|
Lina de Feria nació en Santiago de Cuba, en 1945. Con
Casa que no existía recibió en 1967, el Premio David
compartido con Wichy Nogueras (Cabeza de zanahoria).
A mansalva de los años, 1990; El ojo
milenario, 1995; Rituales del inocente, 1996
y A la llegada del delfín le valieron cuatro
Premios de la Crítica. Fue Jefa de Redacción de la
revista cultural El Caimán Barbudo y en el año
2005, estuvo nominada al Premio Nacional de Literatura.
Cualquier mirada sobre la poética cubana incluye a Lina
entre una de las voces más peculiares de su generación.
Hace unas
semanas, algunos sitios en Internet dedicados a la
propaganda anticubana decían que Lina se había ido a
vivir a los EE.UU. He llegado hasta su apartamento de la
calle de Línea, en El Vedado, donde la encuentro leyendo
a Paul Valéry. Me dice: “estoy feliz de haber regresado
a mi patria”. Y repite “mi patria”, con ese orgullo que
suele acompañarnos a los cubanos. Y era cierto, se le
escuchaba contenta y segura; hablaba de proyectos y de
futuros libros. Le vi sacar de su cartera un poema
inédito, fechado en Miami y leerlo apasionada. Luego de
escuchar su testimonio, Lina accedió a publicarlo “para
ilustrar la entrevista”, dijo: “Es una experiencia que
no quiero, no voy a repetir”, agregó.
La llegada
de Lina de Feria a la poesía transitó por caminos
certeros y en ascenso vertiginoso. Vale recordar sobre
todo el Premio David de Poesía compartido con Wichy.
¿Cómo recuerda esos inicios?
Mi carrera
fue realmente rápida. En el año 59, al triunfo de la
Revolución, tenía 14 años de edad y ya había empezado a
tener proyección poética desde los 12. Estudié ballet,
violín y piano, lo cual formó en mí desde pequeña una
sensibilidad artística, pero la literatura y en
específico la poesía se viene a determinar ya a partir
de los 13 ó 14 años. Estuve muy influida por Juan Ramón
Jiménez, entre otros. En los años 60, con 15 ó 16 años
de edad, empecé a obtener premios y reconocimientos en
teatro infantil. Obtuve el Premio de Teatro La Edad de
Oro en su primera edición, y en el 67 vengo a insertarme
de lleno en el mundo del reconocimiento poético: el
concurso 13 de Marzo, varios premios universitarios de
poesía como el Rubén Martínez Villena de la Federación
Estudiantil Universitaria (FEU) hasta llegar al
David de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de
Cuba (UNEAC), compartido con Luis Rogelio Nogueras, por
Casa que no existía. Este es uno de los libros
más entrañables que tengo, porque apenas con 20 años
logré establecer, según la crítica especializada, un
hito en la poesía cubana de aquel momento.
Este
poemario junto al libro de Wichy, Cabeza de
zanahoria, fueron muy importantes. Luego, me
encontré con grandes maestros. Le agradezco cosas
infinitas a Mirta Aguirre, mi profesora de Redacción y
Composición, de la Universidad, que supo ser enormemente
comprensiva. Ella tenía mucha deferencia conmigo, me
destacaba en el aula, me orientaba, me pedía mis poemas…
Y aquello me entusiasmaba sobremanera. También, a José
Antonio Portuondo, que vio en mí unas posibilidades
extraordinarias.
Mencionó a
Wichy Nogueras, con quien tuvo una relación muy
especial.
Estábamos
en escuelas literarias diferentes: él escribía la
antipoesía y yo, la poesía lírica; por eso los grupos
que se reunían con cada uno de nosotros se empeñaban en
establecer una ruptura entre los dos, sin embargo, nos
ganamos el David juntos. Fuimos a Canadá a representar
la joven poesía cubana, a la Expo de Montreal en 1967.
Allí tuvimos incluso un romance, algo así como un
pequeño noviazgo, pero siempre nos respetamos mucho.
Escribíamos diferente, pero nos teníamos un respeto
extraordinario.
¿Qué
legado dejó El Caimán Barbudo en su
formación, y cómo transcendieron aspiraciones y
resultados en aquellos tiempos en que fuera su Jefa de
redacción?
Es una
etapa muy linda de mi vida. No era una época fácil para
hacer literatura periodística de vanguardia porque había
muchas discusiones, mucha polémica, pero logramos
publicar durante cuatro años (desde el 67 hasta al 71)
cosas muy interesantes. Recuerdo el número
dedicado a la poesía latinoamericana en coordinación con
la Casa de las Américas, ilustrado con dibujos de
Posada. Hicimos otro dedicado al expresionismo alemán,
al cine, es decir, lográbamos hacer cultura en un medio
difícil porque las polémicas eran muy fuertes. Todavía
éramos dependientes de ciertos círculos ideológicos y
siempre luchábamos porque la cultura estuviera ahí
—Servando Cabrera Moreno, Manuel Díaz Martínez, Posada—
y lo logramos. Teníamos a personas de importancia en el
diseño y en la gráfica. Quisiera que El Caimán
se siguiera manteniendo con ese nivel que logramos.
¿Cómo
logra mantener la frescura y actualidad en su discurso
poético?
Decía
Eliseo Diego que lo más importante en la poesía para que
sea, es que exista un aparato de comunicación. Cuando se
lee un poema, ese que se acaba de hacer, cuando el
lector lo recibe y logra percibir exactamente las
aristas de la sensibilidad de la gente que escucha, y
además gusta el sistema de metaforización utilizado,
entonces se ha logrado algo. Trato siempre, y ahí es
donde está el misterio, de ser muy inconforme con el
lenguaje que utilizo, busco la novedad, intento estar
muy informada. Inevitablemente tengo en la cabecera a
determinados filósofos y eso me ayuda a la observación
de la naturaleza humana. Bergson, por ejemplo, no es muy
contemporáneo, pero me interesa mucho su teoría sobre el
aliento vital, criterio que también comparte Cintio
Vitier. Trato de mantenerme informada sobre determinados
clásicos. Leo a autores contemporáneos como Pessoa,
Kavafis, pero evidentemente busco la esencia en la
literatura clásica. Lo último que leí fue La
Eneida, y eso me ayuda a la observación de la
naturaleza humana. En cierta medida, comprendo lo que
pasa a mi alrededor en este momento, no envejezco en el
sentido de la apreciación, de cómo siente la gente.
Quizás ahí está el misterio, además el lenguaje trata de
ser novedoso y creo que lo logro.
¿Cuáles
son los temas que más le preocupan hoy a Lina de Feria,
cuáles de ellos encontrarán eco en su poesía?
Después de
haber hecho estos viajes a México y EE.UU. me interesa,
fundamentalmente, la conciliación entre la
tecnologización del mundo, el caos en que está el mundo
sometido por los desastres de la naturaleza humana, el
comportamiento humano, la falta de sensibilidad y la
necesidad de humanizar más al ser humano.
Vivo
abrumada porque no soporto la falta de espiritualidad,
que en Cuba es un lujo. En el exterior hay un bloqueo
muy duro, pues se ve la lucha por la existencia de la
vida, las contradicciones, la diferencia de clases y los
horrores que tiene hasta cierto punto el mundo caótico
del exterior, y en contra de todo eso tenemos una concha
de protección.
Es
maravilloso saber que en tu país puedes ir a una escuela
de Instructores de Arte como lo hice hace dos años en
Cienfuegos. Tenía temor de que no entendieran mi poesía.
Las preguntas de aquellos alumnos que estaban
aprendiendo danza, teatro, pintura eran tan
interesantes, tan inteligentes que dije: “tengo que
hacer taller de creación con ellos”. Me he dedicado a
algo que no todos los intelectuales hacen. Algunos
tienen su concha, deciden preocuparse por ellos mismos,
yo trabajo con la masa poética de los que comienzan.
Creo que todo el mundo puede llegar hacia un nivel
determinado en el que se sienta realizado. Ese taller de
creación, esa labor con la masa poética la sigo haciendo
en mi país porque es algo que ha dado un resultado
enorme, por eso tengo muchos discípulos.
Habíamos
leído la noticia acerca de que Ud. había renunciado a su
país para irse a vivir a los EE.UU. ¿Qué hay de cierto
en ello?
No tengo
miedo a hablar de este tema. El problema fue que me
sentí muy presionada. Cuando fui a México a la
presentación de un libro mío con la editorial La
Cuadrilla de la Langosta que dirige Leticia Luna, se me
dio la posibilidad de viajar a EE.UU. para ver a mi
hijo que estaba esperando el nacimiento de su hija. Me
dije, eso no me lo puedo perder. Mi hijo es nieto del
gran politólogo norteamericano Saul Landau. Allí
permanecí dos meses hasta el nacimiento de la niña, la
disfruté nueve días, pero le dije a mi hijo: “Me voy
para Cuba, porque yo no puedo vivir sin Cuba”. Regresé a
la velocidad de un tiro. Estar fuera de la Isla no tiene
sentido para nadie. Viví de cerca la experiencia de
encapsulamiento en que se halla la gente; hay chatura
cultural y planimetría espiritual, a pesar de que hay un
grupo interesante de jóvenes cubanos que están contra el
bloqueo, a favor de que se continúen enviando las
remesas a Cuba... Con ellos me mantuve en una especie de
burbuja, pero ya estaba desesperada por estar en mi país
porque tenía proyectos aquí.
¿Fue
entonces una tergiversación, o manipulación de los
medios?
Para poder
cruzar la frontera hubo que hacer unos trámites. Pero
evidentemente lo que ellos no pensaron nunca es que yo
me fuera tan rápidamente. En ningún momento pensé
quedarme en EE.UU., fue una tergiversación. La extrema
derecha fue acérrima conmigo: Ninoska Pérez Castellón e
Ileana Ros me acusaron de “comunista.” En realidad,
aunque ellos tengan cierto poder están en decadencia
completamente, es decir, no existen porque hay otro
pensamiento más avanzado entre los jóvenes intelectuales
y por esa gente fue que peleé, de la que saqué
conclusiones porque ellos viven una velocidad diferente
a la cubana allí y esto les permite tener un estado de
soledad espantosa.
¿Llegaron
a entrevistarla en algunos espacios?
Llegaron a
entrevistarme, pero fueron más bien ligeras, porque
comencé a rechazarlas cuando empezaron a tergiversar lo
que decía, a tener que hacer concesiones, inmediatamente
me comuniqué con Cuba y dije: “Yo quiero volver a mi
patria”.
¿En qué
sitios le sucedió eso?
Por
ejemplo, en la revista Encuentro destacaron lo
que yo dije a la ligera. Lo que decía fue utilizado de
cierta manera.
¿Se sintió
acosada?
No
precisamente. Acosada en el sentido de que pedían más
entrevistas, querían otras cosas de más importancia que
no vale la pena ni hablar, y ahí fue cuando decidí
cortar con toda esa gente y me dije: ni una más, hasta
que regresé a Cuba.
La
emigración cubana hacia EE.UU., viaja con el espejismo
de la idealización de la sociedad norteamericana, pero
desde otro punto de vista, es muy fuerte el criterio
contra el bloqueo y a favor de las remesas para Cuba, la
unidad de la familia. O sea, cada vez más los sectores
verdaderamente reaccionarios de la sociedad miamense
tienen menos posibilidad de convencer. Es increíble cómo
una de las cosas que llama más la atención es que se va
un balsero y a los 11 meses y un día ya puede tener la
residencia. Al mes quieren venir para acá. La nostalgia
es algo terrible, sobre todo cuando se dan cuenta de que
la diferencia es total y completa, porque hay un
pensamiento a favor de Cuba.
Pero eso
no es lo que dice la propaganda anticubana.
Es cierto,
no es lo que dicen los medios. Por ejemplo, TeVe
América, la televisión del canal 41, acoge directamente
a los artistas cubanos que van para los EE.UU. Ellos
están obligados a hacer shows terribles, usan
continuamente la sátira, la ideología anticastrista,
porque necesariamente tienen que comer, es lo que tienen
que hacer para poder vivir, el medio los obliga; sin
embargo, cuando conversas con ellos es otra cosa. Hay
una dicotomía. Yo no sé lo que va a pasar. O la gente
regresa, porque habrá algunos que regresarán; o el
bloqueo tiene que eliminarse, porque es muy fuerte la
corriente popular, interna, de los emigrados miamenses,
para que en Cuba se elimine el bloqueo y haya
posibilidad de viajar. Es una minoría la que está contra
Cuba.
¿Qué
conclusiones sacó de esa vivencia, en su “tránsito” por
Miami?
Saqué
varias conclusiones radicales. A mí no me importaba
publicar allí. Mis poemas no tienen carga política, es
observación de la naturaleza. Allí, necesariamente, todo
gira en torno al dinero. No les importa la poesía, ni
los escritores realmente. Lo que buscan es el discurso
político, eso fue una de las cosas que más me atormentó.
No voy a mencionar nombres, pero hubo personas que me
llamaron para que dijera determinadas cosas. Rechacé
tres entrevistas en The Miami Herald, solo
perseguían la espectacularidad, me negué también a
una filmación. No sé cómo conseguían los teléfonos, pero
me encontraban y me llamaban.
Donde más
se fortalecen los criterios de uno y los conceptos sobre
la vida es en los medios hostiles. Es ahí donde
precisamente uno dice “me tiro con los indios”.
Siempre el
problema de la separación de la familia es difícil.
Llegué en octubre y ya a finales de noviembre tenía
decidido regresar a Cuba, pero quería esperar al parto
de mi nuera, solo eso. Aunque mi hijo pudiera venir cada
vez que quisiera, porque él es ciudadano norteamericano
e hijo de un norteamericano, solo puede venir cada tres
años debido a las leyes que se lo prohíben. Hay gente
que lucha allá, norteamericanos progresistas, que
quieren a la Revolución Cubana, se arriesgan, pero es
peligroso. Pueden ser realmente agresivos con ellos.
Cuando son agresivos, lo son de verdad. Recuerdo lo que
le hicieron a Rosita Fornés. Por eso, Ninoska Pérez
Castellón y todas estas mujeres me agredieron duramente.
Yo no soy politólogo, pero creo que ellos han caído en
un gran desprestigio. Solo están esperando a morirse,
porque ya no les queda tiempo para lo que pensaron que
podían hacer en otro momento. Esa es la gente que creía
que iban a poder regresar y como ellos dicen “recuperar
las propiedades”, tener en Cuba tres días de matanza,
pensando en un cambio. Por supuesto, son los que forman
la extrema derecha conservadora, son los que hacen
lobby con Bush, que ya con eso uno se puede imaginar
lo demás. Hay un grupo más joven que, a pesar de las
tensiones de otra índole, se está moviendo hacia un
pensamiento fuerte con respecto a la unidad con los
cubanos de acá.
¿Cómo la
recibieron en Cuba? ¿Qué espera de lo por venir?
Creo
muchas cosas buenas. A mi regreso, he sentido la
calidez de mi pueblo. Alguien me dijo “orgullosa de que
tu patria te reciba”. Me han pasado muchas cosas lindas,
he escuchado frases hermosas de figuras importantes de
nuestra cultura. Me han dicho: “¡Linda, estás aquí!”.
Quiero continuar trabajando en los talleres de creación
que tanto me interesan. Actualmente, trabajo con el
grupo de la Fundación Nicolás Guillén de la UNEAC. Mi
felicidad está en el trabajo y en la lucidez que me dé
el tiempo, Dios, para poder seguir escribiendo las
cosas que me interesan y seguir haciendo poesía cubana.
Vine buscando esa felicidad, y la tengo.
A los
sesenta años me hicieron un homenaje muy lindo en la
UNEAC, donde su presidente, Carlos Martí, me regaló un
cuadro precioso. Allí asistió mucha gente, hubo un poder
de convocatoria muy fuerte porque al parecer tengo buena
aceptación entre las personas de mi generación y un gran
arraigo entre los jóvenes. Al parecer, soy una escritora
transgeneracional.
¿Qué
escribe ahora Lina?
Estoy
preparando algo muy interesante que se llama El
ángulo de los ocasos. Es un texto que surge a partir
de la observación de los desastres de Katrina en Nueva
Orleans, Louissiana, Houston y me dio mucho que pensar
de la fugacidad de la vida.
¿Conversó
y conoció a alguna persona que viviera esa experiencia?
Es
terrible que un país desarrollado reciba tal fuerza de
la naturaleza y no pueda tener una respuesta ante eso, y
se convierta en “todo o nada”. Hablé con una familia
negra en Nueva Orleans que no recibió la ayuda que
necesitaban del gobierno; eso fue un grave problema de
discriminación; hubo programas de televisión que
atacaban a Bush y se lo decían, directamente. Fue
terrible lo que pasó. Las experiencias eran muy duras,
porque habían perdido parte de su familia. Todavía está
devastado, incluso han hecho un muro en el Misisipi para
que el río no se desborde, pero eso puede volver a
pasar. Esta familia que menciono, por ejemplo, todavía
vive en un campamento.
Fui a
verlos por deseo propio, igual que hice en México, en el
2004. Estuve en Teotihuacán, en un acto de protesta de
los indios contra un Wallmart, un mercado que
estaba en construcción; me bajé del auto y me uní a
ellos. Soy impredecible, quizá, pero es inevitable no
ayudar. Hay que sensibilizarse con esas cosas.
En México
se trabaja horas extremas por solo cinco dólares. Este
país que ha contado con tantas inteligencias acogió a
José María Heredia, José Martí y, sin embargo, su
situación es alarmante, hay mucha violencia.
¿Qué
asideros le atan a la Isla?
Sin ser
chovinista, pero siendo profundamente martiana, creo que
el talento de los cubanos es algo para destacar en el
contexto latinoamericano. La inteligencia, la capacidad,
el ingenio sobresalen, sin establecer con ello una
dicotomía, sino solidaridad, porque queremos que exista
un nivel de educación y de instrucción en todas partes
del mundo si fuera posible, (“con los pobres de la
tierra quiero yo mi suerte echar”). Hay una capacidad de
talento, una sensibilidad, un carácter que es
maravilloso. Por eso, la gente cuando viene se enamora
de Cuba. Somos extraordinariamente distintos, es
imposible encontrar otra comunicación tan perfecta como
la de un cubano con otro cubano. Por eso, no me canso de
decir lo feliz que estoy de haber regresado.
La visión de Jeremías
A
Michael Ávalos
La paganidad surgió buscando
que los mitos humanos confrontaran imaginación
y sufrimiento en las bárbaras hordas
soy un elefante despellejado
un sobrevuelo de zopilote
el encendido carbón
que se niega a morir
en la estela de los fuegos
el hombre estrena su quijotesca forma
por las calles del Down Town
y encuentro en un libro de Nabokov
que también los molinos
pudieran estar en las cuestas de Samaria
el mundo será desierto
y una angosta lágrima de nube
no servirá para darle plenitud al mar
salido de sus asideros
tragándose los icebergs
y parte de las lenguas físicas del polo norte.
La visión ya no es solo la amenazante
carta de descanso del dantesco continuar.
Cristo vino a salvarnos
pero las predicciones de Jeremías
nos persiguen como un sello
que puesto en mi corazón
me exige las razones furibundas
la furia parece ser el container
de las mareas altas
los megatsunamis tienden almendras
ahogadas en cada rostro humano
muerto.
El sufrimiento es cavernario
como si se hubiese transgredido
el manifiesto de ser
por la esencia de lo que se perdió
hilo azul de los aires
en las mañanas sagradas de la niñez.
No somos ni el comenta verde
ni la fresa recién salida del terrón
ni los rostros azules de Picasso
la hechura humana
estalló como ojo caído
a la estrella Polar.
y ahora se mueven las estructuras
del atlas cargando el mundo
de tal forma que las visiones
donde solo la robótica atina
a crear un mensaje tal vez
menos drástico
con respecto a la inteligencia humana
y su descendencia
urge desde la incandescencia
del pulmón interior
y apestan los soles ennegrecidos
de Tutmosis IV.
El hombre desde acá no observa
la esperanza
como si se tratara de una época
en que la cacería de brujas
no ha cesado.
La historia tiene lebreles tiránicos
en la palabra indirámbica
de sus hombres
y todo huele a estopa quemada
a ley que enajenando al hombre
le arguye desde dentro
pájaro amarillo en hueso
pececillo tragado por los alcatraces
la inutilidad del tiempo oculto.
El hombre
más que sentido sobre la palabra
y contenido trasnochado del pecado
solo tienen ante si el caos
una suerte de rostro de Hailraizer
que lo condena todo
a una sierra que corta la pierna
de un joven en un baño cerrado.
Hay una suerte de enfermedad
en lo cognoscitivo.
La ética ha pasado al plano inocuo
y en medio de la alharaca discursiva
reboza una copa de vino tinto
sobre los canalones de los techos
y ya el hombre perdidito
entre las líneas del tren
no canta baladas y bolerones
sino agolpa su frente
con una sinfonía Rock
que la amalgame
el continuado huir de sí mismo
que a veces requiere solamente
mirarme en otro
hallarme en la otra pupila
salir de la consternación del mundo
por breves instantes
de sentimiento interno
de alardes gratuitos de bondad humana
de recíproco resto
de hallarme entre los hombres
que aun meditan y sufren
con fuerza benigna
la búsqueda de Juana de los Ángeles
demoníaca y pura
y más pura por el tiempo
en que todo
aliviará este caos
azules poco neutro
pájaro a la deriva.
Lina
de Feria
Miami, 12. 2005. |