Año IV
La Habana

4
- 10 FEBRERO de 2006

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Retrato de Ángel Augier
Nancy Morejón La Habana
Fotos:
Alejandro Ramírez


Cuando me invitaron a presentar este libro, realmente me sentí muy honrada porque llevo muchos años compartiendo una experiencia intelectual con Ángel Augier. Quería permitirme, por esa razón, dar un retrato de todo lo que él significa y en medio de ese retrato, ubicar la aparición de este tomo titulado Cuba, una poesía de la acción, presentado por la Editora Política.

Si entráramos al patio del Palacio de los Capitanes Generales y nos dirigiésemos hacia su lateral derecho, frente a la famosa lápida que rinde cuentas sobre el arcabuzazo que mató a la ilustre patriota María Cepero, justo enfrente encontraríamos una placa de bronce fundido que recoge un hermoso soneto: “A la luz de tu sombra conmovida”, del joven Ángel Ibrahim Augier Proenza, quien por la época recibiera su primer premio literario en un concurso convocado en 1937 por el municipio de la capital.

Ya para entonces había comenzado a trabajar como auxiliar de Emilio Roig de Leuschering, en la recién creada Oficina del Historiador de la Ciudad. Su primer libro de versos, en 1932, recibió la admisión de críticos y lectores no solo por sus bondades formales, sino por el prólogo con que quiso acompañar la edición el poeta matancero Agustín Acosta.

Más de 50 años después, aquel humilde joven de Gibara recibiría en 1991 el Premio Nacional de Literatura. Quiero decir que Augier, desde sus inicios y durante su larga e ininterrumpida carrera, no ha abandonado nunca el quehacer de la literatura concebida por él en una multiplicidad de géneros y vertientes. En este escritor latió esa rara vocación que no siempre escolta a todos los autores y es la de su condición de hombre de letras. A esa vocación añadió otra, hija de las mejores tradiciones de nuestra lengua, la del Periodismo. Un periodismo que lo convirtió en uno de los editores más interesantes de la vida republicana y luego de las plumas más comprometidas con la lucha popular cubana en varios períodos.

En medio de aquellos avatares, que no le impidieron ejercer su derecho a la acción, Augier se convirtió en uno de los estudiosos más tenaces del nicaragüense Rubén Darío, figura emblemática, junto a José Martí, del Modernismo en Hispanoamérica. Sus páginas sobre el autor del poema “Sonatina” y sobre las características del proceso literario que inició la independencia de nuestra expresión, lo llevó a preferir la obra de los modernistas y de sus más significativos representantes en la Isla; en especial de la chinesca figura de Julián del Casal, a quien dedicara Augier, muchos años después, la conferencia magistral con la cual ingresara, en 1994, a la Academia Cubana de la Lengua, presidida entonces por su colega Dulce María Loynaz, Premio Cervantes 1992.

Compilador asimismo de la producción literaria de clásicos cubanos, principalmente de Martí y José María Heredia, su pluma ha sido un surtidor que ha registrado con su juicio toda la segunda mitad del siglo XX y aun del recién comenzado. Su andar inusitado como crítico y paciente investigador le granjeó virtudes para ejercer un oficio rico en matices y tópicos.

Ese aporte de Augier a la poesía cubana se refleja en este ensayo, cuya tesis principal, a mi juicio, se adentra en la idea de que Cuba ha tenido varios poetas nacionales. Un poeta nacional no solo expresa una identidad, sino que lucha por los mejores valores de su país. De tal modo, encontramos en este volumen, Cuba, una poesía de la acción, la tesis de que nuestros poetas nacionales, para decirlo de alguna manera, son Heredia, nacido en 1803, luego José Martí, en 1853 y Nicolás Guillén, a inicios del siglo XX, en 1902.

Expresa en estos diez capítulos la historia de la poesía cubana que, independientemente de haber comenzado en 1608 con Silvestre de Balboa y su famoso Espejo de Paciencia, lleva esa expresión nuestra de un quehacer ininterrumpido y totalmente comprometido con las ideas de independencia y con las ideas que han forjado la Revolución Cubana de estos días.

A mí me importa mucho decir aquí que, aunque a lo largo de los estudios sobre la poesía cubana ha habido polos que han querido dividir de alguna manera el quehacer literario y poético de nuestro país, yo creo que ese quehacer está firmado por un verso de José Martí: verso o nos salvamos juntos o nos hundimos los dos. Esos poetas nacionales que he mencionado han llevado esa máxima a su esplendor.

Es imposible pensar a partir de este volumen que la poesía cubana no haya estado de una forma más o menos explícita en el camino de forjar nuestra identidad e independencia durante toda nuestra historia. Vamos a encontrar aquí a estas tres grandes figuras: Heredia, Martí y Guillén.

Sin embargo, me remito a Martí por el hecho de que fue el autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada y quería citar concretamente el texto inicial del octavo capítulo de este libro. Dice así Augier: “…alzó Martí su refulgente estrella el 26 de julio de 1953, año del centenario de su nacimiento, cuando aquel día los jóvenes de la generación del centenario, con Fidel Castro al frente, asaltaban los cuarteles de Santiago de Cuba y Bayamo en heroica hazaña histórica. Inscribieron el primer capítulo de la epopeya que necesariamente habría de dar continuidad a la revolución inconclusa en 1895 y en 1930. Fue certera y transparente la afirmación de Fidel Castro de que era José Martí el autor intelectual de aquel combate, el primero de una epónima gesta que no habría de tardar en reanudarse en el ámbito legendario de la Sierra Maestra y extenderse en breve tiempo y amplio espacio hasta culminar victoriosamente en la aurora del primer día de 1959. Pero fue más precisa y conmovedora esa afirmación cuando en su defensa ante el tribunal que lo juzgaba por la hazaña del 26 de julio, en ese impresionante documento de la dignidad cubana que es su viril alegato La historia me absolverá, expresó y cita Augier un fragmento que me permito citarles a ustedes ‘…parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, tanta era la afrenta, pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo es fiel a su recuerdo. Hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas. Hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria. Cuba, qué sería de ti, si hubieras dejado morir a tu apóstol’.”

Augier, con una amplitud de criterio y una gran honestidad intelectual, hace un análisis de la gestación de la poesía cubana entre poetas que pueden ser denominados formalistas o no formalistas, o poetas que han tenido un compromiso y una militancia política. Quiero decir con esto que tanto en el siglo XIX como en el XX, él se detiene en aquellos poetas que considera de la acción y yo considero los poetas grandes de la independencia. Sin embargo, el siglo XX, tan importante, donde se produce hacia la mitad la Revolución Cubana, es un siglo que ve a otros grupos como, por ejemplo, el de “los nuevos”, al cual realmente se había afiliado Rubén Martínez Villena, que de alguna forma también estaba relacionado con este movimiento de la poesía cubana y de la acción de la poesía en su historia.

Por otra parte, estudia a los origenistas, a los poetas que de alguna forma fueron independentistas, pero que tenían gran influencia de la cultura europea. Y llega hasta la generación de la que me honro representar de alguna manera y la de los poetas más jóvenes. Termina su texto afirmando lo siguiente y me voy a permitir citarlo: “…que sea permanente en todos nosotros, en todos los poetas que hasta hoy ejercemos la poesía, la invocación al poeta de los Versos Libres, a Martí; de su poema “Cuba, patria sin amo”, con que hemos saludado, precisamente en sus endecasílabos hirsutos, el despuntar de un nuevo siglo, primero del tercer milenio que plantea a la humanidad supremas decisiones y a Cuba la firmeza de conservar a plenitud su independencia nacional conquistada por la Revolución. Martí no deja de velar ni de escuchar ni de actuar y cita ‘…pero nos enseñaste con tu ejemplo, con tu sangre, tus versos, tus ideas, a resistir, luchar, vencer, por Cuba. De que mientras más fiera sea la furia del águila rapaz, más fuerte sea la unión de nuestro pueblo de mambises decidido a vivir siempre sin amo en nuestro propio suelo libre, donde frente al sucio invasor de nuestras costas, nunca han sido pasivas ni las piedras, los árboles, el viento, el mar’.”

Palabras de Nancy Morejón, Premio Nacional de Literatura 2001, en la presentación de Cuba, una poesía de la acción, de Ángel Augier.

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