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La cultura musical cubana tiene sus raíces en el proceso
de formación de nuestra nacionalidad, en particular
según se ha repetido hasta la saciedad en la fusión de
los aportes afrocubanos sin menospreciar las influencias
españolas y francesas.
Durante el siglo XIX,
predominaron en Cuba las danzas de salón, pero en las
casas señoriales y sociedades exclusivistas. En la calle
lo que hacía bailar y divertir al pueblo eran las
fiestas de Cabildo, mientras que en las áreas rurales,
era el zapateo. Con la maduración del avance de nuestra
nacionalidad con una clara definición propia, se define
a comienzos del 1800, nuevos caminos para la creación
musical.
Surge entonces la
música popular bailable como un legítimo producto del
carácter, esto es de la idiosincrasia del cubano, amante
del ritmo y de los bailes.
Muchos creadores
musicales, algunos de ellos de notable fama por su obra
sinfónica, dedicaron sus conocimientos a la música
bailable. Citemos estos ejemplos: la orquesta de Enrique
Peña estuvo integrada por algunos de los más notables
profesores y creadores populares tales como José Belén
Cui, Félix González, Julián Barreto, Alfredo Saínz,
Enrique Peña y José Urfé. Fue esta la orquesta que
estrenó el antológico danzón de José Urfé, “El bombín de
Barreto”.
Por una feliz
coincidencia, en la misma fecha en que Miguel Faílde
diera a conocer oficialmente el danzón, nació José Urfé,
en el año 1879, pero el 6 de febrero. Y digo por una
feliz coincidencia, porque José Urfé y sus hijos,
Idilio, Orestes y José Esteban serían, con el paso de
los años, relevantes personalidades en la creación e
interpretación del danzón.
Después de 31 años
de haber creado Miguel Faílde el primer danzón
instrumental, bailable titulado “Las alturas de Simpson”,
José Urfé encontró en el ritmo del son oriental un
complemento para estructurar su famoso danzón “El bombín
de Barreto”. Por este danzón se estructuró, se
transformó la coreografía tradicional hasta ese momento
de cierto rigor en una más abierta a pasillos variados
que pudiera introducir el bailador según su forma de
bailar o sus experiencias y habilidades en el baile. El
danzón “El Bombín de Barreto” fue estrenado en el Centro
Familiar de Güira de Melena el 11 de diciembre de 1910.
Este danzón alcanzó
tanta popularidad que el famoso teatro Alhambra puso en
escena una obra titulada “Regino andando por la isla”
con música de José Urfé y Anckerman, donde el
genial actor Regino López dio rienda suelta a sus
facultades de buen bailador ejecutando los pasillos de
este danzón.
Antes de proseguir
refiriéndome a “El bombín de Barreto” debo expresar que
algunos musicólogos que saben de esto mucho más que yo
me han dicho que este danzón no es el primero donde
aparecen los elementos rítmicos del son oriental, sino
que con anterioridad a 1910 se crearon algunos con esta
peculiaridad. Debo significar, además, que los datos que
aporto en este trabajo los he obtenido de los
prestigiosos musicólogos Idilio Urfé y Esequiel
Rodríguez.
Una de las primeras
grabaciones de este danzón si no la primera, es de la
firma Columbia, interpretado por la orquesta de Pablo
Valenzuela. La firma Columbia también grabó algunos
diálogos de la obra “Regino andando por la vida”,
donde interviene en la grabación el propio Regino López.
En el Museo Nacional de la Música se encuentran estas
grabaciones, valiosos documentos históricos de nuestro
baile nacional.
Pero José Urfé no
consiguió su fama y su prestigio solamente con “El
bombín de Barreto”. En su prolífera
producción danzonera hay muchas obras de este género
donde se destaca su originalidad y genialidad. Por
ejemplo, en su danzón titulado “Mariposa mía”, el
maestro Urfé incorporó en su segundo trío, a cargo de
los clarinetes, la famosa área de la ópera “Lucía de
Lammemore”, de Gayetano Donizetti. Otro
famoso danzón de Urfé es el conocido “Fefita” y
también “La loma del mazo”, “El tigre”, “Cienfuegos”,
“Valle de Cayajabos”, “Blancas Lilias”, “Ofelia” y
muchos más.
José Urfé no
solamente se dedicó a la composición de danzones, sino
que dio a conocer otros géneros musicales de su
producción, compuso música religiosa, criollas,
habaneras, caprichos y otros géneros y también himnos.
Refiere el maestro Ezequiel Rodríguez en una monografía
sobre Urfé que la capacidad musical de estos quedó
demostrada una vez más cuando montó la difícil misa
pontifical de Lorenzo Perossi, estrenada en el pueblo
natal de Urfé, Madruga, y que recibió una especial
felicitación de Monseñor Ruiz, entonces Arzobispo de La
Habana.
Como músico formó
parte de compañías de zarzuelas, realizando cuatro
viajes a México y dos a Estados Unidos de Norteamérica.
Se dice que la compañía cinematográfica Paramount,
solicitó sus servicios musicales, pero que él no
accedió, porque su preocupación mayor era que sus
alumnos alcanzaron los conocimientos musicales, que le
permitieron alcanzar el prestigio que él tenía.
Por insistencia de
los pobladores de Madruga, su himno dedicado al
Lugarteniente General Antonio Maceo, fue presentado en
el Teatro Nacional por un coro integrado por los vecinos
de Madruga, obteniendo un gran éxito siendo muy
aplaudido por todos los presentes, entre los cuales se
encontraban los prestigiosos músicos.
José Urfé, aunque
trabajó en La Habana, nunca abandonó su lugar de
residencia en Madruga. Todos sus esfuerzos los dedicó
por entero al engrandecimiento de su pueblo natal. En
aquella época, donde la discriminación racial imperaba,
en Madruga, hacían caso omiso de la condición de negro
de José Urfé y en las sociedades de Instrucción y
Recreo, o de carácter benéfico, social o cultural, lo
acogían entre su membresía, y por su bien ganada fama de
hombre recto y honesto, el cargo de Tesorero, estaba
reservado para él.
Fue, asimismo,
maestro de música, pero no un maestro que recibía un
sueldo o le cobrara a sus alumnos por brindarles sus
enseñanzas, las puertas de su casa siempre permanecían
abiertas para los jóvenes, o las personas de distintas
edades, que se interesaran por adquirir conocimientos
musicales.
En aquellos tiempos,
era costumbre que los niños pobres aprendieran un
oficio, no se consideraba a la música como una ocupación
que proporcionara medios de vida suficientes, y de esta
manera, José Urfé aprendió el oficio de zapatero, pero
alternándolo con el estudio de la música con el profesor
Domingo Ramos. Luego ampliaría sus conocimientos
musicales con los maestros don Hipólito Rodríguez y en
armonía con el profesor Fernando Carnicer.
Desde que se fundó la
Banda Municipal de Música de Madruga, fue su director.
Fundó en el año 1902 la célebre orquesta de Enrique
Peña, y más tarde la de Félix González. Los estudiosos
de nuestro baile nacional señalan que el más famoso dúo
de clarinetes que se recuerda en las orquestas de baile,
fue el que integraron José Belén Puig y José Urfé.
A juicio de Ezequiel
Rodríguez, que comparto plenamente, entre los más
sobresalientes compositores que escribieron para las
llamadas Orquestas Típicas o de viento, en el siglo XIX
hasta el primer cuarto del siglo XX, los más
sobresalientes son Miguel Faílde, Enrique Peña, Felipe
Valdés y José Urfé.
Entre los pocos
monumentos o bustos que existentes en Cuba, para honrar
a los grandes músicos, se encuentra en el parque de
Madruga, un pequeño busto de José Urfé, que perpetúa la
memoria de este ciudadano ejemplar, músico eminente,
compositor genial y pedagogo insigne, que como hombre y
padre, hizo de su hogar una fragua donde modeló el
carácter de sus hijos, dignos herederos de sus
principios morales y su sensibilidad musical.
La última orquesta
que dirigió el maestro José Urfé, en 1938, en Madruga,
estuvo integrada por sus hijos Idilio, Orestes y además
por Ignacio O’ Farrill, Leandro Castro, Cuso Diepa,
Jorgelino O’ Farrill, Gustavo Pérez y por Reinaldo
O’Farrill.
El maestro Urfé
desapareció físicamente el 13 de noviembre de 1957 en La
Habana. Por último, deseo dedicar este modesto trabajo a
la memoria de los maestros Ezequiel Rodríguez e Idilio
Urfé, que aportaron muchos datos en su paciente labor de
investigadores del danzón. |