Año IV
La Habana
2006

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Apoteosis fílmica del Extremo Oriente
Joel del Río La Habana


Extraordinario ha sido el auge que durante 2005, y de seguro a lo largo del presente año, disfrutan las tres cinematografías chinas: la propiamente nacional, la de Hong Kong y la taiwanesa. En propiedad debiera hablarse del nuevo boom ante el público occidental, porque el verdadero auge lo vienen experimentando desde hace por lo menos una década.

Si en los años 60 y 70 el cine chino, y el de Hong Kong, se caracterizaba por su baja calidad, el extremo didactismo y las variantes más estólidas del realismo socialista, por un lado, y por el otro, el comercialismo más burdo y adocenado, desde mediados de los 80 en el triángulo que conforman Pekín-Hong Kong y Taipei se viene produciendo el cine más atrayente, intenso, completo y sugestivo de esta época. Hablaremos solamente de los títulos conocidos en Cuba durante 2005, pues de lo contrario serían necesarias muchas pantallas de Word para dar cuenta de un fenómeno poco conocido en Cuba, pero al cual se van integrando lentamente los cinéfilos de la Isla.

A la hora de seleccionar las mejores películas del año, como se hace cada vez que transcurren 365 días, los críticos cubanos no tuvimos más remedio que elegir cinco asiáticas en un conjunto de diez producciones. Aparte de los títulos procedentes de Japón y Corea del Sur, que no importa mencionar ahora, quedaron en la selección dos filmes chinos: La casa de las dagas voladoras, el más delirante y preciosista trance cinematográfico que puedan imaginar los amantes del cine de aventuras, y 2046, un melodrama de ciencia ficción, casi inclasificable por lo sorprendente y original de su narrativa y de su estilo. Los directores de ambos filmes, Zhang Yimou y Wong Kar Wai son probablemente los cineastas más inauditos, innovadores, versátiles y expresivos que están trabajando ahora mismo en el mundo. En los últimos tres lustros han ofrecido pruebas elocuentes sobre sus inmensas posibilidades para pulsar, con extraordinaria destreza, cualquier cuerda o género.

No vaya a creer algún despistado que a los críticos cubanos nos dio un ataque de esnobismo exotista. En el más reciente Festival de Venecia, el máximo premio León de Oro fue entregado a Brokeback Mountain, una historia de amor gay ambientada en el oeste norteamericano durante los años 60 y 70, dirigida por Ang Lee, un nativo de Taiwán que estudió en Nueva York, y que ha realizado con igual tino perlas occidentales (Sentido y sensibilidad, Tormenta de hielo) y orientales (Banquete de bodas; Comer, beber, amar; Tigre y dragón). La inauguración de ese mismo Festival se confió a la superproducción épica, Siete espadas, financiada entre China y Hong Kong y dirigida por Tsui Hark, un amante de recrear leyendas, mitos y atávicas historias de corte fantástico. Además, otra de las películas más elogiadas en competencia, aunque no alcanzó premios mayores, fue la muy romántica Everlasting Regret, de Stanley Kwan, director también de Hong Kong que decidió pasarle revista en este filme a la convulsa historia de su país, entre 1947 y 1981, a través de los fracasos amorosos de una dama de Shangai.

La casa de las dagas voladoras

En el Festival de San Sebastián también cedieron a la “moda”. (Casi ningún concurso fílmico de los últimos tres o cuatro años se abstiene de premiar algún filme chino). Le otorgaron los premios de mejor dirección y fotografía a Sunflower, dirigida por Zhang Yang y fotografiada por Jong Lin, con el relato pormenorizado y costumbrista de la evolución de la sociedad china en las últimas tres décadas vista a través de una humilde familia de Pekín. Yang es el realizador de La ducha (1999) y de Renuncia (2001), en las cuales también se acercaba a las contradicciones entre un país empeñado en modernizarse sin dejar atrás ciertas tradiciones caras al espíritu e identidad nacional. Entre las producciones más exitosas de este año de la China continental se encuentra La promesa, que representa al país ante jurados como el Oscar y el Globo de Oro. El veterano Chen Kaige —Adiós a mi concubina, El emperador y el asesino— dirige y escribe La promesa, una superproducción épica con algo de fantástico y mucha acción, que narra la historia de amor que surge entre una concubina real y un esclavo, y que se convirtió en la más ambiciosa producción cinematográfica en la historia de la República Popular China, con su presupuesto de 35 millones de dólares, seis meses de rodaje y más de un millar de extras, la mayoría soldados. La promesa ha batido todos los récords de exhibición en tanto ha llevado 50 millones de dólares a las taquillas nacionales en solo unas cuantas semanas de exhibición, de modo que desbancó incluso a la película más taquillera de todos los tiempos en China, la norteamericana Titanic.

Chen Kaige, luego de convertirse en líder de la famosa Quinta Generación del cine chino, probó suerte en Norteamérica con Killing me Softly —con Heather Graham y Joseph Fiennes— pero ahora se muestra mucho más interesado en continuar rodando en su país, donde además no tiene ningún problema para encontrar productores, según ha declarado recientemente a la revista Hollywood Reporter: “No me resulta difícil conseguir dinero de inversores privados chicos y garantizarles como mínimo un diez por ciento de rentabilidad. En mi país, cada vez más compañías privadas se interesan en el negocio del entretenimiento, y mucha gente con mucho dinero quiere participar”.

2046

El otro nombre esencial en el cine de China continental es Zhang Yimou —capaz de estrenar todos los años una y hasta dos películas, dentro de los más diversos géneros, tonos y aspiraciones— que acaba de dar a conocer su nuevo filme Riding Along For Thousands of Miles —Cabalgando solo por miles de millas—, una historia protagonizada por el veterano actor japonés Takakura Ken. La obra fue realizada gracias al empeño del realizador de Héroe, La casa de las dagas voladoras, Largo camino a casa y Ni uno menos, por rodar un filme que contara la vida de un pescador en largo viaje para cumplir el último deseo de su agonizante hijo: viajar hasta China y descubrir allí el secreto de una ópera. No bien ha terminado este filme, y Zhang Yimou ya se encuentra de lleno en la producción de Autumn Remembrance, que marcará su reencuentro con Gong Li, quien protagonizara casi todas sus películas en los años 90, como Sorgo rojo, Esposas y concubinas, Vivir y Triada de Shanghai. Gong Li forma pareja con Chow Yun-Fat, la estrella masculina de Tigre y dragón.

Pero no todo en el boom actual del cine chino está marcado por esas producciones históricas y de aventuras legendarias, vistosas y románticas. El mismo Zhang Yimou está trabajando en un proyecto que podría unir finalmente en la gran pantalla a las dos estrellas más reconocidas del cine de artes marciales: Jackie Chan y Jet Li, con el cual ya trabajó en Héroe. Por otra parte, en Hong Kong, Peter Chan probó en el cine musical con su título Perhaps Love, un melodrama que según afirman muchos críticos es totalmente superior a la muy elogiada Moulin Rouge, y es el primer título chino, en 35 años por lo menos, que se atreve a contar su historia valiéndose de canciones y bailes. Y finalmente, el reconocido cineasta taiwanés Tsai Ming-liang se inclinó por el desborde erótico en The Wayward Cloud, donde retoma personajes de sus filmes anteriores para unirlos en una historia de amor contemporánea, narrada de forma muy irreverente y sensual, haciendo converger el cine musical y el pornográfico.

La casa de las dagas voladoras

Aparte de las películas propiamente realizadas en China, el talento de ese país también se está infiltrando en producciones occidentales. Por ejemplo, la muy elogiada Memorias de una geisha, uno de los filmes más aclamados del año, dirigido por el realizador de Chicago, Rob Marshall, lleva en sus protagónicos a tres grandes divas del cine chino —lo cual no ha dejado de molestar a ciertos sectores nacionalistas de la opinión pública japonesa— Ziyi Zhang, joven de 26 años, que ganó fama con Tigre y dragón, y luego confirmó su talento en La casa de las dagas voladoras y 2046; Michelle Yeoh y Gong Li, ambas muy conocidas dentro y fuera del universo chino.

Estos son algunos de los títulos que más resuenan en el éxito mundial de una cinematografía nacida en 1905, con la ópera filmada Monte Ding Jun, y que 60 años después estaba paralizado casi por completo por los designios de la política maoísta del “gran salto adelante”, en la cual se condenaba más o menos explícitamente una actividad tan pequeño burguesa, intelectual y poco obrero-campesina como hacer cine. Pero en los años 80, junto con los nuevos aires que arribaron a la sociedad, surgió una nueva ola de cineastas en Hong Kong, Taiwán y en China continental, que está alcanzando ahora su plenitud creativa y que ha generado, por supuesto, una corte de seguidores y discípulos.

 

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