Año IV
La Habana

24
- 30 de DICIEMBRE
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2005

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Fervientes banderas de Jorge Sanjinés
Joel del Río La Habana


Alrededor de 23 años contaba Jorge Sanjinés en 1959, cuando regresó a Bolivia luego de cursar estudios cinematográficos en la Escuela Fílmica de Santiago de Chile. Poco después de su arribo, crea el grupo Kollasuyo, junto a Oscar Soria y Ricardo Rada. A modo de práctica, Sanjinés realiza su primer corto, Sueños y realidades, sobre la lotería. En una cinematografía tan deprimida y esporádica como la boliviana, solo podía pensar en hacer documentales, y a ello se dedicó, junto a Oscar Soria, en Revolución (1963) y Aysa (1965), indagaciones muy conectadas con las técnicas testimoniales y de improvisación del free cinema británico, el cinema verité de Jean Rouch, el direct cinema norteamericano y la documentalística cubana (principalmente Santiago Álvarez) para poner en pantalla la situación del obrero y del indígena boliviano, su miseria e ignorancia, así como para denunciar los desmanes de los militares y los burgueses contra los humildes y desposeídos.

Denominado por algunos “el Potemkin de Sanjinés”, Revolución concentra su influencia eisensteiniana en algo más de diez minutos, sirviéndose solo de imágenes montadas con extrema agudeza, para brindar un resumen de la historia boliviana, del indoblegable espíritu popular y de las represiones que se suceden sin pausa. Aysa emplea también libreto de Soria, y recurre a la expresividad de las imágenes sin demasiada elaboración sobre el tema minero.

Ukamau (Así es, 1966) es el primer largometraje del mundo hablado en aymará, representa el debut de Sanjinés en el largometraje de ficción, y también simboliza la reflexión honesta y lúcida sobre la difícil convivencia entre las culturas india y criolla de origen europeo, uno de los grandes temas de toda su filmografía. Ukamau se llamaría también el colectivo cinematográfico encabezado por el propio Sanjinés, quien fundaría de esta manera el núcleo originario del cine boliviano en los años sesenta, aunque solo a partir de 1979 es que se exhibe en Bolivia el cine de Sanjinés, y el realizado por los miembros de su grupo, pues la censura los prohibiría de manera estricta. Fue la Cinemateca boliviana la que en 1979 exhibió una retrospectiva del cineasta, sobre todo de los primeros filmes, los demarcadores de un nuevo diálogo con el público a partir del compromiso político, y del cuestionamiento del subdesarrollo, la desigualdad, el racismo y el neocolonialismo.

Yawar Mallku (Sangre de cóndor, 1969) marcó la verdadera revelación internacional del cineasta y del grupo Ukamau, convertidos de inmediato en uno de los pilares del cine iberoamericano y tercermundista. De estilo conciso, espontáneo y suprarrealista, buscó la recreación cinematográfica del tempo y de los iconos de las culturas mayoritarias en Bolivia: los quechuas y aymarás. Sangre de condor fue la primera película hablada en quechua, y denunciaba la masiva esterilización de mujeres campesinas por miembros del llamado Cuerpo de Paz.

Otra obra mayor fue El coraje del pueblo (1971) donde el componente didáctico se superpone al fervor militante, en el abandono casi total de los métodos narrativos y representacionales típicos de las cinematografías desarrolladas. Reconstrucción histórica que documenta la represión, y creó un modelo de cine latinoamericano popular y revolucionario, de recreación de la memoria colectiva, El coraje del pueblo fue la primera película en colores que realizó Sanjinés, y relataba los hechos que rodearon la masacre de San Juan, registrada en junio de 1967, y que provocó el asesinato de decenas de mineros. El testimonio de los sobrevivientes sustituye el guión de ficción previamente elaborado, mientras que se intenta vincular la matanza del 67 con una larga cadena de sucesos parecidos, acontecidos durante la vida republicana de Bolivia.

La coralidad que regularmente caracterizan el cine de Sanjinés, así como el héroe colectivo, y cierta intención panfletaria y anticomercial, apoyada en la crudeza y en explicitar los conflictos convierten a Sangre de cóndor y El coraje del pueblo en obras dirigidas a la satisfacción del público boliviano con menores posibilidades económicas y menor información. Este público se mostraba ávido de ver reflejados sus problemas, y sobre todo de una forma austera, directa, que buscaba los actores no profesionales, y utilizaba los recursos imprescindibles. Ambos filmes convertían la simplicidad y el descuido en recursos válidos para acercarse a la historia reciente y a la cultura autóctona, en franco proceso que aspiraba a homologar autorreconocimiento con descolonización, al tiempo que se conformaba un lenguaje cinematográfico propio, a cordilleras de distancia de Hollywood.

En 1973, a consecuencia del golpe militar, Sanjinés debe marchar al exilio, y así rueda en Perú, El enemigo principal (1973) y en Ecuador, ¡Fuera de aquí! (1977). Lejos de su país, transitó hacia formas más narrativas y convencionales, y hacia dramaturgias propias de las costumbres perceptivas de sus nuevos destinatarios: los campesinos de las culturas quechuas y aymará.

No es hasta 1984 que Sanjinés consigue regresar a Bolivia. Luego del exilio, se había convencido de la importancia de la distribución y circulación trasnacional. Su cine se había convertido, junto con los filmes de muchos otros realizadores del llamado Nuevo Cine Latinoamericano, en ejemplos de que el desplazamiento geográfico y cultural contribuía al descentramiento de los puntos de vista sobre identidad, idea de nación, diferencia y otredad. En 1984 emprende, junto a su compañera y aliada en todos sus proyectos, Beatriz Palacios, la realización del largometraje documental Banderas del amanecer, minucioso recorrido por los dramáticos y últimos años de la historia nacional, al tiempo que intento de alertar a la conciencia colectiva sobre la esperanza que siempre representan los movimientos justicieros y genuinamente populares.

La crisis global del fenómeno cinematográfico lo obligó a largo paréntesis, hasta 1989 cuando realiza su séptimo largometraje: La nación clandestina, que obtendría la Concha de Oro en San Sebastián y el Premio Especial del Jurado en La Habana. El filme se articula sobre la historia de Sebastián, campesino que emigró a la ciudad y sirvió a los cuerpos represivos de los déspotas de turno, al tiempo que intentaba borrar su identidad y sus raíces. Sebastián regresa a su comunidad y a sus orígenes, donde bailará hasta morir la vieja danza ritual expiatoria de sus culpas, ofrenda ceremonial a la comunidad.

En 1995 se estrena Para recibir el canto de los pájaros, donde se traza un paralelo entre el momento de la conquista española y los prejuicios discriminatorios actuales. Este paralelo se verifica a través de la historia de un grupo de rodaje que realiza un filme sobre la llegada española a América, y verifica que no han cambiado mayormente las ideas de los primermundistas sobre los indígenas a lo largo de cinco siglos. El título responde a la costumbre que consiste en reunirse, los mejores de cada comunidad, “para recibir el canto de los pájaros”, que llegan en el mes de septiembre.

Además de trazar un panorama sobre las principales películas de Sanjinés, quisimos publicar fragmentos de una entrevista premonitoria concedida por él, mientras asistía al Festival Internacional de Friburgo, en fecha reciente: “Estamos viviendo una verdadera insurgencia social, colectiva. Un fenómeno histórico sin precedentes en el mundo y por lo tanto de un significado trascendente. Por primera vez los indios han accedido a una parte importante del poder político. A partir de las últimas elecciones una tercera parte del parlamento, es decir cuarenta diputados, son indígenas. Hablamos de actores sociales que no abandonan la lucha callejera, los bloqueos de rutas, la movilización en defensa de sus reivindicaciones. Frente a este fenómeno ascendente, se constata la incomprensión estúpida del segmento dominante del poder y de los partidos tradicionales. No quieren ver ese cambio, esa nueva realidad, porque están acostumbrados, desde siempre, a excluir. Es una especie de ceguera étnico-cultural. No entienden o no quieren entender esa otra Bolivia. No conocen la cultura histórica indígena. La desprecian. Les sigue pareciendo poco importante. No llegan a visualizar que los indígenas funcionan con otra lógica diferente a la occidental: colectivista, no piramidal, de no respeto a la relación orden-obediencia, que nace, emerge y actúa en la base del pueblo. Un dirigente campesino nunca decide solo. Esa hermenéutica de la consulta marca los sindicatos, influyó a la Central Obrera Boliviana, define toda esta dinámica social. Es, sin duda, otra cultura política. No quiero ser tremendista pero el escenario de la confrontación social es marcante en tanto la clase blanco-mestiza no acepte que Bolivia puede ser gobernada por indios. Y es una cuestión de poco tiempo. Es muy posible que en cuatro años, después de las próximas elecciones haya un gobernante indígena en mi país”.

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