Año V
La Habana
4 al 10 de NOVIEMBRE
de 2006

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Marinello en la plenitud
Pedro Llanes La Habana


El soliloquio de lo caricatural nos trae el laberinto del Marinello entrevisto en una órbita que lo proyecta y que establece las afinidades: desde los apuntes de Carlos Enríquez en los que aparece el Marinello visualizado, la magnífica estampa geométrica del rabino Abraham o las jocosas delineaciones de Juan David hasta la figura raigal y un tanto melancólica de Manuel Rodríguez Lozano.
 

En Carlos Enríquez está el boceto del autor de Liberación, los rasgos jóvenes del maestro ya desbordantes de entusiasmo por el destino del cubano, atenazado por lo poemático, con su tipología característica de pensador y polemista por excelencia. El cuartelarismo oficial y las sucesiones de dictaduras dan al traste con los anhelos de los más pobres, las clases medias y la joven intelectualidad: Marinello diría más tarde que los años veinte habían sido decisivos en el pensamiento y la política de la Isla. Son los años de una vasta fundación civilizatoria y también de efervescencia institucional, irrumpía la “revolución universitaria”, se desarrollaba y moría el movimiento de Veteranos y Patriotas, los Minoristas publicaban su manifiesto y por otra parte se publicaba La moderna poesía en Cuba. La ceguera de un orden burgués encerrado dentro de sus mismos límites que coqueteaba con los gustos más medianos o que prefería los óleos de cualquier figurista académico a la inigualable organicidad de la vanguardia nacional era la sazón o algo así como el lienzo de un solo tono en la comedia de la cultura republicana. Los libelos revisteriles y la literatura desde el régimen se sucedían (recordemos, por ejemplo, la malograda Historia de Cuba por la que cobraban una botella escandalosa el celebérrimo presidente Zayas). A nivel institucional, el cuadro era el recorte de unos cuantos años atrás; los senadores y politiqueros en verdadera pitanza se daban las manos con el injerencismo, mientras que el fantasma del descontento recorría subliminalmente el esqueleto de la cultura marginada. El capital no se podía sentar a la mesa de los comunes como si esa koinonía fuera el presagio terrible de su desaparición, vaticinada en los textos de Fourier, Saint Simon, Campanella Montaigne y Marx.

En la cuerda floja de la vida nacional y los rotativos que no auspiciaban nada, surge la Revista de Avance, pese a las divergencias de Mañach o Ichazo, coeditores en el mismo empeño con Marinello, por entonces unido a la actividad política, al pensamiento y la praxis marxista. El ecumenismo de la generación de Avance tiene su punto de partida en la vanguardia europea y la savia del pensamiento insular. En el viejo continente la inteligencia cerraba filas contra el racionalismo y la filosofía de los países industriales: el absurdo, los mecanismos oníricos, las exóticas noticias sobre la estatuaria de Dahomey o la violencia de las terracotas yorubas atraen el sonambulismo de una cultura reconstruida: Leo Frobenius viene a ser el pionero de esta especie de vanguardia mientras se saca por las galerías, ante los ojos expectantes de los nuevos plásticos, los colores chillones de los indígenas de Gaugin; publican en medio del escándalo editorial Joyce y Elliot, Matisse, ilustra para las casas francesas el Ulises. El Doctor en Derecho y alumno eminente de la escuela de Derecho Civil abdicó a la cómoda vida de gabinete y las esplendideces que le ofrecían las instituciones tan dadas a las cabriolas con quienes quisieran ponerse su propio precio. Lo ven en las primeras filas los principales acontecimientos de la política del país: es procesado por su participación en la Protesta de los Trece, publica América Libre junto a Orosmán Viamontes, Villena y Julio Antonio Mella, en 1926 figura entre los fundadores de la institución Hispano-Cubana de Cultura presidida por la figura de más brillo en la historia de nuestras ciencias sociales, el polígrafo y erudito Fernando Ortiz. Marinello reconocería después que los presidentes de la Revista de Avance estaban centrados en la disímil actividad de Sanguily y Enrique José Varona. En la Declaración del Grupo Minorista, el bello documento de explicación lanzado contra Lamar Schweyer, se dice que sus componentes han laborado y laboran “por un arte nuevo en sus diferentes manifestaciones por la introducción y vulgarización en Cuba de las últimas doctrinas, teóricas y prácticas, artísticas y científicas, por la independencia económica de Cuba...” La cultura es icono de la relación voluntaria que establecemos entre nosotros. Marinello subraya el postulado de que la ciudad y la cultura son las caras indesligables de una moneda, proyectadas por su mutua complementariedad. La Revista de Avance se afianza sobre esa suposición. Allí se publican a los líderes de la vanguardia europea, Bertrand Russell, Santayana, Brandes, Dos Passos, Valéry, Supervielle, Giradoux, Delteil, O´Neil, Orozco, Max Ernst y Picasso, se traen a colación a Schöenberg y Stravinsky. Grandes escritores latinoamericanos como A. Reyes, Vallejo, Blanco Fombona, Maples Arce, Pareda Valdés, Ortiz de Montellano. Escribieron para ella intelectuales españoles, son los casos de Américo Castro, D´Ors, Gómez de la Serna, Moreno Villa y muchos otros. Dio a conocer a los mejores escritores cubanos a quienes la ironía los hizo durante años desconocidos en su propia casa: Luis Felipe Rodríguez, José Antonio Ramos, Hernández Catá, Bles, Carlos Loveira, en tanto afirmaba a creadores como Roldán y Caturla, Loy, Massaguer, Gattorno, Abela o Carlos Enríquez. Con Avance, Europa se aproximó un poco a América y a La Habana ensimismada en la melancolía de sus viejos cafés se hizo el epicentro de todos los sitios. No hay cultura autosuficiente. Somos una mezcla de valores diversos en que lo español y lo negro se yuxtaponen a lo chino y a lo europeo como siempre lo comprendió Marinello. Él nunca tuvo fe en el engaño de quienes querían poner una demarcación entre la cultura y la vida; como esteta comprometido supo desde los primeros momentos que el juego de las dualidades no existía, defendió la tesis de que no puede haber arte sin ideas, muy al contrario de los que impulsaban el delirio de la desideologización: pero en el fondo la desideologización no existe, porque cualquier conglomerado de significantes es por sí un portador de significados. Marinello se refería más que nada a la elección de los significantes, prurito muy particular que tiene que ver con el arte como otra lectura mimética cuya fuente hay que buscarla en la realidad. La Mistral se lamentaba que las preocupaciones políticas de Marinello le robaran el tiempo al artista, a lo que él replica con tono suave y seguro. Ángel Augier asegura que en la Revista de Avance, Marinello escribe sus últimos versos y los primeros ensayos. La muerte de Rafael Trejo hacia el 30 lo deslumbra quizá porque queda alumbrado el camino. La turbulencia social y las vicisitudes del momento lo llevaron a la cárcel, más tarde al obligado destierro a México. De regreso dirige la revista Masas y el diario La Palabra hasta que el cuartelazo de Batista en el 34 lo lleva a la prisión y de nuevo al exilio. En México publica el ensayo sobre Mariátegui, Varona, Luis Felipe Rodríguez, Neruda, la Mistral y Martí: la guerra republicana española lo cuenta entre sus soldados y promotores de cultura. Hombres de la España Leal y Momento Español editado Altolaguirre. Manuel Pedro le echaba en cara a Marinello cierta incoherencia en sus ensayos de aprehensión modernista, en realidad al Research Lecturer de la Universidad de California lo juzga con demasiada dureza. El aparente desmembramiento en los cuerpos de los mismos se debe a las posiciones de Marinello y ello le permite asegurarse Manuel Pedro desde su anárquico eclecticismo; si no compárese los ensayos de Marinello con el amasijo pedrista de Marginalia modernista o los obsoletos conceptos periodizantes de la novela hispanoamericana. La plástica insular desvela el rabioso trabajo del villaclareño. El hurón azul de Carlos Enríquez, las floras de Portocarrero o las vitralerías de Mariano; la obsesión de Marinello por la plástica lo llevan a textos donde se hace luz alrededor de la moderna pintura no figurativa. La desolación del artista de las grandes urbes occidentales ya habían pagado lo suficiente en los temblores de El puente de Trinquetaille, Adelina Ravoux y la miseria de Van Gogh del período convulso. En conversación con nuestros pintores abstractos cuestionan las posibilidades del movimiento de vanguardia en el sentido de que es incapaz de sentir ninguna emoción por las cosas, las deforma, este placer por la distorsión abre un contrastante cortinaje de primeras y segundas realidades. El arte no figurativo nace en los países occidentales no tanto en calidad de respuesta a las inquietudes de renovación como sí significando la alarma y el odio de los artistas por las hacinadas ciudades, sus ventas e instituciones frías que devoran al sujeto que crea y a la creación como mercancías confiscadas; la indiferencia institucional y el consumismo de las sociedades occidentales son los autores auténticos del Homenaje de Bleriot, de Delaunay, los cuadros de Mondrián, la filosofía de las linealidades de Paul Klee o Kansdinsky; los teóricos del abstraccionismo niega un sistema semiológico; Seuphor llega a explicar que la obra abstracta “no contiene ninguna evocación, ningún reflejo de la realidad que lo observa”, algo parecido a las ideas estetizantes de Mallarmé en el jetter le froid. Una cultura es portadora de autosignificados que juegan con su tradición y que le da cierta singularidad dentro del conjunto de otras culturas. Carlos Enríquez, Abela, Fidelio Ponce o Víctor Manuel se comportan por ejemplo como modelos independientes y no tendría sentido que hubieran querido pintar a la manera de Malevitch, Braque y Renoir. El andamiaje interior del abstraccionismo se resuelve en la desvalorización del sistema sígnico tradicional y Marinello lo advierte con el sesgo inconfundible y la limpieza de su vocación de maestro: Poética, ensayos en entusiasmo muy poco conocida y aun menos comentada traduce toda la axiología del primer Marinello a lo que será su pensamiento posterior; a la melopeya, fanopeya y logopeya, las tres clases de poesías reconocidas por el poeta norteamericano Ezra Pound, él agrega una cuarta, la heteropeya; un híbrido de las tres primeras. “¿Por qué no hacer de los vocablos notas de la poesía? –se pregunta-: no es el mensaje del poeta ni más concreto ni más racional que el del músico”. Se deduce que en Poética... incluso persistan los viejos resabios a lo H. Brémond en lo tocante a poesía pura, que tanto eco hicieran en Brull y Florit. Quizá en eso estén las razones de que Marinello pensara más de una vez la autorización para las reimpresiones de Liberación. Meditación americana, nos dice “no puede haber hondura y calidad en el hombre sin raíces” lo que supone que se inserte en el epicentro de la palabra de José Martí y lo más rico de la arista humanística de nuestra cultura, desde Heredia, Casal, Saumell, Ignacio Cervantes, Ortiz, Lezama. Rector de la Universidad de La Habana, Doctor en Ciencias Filológicas de Carolina de Praga, Medalla Joliot-Curie por el Congreso Mundial de la Paz, su entusiasmo y confianza en nuestra plenitud lo hacen hoy por hoy imprescindible. Con los ojos escrutadores y las manos enormes de jardinero Marinello parece como si nos interrogara. Así, sin dejar de mirarnos, viene silencioso para quedarse.

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