|
De este lado del mundo: cinco visiones fotográficas
latinoamericanas
se suma a las celebraciones del décimo aniversario del
Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. Esta
exposición en la Sala Majadahonda es el resultado de una
curaduría de Estrella Díaz, y de su iniciativa, apoyada
por la museografía que ha diseñado Antonio Fernández
Seoane.
|
 |
Se trata esta vez de la conjunción de fotografías, obra
de cinco fotorreporteros, los cubanos Daniel Hernández y
Alain Gutiérrez; Pedro Guzmán (República Dominicana),
Fuad Landívar (Bolivia)
y Eduardo Valenzuela (Ecuador) quienes se han unido en
un proyecto de exposición en la Sala Majadahonda hecho
realidad, en primer término, por el llamado y la
coordinación de Estrella Díaz, y asimismo motivado por
la amistad que surgiera entre estos profesionales de la
imagen, propiciada por el encuentro en cursos de
fotografía que ofrece ese centro (concertador de
voluntades para el periodismo de Latinoamérica y del
mundo) que es el Instituto Internacional de Periodismo
José Martí en La Habana.
La muestra reúne aquellas instantáneas que han fijado
momentos de la cotidianidad y las tradiciones en estos
tres países, con sus distintas geografías y contextos,
ya sean urbanos o rurales, pero con una misma intención
que los signa, aquella referente a una identidad común
existente, pese a la economía de la globalización, y más
allá de la internacionalización de los modos de vida y
de las costumbres imperantes hoy.
|
 |
“El museo de la memoria es ya sobre todo visual”,
escribió Susan Sontag, y por cierto, ese registro de la
memoria en cualquiera de sus manifestaciones y sus
formas, y en la calidad de su mejor expresión es uno de
los objetivos de la labor del Centro Cultural Pablo de
la
Torriente Brau
(que ha hecho efectivo, además, tanto en las muestras de
artes visuales, como en sus ediciones y su apoyo a las
investigaciones históricas), es también esa exploración
del devenir —que permanece nítidamente en la
manifestación de la fotografía como indicio de realidad
palpable—, el que el espectador puede ver en la
exhibición, por ejemplo, en los artesanos trabajando la
imaginería religiosa en la iglesia local o el bailador
con máscara del Carnaval que el boliviano Fuad Landívar
retrata o el quehacer del ecuatoriano Eduardo
Valenzuela. Ciertamente de este último su Talón de
Aquiles es una de las mejores fotos de las que se
hallan expuesta en el Centro Pablo, y no deja de
recordarnos aquella fotografía de los 60 y 70,
antológica en Cuba, de la que fue un protagonista
excepcional Raúl Corrales.
|
 |
La marginalidad, las condiciones de la pobreza, los
instantes de la vida pueblerina, o incluso de la
citadina en su cosmopolitismo, pero también en su
belleza intrínseca, son algunas de las instantáneas que
pueden apreciarse en la exhibición que, más que una
exposición de obra personal de creadores, se hubiese
apreciado en mayor concreción y realce, con una
selección más reducida que mostrara más que la
producción de los protagonistas del lente, un repertorio
de sobresalientes tomas. Aquellas que permitieran
dentro del concepto de fotografía documental una mayor
intensidad en la relación del espectador con la mirada
del fotógrafo artista.
Salvar los estereotipos sobre Latinoamérica es también
considerar que el fotorreportero puede realizar una obra
artística en sí, ello no significa tampoco que deje de
tener sentido este tipo de fotorreportaje que ofrece la
documentación de la realidad misma, en un mundo como el
actual, en el que la imagen es la dominante visual del
entorno cotidiano de nuestras vidas.
|
 |
El joven cubano Alain Gutiérrez pasa por el ojo de su
cámara a la ciudad cuyo confín último es el mar. Viejos
pescadores y una muchacha en el malecón habanero, la
ancianidad tras las rejas domésticas, una pareja de gays
que se toma un alto en la avenida, son motivos
suficientes para su producción que ya comienza a tomar
una personalidad propia. El dominicano Pedro Guzmán
parece tener sus más certeras tomas cuando logra
composiciones en las que la realidad es vista por el
hueco de una aguja, o más bien por los intersticios de
la veracidad misma. Aberturas propiciadas por palos que
conforman una posible puerta, a través de los que se ve
a una mujer cocinando en un interior pobrísimo, o la
panadera que se percibe por el entresijo de ese filo de
luz entre dos columnas de casabes apilados, o más aún
esa foto peculiar de la frontera con Haití, separación
solo marcada por un viejo candado que une las puertas
por una cadena no ajustada, apertura a través de la cual
se ve un niño negro de pie, que nos mira desde fuera ¿o
dentro? de la división política. Por su parte Fuad
Landívar en Bolivia retrata a los niños que lavan oro o
que deambulan, su trabajo con las etnias se percibe con
más soltura cuando es menos didáctico. Valenzuela toma
en Ecuador imágenes costumbristas en circunstancias
también típicas.
|
 |
Así, el desvelo de los organizadores de la muestra
apunta, sobre todo pienso, a un camino interesante de
alternativas expositivas en el Centro Pablo, aquel
vinculado a crónica visual, al no olvido de un pasado y
de un presente que constituyen también nuestra memoria
salvadora para el futuro. |