Año IV
La Habana

28 ENERO
- 3 FEBRERO de 2006

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Entrevista con Boaventura de Sousa Santos
Reinventar un mundo más justo

Johanna Puyol La Habana


Boaventura de Sousa Santos (Coimbra, Portugal, 1940) es uno de los sociólogos más prestigiosos e innovadores a nivel internacional. Militante incondicional e impulsor del Foro Social Mundial, sus análisis críticos de la sociedad capitalista son indispensables para comprender las transformaciones del orden mundial, y sus propuestas alternativas de emancipación social revelan una mirada novedosa en el actual panorama del pensamiento teórico social. Es doctor en Sociología del Derecho por la Universidad de Yale, profesor de la Facultad de Economía y director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra, Portugal, y profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Wisconsin, Madison, EE.UU. Es también director de la Revista Crítica de Ciencias Sociales.

En Cuba pronto veremos publicado su libro Reinventar la democracia, reiventar el Estado (2004), y ahora, tras ejercer como jurado de Literatura brasileña en el Premio Casa de las Américas 2006, ha recibido dentro de este mismo certamen, para su gran sorpresa, el Premio de ensayo Ezequiel Martínez de Estrada, por su libro La Universidad en el siglo XXI. Para una reforma democrática y emancipadora de la Universidad (2005), otorgado, en palabras de Roberto Fernández Retamar, por “abordar polémicamente un tema de preocupación universal en el que se condensan algunas de las disputas más intensas en las actuales políticas públicas”.

 

Antes de conceder esta entrevista, Boaventura de Sousa habló sobre su premio a toda la prensa reunida en la Sala Che Guevara de la Casa de las Américas:

Nunca me pasó en la vida, ser miembro de un jurado como el del  Premio Casa de las Américas y recibir yo mismo uno de los premios. Soy muy feliz, no solamente porque es un premio de la Casa de las Américas, sino por haber escogido un tema que es muy polémico, que va a ser uno de los grandes temas de este siglo: La transformación de la universidad pública. Hay una presión enorme del capitalismo global, en este momento, para privatizar toda la Universidad pública, para someterla a las leyes del mercado a través de la liberalización de servicios. Entonces la educación universitaria sería una mercancía como cualquier otra, que sería producida en universidades globales —Harvard, Yale, Oxford, etcétera— que podrían vender a todo el mundo cursos de biología, de sociología, de derecho…, pagando, claro, derechos de propiedad intelectual. Esto a mi juicio es la destrucción del conocimiento público, que la universidad siempre ha representado desde el siglo XII. Ese es el peligro y no basta denunciar lo que se está proponiendo. El proceso ocurre dentro de la Organización Mundial de Comercio en esta nueva ronda de negociaciones, y en este momento está un poco paralizado por las acciones de Brasil, de Sudáfrica y de la India, pero continúa en la agenda. Es importante no solamente denunciarlo sino proponer alternativas, respuestas; porque la universidad pública está muy indolente, está muy vieja, está paralizada por privilegios, por gente que no trabaja lo suficiente. Mi idea es también revolucionar la universidad pública, que se relacione cada vez más con la comunidad, con la gente; que se abra más a la sociedad y también a nuevos temas. Que se democratice, porque no logramos que los países capitalistas de América Latina democraticen la universidad. Hay que trabajar más en ese sentido sin degradar, sin masificar la universidad.

Es un libro que surgió realmente cuando el Ministro de Educación de Brasil, que es un gran amigo mío, Tarso Genro, me pidió que escribiera un texto e hiciera una charla para inaugurar el debate oficial sobre la reforma de la universidad. Después amplié un poco y salió este libro. Ya está publicado en Brasil, en Argentina, en Ecuador, en México, y Roberto Fernández Retamar me ha dicho que lo va a publicar también aquí en Cuba. Estoy muy contento, muchas gracias.

 

Luego, mientras nos rodeaban algunos oyentes interesados en las opiniones de Boaventura de Sousa, en un aparte en la misma sala Che Guevara expuso algunas de sus ideas para La Jiribilla:

¿Cuál es el lugar del intelectual dentro de los movimientos sociales?

Pienso que el intelectual es muy necesario en todos estos procesos, pero ya no es el intelectual de vanguardia, que ya lo fue durante el siglo XX, sobre todo en los 60 y 70, o sea, el intelectual que tiene un  conocimiento privilegiado, que es único por lo que sabe, y que por eso va a guiar las masas. Yo pienso que ese intelectual ya no puede existir, porque hoy no hay masas en ese sentido. La gente se organiza en movimientos sociales, en organizaciones, en partidos, sindicatos, pero quiere saber las razones por las que se moviliza. El intelectual puede ayudar, puede ser un facilitador, pero no una vanguardia. Tiene que hacerlo desde otro rol, que es el siguiente: Hasta ahora, durante el siglo XX, pensábamos que solamente el conocimiento científico occidental era de rigor, y era lo único que valía; hoy en día trabajamos para lo que yo llamo una “ecología de saberes”, hay saberes intelectuales y científicos muy importantes, pero hay también saberes campesinos, saberes populares, saberes indígenas, que hoy son absolutamente fundamentales, y que ahora, en el Foro Social Mundial, se mostró que son fundamentales para repensar la izquierda, para repensar el socialismo, para repensar un “otro mundo” posible más justo. Entonces no hay un conocimiento, hay varios conocimientos, y el intelectual es uno entre otros. Tiene que ir un poco atrás, y no delante. Tiene que ir con la gente. Tiene que tener un discurso que le permita compartir su saber sin nunca pretender que es el único o el más riguroso. Tenemos que ser más humildes, más solidarios con los otros saberes que se producen.

Se está escribiendo mucho sobre “el giro a la izquierda” de los gobiernos latinoamericanos; sin embargo continúa en la región una tendencia a la liberalización del comercio. ¿Hasta qué punto se puede pensar en lograr una articulación entre los países latinoamericanos en la actual coyuntura?

El neoliberalismo está en crisis en Latinoamérica porque se paralizó el ALCA. Los EE.UU. han logrado algunos tratados de libre comercio con pequeños países que casi no representan nada del PIB de América Latina. Está emergiendo una alternativa, que es una alternativa  política, una alternativa económica y que es una alternativa cultural. Pienso que las tres tienen que ir juntas, porque no se puede hacer una integración cultural si no tienes una base económica. En lo que se está transformando el Mercosur, junto a la actividad y todo el protagonismo de Chávez —en este momento con el gaseoducto de 7 mil kilómetros entre Venezuela y Río de la Plata—, son cosas muy novedosas, que te van a dar otra concepción de desarrollo que hasta ahora no existía. También la distribución solidaria del petróleo, como se ha estado haciendo; claro que a nosotros nos preocupa que estemos tan dependientes de una sola fuente de energía, hay que diversificar. Pero pienso que estos Estados están preparando las bases, y ahora con Evo Morales se va a lograr, como ha dicho, la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia, que es una cosa novedosa. Durante el siglo XX se nacionalizaron muchos de estos hidrocarburos antes del neoliberalismo, el caso de México es el más importante tal vez, pero hacerlo en este momento es ir contra la corriente. Por eso pienso que las cosas están cambiando en América Latina. Se muestra que hay varios modelos de socialismo que están emergiendo, varias izquierdas, y deben aprender unas de otras.

Ha comenzado ya el Foro Social Mundial en Caracas. ¿Qué espera de este nuevo encuentro?

El Foro de Caracas no es el único Foro Mundial. Estamos organizando tres Foros: el de Bamako, en Mali, que terminó anteayer, y el de Karachi, en Pakistán, que se va a realizar dentro de dos meses. Es un Foro Mundial policéntrico.

En este Foro Mundial de Caracas hay algunas prioridades, que son para mí muy importantes: la organización de propuestas, o sea, cómo vamos a pasar a propuestas concretas, que en este momento en América Latina ya no vienen solamente de los movimientos sociales, vienen de los Estados también. Porque hay Estados que se sienten solidarios con las políticas, por ejemplo de la deuda, de la energía, que nosotros habíamos propuesto desde hace años. Si estos Estados son solidarios con nosotros hay que traerlos [al Foro], lo que crea un problema, porque el Foro Social Mundial no es de Estados, y Chávez ha prometido, y pienso que cumple, dar toda la autonomía al Foro. No sería posible de otra manera, porque el Foro quiere autonomía siempre.

Creo que es un momento en América Latina donde se puede, a través del Foro, empezar esto que estamos haciendo también aquí [en Casa de las Américas], o sea, no se hace integración política sin que la gente se conozca. Y hay gente que está muy ausente: el movimiento indígena; el movimiento afrodescendiente, por ejemplo, que es muy fuerte ahora; las feministas; los obreros, todo eso se junta en un campo de fraternidad, para que se conozcan y para que empiecen con acciones colectivas globales, en este caso regionales y continentales, que a mi juicio es el futuro. Pienso que ya no va a ser posible que los yanquis invadan, digamos, América Latina, o algún país de América Latina, porque hay una resistencia fuerte. Es como Lula, sin presión popular va al neoliberalismo y a la corrupción, con presión popular puede ser alguna cosa.

Es un momento muy importante, muy interesante, muy diverso. Nadie tiene la receta, no hay un dogma. No hay una idea sola que sea la correcta, cada país está encontrando su idea. Evo Morales es Evo Morales. Lo estoy ayudando, por ejemplo, porque me pidieron hacer para la Asamblea Constituyente una articulación entre democracia representativa y democracia participativa. Es Evo, no es Chávez, no es Fidel, no es Michelle, no es Tavarés Vásquez. Cada uno está creando su propia idea, adecuada a su país. Y ahora hay que aprender. Sabemos que Chávez y Evo han aprendido de Cuba, ¿va Cuba a aprender de Chávez y de Morales? Espero que sí.

He discutido en mi libro la idea de Estado Experimental. Es exactamente esto, es la idea de que hay varias soluciones, no una sola. En cada Estado se pueden crear las condiciones para la gente si organizaran, no el mercado capitalista, sino otra cosa, un régimen de gente que se organiza en cooperativas autónomas, en comunidades, en microcréditos, y que deciden trabajar por su propia iniciativa cuando hay, por ejemplo, un presupuesto regional o provincial. En vez de haber una solución para todo el país, puede haber una solución por municipio, por provincia, solamente por un año: Vamos a experimentar durante un año y vamos a ver el resultado al final del año. Si es un buen resultado podemos ampliarlo a la otra provincia, si es uno malo, olvídate, vamos a otra. Esa es la experimentación social y política que necesitamos, porque nuestro modelo y nuestra cabeza de Estado moderno, sea capitalista o socialista, es muy centralizada, piensa de arriba y piensa sola. Eso hoy está cambiando. Para poder recoger toda la energía del pueblo hay que diversificar, pero de una manera que no ponga en peligro lo principal, que es mantener la lucha y el proyecto social y político, y para eso hay que hacer experimentación social.

 

Un espectador ansioso que escucha a un lado de nuestra entrevista no resiste la tentación y lanza una pregunta por su cuenta:

Veo en su libro una apelación a “refundar” la creatividad.

La creatividad política, la creatividad social. Porque mira, hay tantas experiencias sociales y políticas hoy en el mundo, y las oficiales, el pensamiento hegemónico, que es el pensamiento capitalista liberal, y el mismo pensamiento socialista, no están aprendiendo con todas estas grandes diversidades. Yo trabajé en un proyecto en Colombia, Brasil, India, Mozambique y Sudáfrica, donde pude saber cómo, por ejemplo, 600 mujeres organizaron una cooperativa y abastecen de pollo a la ciudad de Maputo, la capital de Mozambique. Ellas dijeron: Nosotras no queremos aquí el pollo neoliberal, industrial, de Sudáfrica. Vamos a producir, nosotras las mujeres, un pollo de mejor calidad, que es nuestro, y al mismo precio. Presentaron la iniciativa y el presidente aceptó. Esas son las experiencias sociales que están contando en el mundo. Es de eso que estoy dando cuenta. Ahí está, como ves, el intelectual, que es facilitador y te permite conocer esto. No inventé estas teorías, la gente las está inventando.

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