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Más de dos horas de auténtica canción latinoamericana en
la voz del cantautor argentino Raly Barrionuevo, el
cumpleaños 75 de Teresita Fernández, homenajes a los
eternos creadores Wichy Nogueras y el gallego Posada,
estuvieron entre los mágicos momentos de la tarde-noche
de este jueves 22 de diciembre en el Centro Pablo de la
Torriente.
Una vez más hay
que hablar de la exquisitez de las propuestas que
nos hace el Centro Pablo de la Torriente. Este
jueves 22 de diciembre, como es habitual, el patio
de las yagrumas nos dio la bienvenida en la voz de
Víctor Casaus para proponernos un conjunto de
acciones culturales del más profundo y elevado
sentido espiritual.
Al llegar a la vieja
casona nos encontramos con la miniexposición Mitos
que nos reencontró con el arte de José Luis Posada,
aquel gallego irreverente que diera a la revista El
Caimán Barbudo su legendario logotipo y un estilo de
ilustración que sacudió los años 60 y aún sigue
iluminando.
Virgen Gutiérrez nos
presentó, de la colección Palabra viva, el CD
dedicado a otro fundador de El Caimán, ese
extraordinario poeta y escritor que merece más atención
sobre su obra para las nuevas generaciones y que gravita
como una broma perenne sobre quienes conocen su obra,
Wichy Nogueras, El Rojo.
Para cerrar el
círculo que ronda a la publicación cultural, Raúl
Hernández Ortega presentó el libro De luces y de
sombras, editado por el sello Unicornio de San
Antonio de los Baños. Se trata de una antología poética
personal de Víctor Casaus, con ilustraciones también del
Gallego Posada.
Tras estas acciones,
que como es habitual, conllevan la venta de discos,
casetes y libros del Centro Pablo, dio inicio a un
momento muy especial por ponernos en contacto con uno de
los más auténticos jóvenes exponentes de la música
latinoamericana actual, el argentino Raly Barrionuevo.
En sus palabras del
programa al concierto titulado Descalzo por los
caminos, Víctor Casaus escribió:
“Las canciones que
llenarán este patio en la tarde de hoy vienen a dar
testimonio y a dar fe. Testimonio de las hermosas y
terribles realidades de nuestro continente y fe en los
poderes mágicos de la canción para acompañar desde la
belleza y la participación, las luchas por transformar
esa realidad.”
La voz clara y honda
de Raly Barrionuevo fue, en efecto, el trino de la
América real y de la que soñamos. Guitarra en ristre, a
veces acompañado por su guitarrista —que más por
consecuencia que por azar lleva por nombre Ernesto
Guevara— y el percusionista Manuel Uriona, nos ofreció
cerca de dos horas de canciones, chacareras y zambas que
nos adentraron en la Argentina más humilde, en el ser
enamorado de otro ser y de todos los seres; de su pueblo
y de los pueblos, del ayer y del mañana. También
subieron a escena, invitados por Raly para hacer uno de
los temas, los trovadores cubanos Yosvany Bernal y
Samuel Águila, lo cual le dio un toque de placer
hermanado a la velada. Piezas como “Una mujer”, “Eva
Luna”, “Ey paisano” o “Circo criollo” registraron
diversos matices desde la mirada actual y a la vez
heredera de esa rica tradición de la pampa que viene
desde los grandes payadores.
Vuelve a cantar el
cocuyo
después de un año sin huella
vuelve a renacer el grito
marrón de la chacarera.
A Raly lo habíamos
conocido hace unos meses a razón del encuentro mundial
contra el terrorismo. Impactó en aquel concierto
latinoamericano en el teatro Carlos Marx y más tarde
interpretando algunos temas en el Centro Pablo invitado
a un A Guitarra Limpia con Tita Parra. Ahora ha
vuelto con una gira por varias provincias del país y en
especial esta tarde-noche de jueves donde mostró un
amplio repertorio, auténtico y con mucho que decir; lo
cual nos devuelve la esperanza en esa canción sin
afeites, comprometida con su tiempo desafiando el gran
vacío de ideales y pasiones genuinas que caracteriza la
música de los grandes circuitos del mercado musical.
Es el hombre
americano
corazón de la batalla
rebelión y abrazo fuerte
de parche y de madrugada.
Descalzo por los caminos
nos mostró a un joven músico de la más auténtica
estirpe, pero si esto fuera poco, tan rico como el
propio concierto fue el posconcierto. El Centro Pablo
nos reservaba la celebración del cumpleaños 75 de
Teresita Fernández. Tras cantarle felicidades y picar el
cake, volvieron a desenfundarse las guitarras, de manera
más informal. Un joven trovador venezolano, Ángel Balam,
nos conectó nuevamente con el trovar más sentido. Se
creó la cofradía con otros trovadores y la noche se
extendió en sus guitarrazos. Fernando Bécquer, Ariel
Díaz y Amanda Cepero, el dúo Karma, Pedro Beritán y el
propio Raly —demostrando que es de los descargadores de
verdad, de esos que más allá de la escena, ponen
guitarra y voz en cuanto rincón se confabulen las almas—
dieron al Centro Pablo ese manto de poética sinfín que
va más allá —cual si esto fuera poco— de lo programado.
Por supuesto que en una velada que se adentraba en la
fría noche con sabor hereje, no iba a quedar callada la
sacerdotisa mayor de la trova, Teresita Fernández con
sus canciones curanderas y su charla levitante y siempre
como última hora, sacó más de una lágrima de asombro o
ternura. Su arte de comunicar desde la más sublime
sencillez, nos arrulló como ronda del espíritu martiano
y completó, con toque de gracia, ese abrazo
latinoamericano que en sus diversas voces tuvo este
jueves del Centro Pablo. |