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GALERÍA DE
FOTOS
¡Qué mujer!
Dice Mónica Guffanti que cree en la energía; yo mismo me
atrevo a declararme inevitablemente acechado por la
fuerza armónica de esa fémina hermosa y feroz, como los
inolvidables tangos argentinos.
Llegó a nuestro país en el año 1962, y desde entonces
Buenos Aires, su tierra natal, se fue perdiendo en una
bruma donde nacía, por otro lado, un mundo distinto,
descubierto tras la niebla en las tablas de un teatro.
Tal vez ese espíritu intenso y poderoso haya nacido
desde sus ancestros italianos, pero lo cierto es que
cuando converso con ella y observo alelado cómo fuma
distraída un cigarrillo, no sé si entrevisto una niña,
una joven, o una mujer muy bella. Conviene entonces
ponerse a adivinar.
“Procedo de una familia italiana que emigró a la
Argentina antes de yo nacer; éramos muchos. Para vernos
nos reuníamos todos los domingos en almuerzos y comidas,
y Mónica era la niñita intranquila que jugueteaba con
los varones todo el tiempo y bailaba sin pena ninguna
delante de cualquiera.”
“Más tarde comenzaría la carrera de baile por voluntad
de mi mamá, no por gusto propio, y en el año 1960 me
gradúo en la escuela de ballet del teatro Colón de
Buenos Aires”.
“A pesar de esto
siempre fui una joven muy independiente, estudiaba y
trabajaba al mismo tiempo, gracias a eso pude madurar
mucho, comencé a conocer la vida”.
“En 1962 vine a Cuba
junto a otros bailarines, invitada por el Ballet
Nacional Alicia Alonso y desde entonces, mi vida dio un
vuelco irreversible”.
¿Por qué no regresó a
Argentina?
No volví porque me
enamoré. Al llegar a este país conocí al fotógrafo
Alberto Korda, y unida a él estuve muchos años. Cuando
se inauguró el Complejo Turístico Guamá, invitaron al
Ballet Nacional para que diera una función allá y por
casualidad nos encontramos. No dejamos tiempo para
después y comenzamos inmediatamente.
Nuestra relación tuvo
momentos rosa y momentos negros, como les sucede a todas
las personas que conviven juntas; pero fue una época muy
linda de mi vida, el mejor resultado fueron nuestros dos
hijos. Él era un profesional muy reconocido pero a mí
nunca me interesó mucho la fotografía, actualmente soy
muy mala con las fotos.
A él tampoco le
gustaba que yo actuara, pero eso nunca se convirtió en
un problema. Cuando comienzo en Teatro Estudio con
Vicente Revuelta, era una de las actrices que más
trabajaba, y Korda cuidaba de los niños para que yo
pudiese estar allá. Esos recuerdos son muy grandes.
Alberto Korda es mundialmente conocido por la famosa
foto que le hiciera a Ernesto Guevara de la Serna.
¿Conoció usted al Che?
Esa foto Alberto la hizo antes de casarnos, pero más
tarde yo conocería al Che gracias a él. Fuimos a un
juego de béisbol y había que tirar algunas fotos; a
pesar del tumulto de gente pude estar cerca del
Guerrillero. Fue un momento inolvidable; después de ese
día, nunca más lo volví a ver.
En
su vida existen otros hombres muy importantes. Carlos
Díaz, director del grupo de teatro El Público, afirma
que Mónica Guffanti es una de sus mujeres preferidas…
Carlos es uno de mis mejores amigos y le agradezco
eternamente a la vida el haberlo conocido. Magnífico
director de teatro, una maravillosa persona a quien
confío el difícil encargo de darme consejos, ya sean
personales o profesionales; pero además, un hombre muy
inteligente en la vida. Cuando me sucede cualquier cosa
me siento completamente segura porque él se encuentra
cerca.
Yo actuaba en el grupo Buscón con José Antonio Rodríguez
en el año 1990 y Carlos Díaz me propuso entonces hacer
el personaje de Blanche Dubois en Un tranvía llamado
deseo, estrenado en la Sala Covarrubia del Teatro
Nacional. Como puedes ver ya son 16 largos años de
continuo trabajo entre ambos. El teatro El Público es mi
casa y aunque entré al grupo con más de dos décadas de
experiencia en la actuación, el trabajo realizado aquí
me hizo percibir mi profesión desde aristas más
interesantes, como me había sucedido antes con Berta
Martínez, Armando Suárez del Villar y Vicente Revuelta.
Sin embargo, lo que más influyó en mi carrera, es mi
vida.
¿Carrera artística o carrera por la vida?
El tiempo no existe.
Yo vivo el día intensamente y no pienso en el mañana
porque “vivir hoy” es lo que vale. Así he hecho muchas
cosas y hasta ahora ese concepto no me ha fallado. No
creo en lo que sucederá, sino en lo que sucede, ahora
mismo, por ejemplo, cuando hablo contigo. Eso es un modo
de realización personal, me encanta la gente madura, los
que no lo consiguen me dan tristeza.
En esta carrera no
puedes vivir la vida de otras personas frente a un
público diverso si no has pasado por situaciones
parecidas a las que una misma representa. Por eso a las
jóvenes actrices les sugiero que vivan, vivan mucho para
que luego no sean unas desconocidas frente a sus
personajes.
Planificarse el
horario no tiene sentido. La comida es lo único que
planifico porque me encanta cocinar y todos los días me
pongo a pensar en lo que haré mañana para comer. Soy una
perfecta ama de casa.
¿Se ha sentido incomprendida alguna vez por el público?
He hecho cosas muy
buenas y cosas que son un verdadero desastre. Me gusta
ser objetiva con mi trabajo y comprendo cuando fracaso.
En ocasiones a los espectadores les gusta algo con lo
que yo no me siento conforme y otras veces sucede a la
inversa.
Lo importante es que
ambas partes coincidan en una misma línea.
¿Cómo Mónica Guffanti enfrenta a sus personajes?
Confieso que nunca he
soñado con hacer ningún personaje en específico. Si se
presenta una propuesta y me gusta, le doy el frente,
pero “no creo en la aparición de futuras actuaciones”.
Cuando hago un
personaje lo vivo solo en el momento de la función,
después llevo una vida normal y corriente.
Disfruto mucho el
período de los ensayos aunque sufro amargamente
memorizar los textos. A algunos actores no les cuesta
tanto y lo hacen con una facilidad tremenda, pero
conmigo no sucede así. Camino de un lado a otro, casi
siempre aquí en mi casa, repitiendo una y otra vez el
parlamento hasta que la palabra nace de mí.
Y en ese largo camino
recuerdo personajes muy bien actuados como el de
Carmela, en Las Impuras; el de Blanche Dubois en
Un tranvía llamado deseo, y la Señora, en Las
criadas.
También me ha gustado
mucho hacer Las relaciones de Clara, que ahora
está puesta en la Casona de Línea, aunque al principio
no fue fácil porque la traducción de la obra era muy
mala. Confié mucho en Carlos para el montaje y
sinceramente, estoy conforme con el resultado.
Después de bailar en
el Ballet Nacional Alicia Alonso, Mónica Guffanti
comienza en el Conjunto experimental de Danza de Alberto
Alonso en 1964 y tres años más tarde, forma parte del
elenco del teatro Musical de La Habana. Luego dejaría a
un lado el baile para dedicarse por completo a la
actuación. Más de treinta obras de teatro llenan las
cuatro décadas vividas en Cuba. También ha hecho cine y
televisión. La receta para lograr estos éxitos, según
ella, consiste en vivir el día como si te fueras a morir
mañana, aunque mañana el día sea gris.
Mis éxitos son
pequeños instantes de una gran inmensidad. Ahora mismo
lo único que sé es que soy actriz y quiero seguir siendo
actriz. No creo en las tendencias, creo en el buen
trabajo, y actualmente se han ido perdiendo poco a poco
los puntos de referencia.
No conozco el
aburrimiento. Tengo muy buenas amigas y cuando no
tenemos trabajo, nos vamos para La Habana Vieja a
pasear.
Del mismo modo me
agrada ir al teatro, y si me aburro viendo cualquier
función, entonces ahí sí me pongo triste, porque como
cualquier persona de carne y hueso, padezco de tristeza…
He pasado por muy
malos momentos, momentos muy difíciles. Recuerdo con
gran nostalgia cuando mis dos hijos y mis cuatro nietos
se fueron del país. Yo pensaba que no iba a poder salir
de la crisis…, pero salí.
Creo en la energía.
También practico terapia floral, que me dio mucho
resultado en aquella época tan mala; y para relajarme,
utilizo el yoga…
Lo importante es que
aún me asombro, no he perdido la capacidad de asombrarme
ni la de entender casi todo.
¿Extraña Argentina?
Para nada, he vivido
la mayor parte de mi vida en Cuba, en Argentina solo
pasé mi niñez, mi adolescencia…, y después de 40 largos
años, he llegado a entender que definitivamente, yo
pertenezco a esta patria.
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