|
En la carta del 18 de
febrero del mismo año reitera lo difícil de conseguir un
trabajo fijo y bien remunerado. Recuerda el cumpleaños
del padre y el hermano Osmany. Le preocupa la captura de
decenas de cubanos que como él estaban ilegales,
pensando que de un momento a otro le puede suceder lo
mismo. Hace mención de que el día de su cumpleaños, el 6
de febrero, recibió algunos presentes. Al final, se
refiere a sus posibilidades para desempeñarse como
pelotero:
“Estoy haciendo gestiones con un conocido que trabajó
conmigo y que tiene relaciones con equipos de Base ball,
a ver si puedo jugar pelota por aquí, yo creo que no me
será difícil (modestia aparte), pero tendría que hacer
un viaje a Florida o Boston, a “Massachussert”, pero eso
no puede ser, pues la cosa está muy mala como para dejar
el trabajo (...)”
Además, agregamos nosotros, en su condición de
ilegal, no hubiera sido aceptado.
Con fecha 20 del mismo mes y año, escribe a los gerentes
de la sastrería El Arte en La Habana, donde trabajaba
antes de salir de Cuba, se excusa por la demora del pago
de una deuda por la ropa adquirida para hacer el viaje y
a la vez les envía un giro por el importe. Entre otras
cosas escribe:
(2)
“(…) Diez meses hace que salí de mi Patria, en busca de
bienandanzas, como el Quijote, y todavía no se han
borrado de mi mente mis últimas palabras, palabras nada
más, con las cuales prometía pagar esa cuenta, pero...
palabras que no olvidaría fácilmente, "más fácil sería
dejar de respirar (...)
Ya realizada esta operación podré sentirme
verdaderamente tranquilo, sabiendo que esa mancha que
sobre mi apellido pesaba, materialmente está borrada,
aunque no limpia del todo moralmente «que es lo que más
interesa», pues lo indicado y justo hubiera sido el
haberla liquidado el mismo día de dejar esa casa, pero
en aquellos momentos, queriendo huir lo más pronto
posible de "mis fracasos", me fue completamente
imposible”.
Es lo anterior una muestra de honestidad, inculcada
por sus padres que dieron a sus hijos una sólida
educación integral.
RAFAEL: “Otra vez sin empleo y con los agentes de
Inmigración rondando, decidimos partir hacia San
Francisco, donde llegamos a principios de julio. La
primera noche la pasamos en el hotel Pickwick. Al día
siguiente alquilamos un cuarto con dos camas en la calle
Utah y 24, en un barrio donde vivían muchos latinos.
Comíamos en un restaurante cercano, nombrado Caleta, que
era propiedad de una mexicana llamada Sixta Radilla y su
hermano Rufino, quienes hicieron amistad con nosotros,
hasta el punto de ofrecer la garantía de trabajo ante
las autoridades norteamericanas, uno de los requisitos
para poder realizar nuestro segundo viaje a ese país, en
1956.
(3)
Nuevamente fue Camilo el primero en conseguir
trabajo. Comenzó de camarero en el hotel Fairmont. Yo
concurría los mediodías al lugar, me sentaba, y,
enseguida venía Camilo con café con leche, tostadas con
mantequilla y emparedados, que, por salir "gratis",
ayudaba a aliviar nuestras penurias económicas.
Con posterioridad Camilo consiguió un nuevo empleo en la
Atlas Universal Service, como pulidor y pintor de
estructuras de ventanas y puertas de hierro. Este
trabajo era mejor pagado que el anterior y yo ya
laboraba en un restaurante, por lo que decidimos dejar
el cuarto donde vivíamos y mudarnos para un apartamento,
en la calle Florida, entre 21 y 22. Incluso, para
aumentar sus ingresos, Camilo estuvo como dos meses
trabajando extra, por las noches, como mozo de limpieza,
pues necesitaba comprarse ropa y poder ayudar más a su
familia.
Debido a que en este Estado no existían organizaciones
patrióticas de exiliados en aquellos momentos, y que
José Antonio se había mudado y desconocíamos su nueva
dirección, Camilo se vio limitado en sus actividades
patrióticas durante su estancia en San Francisco. No
obstante, siempre existió en él una preocupación
constante por informarse acerca de la situación en Cuba,
mediante la prensa y todo tipo de fuente informativa.
(4)
Cerca de
donde vivíamos existía un parque deportivo, el Ralph
Park, donde se jugaba pelota. Camilo se compró un guante
y unos spikes. Los domingos nos reuníamos un grupo
--mexicanos, nicaragüenses, americanos, salvadoreños--;
unos, compañeros de trabajo; otros, conocidos, y
formábamos nuestros piquetes. Recuerdo que, creo que a
finales de 1954, un día Camilo paseaba con dos conocidos
latinos. Uno de ellos tuvo una discusión con dos
individuos que estaban parados en una esquina y Camilo
intervino, pues se habían ido a las manos. Sucedió que
sus acompañantes lo dejaron solo, y tuvo que enfrentarse
con los individuos en condiciones desventajosas”.
En julio de 1954, abandonan San Francisco; se encuentran
de nuevo en New York; desde allí Camilo escribe a sus
padres, siempre con su acostumbrada jocosidad:
“New York 15/7/54
(…) No sé si ahí
estarán como yo, con un calor que no lo aguantan ni los
caballos; hace dos horas me levanté y ya me he tomado 16
cocacolas (sic) y 31 vasos de agua.
(5)
Escribo hoy
desde casa de Téllez, hace 2 días estoy aquí; como
sabrán, no pude ver a Norma, pues ya se fue, yo creí que
estaría aquí, pero se fue (…)
Ustedes
conocen, pues ya se lo había dicho, de mi deseo de hacer
ese viaje, donde estaba estaré como no estaré en ningún
otro lugar en este país, pero dondequiera yo me pego
como un buey y me querrán igual; éste es el mejor tiempo
para irse y como “irse” es correlativo, lo repito, me
fui. Si no lo hacemos ahora, no lo hubiéramos hecho
maybe, quizás, no lo hubiéramos hecho nunca. Como dice
el gordo José, hay que aprovechar los bríos
juveniles.
Ya me estoy poniendo
viejo y tengo que aprovechar los pocos años juveniles
que me quedan. Aunque más vale “viejo joven que joven
viejo”, cojan ésa, filósofos.
Nuestra primera
parada será San Francisco, después iremos a Los Ángeles,
Hollywood. Tengo pensado en la Meca del cine filmar mi
primera película en 3. D. (tercera dimensión). ¿Qué les
parece? ¿O les gustaría más verme en Cinemascope?
Después de filmar, iremos de ciudad en ciudad: San
Diego, Sacramento, Las Vegas, y antes de nuestro regreso
a nuestra pequeña ínsula, como ya les dije en diciembre,
queremos ir a México. Creo que no será difícil, si no me
dan permiso, lo tomaré por mí mismo; creo el río no es
muy Grande ni muy ancho; ahí estaremos de vacaciones
solamente una semana, viendo las incomparables bellezas
de ese país: Monterrey, Guadalajara, México City, o les
mandaré una postal desde Acapulco.
(6)
Tengo
que hacer las maletas y guardar plenty yanquería
(basuras), no sé qué haré con ellas pues no pienso
regresar a esta ciudad (...)
CAMILO”
Nos contó Rafael que
durante el viaje, Camilo le escribe a sus padres, pues
decía que mantener esa correspondencia era como estar en
su querida Cuba y junto a los suyos:
“Kansas City
15/7/54 1
(…) Acabamos de
arribar a esta bonita ciudad de Kansas un poco kansados;
después de 7 horas de viaje, nos apeamos 10 minutos, nos
tomamos un cafecito con leche y no tuvimos tiempo de
poner ni una tarjetica, dentro de 5 horas estaremos en
San Francisco, California.
Tengo que aguantar
ahora a Rafles, que quiere decirle al nuevo piloto que
si se apaga una lucecita en la pizarra, dice él, que ya
sabe manejar avión. Yo no lo dudo, estamos sentados en
el primer asiento.
(7)
Aquí todo
es gratis. Cuando lleguemos nos vamos a quejar del
inmisericordio servicio que nos están dando, nos han
tirado a cáscara de caña, nos prometieron desde café
hasta pollo frito, y lo único que nos han dado ha sido 1
chicle de a kilo, el café no nos interesa pero el pollo
o me lo dan o me tiro del avión.
Bueno, nos fuimos (…)
CAMILO
P. D.
Nos acaban de dar otro chiclecito y van $0.02.
1 Debe ser 16, no 15. |