba en cara a
Marinello cierta incoherencia en sus ensayos de
aprehensión modernista, en realidad al Research Lecturer
de la Universidad de California lo juzga con demasiada
dureza. El aparente desmembramiento en los cuerpos de
los mismos se debe a las posiciones de Marinello y ello
le permite asegurarse Manuel Pedro desde su anárquico
eclecticismo; si no compárese los ensayos de Marinello
con el amasijo pedrista de Marginalia modernista o los
obsoletos conceptos periodizantes de la novela
hispanoamericana. La plástica insular desvela el rabioso
trabajo del villaclareño. El hurón azul de Carlos
Enríquez, las floras de Portocarrero o las vitralerías
de Mariano; la obsesión de Marinello por la plástica lo
llevan a textos donde se hace luz alrededor de la
moderna pintura no figurativa. La desolación del artista
de las grandes urbes occidentales ya habían pagado lo
suficiente en los temblores de El puente de
Trinquetaille, Adelina Ravoux y la miseria de Van Gogh
del período convulso. En conversación con nuestros
pintores abstractos cuestionan las posibilidades del
movimiento de vanguardia en el sentido de que es incapaz
de sentir ninguna emoción por las cosas, las deforma,
este placer por la distorsión abre un contrastante
cortinaje de primeras y segundas realidades. El arte no
figurativo nace en los países occidentales no tanto en
calidad de respuesta a las inquietudes de renovación
como sí significando la alarma y el odio de los artistas
por las hacinadas ciudades, sus ventas e instituciones
frías que devoran al sujeto que crea y a la creación
como mercancías confiscadas; la indiferencia
institucional y el consumismo de las sociedades
occidentales son los autores auténticos del Homenaje de
Bleriot, de Delaunay, los cuadros de Mondrián, la
filosofía de las linealidades de Paul Klee o Kansdinsky;
los teóricos del abstraccionismo niega un sistema
semiológico; Seuphor llega a explicar que la obra
abstracta “no contiene ninguna evocación, ningún reflejo
de la realidad que lo observa”, algo parecido a las
ideas estetizantes de Mallarmé en el jetter le froid.
Una cultura es portadora de autosignificados que juegan
con su tradición y que le da cierta singularidad dentro
del conjunto de otras culturas. Carlos Enríquez, Abela,
Fidelio Ponce o Víctor Manuel se comportan por ejemplo
como modelos independientes y no tendría sentido que
hubieran querido pintar a la manera de Malevitch, Braque
y Renoir. El andamiaje interior del abstraccionismo se
resuelve en la desvalorización del sistema sígnico
tradicional y Marinello lo advierte con el sesgo
inconfundible y la limpieza de su vocación de maestro:
Poética, ensayos en entusiasmo muy poco conocida y aun
menos comentada traduce toda la axiología del primer
Marinello a lo que será su pensamiento posterior; a la
melopeya, fanopeya y logopeya, las tres clases de
poesías reconocidas por el poeta norteamericano Ezra
Pound, él agrega una cuarta, la heteropeya; un híbrido
de las tres primeras. “¿Por qué no hacer de los vocablos
notas de la poesía? –se pregunta-: no es el mensaje del
poeta ni más concreto ni más racional que el del
músico”. Se deduce que en Poética... incluso persistan
los viejos resabios a lo H. Brémond en lo tocante a
poesía pura, que tanto eco hicieran en Brull y Florit.
Quizá en eso estén las razones de que Marinello pensara
más de una vez la autorización para las reimpresiones de
Liberación. Meditación americana, nos dice “no
puede haber hondura y calidad en el hombre sin raíces”
lo que supone que se inserte en el epicentro de la
palabra de José Martí y lo más rico de la arista
humanística de nuestra cultura, desde Heredia, Casal,
Saumell, Ignacio Cervantes, Ortiz, Lezama. Rector de la
Universidad de La Habana, Doctor en Ciencias Filológicas
de Carolina de Praga, Medalla Joliot-Curie por el
Congreso Mundial de la Paz, su entusiasmo y confianza en
nuestra plenitud lo hacen hoy por hoy imprescindible.
Con los ojos escrutadores y las manos enormes de
jardinero Marinello parece como si nos interrogara. Así,
sin dejar de mirarnos, viene silencioso para quedarse. |