Año IV
La Habana

4
- 10 FEBRERO de 2006

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ENTREVISTA CON LA ESCRITORA CUBANA LINA DE FERIA
“Yo no puedo vivir sin Cuba”

Nirma Acosta La Habana
Foto:
Alejandro Ramírez


Lina de Feria nació en Santiago de Cuba, en 1945. Con Casa que no existía recibió en 1967, el Premio David compartido con Wichy Nogueras (Cabeza de zanahoria). A mansalva de los años, 1990; El ojo milenario, 1995; Rituales del inocente, 1996 y A la llegada del delfín le valieron cuatro Premios de la Crítica. Fue Jefa de Redacción de la revista cultural El Caimán Barbudo y en el año 2005, estuvo nominada al Premio Nacional de Literatura. Cualquier mirada sobre la poética cubana incluye a Lina entre una de las voces más peculiares de su generación.

Hace unas semanas, algunos sitios en Internet dedicados a la propaganda anticubana decían que Lina se había ido a vivir a los EE.UU. He llegado hasta su apartamento de la calle de Línea, en El Vedado, donde la encuentro leyendo a Paul Valéry. Me dice: “estoy feliz de haber regresado a mi patria”. Y repite “mi patria”, con ese orgullo que suele acompañarnos a los cubanos. Y era cierto, se le escuchaba contenta y segura; hablaba de proyectos y de futuros libros. Le vi sacar de su cartera un poema inédito, fechado en Miami y leerlo apasionada. Luego de escuchar su testimonio, Lina accedió a publicarlo “para ilustrar la entrevista”, dijo: “Es una experiencia que no quiero, no voy a repetir”, agregó.

La llegada de Lina de Feria a la poesía transitó por caminos certeros y en ascenso vertiginoso. Vale recordar sobre todo el Premio David de Poesía compartido con Wichy. ¿Cómo recuerda esos inicios?

Mi carrera fue realmente rápida. En el año 59, al triunfo de la Revolución, tenía 14 años de edad y ya había empezado a tener proyección poética desde los 12. Estudié ballet, violín y piano, lo cual formó en mí desde pequeña una sensibilidad artística, pero la literatura y en específico la poesía se viene a determinar ya a partir de los 13 ó 14 años. Estuve muy influida por Juan Ramón Jiménez, entre otros. En los años 60, con 15 ó 16 años de edad, empecé a obtener premios y reconocimientos en teatro infantil. Obtuve el Premio de Teatro La Edad de Oro en su primera edición, y en el 67 vengo a insertarme de lleno en el mundo del reconocimiento poético: el concurso 13 de Marzo, varios premios universitarios de poesía como el Rubén Martínez Villena de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) hasta llegar al David de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), compartido con Luis Rogelio Nogueras, por Casa que no existía. Este es uno de los libros más entrañables que tengo, porque apenas con 20 años logré establecer, según la crítica especializada, un hito en la poesía cubana de aquel momento.

Este poemario junto al libro de Wichy, Cabeza de zanahoria, fueron muy importantes. Luego, me encontré con grandes maestros. Le agradezco cosas infinitas a Mirta Aguirre, mi profesora de Redacción y Composición, de la Universidad, que supo ser enormemente comprensiva. Ella tenía mucha deferencia conmigo, me destacaba en el aula, me orientaba, me pedía mis poemas… Y aquello me entusiasmaba sobremanera. También, a José Antonio Portuondo, que vio en mí unas posibilidades extraordinarias.  

Mencionó a Wichy Nogueras, con quien tuvo una relación muy especial.

Estábamos en escuelas literarias diferentes: él escribía la antipoesía y yo, la poesía lírica; por eso los grupos que se reunían con cada uno de nosotros se empeñaban en establecer una ruptura entre los dos, sin embargo, nos ganamos el David juntos. Fuimos a Canadá a representar la joven poesía cubana, a la Expo de Montreal en 1967. Allí tuvimos incluso un romance, algo así como un pequeño noviazgo, pero siempre nos respetamos mucho. Escribíamos diferente, pero nos teníamos un respeto extraordinario. 

¿Qué legado dejó El Caimán Barbudo en su formación, y cómo transcendieron aspiraciones y resultados en aquellos tiempos en que fuera su Jefa de redacción?

Es una etapa muy linda de mi vida. No era una época fácil para hacer literatura periodística de vanguardia porque había muchas discusiones, mucha polémica, pero logramos publicar durante cuatro años (desde el 67 hasta al 71) cosas muy interesantes. Recuerdo el  número dedicado a la poesía latinoamericana en coordinación con la Casa de las Américas, ilustrado con dibujos de Posada. Hicimos otro dedicado al expresionismo alemán, al cine, es decir, lográbamos hacer cultura en un medio difícil porque las polémicas eran muy fuertes. Todavía éramos dependientes de ciertos círculos ideológicos y siempre luchábamos porque la cultura estuviera ahí —Servando Cabrera Moreno, Manuel Díaz Martínez, Posada— y lo logramos. Teníamos a personas de importancia en el diseño y en la gráfica. Quisiera que El Caimán se siguiera manteniendo con ese nivel que logramos. 

¿Cómo logra mantener la frescura y actualidad en su discurso poético?

Decía Eliseo Diego que lo más importante en la poesía para que sea, es que exista un aparato de comunicación. Cuando se lee un poema, ese que se acaba de hacer, cuando el lector lo recibe y logra percibir exactamente las aristas de la sensibilidad de la gente que escucha, y además gusta el sistema de metaforización utilizado, entonces se ha logrado algo. Trato siempre, y ahí es donde está el misterio, de ser muy inconforme con el lenguaje que utilizo, busco la novedad, intento estar  muy informada. Inevitablemente tengo en la cabecera a determinados filósofos y eso me ayuda a la observación de la naturaleza humana. Bergson, por ejemplo, no es muy contemporáneo, pero me interesa mucho su teoría sobre el aliento vital, criterio que también comparte Cintio Vitier. Trato de mantenerme informada sobre determinados clásicos. Leo a autores contemporáneos como Pessoa, Kavafis, pero evidentemente busco la esencia en la literatura clásica. Lo último que leí fue La Eneida, y eso me ayuda a la observación de la naturaleza humana. En cierta medida, comprendo lo que pasa a mi alrededor en este momento, no envejezco en el sentido de la apreciación, de cómo siente la gente. Quizás ahí está el misterio, además el lenguaje trata de ser novedoso y creo que lo logro. 

¿Cuáles son los temas que más le preocupan hoy a Lina de Feria, cuáles de ellos  encontrarán eco en su poesía?

Después de haber hecho estos viajes a México y EE.UU. me interesa, fundamentalmente, la conciliación entre la tecnologización del mundo, el caos en que está el mundo sometido por los desastres de la naturaleza humana, el comportamiento humano, la falta de sensibilidad y la necesidad de humanizar más al ser humano.

Vivo abrumada porque no soporto la falta de espiritualidad, que en Cuba es un lujo. En el exterior hay un bloqueo muy duro, pues se ve la lucha por la existencia de la vida, las contradicciones, la diferencia de clases y los horrores que tiene hasta cierto punto el mundo caótico del exterior, y en contra de todo eso tenemos una concha de protección.

Es maravilloso saber que en tu país puedes ir a una escuela de Instructores de Arte como lo hice hace dos años en Cienfuegos. Tenía temor de que no entendieran mi poesía. Las preguntas de aquellos alumnos que estaban aprendiendo danza, teatro, pintura eran tan interesantes, tan inteligentes que dije: “tengo que hacer taller de creación con ellos”. Me he dedicado a algo que no todos los intelectuales hacen. Algunos tienen su concha, deciden preocuparse por ellos mismos, yo trabajo con la masa poética de los que comienzan. Creo que todo el mundo puede llegar hacia un nivel determinado en el que se sienta realizado. Ese taller de creación, esa labor con la masa poética la sigo haciendo en mi país porque es algo que ha dado un resultado enorme, por eso tengo muchos discípulos.  

Habíamos leído la noticia acerca de que Ud. había renunciado a su país para irse a vivir a los EE.UU. ¿Qué hay de cierto en ello?

No tengo miedo a hablar de este tema. El problema fue que me sentí muy presionada. Cuando fui a México a la presentación de un libro mío con la editorial La Cuadrilla de la Langosta que dirige Leticia Luna, se me dio la posibilidad de viajar a EE.UU. para ver a mi hijo  que estaba esperando el nacimiento de su hija. Me dije, eso no me lo puedo perder. Mi hijo es nieto del gran politólogo norteamericano Saul Landau. Allí permanecí dos meses hasta el nacimiento de la niña, la disfruté nueve días, pero le dije a mi hijo: “Me voy para Cuba, porque yo no puedo vivir sin Cuba”. Regresé a la velocidad de un tiro. Estar fuera de la Isla no tiene sentido para nadie. Viví de cerca la experiencia de encapsulamiento en que se halla la gente; hay chatura cultural y planimetría espiritual, a pesar de que hay un grupo interesante de jóvenes cubanos que están contra el bloqueo, a favor de que se continúen enviando las remesas a Cuba... Con ellos me mantuve en una especie de burbuja, pero ya estaba desesperada por estar en mi país porque tenía proyectos aquí. 

¿Fue entonces una tergiversación, o manipulación de los medios?

Para poder cruzar la frontera hubo que hacer unos trámites. Pero evidentemente lo que ellos no pensaron nunca es que yo me fuera tan rápidamente. En ningún momento pensé quedarme en EE.UU., fue una tergiversación. La extrema derecha fue acérrima conmigo: Ninoska Pérez Castellón e Ileana Ros me acusaron de “comunista.” En realidad, aunque ellos tengan cierto poder están en decadencia completamente, es decir, no existen porque hay otro pensamiento más avanzado entre los jóvenes intelectuales y por esa gente fue que peleé, de la que saqué conclusiones porque ellos viven una velocidad diferente a la cubana allí y esto les permite tener un estado de soledad espantosa. 

¿Llegaron a entrevistarla en algunos espacios?

Llegaron a entrevistarme, pero fueron más bien ligeras, porque comencé a rechazarlas cuando empezaron a tergiversar lo que decía, a tener que hacer concesiones, inmediatamente me comuniqué con Cuba y dije: “Yo quiero volver  a mi patria”.  

¿En qué sitios le sucedió eso?

Por ejemplo, en la revista Encuentro destacaron lo que yo dije a la ligera.  Lo que decía fue utilizado de cierta manera.  

¿Se sintió acosada?

No precisamente. Acosada en el sentido de que pedían más entrevistas, querían otras cosas de más importancia que no vale la pena ni hablar, y ahí fue cuando decidí cortar con toda esa gente y me dije: ni una más, hasta que regresé a Cuba.

La emigración cubana hacia EE.UU., viaja con el espejismo de la idealización de la sociedad norteamericana, pero desde otro punto de vista, es muy fuerte el criterio contra el bloqueo y a favor de las remesas para Cuba, la unidad de la familia. O sea, cada vez más los sectores verdaderamente reaccionarios de la sociedad miamense tienen menos posibilidad de convencer. Es increíble cómo una de las cosas que llama más la atención es que se va un balsero y a los 11 meses y un día ya puede tener la residencia. Al mes quieren venir para acá. La nostalgia es algo terrible, sobre todo cuando se dan cuenta de que la diferencia es total y completa, porque hay un pensamiento a favor de Cuba. 

Pero eso no es lo que dice la propaganda anticubana.

Es cierto, no es lo que dicen los medios. Por ejemplo, TeVe América, la televisión del canal 41, acoge directamente a los artistas cubanos que van para los EE.UU. Ellos están obligados a hacer shows terribles, usan continuamente la sátira, la ideología anticastrista, porque necesariamente tienen que comer, es lo que tienen que hacer para poder vivir, el medio los obliga; sin embargo, cuando conversas con ellos es otra cosa. Hay una dicotomía. Yo no sé lo que va a pasar. O la gente regresa, porque habrá algunos que regresarán; o el bloqueo tiene que eliminarse, porque es muy fuerte la corriente popular, interna, de los emigrados miamenses, para que en Cuba se elimine el bloqueo y haya posibilidad de viajar. Es una minoría la que está contra Cuba. 

¿Qué conclusiones sacó de esa vivencia, en su “tránsito” por Miami?

Saqué varias conclusiones radicales. A mí no me importaba publicar allí. Mis poemas no tienen carga política, es observación de la naturaleza. Allí, necesariamente, todo gira en torno al dinero. No les importa la poesía, ni los escritores realmente. Lo que buscan es el discurso político, eso fue una de las cosas que más me atormentó. No voy a mencionar nombres, pero hubo personas que me llamaron para que dijera determinadas cosas. Rechacé tres entrevistas en The Miami Herald, solo perseguían la espectacularidad, me negué también a una filmación. No sé cómo conseguían los teléfonos, pero me encontraban y me llamaban.

Donde más se fortalecen los criterios de uno y los conceptos sobre la vida es en los medios hostiles. Es ahí donde precisamente uno dice “me tiro con los indios”.

Siempre el problema de la separación de la familia es difícil. Llegué en octubre y ya a finales de noviembre tenía decidido regresar a Cuba, pero quería esperar al parto de mi nuera, solo eso. Aunque mi hijo pudiera venir cada vez que quisiera, porque él es ciudadano norteamericano e hijo de un norteamericano, solo puede venir cada tres años debido a las leyes que se lo prohíben. Hay gente que lucha allá, norteamericanos progresistas, que quieren a la Revolución Cubana, se arriesgan, pero es peligroso. Pueden ser  realmente agresivos con ellos. Cuando son agresivos, lo son de verdad. Recuerdo lo que le hicieron a Rosita Fornés. Por eso, Ninoska Pérez Castellón y todas estas mujeres me agredieron duramente. Yo no soy politólogo, pero creo que ellos han caído en un gran desprestigio. Solo están esperando a morirse, porque ya no les queda tiempo para lo que pensaron que podían hacer en otro momento. Esa es la gente que creía que iban a poder regresar y como ellos dicen “recuperar  las propiedades”, tener en Cuba tres días de matanza, pensando en un cambio. Por supuesto, son los que forman la extrema derecha conservadora, son los que hacen lobby con Bush, que ya con eso uno se puede imaginar lo demás. Hay un grupo más joven que, a pesar de las tensiones de otra índole, se está moviendo hacia un pensamiento fuerte con respecto a la unidad con los cubanos de acá. 

¿Cómo la recibieron en Cuba? ¿Qué espera de lo por venir?

Creo muchas cosas buenas. A mi regreso, he sentido la calidez de mi pueblo. Alguien me dijo “orgullosa de que tu patria te reciba”. Me han pasado muchas cosas lindas, he escuchado frases hermosas de figuras importantes de nuestra cultura. Me han dicho: “¡Linda, estás aquí!”. Quiero continuar trabajando en los talleres de creación que tanto me interesan. Actualmente, trabajo con el grupo de la Fundación Nicolás Guillén de la UNEAC. Mi felicidad está en el trabajo y en la lucidez que me dé el tiempo, Dios, para poder seguir escribiendo las cosas  que me interesan y seguir haciendo poesía cubana. Vine buscando esa felicidad, y la tengo.

A los sesenta años me hicieron un homenaje muy lindo en la UNEAC, donde su presidente, Carlos Martí, me regaló un cuadro precioso. Allí asistió mucha gente, hubo un poder de convocatoria muy fuerte porque al parecer tengo buena aceptación entre las personas de mi generación y un gran arraigo entre los jóvenes. Al parecer, soy una escritora transgeneracional. 

¿Qué escribe ahora Lina?

Estoy preparando algo muy interesante que se llama El ángulo de los ocasos. Es un texto que surge a partir de la observación de los desastres de Katrina en Nueva Orleans, Louissiana, Houston y me dio mucho que pensar de la fugacidad de la vida.

¿Conversó y conoció a alguna persona que viviera esa experiencia?

Es terrible que un país desarrollado reciba tal fuerza de la naturaleza y no pueda tener una respuesta ante eso, y se convierta en “todo o nada”. Hablé con una familia negra en Nueva Orleans que no recibió la ayuda que necesitaban del gobierno; eso fue un grave problema de discriminación; hubo programas de televisión que atacaban a Bush y se lo decían, directamente. Fue terrible lo que pasó. Las experiencias eran muy duras, porque habían perdido parte de su familia. Todavía está devastado, incluso han hecho un muro en el Misisipi para que el río no se desborde, pero eso puede volver a pasar. Esta familia que menciono, por ejemplo, todavía vive en un campamento.

Fui a verlos por deseo propio, igual que hice en México, en el 2004. Estuve en Teotihuacán, en un acto de protesta de los indios contra un Wallmart, un mercado que estaba en construcción; me bajé del auto y me uní a ellos. Soy impredecible, quizá, pero es inevitable no ayudar. Hay que sensibilizarse con esas cosas.

En México se trabaja horas extremas por solo cinco dólares. Este país que ha contado con tantas inteligencias acogió a José María Heredia, José Martí y, sin embargo, su situación es alarmante, hay mucha violencia.  

¿Qué asideros le atan a la Isla?

Sin ser chovinista, pero siendo profundamente martiana, creo que el talento de los cubanos es algo para destacar en el contexto latinoamericano. La inteligencia, la capacidad, el ingenio sobresalen, sin establecer con ello una dicotomía, sino solidaridad, porque queremos que exista un nivel de educación y de instrucción en todas partes del mundo si fuera posible, (“con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar”). Hay una capacidad de talento, una sensibilidad, un carácter que es maravilloso. Por eso, la gente cuando viene se enamora de Cuba. Somos extraordinariamente distintos, es imposible encontrar otra comunicación tan perfecta como la de un cubano con otro cubano. Por eso, no me canso de decir lo feliz que estoy de haber regresado. 



La visión de Jeremías

A Michael Ávalos

La paganidad surgió buscando

que los mitos humanos confrontaran imaginación

y sufrimiento en las bárbaras hordas

soy un elefante despellejado

un sobrevuelo de zopilote

el encendido carbón

            que se niega a morir

en la estela de los fuegos

el hombre estrena su quijotesca forma

por las calles del Down Town

y encuentro en un libro de Nabokov

que también los molinos

pudieran estar en las cuestas de Samaria

el mundo será desierto

y una angosta lágrima de nube

no servirá para darle plenitud al mar

salido de sus asideros

tragándose los icebergs

y parte de las lenguas físicas del polo norte.

 

La visión ya no es solo la amenazante

carta de descanso del dantesco continuar.

Cristo vino a salvarnos

pero las predicciones de Jeremías

nos persiguen como un sello

que puesto en mi corazón

me exige las razones furibundas

la furia parece ser el container

                 de las mareas altas

los megatsunamis tienden almendras

ahogadas en cada rostro humano

                     muerto.

El sufrimiento es cavernario

como si se hubiese transgredido

el manifiesto de ser

   por la esencia de lo que se perdió

hilo azul de los aires

en las mañanas sagradas de la niñez.

No somos ni el comenta verde

ni la fresa recién salida del terrón

ni los rostros azules de Picasso

la hechura humana

estalló como ojo caído 

           a la estrella Polar.

y ahora se mueven las estructuras

del atlas cargando el mundo

de tal forma que las visiones

donde solo la robótica atina

a crear un mensaje tal vez

           menos drástico

con respecto a la inteligencia humana

           y su descendencia

urge desde la incandescencia

              del pulmón interior

y apestan los soles ennegrecidos

            de Tutmosis IV.

El hombre desde acá no observa

      la esperanza

como si se tratara de una época

en que la cacería de brujas

no ha cesado.

 

La historia tiene lebreles tiránicos

   en la palabra indirámbica

de sus hombres

y todo huele a estopa quemada

a ley que enajenando al hombre

le arguye desde dentro

pájaro amarillo en hueso

pececillo tragado por los alcatraces

la inutilidad del tiempo oculto.

El hombre

más que sentido sobre la palabra

y contenido trasnochado del pecado

solo tienen ante si el caos

una suerte de rostro de Hailraizer

que lo condena todo

a una sierra que corta la pierna

de un joven en un baño cerrado.

Hay una suerte de enfermedad

en lo cognoscitivo.

La ética ha pasado al plano inocuo

y en medio de la alharaca discursiva

reboza una copa de vino tinto

sobre los canalones de los techos

y ya el hombre perdidito

entre las líneas del tren

no canta baladas y bolerones

sino agolpa su frente

con una sinfonía Rock

que la amalgame

el continuado huir de sí mismo

que a veces requiere solamente

mirarme en otro

hallarme en la otra pupila

salir de la consternación del mundo

por breves instantes

         de sentimiento interno

de alardes gratuitos de bondad humana

de recíproco resto

de hallarme entre los hombres

que aun meditan y sufren

       con fuerza benigna

la búsqueda de Juana de los Ángeles

demoníaca y pura

y más pura por el tiempo

en que todo

       aliviará este caos

azules poco neutro

pájaro a la deriva.

Lina de Feria
Miami, 12. 2005.

 

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