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(…) Vine,
Caracas, de mi amargo suelo, / para traerte una canción,
revuelta/ con el azul que Cuba da en su cielo; / al aire
puro en que te ves envuelta / triste paloma de asustado
vuelo / hoy al partir mi oscura mano suelta. (…)
Con esta “Despedida
de Caracas”, dice adiós Nicolás Guillén a la
patria de Bolívar. Su estancia allí, en la década
del 40, fue un tiempo pródigo donde conquistó
amigos, conoció las calles de Caracas, alimentó la
pluma y en ocasiones la unió al homenaje y la
fiesta. En ese tiempo se hizo un poco caraqueño,
tanto que ya le parecía estar en Santiago o en La
Habana, y recorrió casi todas las provincias del
país, en las que fue recibido con honores, según
aparece en las crónicas del periódico El Nacional.
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Precisamente para
evocar parte de estos momentos, en que la vida del poeta
cubano se unió con la del pueblo venezolano, sesionó en
la XV Feria Internacional del Libro de la Habana el
panel “Venezuela en Guillén”. Destacados intelectuales
de ambos países expusieron su investigación y la
vivencia misma, acerca de los lazos que integran
culturalmente las raíces cubana y venezolana. Un panel
de lujo contó con la presencia de las investigadoras
cubanas Ana Cairo y Denia García Ronda, la escritora
venezolana Laura Antillano y el poeta, también de
Venezuela, Gonzalo Fragui. Como moderador del patio,
Norberto Codina propició un coloquio dinámico y
sintético, además de complementar las distintas
propuestas de los panelistas.
No solo desde Guillén
nos llega la relación con Venezuela. Los antecedentes
deben buscarse mucho antes. Tal vez desde la cubana que
amantara a Bolívar o en los parientes santiagueros de
Sucre, como recordara la doctora Denia García Ronda. O
desde la visita de José Martí a ese país, donde dejó
relaciones entrañables e impulsó a través de sus
artículos el despertar de los patriotas venezolanos
contra la dictadura.
La doctora Ana Cairo
destacó en su intervención la leyenda en que se
convierte Martí para Caracas y sus relaciones con la
comunidad venezolana en Nueva York. Además, mencionó
otros capítulos de las relaciones de las comunidades
intelectuales y revolucionarias de Cuba y Venezuela.
Alejo Carpentier, por ejemplo, viajó a Venezuela por un
año en 1945, y se quedó durante 14 años para fomentar el
desarrollo de la radio. Junto al compositor Ilario
González, impulsó la música de ambos países.
Ana Cairo ofreció una
visión panorámica acerca de las relaciones entre cubanos
y venezolanos antes de la visita de Guillén, tanto que,
“en el orden de la cultura artístico literaria, como en
la política y la historia, desde múltiples facetas, no
se pueden estudiar las relaciones latinoamericanas de
Cuba en el siglo XX sin los vínculos muy especiales que
hay con los venezolanos. Por todo esto, la relación de
Guillén con Venezuela está acompañada de todo un
universo similar”.
Guillén llega a
Venezuela, y allí escribe sus seis Poemas Venezolanos,
ofrece conferencias, recibe homenajes, colabora con el
periódico El Nacional, dirigido por su amigo
Miguel Otero Silva; en fin, como refiriera Denia García
Ronda, va “llenándose, sobre todo, del alma venezolana.
No solo en Caracas, sino en Valencia, Cumaná, Ciudad
Bolívar, Barquisimeto, Mérida, en fin ‘desde el Orinoco
hasta los Andes, desde Barlovento a Maracaibo’, como
dijo el propio Guillén, sus impresiones jerarquizan la
simpatía y la hospitalidad de los venezolanos, que al
poeta se le antojan muy parecidos a los de los cubanos.
Allí estuvo durante cuatro meses, en esa primera visita,
cuando había ido por un mes, como si una cordial
energía, invisible pero potente, lo retuviera”.
Las crónicas y poemas
escritos durante esa etapa dan fe de cómo el autor de
Sóngoro Cosongo se sumerge en la sociedad venezolana
y la asume como suya. Logra percatarse de los males
existentes entonces, de la pobreza y del hambre.
El padre de la
escritora Laura Antillano es quien invita a Nicolás a
Maracaibo, la provincia más rica de Venezuela. Ella
recuerda el calor de esos días como inolvidable:
“Nicolás Guillén había llegado a ser una presencia
fundamental para los zulianos no solo dentro del espacio
de las letras, sino dentro del espacio de lo afectivo, y
dentro de lo que es el amor por el espacio urbano de la
ciudad y las presencias que lo han marcado”.
De esos tiempos
resultó una significativa cantidad de artículos y
crónicas presentes en los principales periódicos de
Venezuela, que siguieron los pasos de Nicolás por todo
el país. Producto de una amplísima búsqueda en las
principales hemerotecas de Venezuela, Gonzalo Fragui
mostró al público una presentación que reunía recortes,
imágenes y titulares, publicados en aquella época. Un
final emotivo, acompañado por los propios versos de
Nicolás llevados a la música por una cantante
puertorriqueña.
Más que un panel, fue esta una oportunidad para el
encuentro, un espacio para recordar y reafirmar antiguos
lazos de integración, apoyado en la figura siempre
mágica del poeta.
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