Cineasta, teórico, fundador por
excelencia, estratega de la cultura
nacional, creador en el más amplio y
profundo sentido de ese término,
Julio García Espinosa ha estado
presente, y activo, en todos los
momentos fundamentales de la cultura
cubana durante los últimos 50 años.
Siempre promovió, y continúa
haciéndolo, el placer de reflexionar
y de no conformarse con lo
establecido.
Es muy gratificante llegar a esta
edad y ver que tenemos tantos
amigos, como dice el Gabo: todo lo
que uno hace, es, precisamente, para
que lo quieran más a uno.
"Siempre he tratado de responder no
solo como artista, sino como
persona. No creo que no tener una
posición política nos hace más
independientes a la hora de crear, a
la hora de hacer una película. Al
contrario, tener una posición
política es algo inherente a tener
una posición artística. Me resulta
muy extraño que se hable como si el
artista tuviera más independencia
quedándose exclusivamente como
artista. Creo que la lucha estética
debe estar acompañada por la lucha
política también".
Julio ha estado en todos los
momentos, en todas las convocatorias
de la cultura cubana y de la
sociedad contemporánea, como
adherente, pero también como
protagonista. No hay un hecho en que
Julio no esté aportando su visión,
siempre lleva esa hondura, esa
inconformidad.
El “misterio García Espinosa” radica
en una explosiva mezcla de inventiva
e inconformidad. El arco que se
tiende a lo largo de casi medio
siglo entre El Mégano y sus últimos
textos ensayísticos puede
describirse como un resuelto alegato
contra el conformismo y la pereza
mental, como una tenaz impugnación
de las formas anquilosadas —o, si lo
prefieren, mercantilizadas— del
pensamiento y el gusto dominantes.
El maestro cumple 80 años, otra
verdad que parece una gran mentira.
Solo el arte tiene su propia verdad,
y solo nosotros conocemos cuántos
siglos de cultura se suben a los
andamios de estas historias
conmovedoras. El jubileo de la
celebración es la oportunidad de
recibir al maestro no como un héroe
trágico sino ―y estoy seguro de que
esta imagen a él le encantará, luego
de tanto drama y tanto pensamiento―
como un héroe romántico.
Es difícil justificar los homenajes
de figuras que extienden su quehacer
intelectual en campos diversos y en
todos ellos realizan aportes. En el
caso de García Espinosa habría que
identificar el trabajo del creador
de obras cinematográficas, el
pensador de los medios audiovisuales
y el pedagogo que se ha dedicado a
transmitir su experiencia a los más
jóvenes.
Al cumplir 80 años, Julio
García Espinosa puede afirmar que ha
sido consecuente con la vida que le
ha tocado vivir, o más bien, la vida
ha sido consecuente con sus
constantes y diversas proposiciones.
Ha andado y desandado muchos
caminos, pero más que importarle
hacia dónde van y cómo llegar, le
interesa, por sobre todas las cosas,
su luz propia, esa que siempre lo
ilumina al andar.
Fue el cine, tal vez por combinar
las otras manifestaciones, el arte
que lo sedujo hasta hoy. Su nombre
se inscribe entre los cineastas que
filmaron El mégano,
documental simiente de lo que sería
después el cine revolucionario
cubano.
Si no fuera porque catorce años antes hubo Nosotros
la música, de Rogelio París, diría que Son o no
son (1978), de Julio García Espinosa, calificaría
como el experimento más inusitado y necesario en torno
al registro fílmico de la música cubana.
Cuando se pone la gorra azul (que no
se quita nunca), / Recuerda al Lenin
clandestino de 1917; / Cuando sale a
dirigir una escena, / Parece que
sale a dirigir una batalla; / Cuando
tiene gripe, / Pregunta, en medio
del campo, quién ha abierto una
puerta...
Alguna
vez he escrito que Sóngoro
cosongo es el libro de los
manifiestos del poeta. Nicolás
Guillén fue un intelectual
reflexivo, aunque algunos lectores
no muy profundos, fuera e incluso
dentro de Cuba, lo entiendan
únicamente como un poeta que llevaba
en sí la rica música de su país.
Guillén ejerció explícitamente el
pensamiento en sus numerosas
crónicas, en sus artículos
periodísticos, pero lo hizo
igualmente en sus poemas.
Los científicos han echado mano
de la obra de Shakespeare para
bautizar con el nombre de
'efecto Macbeth' la tendencia
que lleva a las personas a
lavarse las manos cuando se
sienten culpables.
Heme aquí regidor en el noviembre largo,
/ en la escarcha del patio corre el
tigre / mientras prueba el cello la
hilvanadora / ayudada por los dedos de
la llovizna. / Desde los atalayadores
salta el tigre a la floresta.
Narrador y ensayista. Autor de varios
libros de ensayo, entre los que se puede citar Los dientes del dragón;
de cuento: Cybersade y novela: Fake,
todos publicados en la editorial Letras Cubanas.
En 1996 ganó el Premio de Cuento La Gaceta de
Cuba. Ha
obtenido en cuatro oportunidades el Premio Nacional
de la Crítica.
Con este cuento obtuvo mención en el Concurso de
Cuento Julio Cortázar en su edición del 2006.