Año V
La Habana

7 al 13 de OCTUBRE
de 2006

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Treinta años sin Carlos en los Cremata-Malberti
Paquita Armas Fonseca La Habana


“Con 16 años y una nube de lágrimas, recibí la extraña noticia de que era hijo de un mártir”, ha dicho Carlos Alberto Cremata, al comentar sobre el asesinato de su padre el seis de octubre de 1976.

Carlos Cremata Trujillo, de 41 años, era despachador de vuelos de Cubana de Aviación y junto a otros 73 pasajeros y tripulantes volaba desde Barbados cuando la nave estalló en el aire.
 

El hijo, director del conocido y premiado proyecto infantil La Colmenita,  hace un lustro afirmó: “Mi padre no era un soldado activo en una acción armada, era un trabajador común, un ser absolutamente inocente. Por eso puedo decir, junto a muchas personas aquí, que conocemos muy bien lo que le ha sucedido desde el 11 de septiembre al pueblo norteamericano, con una diferencia: lo sufrimos como familiares desde hace 25 años”.
 

Ese mismo Carlos Alberto, suerte de mago para decenas de niñas, niños y padres que han pasado por la experiencia de ser cálidas, trabajadoras y solidarias abejas, es un hombre triste al contar como supo la noticia hace treinta años cuando llegó un amigo cercano de su familia a la escuela Camilo Cienfuegos, donde estudiaba: “Cuando vi su cara, la primera pregunta que le hice fue: mi mamá o mi abuelo (…) Para mí era muy difícil aceptar que mi papá, la persona que era mi ídolo, mi héroe, pudiera morir. Yo no sabía que había salido de viaje y me aferraba a la noticia primera: el avión había tenido un accidente y se suponía que existieran sobrevivientes. En mi mente cobraba fuerza la certeza de que él había ayudado a salvar a todos, pero que estaba con vida. Recuerdo que me encontré con mi hermano y le dije: ‘Juanqui no te preocupes, hay un problema con papi pero a él no le ha pasado nada’. Llegamos al barrio y la multitud que allí esperaba me presentó en toda su cruel realidad, la magnitud de la tragedia. Luego vinieron las jornadas de la Plaza de la Revolución y el hecho empezó a golpearme lentamente. Me habían arrebatado a la persona más vital y más alegre que yo he conocido en mi vida. Puedo asegurar que cada día se convertía en artista para hacernos reír, para hacernos más felices”.

Juanqui no es otro que Juan Carlos Cremata, el cineasta triunfador de los filmes Nada y ¡Viva Cuba! Al comentar el premio obtenido en Cannes por su segunda película, me dijo: “Solo cuando crecemos empezamos a aceptar las convenciones y creo que en la diferencia está precisamente nuestra autenticidad y eso que nos hace únicos e irrepetibles como seres humanos. ¿Cómo no iba a crecer si en el año 1976, cuando yo solo tenía 14 años, un injusto sabotaje terrorista se llevó a mi padre en un avión, junto a 72 personas más, totalmente inocentes, para nunca más volver? ¿Cómo no he de crecerme a diario ante eso, tratando de dedicar a su memoria y a la de todos los caídos como víctimas del terrorismo, lo mejor de lo que hago cada día; intentando construir y amar, en el bando de los buenos que defendía Martí; volviendo a ser el niño feliz que fui junto a mis felices, únicos y divertidos padres? En medio de toda esta enorme batalla mundial contra el terrorismo es aún más placentero ganar ese premio en ese festival tan importante y con una película llamada, precisamente, Viva Cuba. Es como una galleta sin mano, ¿ves?; porque lo que querían los terroristas era acallarnos, silenciarnos, opacarnos o amedrentarnos. Y nosotros, desde lo mejor que sabemos hacer, ganamos una vez más la oportunidad de gritar, una y otra vez en todo el mundo, Viva Cuba”.

Iraida Malberti, otra maga para los más pequeños, con más de cien programas infantiles y dos series para niños Y dice una mariposa... y Cuando yo sea grande, quedó viuda aquel seis de octubre: “Mataron a mi compañero de 20 años, a mi novio de 20 años y al padre de mis hijos. Eso nadie me lo puede pagar, eso nadie lo podrá resarcir jamás, porque mutilaron a mi familia, una familia totalmente feliz”.

Para Iraida, codirectora del último filme de Juan Carlos, “Viva Cuba es también una película que esperamos contribuya a la educación de todo el público: los más grandes y los más pequeños. Y es una respuesta contundente a tanto daño y tanto mal que ha hecho y hace el terrorismo. Siempre, cuando me entrevistan por lo del sabotaje al avión de Barbados en el que murió mi esposo, digo que hasta los momentos alegres son lacerantes para nosotros, porque cada vez que hay un premio o un éxito grande como este, pienso en lo que se ha perdido su papá, porque él era un padrazo enorme que estoy segura hubiera disfrutado mucho y en grande la felicidad que generamos junto a sus hijos, en otros hijos, en todos los hijos y en todos los padres”.

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