Año IV
La Habana
2006

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Roberto Manzano
(Camagüey, 1949)


A veces, con las últimas luces de la tarde

A veces, con las últimas luces de la tarde, van saliendo poco a poco de las estaciones los pobres y oscuros trenes;

son metálicos y sucios, atestados de seres presurosos que callan mientras el silbato se despide de los andenes;

y los postreros trozos de periódicos van corriendo por el cemento, por debajo de los zapatos, hasta que caen hacia los rieles brillantes;

y entonces, entre la luz sesgada de la tarde, cierta luz de bijol y aroma triste, se van perdiendo los últimos coches;

y yo soy el viajero, yo siempre soy el viajero, el hombre recostado, meditabundo, que está parado en el estribo;

soy el viajero que ha partido y que no ha llegado nunca, que busca lo ilusorio dentro del túnel de los trenes;

y entonces digo adiós a todos, y adiós a mí mismo, y estoy diciendo adiós, moviendo el pañuelo utópico;

y yo tengo una larga vida detrás, y una larga esperanza delante, y una opresión dolorosa dentro del corazón que canta mucho;
y a veces soy de nuevo, siempre soy de nuevo aquel niño rural que veía pasar los pequeños trenes negros de la infancia;

y cómo es posible que yo sea todavía aquel niño, que yo tenga por dentro el mismo viaje de heridora nostalgia?;

son cosas que no están bien en la evolución de los destinos, porque duele mucho conservar esa fugacidad dormida;

es mejor ir de coche en coche bromeando con los restantes ensimismados, con los prójimos distraídos;

es mejor sacar los ojos al paisaje, ya deletreado como un salmo visual, como una copla monótona;

o hundirlos en las cercas próximas, que van uniendo llenas de prisa sus postes florecidos, sus muñones negros;

o entrar hacia el alma, viajera lenta, que cruza con sus bártulos por lo aéreo mientras las chispas de los raíles copian los primeros destellos de Venus!



Vamos a dejar que las cosas canten

Vamos a dejar que las cosas canten con su propia velocidad y pausa, dentro de sus encías íntimas;

con los nudillos del afecto, de las sensaciones agudas, de las emigraciones fluyentes, de los socavones vibrátiles;

vamos a poner sólo los oídos, con la buena voluntad de querer captar lo que cantan los seres sólidos en su silencio oscuro;

porque también los muros cantan, se desordenan sabiamente, con sabrosas pautas, en singulares horas;

más canta el líquido, es más afinado y resuelto, goza de una disposición más grávida de vasijas;

luego el gas, que es excesivamente sonoro, ondula y estalla, se encajona en los valles y las bóvedas, oh Eco;

pero el fuego es solemne, prefiere las arias, y tiene la percusión de las selvas, la crepitación de los dioses;

Heráclito es el gran compositor, pues sus sinfonías oscuras de Éfeso no pueden ser reiteradas sino en el chorro del mundo;

oh acueductos vibrantes, anfiteatros que retumban, pasillos que ululan, galerías que silban, portales de estribillos;
dejen que la madre tome el seno entre los dedos, para que la leche cante en la garganta del niño;

y que el fiscal ritme, con voz enfática, la ringlera implacable de los argumentos, las losas de sus deducciones;

habrán de perdonar la música del poeta, que es de una matemática tan sutil que se quiebra fácilmente, como un vidrio romántico;

y sin embargo, oh Dios, esas nervaduras sonoras resisten el rocío devastador de los milenios;

de qué fuerza estarán hechas esas burbujas de sentido, esas mondaduras materiales del alma?;

pero ahora dejemos que todo cante, sin intervención de maestros, que todo cante en su pupilaje más íntimo;

que cante desde sus márgenes y hacia lo recóndito, desde la sedimentación más honda hasta el vuelo más blanco;

y entonces será de ver, oh Euclides, qué canción tan vasta y obediente es la población ensamblada del mundo.
 


Cómo los brotes solos
Cómo los brotes solos
ganan, hacia la luz, los irradiantes polos;

cómo se espesan las neblinas
dentro de los bajíos que escoltan las colinas;

ay, cómo se revienta
el ala del esfuerzo en la tormenta;

y cómo el polvo ido
vuelve a ser este polvo amanecido;

un terrón que se añade, otro terrón
que se añade, en la lógica de la acumulación;

lo oscuro avanza, y lo más claro
avanza, y el silencio, y el disparo;

todo se agolpa en un silencio torvo
con vocación de puerta o tozudez de estorbo;

mirando en torno vemos
al que marcha feliz, repleto de coronas y de remos;

y vemos que las horas
siguen su paso, aglomerando auroras;

que los minutos
caen, en derribo de oro, como invisibles frutos;
cuándo se juntará la junta
para dar la respuesta a la humilde pregunta;

se anuda afuera, silencioso, el tallo
mientras rompe la espuma el casco del caballo;

algo, fuera de todo ojo, se redondea
sin que intervenga el cónclave o la idea;

y la luna platea lo que el sol dora
en una rueda sucesiva y corredora;

y las ansias del hombre
son una inflorescencia bordada que no tiene nombre;

es una cíclica aglomeración
que ya apagada vuelve a encandilarse con pasión;

siempre va del segundo al año
hacia la nube, como Jacob, por el peldaño;

como Jacob, pegando con golpe taciturno
al adversario en lo nocturno;

como Jacob, cojeando en la andadura
hacia la altura;

una puerta se abre bajo el puño
a pesar de la herida y del rasguño;

de un solo trago se bebe la experiencia,
pero cómo la falta de luz en la conciencia?:

cómo, si no es subiendo
en una soledad heroica, sin estruendo?;

cómo, si no es nutriendo la quimera
mientras arde la mano en la salmuera?;

hay que imitar
lo que ocurre a la arcilla, a la mazorca, al mar;

el que no sedimenta
no avienta;

la luna con imán
más luces capta con menor afán;

nos hurtaron la recta
que del silencio cruza hacia la voz perfecta;

todo camina
a su meta genuina;

todo busca, en la luz, su gema
contra el ríspido muro del problema;

vámonos, vámonos con lo que avanza
para saber si es cierta la esperanza!

Tomado de Synergos, Premio Nicolás Guillén de Poesía 2005.
Editorial Letras Cubanas. La Habana, 2005.


Poeta. Nació en 1949. Estudió magisterio en su ciudad natal y prestó con posterioridad servicios en el Ministerio de las Fuerzas Armadas. Asimismo, fue miembro del taller literario "César Vallejo" y de la Brigada "Hermanos Saíz" en su provincia. Ha obtenido mención en el concurso "26 de Julio" (1973) con el poemario La garganta del pulso, así como premio en el II Encuentro de Talleres Literarios (1976) con Canto de la sabana. Sus colaboraciones han aparecido en El Caimán Barbudo y Revista de Adelante (Camagüey), entre otras publicaciones provinciales y nacionales. Algunos de sus poemas se incluyen en la antología Nuevos poetas (1974). Es miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba.

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