Año V
La Habana
4 al 10 de NOVIEMBRE
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Entrevista CON la actriz Mónica Guffanti
Cuba es mi tierra

Danny González Lucena La Habana


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¡Qué mujer!

Dice Mónica Guffanti que cree en la energía; yo mismo me atrevo a declararme inevitablemente acechado por la fuerza armónica de esa fémina hermosa y feroz, como los inolvidables tangos argentinos.

Llegó a nuestro país en el año 1962, y desde entonces Buenos Aires, su tierra natal, se fue perdiendo en una bruma donde nacía, por otro lado, un mundo distinto, descubierto tras la niebla en las tablas de un teatro.

Tal vez ese espíritu intenso y poderoso haya nacido desde sus ancestros italianos, pero lo cierto es que cuando converso con ella y  observo alelado cómo fuma distraída un cigarrillo, no sé si entrevisto  una niña, una joven, o una mujer muy bella. Conviene entonces  ponerse a adivinar.

“Procedo de una familia italiana que emigró a la Argentina antes de yo nacer; éramos muchos. Para vernos nos reuníamos todos los domingos en almuerzos y comidas, y Mónica era la niñita intranquila que jugueteaba con los varones todo el tiempo y bailaba sin pena ninguna delante de cualquiera.”

“Más tarde comenzaría la carrera de baile por voluntad de mi mamá, no por gusto propio, y en el año 1960 me gradúo en la escuela de ballet del teatro Colón de Buenos Aires”.

“A pesar de esto siempre fui una joven muy independiente, estudiaba y trabajaba al mismo tiempo, gracias a eso pude madurar mucho, comencé a conocer la vida”.

“En 1962 vine a Cuba junto a otros bailarines, invitada por el Ballet Nacional Alicia Alonso y desde entonces, mi vida dio un vuelco irreversible”.

¿Por qué no regresó a Argentina?

No volví porque me enamoré. Al llegar a este país conocí al fotógrafo Alberto Korda, y unida a él estuve muchos años. Cuando se inauguró el Complejo Turístico Guamá, invitaron al Ballet Nacional para que diera una función allá y por casualidad nos encontramos. No dejamos tiempo para después y comenzamos inmediatamente.

Nuestra relación tuvo momentos rosa y momentos negros, como les sucede a todas las personas que conviven juntas; pero fue una época muy linda de mi vida, el mejor resultado fueron nuestros dos hijos. Él era un profesional muy reconocido pero a mí nunca me interesó mucho la fotografía, actualmente soy muy mala con las fotos.

A él tampoco le gustaba que yo actuara, pero eso nunca se convirtió en un problema. Cuando comienzo en Teatro Estudio con Vicente Revuelta, era una de las actrices que más trabajaba, y Korda cuidaba de los niños para que yo pudiese estar allá. Esos recuerdos son muy grandes.

Alberto Korda es mundialmente conocido por la famosa foto que le hiciera a Ernesto Guevara de la Serna. ¿Conoció usted al Che?

Esa foto Alberto la hizo antes de casarnos, pero más tarde yo conocería al Che gracias a él. Fuimos a un juego de béisbol y había que tirar algunas fotos; a pesar del tumulto de gente pude estar cerca del Guerrillero. Fue un momento inolvidable; después de ese día, nunca más lo volví a ver.

En su vida existen otros hombres muy importantes. Carlos Díaz, director del grupo de teatro El Público, afirma que Mónica Guffanti es una de sus mujeres preferidas…

Carlos es uno de mis mejores amigos y le agradezco eternamente a la vida el haberlo conocido. Magnífico director de teatro, una maravillosa persona a quien confío el difícil encargo de darme consejos, ya sean personales o profesionales; pero además, un hombre muy inteligente en la vida. Cuando me sucede cualquier cosa me siento completamente segura porque él se encuentra cerca.

Yo actuaba en el grupo Buscón con José Antonio Rodríguez en el año 1990 y Carlos Díaz me propuso entonces hacer el personaje de Blanche Dubois en Un tranvía llamado deseo, estrenado en la Sala Covarrubia del Teatro Nacional. Como puedes ver ya son 16 largos años de continuo trabajo entre ambos. El teatro El Público es mi casa y aunque entré al grupo con más de dos décadas de experiencia en la actuación, el trabajo realizado aquí me hizo percibir mi profesión desde aristas más interesantes, como me había sucedido antes con Berta Martínez, Armando Suárez del Villar y Vicente Revuelta.

Sin embargo, lo que más influyó en mi carrera, es mi vida.

¿Carrera artística o carrera por la vida?

El tiempo no existe. Yo vivo el día intensamente y no pienso en el mañana porque “vivir hoy” es lo que vale. Así he hecho muchas cosas y hasta ahora ese concepto no me ha fallado. No creo en lo que sucederá, sino en lo que sucede, ahora mismo, por ejemplo, cuando hablo contigo. Eso es un modo de realización personal, me encanta la gente madura, los que no lo consiguen me dan tristeza.

En esta carrera no puedes vivir la vida de otras personas frente a un público diverso si no has pasado por situaciones parecidas a las que una misma representa. Por eso a las jóvenes actrices les sugiero que vivan, vivan mucho para que luego no sean unas desconocidas frente a sus personajes.

Planificarse el horario no tiene sentido. La comida es lo único que planifico porque me encanta cocinar y todos los días me pongo a pensar en lo que haré mañana para comer. Soy una perfecta ama de casa.

¿Se ha sentido incomprendida alguna vez por el público?

He hecho cosas muy buenas y cosas que son un verdadero desastre. Me gusta ser objetiva con mi trabajo y comprendo cuando fracaso. En ocasiones a los espectadores les gusta algo con lo que yo no me siento conforme y otras veces sucede a la inversa.

Lo importante es que ambas partes coincidan en una misma línea.

¿Cómo Mónica Guffanti enfrenta a sus personajes?

Confieso que nunca he soñado con hacer ningún personaje en específico. Si se presenta una propuesta y me gusta, le doy el frente, pero “no creo en la aparición de futuras actuaciones”.

Cuando hago un personaje lo vivo solo en el momento de la función, después llevo una vida normal y corriente.

Disfruto mucho el período de los ensayos aunque sufro amargamente memorizar los textos. A algunos actores no les cuesta tanto y lo hacen con una facilidad tremenda, pero conmigo no sucede así. Camino de un lado a otro, casi siempre aquí en mi casa, repitiendo una y otra vez el parlamento hasta que la palabra nace de mí.

Y en ese largo camino recuerdo personajes muy bien actuados como el de Carmela, en Las Impuras; el de Blanche Dubois en Un tranvía llamado deseo, y la Señora, en Las criadas.

También me ha gustado mucho hacer Las relaciones de Clara, que ahora está puesta en la Casona de Línea, aunque al principio no fue fácil porque la traducción de la obra era muy mala. Confié mucho en Carlos para el montaje y sinceramente, estoy conforme con el resultado.

Después de bailar en el Ballet Nacional Alicia Alonso, Mónica Guffanti comienza en el Conjunto experimental de Danza de Alberto Alonso en 1964 y tres años más tarde, forma parte del elenco del teatro Musical de La Habana. Luego dejaría a un lado el baile para dedicarse por completo a la actuación. Más de treinta obras de teatro llenan las cuatro décadas vividas en Cuba. También ha hecho cine y televisión. La receta para lograr estos éxitos, según ella, consiste en vivir el día como si te fueras a morir mañana, aunque mañana el día sea gris.

Mis éxitos son pequeños instantes de una gran inmensidad. Ahora mismo lo único que sé es que soy actriz y quiero seguir siendo actriz. No creo en las tendencias, creo en el buen trabajo, y actualmente se han ido perdiendo poco a poco los puntos de referencia.

No conozco el aburrimiento. Tengo muy buenas amigas y cuando no tenemos trabajo, nos vamos para La Habana Vieja a pasear.

Del mismo modo me agrada ir al teatro, y si me aburro viendo cualquier función, entonces ahí sí me pongo triste, porque como cualquier persona de carne y hueso, padezco de tristeza…

He pasado por muy malos momentos, momentos muy difíciles. Recuerdo con gran nostalgia cuando mis dos hijos y mis cuatro nietos se fueron del país. Yo pensaba que no iba a poder salir de la crisis…, pero salí.

Creo en la energía. También practico terapia floral, que me dio mucho resultado en aquella época tan mala; y para relajarme, utilizo el yoga…

Lo importante es que aún me asombro, no he perdido la capacidad de asombrarme ni la de entender casi todo.

¿Extraña Argentina?

Para nada, he vivido la mayor parte de mi vida en Cuba, en Argentina solo pasé mi niñez, mi adolescencia…, y después de 40 largos años, he llegado a entender que definitivamente, yo pertenezco a esta patria.

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