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El Cuento:
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Las
notas falsas
Es ingeniera
informática, y ha escrito una novela
—Silencios— de
una inesperada sobriedad, de una sobriedad que puede,
incluso, ser una trampa, enmascararse en la rudeza, y no
emerger hasta mucho rato después, pero se sabe que está
allí. Karla Suárez nació en La Habana en 1969, y reside
en París. La editorial Letras Cubanas le publicó en 1999
el libro de cuentos
Espuma, que
más tarde apareció en la colombiana Norma. Con
Silencios ganó
el premio de la editorial Lengua de Trapo el propio año
de 1999. Es autora, además de
Carroza para actores
(2001).
Alguien ha dicho
que los escritores-machos, a lo Hemingway, o los
escritores-hembras, a lo Colette, pueden llegar a
dejarnos insatisfechos debido, entre otras cosas, a
ciertos tics implícitos en sus propósitos, a la
postre exclusivistas. Te pido que definas a la
escritora con total conciencia de género, sin
dejarte provocar por los discípulos de Harold Bloom.
Sinceramente no soy
muy amiga de dar definiciones y para tener total
conciencia de género me basta mirarme al espejo. Veo a
una mujer que es lo que soy desde que nací y como tal
vivo y hago todas las cosas. La literatura, por supuesto
que no escapa a esto, creo que cada cual escribe desde
lo que es, desde su experiencia personal, con la ventaja
de que este oficio te permite usar diferentes pieles y
transformarte en muchos personajes. Lo que sucede es que
como históricamente el mundo ha pertenecido a los
hombres y la incorporación de la mujer a determinadas
actividades ha sido un fenómeno lento, entonces es
prácticamente imposible que se hable de un libro escrito
por una mujer sin detenerse en su género. Me sorprende,
por ejemplo, que cuando un escritor hombre crea un
personaje femenino se hable de literatura, sin embargo
cuando lo hace una mujer, con todos los detalles de su
mundo, entonces se habla de literatura femenina y esto,
desgraciadamente, en muchos casos equivale a decir
literatura menor. Aún así no creo que el modo de
defenderse de esta definición sea con un discurso
reivindicativo de género. Te repito, cada cual escribe
desde lo que es y al ser ambos géneros diferentes, pues
ofrecen visiones diferentes del mundo. En mi caso, de
veras que nunca empiezo a escribir pensando: «Soy una
mujer»; yo cuento las historias que se me ocurren,
simplemente, lo que me interesa en ese momento, a veces
tiene que ver con mujeres, otras con hombres, pero es
que ambos estamos en el mundo y la literatura ofrece la
libertad del desdoblamiento, de abrirle las puertas a
todos nuestros pensamientos. Lo importante, al final, es
que exista una historia bien contada.
¿Cómo se las arregla
una escritora cubana —habanera— en París?
París es una ciudad
muy interesante, es hermosa, a veces un tanto fría para
un temperamento caribeño, llena de lugares y rincones
que se han convertido en punto de referencia de
generaciones, es una ciudad que ofrece muchas
posibilidades, aunque todo te lo cobra y muy caro, pero
en París puedes sentirte en el mundo, quiero decir, aquí
encuentras gente de todas partes y es muy curioso,
porque me pasa que cada vez que voy a algún lugar
tropiezo con extranjeros perfectamente integrados, que
antes vivieron en otro país que no es el de nacimiento y
eso me parece maravilloso, sinceramente, en el tiempo
que llevo aquí lo que menos he conocido son franceses.
Tengo que decirte, además, que una de las cosas que más
me ha sorprendido es que en París y en Francia en
general existen muchas ayudas y becas para los
escritores, o sea que hay apoyo a la creación literaria,
cosa que en mi caso ha sido fundamental. ¿Cómo me las
arreglo? Pues como todo el mundo, tratando de sacar lo
mejor que la ciudad ofrece, ahorrando, aunque en eso
tengo experiencia, y aprovechando todas las
oportunidades para seguir escribiendo. Si alguna vez me
siento triste puedo visitar la tumba de Cortázar para
pedirle consejos o caminar por el barrio latino, que es
hermoso, lleno de cafés que invitan a soñar, claro que
la tristeza se te quita en cuanto te traen la cuenta y
entonces, París, me levanto y te regalo la mejor de mis
sonrisas.
En los cuentos de
Espuma,
pareciera que se busca aislar lo menos cotidiano de lo
cotidiano. Tú no te vas a otra parte que no sea el mismo
entorno ciudadano que tanto apreciábamos la mayoría,
pero lo sometes a un regateo un tanto onírico que me
resulta sorpresivo. La obviedad es allí modelada con una
especie de tensión en la que vibra una sensualidad
lenta, lentísima, que nos lleva y nos trae de los
suburbios del Hombre, para decirlo con una imagen que
sé rugosa, shakespeareana, romántica. Alguien empecinado
en seguir por este camino, verá algo similar en tu
novela
Silencios.
¿Qué significa la realidad y qué te interesa de ella?
Ante todo, gracias
por lo que dices de Espuma.
Para mí escribir, entre otras cosas, es inventar una
realidad distinta, crear mundos y darle piel, por
decirlo de algún modo, a personas que no existen fuera
del papel. Es, además, reflexión, tomar un tema y
desmenuzarlo, jugar con todas las hipótesis, y vivir al
mismo tiempo las dos o más partes de un conflicto, cosa
que es imposible en la vida cotidiana. De la realidad me
interesa todo, pero partiendo de las personas, del
individuo x
que será protagonista de la historia, quiero decir que
no es el entorno, no es una situación histórica
particular lo que me interesa, sino quienes la viven, la
pequeña historia dentro de la Historia.
Por desgracia, en no
pocas ocasiones las editoriales extranjeras condicionan
la publicación de un autor cubano al viaje a ciertos
lugares comunes, de tipo argumental, se entiende, lo que
nos singularizaría de modo inverso a lo que a veces uno
prefiere. Quizás ya se vislumbre el final por
agotamiento de esa práctica, pero todavía sobran los
ejemplos de, digamos, peticiones de enfocar
políticamente el material de ficción. ¿Cómo son tus
relaciones con las editoriales?, y si la pregunta te
parece demasiado generalizadora, entonces, ¿cómo han
sido con aquellas que ya han publicado tus originales?
Tienes razón, desgraciadamente, en muchas ocasiones
cuenta más que el manuscrito hable de Cuba que la
calidad del texto. Y si cuenta más es porque es mucho
más fácil presentar y vender a un escritor cubano que
hable de la dura realidad cubana, que a un escritor que
quiere simplemente contarte una historia. Esto,
atención, no solo les pasa a los cubanos, el mercado
dicta leyes y modas y echa a girar la ruleta. Por una
parte, esta es una situación muy incómoda, porque limita
la libertad del escritor, su capacidad de inventar
mundos y contar lo que le dé la gana, pero por otra
parte, y creo que es justo señalarlo, ha sido
precisamente la «moda cubana» lo que ha permitido que
otras voces encontraran espacio, porque en este mundo
lleno de escritores con manuscritos sin editar, ser
cubano puede abrirte las puertas que a otros le están
bien cerradas. Luego todo depende de cada cual, claro,
de cuánto aceptes o no ser manipulado, pero ya eso es
una elección del escritor. En mi caso, hasta el momento,
no puedo quejarme, mi primera novela se publicó en cinco
países, pero era una historia muy cubana, ahora estoy
con la segunda novela, que no se desarrolla en Cuba y ya
tengo dos traducciones. De veras que no me quejo, porque
además, he tenido la suerte de encontrar algunos
editores con los que, a partir del trabajo, ha nacido la
amistad. Lo que sí me apena es que aún no he conseguido
traducir mis libros de cuentos: por razones que no logro
comprender casi nadie quiere publicar cuentos, pero yo
los seguiré escribiendo.
El Cuento:
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Las
notas falsas
Entrevista
aparecida en la antología de cuentos Conversación con
el búfalo blanco de la Editorial Letras Cubanas con
edición y corrección de Rogelio Riverón. |