Año V
La Habana
23 - 29 de SEPTIEMBRE
de 2006

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Julio García Espinosa ha cumplido 80 años inmerso en el afecto y el respeto de cineastas, artistas e intelectuales por igual. Es un tributo merecido el que le brindan a este maestro indiscutible del cine cubano, un homenaje de varios días donde se han presentado y comentado sus filmes, y se ha podido seguir el trabajo de su vida a través de cartas, fotografías, libros y otros documentos que por primera vez se muestran al público. No es de extrañar que sea el ICAIC, del que fue fundador y presidente por varios años, el organizador y la sede de la exhibición, pues este realizador no solo tiene una obra fílmica importante, que ha roto cánones y abierto camino a la experimentación, sino que ha sido una figura imprescindible en la edificación de la cinematografía cubana. Siempre abocado al desarrollo del cine, Julio García Espinosa fue presidente, en la década del 50, de la sección de cine de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, y más tarde ayudó a plantar, con el documental El Mégano, la semilla de lo que luego germinaría en el Nuevo Cine Latinoamericano, que también ha cimentado con una sólida obra teórica, referente para los cineastas de toda América Latina. Fue merecedor del Premio Nacional de Cine en 2004, actualmente es director de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV) y, según reconoce, sus proyectos no han terminado aún, todavía quedan energías para continuar la labor incansable a la que ha dedicado más de medio siglo.  

Ha transcurrido más de cinco décadas desde El Mégano. ¿Cree que después de estos años ha logrado lo que se propuso con aquel llamado a la libertad creativa y a la justicia social?

He logrado más de lo que me imaginaba. Porque nosotros, los que vivíamos en Cuba antes de la Revolución, pensábamos que era muy difícil que hubiera un cambio grande en este país. Fuimos a estudiar cine (al Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma) por pura locura, porque no había posibilidad ninguna de hacer cine aquí. Pero así es que suceden a veces las cosas.

Cuando regresamos hicimos este pequeño corto, El Mégano, y caímos presos. Inmediatamente nos dedicamos a ayudar a cambiar el país, a hacer la lucha clandestina. Y, efectivamente, hacía falta cambiar el país para que hubiera cine, entre otras cosas más importantes.

Fue para nosotros un milagro. Con la aparición de la Revolución hizo su aparición el cine: nació la primera ley de la cultura, la Ley que fundó el ICAIC. Y desde entonces hemos logrado, entre otras cosas, a nivel regional, en el continente, lo que se ha llamado Nuevo Cine Latinoamericano, que no es otra cosa que la conciliación de la vanguardia artística con la vanguardia política.

Muchas veces a lo largo de su carrera ha tenido que dejar de lado al cineasta creador para ocuparse de fundar y mantener los cimientos del cine cubano. ¿Cómo lo ha enfrentado?

No me ha costado, siempre he tratado de no fragmentarme. Si yo amo el cine, lo lógico es que me preocupe no solo de hacer mis películas, sino de ayudar a que otros también hagan cine. Trato de tener una visión no solamente local, sino una noción internacional, en este caso de América Latina.

Siempre he tratado de responder no solo como artista, sino como persona. No creo que no tener una posición política nos hace más independientes a la hora de crear, a la hora de hacer una película. Al contrario, tener una posición política es algo inherente a tener una posición artística. Me resulta muy extraño que se hable como si el artista tuviera más independencia quedándose exclusivamente como artista. Creo que la lucha estética debe estar acompañada por la lucha política también.

Uno no debe aparentar que es objetivo. Francamente, no soy objetivo. Tengo una actitud parcial, me identifico con un proyecto político, que es el de la Revolución, y estoy muy lejos de disimularlo o esconderlo. Tengo una actitud parcial frente a la vida. Pienso que lo único que hay que ser es honesto. La objetividad es una especie de engaño. Tengo una posición ante la vida y se me debe medir por mi honestidad ante esa posición, no por mi objetividad.

Fue fundador del Nuevo Cine Latinoamericano. ¿Cuánto se ha avanzado, utilizando sus palabras, en “hacer visible a nuestro continente” a través de la imagen?, ¿cuánto falta por avanzar?

Creo que se ha avanzado algo. En lo años 60 cuando se inicia el movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano, América Latina estaba en condiciones de poder desarrollar una lucha que para los cineastas era indispensable. Es decir, no se podía hacer un cine nacional si no había un país independiente. Eso fue lo que dio nacimiento a este Nuevo Cine, con cineastas que se identificaron con la necesidad de que los países de América Latina fueran más independientes, pues no pocos de ellos fueron hechos prisioneros, torturados, desaparecidos, exiliados —que por cierto, ninguno de ellos fue a dar a Miami. Esa herencia es la que recibe el Nuevo Cine, estar consciente de que la independencia del cine está relacionada con la independencia nacional.

Hoy en día empiezan a surgir nuevos aires en América Latina. Eso nos devuelve la posibilidad de luchar porque se acabe de estabilizar una producción cinematográfica en nuestra región, porque un país sin imagen es como un país que no existe. Por tanto, si se ha logrado algo de visibilidad del continente a través de las películas, en estos momentos hay más posibilidades de avanzar por esa dirección.

Además, debo decir que hay que luchar también por que se vea cine de todas partes del mundo, no de un solo lugar. No se le garantiza todavía al público el derecho a elegir. En todas partes está viendo la misma cinematografía y por lo tanto es un público cautivo. Hay que recuperar el derecho a elegir, viendo cine de todas partes. No hay verdadera libertad para el creador si no hay también libertad para el espectador.

¿Cree que la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) ha contribuido a la emancipación cinematográfica de Latinoamérica, en estos años de labor?

La Escuela de San Antonio es un producto de Fidel y de García Márquez, ante una idea que propuso el Comité de Cineastas de América Latina. Por tanto, es una escuela que se fundamenta en los principios que han regido al Comité de Cineastas, esa es su herencia. Está fomentando un desarrollo docente que no se base solamente en la técnica. La EICTV no es tecnocrática. No minimiza la importancia de la técnica, pero está consciente de que no es lo más importante.

La EICTV no hace artistas: el artista nace, no se hace en ninguna parte. Nosotros lo que hacemos es contribuir al desarrollo del talento artístico. Ese es nuestro propósito fundamental: crear el ambiente necesario para el desarrollo artístico. Creo que se ha logrado bastante, pero es algo que siempre debemos estar perfeccionando. Hasta ahora, por ejemplo, el curso regular donde se enseña dirección, cámara, edición, producción, sonido, etcétera… tenía una extensión de dos años. Ahora lo ampliamos a tres porque vamos a incorporar la televisión y las nuevas tecnologías. Es decir, la EICTV aspira a tener un pensamiento más contemporáneo. No creemos que por tener un equipo técnico moderno se es moderno: la modernidad la da el nivel de ideas que se expresen a través de esa tecnología.

Sin embargo, para usted la imagen no ha sido suficiente. Ha mostrado su pensamiento teórico a través del ensayo también. ¿Por qué ha sentido esa necesidad?

Decía un gran escritor y poeta del Caribe que la poesía no es más que exploración de uno mismo. Curiosamente, en el movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano han sido los propios cineastas quienes han explorado la teoría, más que los críticos. Así sucedió con Glauber Rocha, con Pino Solana y Octavio Getino, con La estética del hambre y El tercer cine respectivamente, y yo hice Por un cine imperfecto en los 60. No creábamos una teoría para que sirviera de guía al hacer arte, sino que hacíamos películas para reflexionar sobre ellas, no para marcar una línea estética del subdesarrollo, ni mucho menos. En ese aspecto es bastante orgánico, porque no solo haciendo películas, sino reflexionando sobre ellas es que uno puede explorarse cada vez más.

Llegado a la octava década, Julio, ¿se mantienen la energía, las ideas, quedan proyectos para seguir creando?

Mientras uno tenga proyectos está vivo, y yo tengo mis proyectos todavía. Pienso que la escuela me deje espacio suficiente para poder seguir haciendo mis películas.

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