Año IV
La Habana

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- 13 ENERO de 2006

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Entrevista con Karla Suárez
Cada cual escribe desde lo que es
Rogelio Riverón
La Habana


El Cuento: Las notas falsas

Es ingeniera informática, y ha escrito una novela —Silencios— de una inesperada sobriedad, de una sobriedad que puede, incluso, ser una trampa, enmascararse en la rudeza, y no emerger hasta mucho rato después, pero se sabe que está allí. Karla Suárez nació en La Habana en 1969, y reside en París. La editorial Letras Cubanas le publicó en 1999 el libro de cuentos Espuma, que más tarde apareció en la colombiana Norma. Con Silencios ganó el premio de la editorial Lengua de Trapo el propio año de 1999. Es autora, además de Carroza para actores (2001).

Alguien ha dicho que los escritores-machos, a lo Hemingway, o los escritores-hembras, a lo Colette, pueden llegar a dejarnos insatisfechos debido, entre otras cosas,  a ciertos tics implícitos en sus  propósitos, a la postre exclusivistas. Te pido que definas a la escritora con total conciencia de género, sin dejarte provocar por los discípulos de Harold Bloom.

Sinceramente no soy muy amiga de dar definiciones y para tener total conciencia de género me basta mirarme al espejo. Veo a una mujer que es lo que soy desde que nací y como tal vivo y hago todas las cosas. La literatura, por supuesto que no escapa a esto, creo que cada cual escribe desde lo que es, desde su experiencia personal, con la ventaja de que este oficio te permite usar diferentes pieles y transformarte en muchos personajes. Lo que sucede es que como históricamente el mundo ha pertenecido a los hombres y la incorporación de la mujer a determinadas actividades ha sido un fenómeno lento, entonces es prácticamente imposible que se hable de un libro escrito por una mujer sin detenerse en su género. Me sorprende, por ejemplo, que cuando un escritor hombre crea un personaje femenino se hable de literatura, sin embargo cuando lo hace una mujer, con todos los detalles de su mundo, entonces se habla de literatura femenina y esto, desgraciadamente, en muchos casos equivale a decir literatura menor. Aún así no creo que el modo de defenderse de esta definición sea con un discurso reivindicativo de género. Te repito, cada cual escribe desde lo que es y al ser ambos géneros diferentes, pues ofrecen visiones diferentes del mundo. En mi caso, de veras que nunca empiezo a escribir pensando: «Soy una mujer»; yo cuento las historias que se me ocurren, simplemente, lo que me interesa en ese momento, a veces tiene que ver con mujeres, otras con hombres, pero es que ambos estamos en el mundo y la literatura ofrece la libertad del desdoblamiento, de abrirle las puertas a todos nuestros pensamientos. Lo importante, al final, es que exista una historia bien contada.

¿Cómo se las arregla una escritora cubana —habanera— en París?

París es una ciudad muy interesante, es hermosa, a veces un tanto fría para un temperamento caribeño, llena de lugares y rincones que se han convertido en punto de referencia de generaciones, es una ciudad que ofrece muchas posibilidades, aunque todo te lo cobra y muy caro, pero en París puedes sentirte en el mundo, quiero decir, aquí encuentras gente de todas partes y es muy curioso, porque me pasa que cada vez que voy a algún lugar tropiezo con extranjeros perfectamente integrados, que antes vivieron en otro país que no es el de nacimiento y eso me parece maravilloso, sinceramente, en el tiempo que llevo aquí lo que menos he conocido son franceses. Tengo que decirte, además,  que una de las cosas que más me ha sorprendido es que en París y en Francia en general existen muchas ayudas y becas para los escritores, o sea que hay apoyo a la creación literaria, cosa que en mi caso ha sido fundamental. ¿Cómo me las arreglo? Pues como todo el mundo, tratando de sacar lo mejor que la ciudad ofrece, ahorrando, aunque en eso tengo experiencia, y aprovechando todas las oportunidades para seguir escribiendo. Si alguna vez me siento triste puedo visitar la tumba de Cortázar para pedirle consejos o caminar por el barrio latino, que es hermoso, lleno de cafés que invitan a soñar, claro que la tristeza se te quita en cuanto te traen la cuenta y entonces, París, me levanto y te regalo la mejor de mis sonrisas.

En los cuentos de Espuma, pareciera que se busca aislar lo menos cotidiano de lo cotidiano. Tú no te vas a otra parte que no sea el mismo entorno ciudadano que tanto apreciábamos la mayoría, pero lo sometes a un regateo un tanto onírico que me resulta sorpresivo. La obviedad es allí modelada con una especie de tensión en la que vibra una sensualidad lenta, lentísima, que nos lleva y nos trae de los suburbios del Hombre, para decirlo con una imagen que sé rugosa, shakespeareana, romántica. Alguien empecinado en seguir por este camino, verá algo similar en tu novela Silencios. ¿Qué significa la realidad y qué te interesa de ella?

Ante todo, gracias por lo que dices de Espuma.

Para mí escribir, entre otras cosas, es inventar una realidad distinta, crear mundos y darle piel, por decirlo de algún modo, a personas que no existen fuera del papel. Es, además, reflexión, tomar un tema y desmenuzarlo, jugar con todas las hipótesis, y vivir al mismo tiempo las dos o más partes de un conflicto, cosa que es imposible en la vida cotidiana. De la realidad me interesa todo, pero partiendo de las personas, del individuo x que será protagonista de la historia, quiero decir que no es el entorno, no es una situación histórica particular lo que me interesa, sino quienes la viven, la pequeña historia dentro de la Historia.  

Por desgracia, en no pocas ocasiones las editoriales extranjeras condicionan la publicación de un autor cubano al viaje a ciertos lugares comunes, de tipo argumental, se entiende, lo que nos singularizaría de modo inverso a lo que a veces uno prefiere. Quizás ya se vislumbre el final por agotamiento de esa práctica, pero todavía sobran los ejemplos de, digamos, peticiones de enfocar políticamente el material de ficción. ¿Cómo son tus relaciones con las editoriales?, y si la pregunta te parece demasiado generalizadora, entonces, ¿cómo han sido con aquellas que ya han publicado tus originales?

Tienes razón, desgraciadamente, en muchas ocasiones cuenta más que el manuscrito hable de Cuba que la  calidad del texto. Y si cuenta más es porque es mucho más fácil presentar y vender a un escritor cubano que hable de la dura realidad cubana, que a un escritor que quiere simplemente contarte una historia. Esto, atención, no solo les pasa a los cubanos, el mercado dicta leyes y modas y echa a girar la ruleta. Por una parte, esta es una situación muy incómoda, porque limita la libertad  del escritor, su capacidad de inventar mundos y contar lo que le dé la gana, pero por otra parte, y creo que es justo señalarlo, ha sido precisamente la «moda cubana» lo que ha permitido que otras voces encontraran espacio, porque en este mundo lleno de escritores con manuscritos sin editar, ser cubano puede abrirte las puertas que a otros le están bien cerradas. Luego todo depende de cada cual, claro, de cuánto aceptes o no ser manipulado, pero ya eso es una elección del escritor. En mi caso, hasta el momento, no puedo quejarme, mi primera novela se publicó en cinco países, pero era una historia muy cubana, ahora estoy con la segunda novela, que no se desarrolla en Cuba y ya tengo dos traducciones. De veras que no me quejo, porque además, he tenido la suerte de encontrar algunos editores con los que, a partir del trabajo, ha nacido la amistad.  Lo que sí me apena es que aún no he conseguido traducir mis libros de cuentos: por razones que no logro comprender casi nadie quiere publicar cuentos, pero yo los seguiré escribiendo.

El Cuento: Las notas falsas

Entrevista aparecida en la antología de cuentos Conversación con el búfalo blanco de la Editorial Letras Cubanas con edición y corrección de Rogelio Riverón.

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