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Desde hace
algún tiempo el proyecto Ars Nabis viene incidiendo en
el movimiento de las artes plásticas de Pinar Río,
sobre todo tratando de acortar las distancias entre la
obra de los artistas que lo integran (Juan Suárez
Blanco, Elvis Céllez, Irina Elén González, Israel
Naranjo y Juan Miguel Suárez) y los espacios y círculos
de legitimación y promoción del arte cubano.
Su más reciente
acción es la exposición Closed, que
actualmente se muestra en la galería Arturo Regueiro de
la Casa de la Cultura de Pinar. Aparentemente esta pudo
ser una muestra más de lo hecho por los integrantes de
este grupo, pero justamente ese interés del proyecto por
llamar la atención, desde una posición que asume
geográfica y artísticamente su pertenencia a la
periferia, lo obligó a repensar el hecho y la solución
derivó en una performática inauguración que simuló ser
una subasta con todas las de la ley.
Entonces la idea
aglutinó a muchos más miembros del mundo cultural
pinareño junto a algunos convocados residentes en la
capital. Artistas, críticos, periodistas, promotores,
entre otros, conformaron el colectivo de actuantes que
participaron del ficticio hecho subastador, mientras el
público invitado, de manera sorprendida, se vio
imposibilitado de entrar a la sala expositora hasta
tanto no concluyera la supuesta subasta Ars Nabis.
En sentido general,
el simulacro funcionó en su intención de manejar la
espectacularidad que caracteriza a esta vía
comercializadora del arte para derivarlo en fenómeno
comunicativo que rompiera barreras con cierto tipo de
espectadores prejuiciados, que finalmente terminaron
observando y disfrutando obras que para nada fueron
vendidas y que tal vez nunca alcancen los precios allí
rematados a viva voz.
Por otro lado, la
subasta-performance en su sentido de farsa desmitificaba
de cierta manera el carácter cerrado y elitista que por
naturaleza rige a este tipo de acto de compra-venta, y
desde herramientas propias a la representación del arte
abría ventanas para la mirada del otro sobre las claves
de este suceso.
Pero más allá de todos estos posibles cuestionamientos,
la puja y el remate de Ars Nabis logró dinamizar esa
necesaria aproximación y vitalidad que demanda el
quehacer provinciano para con su propio centro de
generación, y emitió señales hacia otros centros donde
estos poco reconocidos o emergentes artistas no
quisieran encontrar puertas cerradas.
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